viernes, 27 de marzo de 2026

EL TARANTANTÁN (relato poético)

NOFBD.

Así decidí catalogarme como declaración incondicional de principios.

Pasé la recta final de la adolescencia obsesionado con el rechazo a las discotecas, a fumar tabaco, a beber alcohol o a tomar drogas.

Tenía ya 17 tacos y corría la segunda mitad de 1992.

Era el fracaso escolar personificado, no me entusiasmaba lo más mínimo incorporarme al mundo laboral y me sentía sin rumbo, perspectivas de futuro ni aspiraciones vitales de tipo alguno... pero, de repente, un día como cualquier otro, encontré un viejo libro en la escueta biblioteca personal de mi padre... era un manual para autoiniciarse en la práctica del boxeo y me parece recordar que lo había escrito Freddie Mills, campeón mundial británico del peso semipesado en 1948... libro traducido por Jorge Beltrán y publicado por la Editorial Hispano Europea, de Barcelona, en 1970, dentro de la Colección Herakles, con el título 'Técnica del boxeo'... siempre los libros presentes en mi vida, antes de convertirse en el fundamento esencial de esa vida.

Mi padre era un gran aficionado al pugilismo desde la juventud y había seguido toda la carrera profesional de Muhammad Ali, al que consideraba el mejor peso pesado de toda la historia (al igual que no pocos periodistas especializados, críticos, entrenadores, promotores y aficionados), por encima de Joe Louis; en la segunda mitad de 1980 siguió también la carrera del no menos legendario Mike Tyson, que marcó un significativo punto de inflexión, tras una década de campeones mediocres en la categoría reina (exceptuando a Larry Holmes, al que Iron Mike acabaría vapuleando en apenas cuatro asaltos en 1988), grabando sus combates más emblemáticos en el nuevo y revolucionario formato de reproducción doméstica de vídeo, el VHS.

No tengo ni la más remota idea de por qué aquel diecisieteañero perdido localizó el libro de Mills y decidió iniciarse en la práctica autodidáctica del boxeo, durante los últimos dos meses de 1992, volviéndose un apasionado del deporte y fiel seguidor incondicional de Evander Holyfield, su guía, su mentor, su referente... el campeón mundial unificado del peso pesado en aquel momento, aunque durante poco tiempo más, pues apenas un mes después perdería por puntos ante Riddick Bowe, en uno de los combates más épicos, míticos, apasionantes y legendarios de toda la historia del noble arte.

Y así fue como decidí catalogarme NOFBD, un lema que en realidad eran las siglas de "NO Fuma NO Bebe NO se Droga".

Y esa catalogación férrea e inamovible me distanció durante unos meses, en la recta final de la adolescencia, de mis amistades derivadas del colegio, frisando el comienzo de la juventud, pues decidí no salir los fines de semana por las discotecas, lo cual me dejó aislado del resto de congéneres que tenían mi edad e iban todos los fines de semana a socializar en las discotecas, forma arquetípica de socialización juvenil en la década de 1990, pocos años antes de la implantación de la telefonía móvil primero e internet después.

Todo cambió durante la Nochevieja de 1992, debido a uno de esos acontecimientos fortuitos pero inesperados que siempre han dirigido mi vida.

Tras una serie de circunstancias devenidas sin ningún tipo de búsqueda ni intervención volitiva, esa misma noche descubrí intuitivamente que apegarse a un sistema de creencias particular no traería nada bueno ni positivo a mi vida, dejándome llevar por todo lo desconocido que estaba perdiéndome, así que, con alguna que otra reticencia pero abierto a los descubrimientos novedosos, hice trizas en pocas horas mi negativa a salir por las discotecas, disfrutando una nocturna experiencia vital como nunca había tenido hasta ese momento.

Seguí sin fumar ni beber durante un lustro más, pero un sábado por la mañana, en la segunda mitad de mayo de 1997, Charly me llamó por teléfono (fijo) para recorrer juntos una ruta, en plena naturaleza, con la bicicleta de montaña; tuvimos una experiencia inolvidable y como su primo Gustavo, con el que siempre salía Charly los fines de semana, estaba prestando el servicio militar, me propuso pasar todo el fin de semana en el apartamento de su tío en Benidorm; mi único hermano, un lustro menor, me prestó su ropa para salir por las discotecas y mi padre nos prestó su coche, un viejo R5 rojo de 1985, con el que nos fuimos, rumbo a Benidorm, con la L trasera, pues todavía no hacía ni un año que tenía el permiso de conducción... tras instalarnos en aquel diminuto pero precioso apartamento cercano a la playa de Levante, cenamos en un restaurante chino que había al girar la esquina y para cenar pedimos una botella de vino tinto y luego unos chupitos de licor de lagarto; así fue como cogí mi primera borrachera, un par de semanas después de cumplir los 22.

Pasé una de las noches más divertidas de toda mi vida, en un estado ebrio pero no pasado, bailando en los garitos (disco-pub) y viviendo mi primer estado alterado de conciencia por la droga más popular, social y también dañina, aunque aceptada y normalizada, excepto cuando te conviertes en alcohólico, es decir, adicto, algo que siempre ha sido incomprensible para mí, pues... ¿acaso el alcohol, al igual que el tabaco, no son adictivos y altamente dañinos de por sí? O... ¿por qué es legal, accesible y está regulado estatalmente el tabaco o el alcohol pero se prohíbe, persigue y criminaliza la marihuana, la cocaína o la heroína, con infinidad de personas encarceladas por aquello que el filósofo y escritor español Antonio Escohotado catalogaba como "crimen sin víctimas"?

Mi mentalidad personal estaba cambiando a muchas revoluciones por minuto, dado mi afán de voraz lector empedernido que llevaba un par de años, nada más inaugurar la veintena, como lectobibliófilo asiduo que no para de leer libros a diario, descubrir tierras de nadie, explorar cartografías del espacio interior desconocidas para la mayoría de los congéneres que le rodeaban y probar... probar métodos... probar técnicas... probar filosofías de vida dispares, diversas, contraculturales, marginales, a contracorriente.

Así fue como me distancié de los valores establecidos, mojigatos, que hablaban desde lo que yo percibía como hipocresía y una impostada superioridad moral con la que no me identificaba para nada.

En 1997 la cultura del cánnabis era un movimiento emergente que daba comienzo... recuerdo la lectura del primer número de 'CÁÑAMO. LA REVISTA DE LA CULTURA DEL CANNABIS', que se publicó en el verano de ese mismo año, pero también uno de los últimos números de la agonizante (aunque se publicaría un par de años más) y extinta revista 'Ajoblanco', dedicado a la cultura canábica, donde nunca olvidaré el descubrimiento de la muerte de uno de los mejores escritores y mayores referentes contraculturales de la segunda mitad del siglo XX, William Seward Burroughs... aunque, no obstante, todavía tardaría dos años más (las cosas de palacio van despacio, dice el refrán) en probar los canabináceos.

Las últimas defensas psicológicas contra las drogas, entendidas según la hipócrita moralidad social de doble rasero e infinitas contradicciones, saltaron en pedazos los últimos meses de 1999; un día como cualquier otro, estaba hablando con mi hermano en su habitación, cuando me confesó (sin yo saber nada sobre su temprana iniciación fumeta a los 19 tacos) que había comprado una piedra de costo para fumársela en Nochevieja con sus amigos... así que en una especie de clandestinidad, como si estuviéramos escondidos en una cueva de las montañas del Elborz, un Alamut personal compartido, mientras nuestros progenitores revoloteaban por los espacios comunes exteriores del piso, ajenos a lo que se cocía allí dentro, en la inexpugnable "sociedad secreta" de hermanamiento cuasi fumeta, mi hermano sacó su pequeña caja fuerte metálica cerrada con llave y la abrió, extrayendo del interior lo que me pareció una enorme piedra de costo que le había costado 5.000 pesetas, cual elixir de la eterna felicidad y partidas infinitas de caja... para, en la plenitud de lo más aproximado a un hashishin rito iniciático de paso, me diera un pequeño trozo de aquella resina aromática inconfundible que nos cambió la vida y me dijera: "Cuando otros hombres obedezcan ciegamente la verdad, recuerda" y yo le contestara: "NADA ES VERDAD"... "Cuando otros hombres se limiten por la ética o la moral, recuerda"... "TODO ESTÁ PERMITIDO"... "Actuamos en las sombras para servir a la luz; SOMOS ASSASSIN'S" (aunque faltaban ocho años para que saliera el famoso videojuego más popular de Ubisoft y dieciséis para la adaptación cinematográfica de la que proviene el guiño).

Y esa pequeña porción de hachís determinó las primeras fumadas que experimenté con Gustavo, en un lugar apartado de la civilización, llamado Pénjamo, donde se erigían las ruinas de una peculiar vivienda rural abandonada que habitaron tiempo ha los trabajadores de las canteras cercanas, en los alrededores del Preventorio de Alcoy y la buitrera, actualmente un paraje natural repleto de pistas forestales para practicar senderismo, acudiendo por la parte trasera en mi 205 rojo de 1987 y así pasar los domingos por la tarde, fumando nuestros primeros porros de hachís, en un contexto ritual-ceremonial, que implicaba llenar la estancia con humo de incienso hindú en varillas y reproducir la música del Proyecto Enigma y Mike Oldfield, en un radiocasete con reproductor de CD a pilas, que se gastaban tras una sola reproducción del álbum elegido.

La intención era relajarnos, entrar en un estado psiconáutico alterado de conciencia escuchando todos los sonidos que no eran audibles en un estado sobrio de conciencia y observar fijamente una serie de láminas psicodélicas y espirituales para practicar meditación, proyección astral sobre esas imágenes, así como una búsqueda activa de profunda inspiración literaria creativa.

La primera vez que lo hicimos, evidentemente y con diferencia, fue la mejor de todas... no recuerdo ninguna experiencia canábica tan intensa, psiconáutica, expansiva, inspiradora y creativa como la primera, pero... a partir de entonces, todas las siguientes sesiones domingueras fueron decrecientes y en una de ellas, no hacía mucho tras el comienzo, no sé lo que pasó ni cómo pasó, pero la vida, el azar, la mente o lo que fuera (según las creencias con las que decida interpretarlo cada cual), mostró una de las caras más populares e ineludibles que siempre, antes o después, vive quien decide explorar los vastos y psicológicos mundos interiores subjetivos que todos llevamos dentro, el llamado "mal viaje", que en nuestra particular catalogación, inventada y promovida por el siempre cachondo e ingenioso Gustavo, se llamaría "tarantantán".

Era otro domingo más por la tarde, en noviembre o diciembre de 1999, cuando acudimos a nuestra deseada e ineludible cita semanal con el hachís y sus sensoriales mundos exóticos agudizados, pues era el comienzo de nuestras primeras experiencias psiconáuticas canábicas y las reservábamos únicamente para los domingos por la tarde en Pénjamo, siguiendo las recomendaciones del "set (estado mental) and setting (entorno)" inventado por el psicólogo estadounidense Timothy Leary en la década de 1960 y convertido actualmente en el pilar fundamental de cualquier terapia psicodélica.

Al principio todo aparentaba salir bien, como siempre, pero al poco de fumar, tumbarnos en las esterillas y empezar con la expansión de conciencia, metiéndonos a fondo en la original música del primer álbum del Proyecto Enigma, que fusionaba la música electrónica con cantos gregorianos y shakuhachi (un tipo de flauta japonesa) sampleados, empecé a notar que algo no iba bien, pues sentí una intensa y progresiva parestesia (entumecimiento, hormigueo o adormecimiento del cuerpo) que me hizo levantarme preocupado, para salir afuera de la caseta abandonada, experimentando un mareo que me tumbó al suelo de inmediato... y automáticamente la cabeza se disparó en un estado ansiógeno de cuasi pánico, pensando que me estaba dando un infarto o algo parecido (accidente cerebrovascular o cualquier otra variante), aunque los síntomas indicaban que se trataba de un simple proceso ansiógeno intensificado por el estado alterado de conciencia, al haber fumado con mayor intensidad, reteniendo probablemente el humo en los pulmones durante más tiempo que las otras veces.

Gustavo salió al exterior alertado por mis peticiones de auxilio y enseguida abandonó disparado Pénjamo, cogió el coche, se dirigió al puesto de la Cruz Roja en Alcoy (recordemos que todavía no existían los teléfonos móviles como opción mayoritaria ni popular, aunque faltaba poco para que todo el mundo llevara los primeros Nokia en el bolsillo) y tras contar lo que me sucedía y superar las suspicacias de los jóvenes voluntarios que nos conocían de vernos los fines de semana en los mismos lugares de botellón y socialización juvenil, vinieron con una ambulancia a recogerme, dejándome en las urgencias del Hospital Virgen de los Lirios, donde pasé interminables horas, sentado en una silla de ruedas, viviendo un infierno psicológico y sintiéndome un anciano enfermo y terminal, a pesar de tener 24 tacos apenas y estar más saludable que cualquiera de los allí potenciales enfermos objetivamente mucho más graves que yo, incluyendo el pabellón de psiquiatría, el único de todas las especialidades allí presentes cercano a lo que estaba viviendo... una pequeña ida de olla en toda regla.

Ese fue mi primer tarantantán de todos los que vendrían después... el primer tarantantán de inexperto psiconauta ingenuo que no supe identificar ni gestionar correctamente, dejándome llevar por una psicológica crisis ansiógena que me hizo visitar el metafórico Hades particular de nuestra mente, el infierno de la mitología griega bastante anterior al invento cristiano, aunque ese día llegué hasta el Tártaro, la parte más profunda, donde los mitológicos dioses griegos del Olimpo encerraban a sus rivales eternos, los titanes, para torturarlos indefinidamente durante la eternidad... y salí reforzado, riéndome a tiempo vencido de mi ignorancia y estupidez, pero aliviado... ese tonto alivio damoclesiano temporal, que sabe en el fondo que la espada que acabará cortándole el cuello pende sobre su cabeza y algún día se ejecutará la condena final, pero vive como si nunca fuera a morir, a pesar de las señales que continuamente le da la vida sobre la fragilidad efímera en la que se sostiene cualquier existencia, siempre pendiente de un invisible hilo que, a pesar de todos los tarantanes ansiógenos y psicológicos ficticios que atravesará, el día menos esperado se escenificará performativamente el tarantantán físico determinante y que supondrá el punto y final definitivo.



Marzo de 2026

27 comentarios:

  1. Me vuela la cabeza, ha sido increíble, después de varios relatos me declaró fan de como escribes, de verdad.

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  2. No podía parar de leer, que experiencias vitales y que bien hilado todo 📝

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  3. ✒️Excelente relato✒️ vaya viaje y vaya una expansión de la consciencia 😄 Gracias💯

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  4. Que vivan los tarantantán!!

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  5. Acaba de hacer un viaje en el tiempo... y que tiempos! Que recuerdos con gente muy buen rollera. Si yo escribiese como tu te contaba alguna batallita jjjjjjj

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    1. ¡Sería genial que me contaras alguna batallita escribiendo como tú escribas! Me hace feliz tu viaje en el tiempo y que te haya traído buenos recuerdos. Gracias por compartir ese sentimiento.

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  6. Me he transportado a esos tiempos. Me encanta como narras temas que traen a veces algo mas de controversia y lo escribes con naturalidad, como debe ser. Que buena amistad la de Gustavo y tú. Gracias por compartir. Estas un relato muy divertido y muy bien escrito.

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    1. Gracias a ti por esas palabras que tanto valoro. Ya nos acercamos a la recta final. Si este puede traer controversia, mañana alcanzamos la cumbre con otro tema muy polémico pero ineludible a mi parecer. Y por fin, el domingo, finaliza esta racha de creatividad experimental (o lo que sea) con un poco de distensión, diversión y locura (o eso espero). A ver lo que nos trae abril y la reinvención personal desocultada. La amistad con Gustavo ha sido de lo más importante en mi vida sin duda. ¿Cuál será la próxima "montaña rusa" literaria a la que nos montemos?

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    2. No se cual será pero deseando descubrirlo siempre. Estaré atento a ver mañana que nos traes.

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  7. Yo me pido volver a nacer y vivir con vosotros tarantantánes por un tubo. Que pedazo de relato, sois la caña. Gracias por este regalo, que viaje!!🫨

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    1. No sé si alguna vez escribiremos sobre ello, pero pregúntale al Gus qué pasó con el jarabe para la tos y que te cuente, ya verás la partida de 📦.

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    2. 🤣😶‍🌫️🫨que cachondo mi Bro, el peor mal viaje de mi vida, si que habría que escribirlo🤣🤣

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  8. Vaya ida de olla como tu dices jajajaja ¡que locura! Me lo he pasado en grande leyéndote jajaja

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  9. Uf Bro, me encanta la capacidad esa que tienes de meternos con sutileza en la aventura y en el contexto de la época, lo del el guiño a Assassins ha sido brutal. Penjamo, fue uno de nuestros Ashrams más mágicos, aquellas pequeñas construcciones de piedra, que más que un refugio parecían un poblado Hobbit en medio de la nada. Escucho a Enigma y también a Mägo de Oz, escucho risas y huele a café y si miro arriba veo el cielo estrellado, estoy tumbado en el tejado del refugio, las estrellas ahí arriba hablan en códigos que ahora puedo entender y veo como mi risa en forma de humo de la chimenea asciende hasta que no queda más y aunque mi alma se ríe no queda risa física, se me ha acabado, como cuando te quedas sin voz de tanto gritar...Gracias.

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  10. Me ha encantado saber y conocer como te iniciaste en la lectura, gracias por compartirlo.

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    1. Gracias a ti por la valoración lectófila que pone el foco precisamente ahí.

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  11. Me has recordado mucho a mi padre, él y yo veíamos boxeo juntos y prácticamente solo compartíamos eso en común, pero son recuerdos que no se olvidan

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    1. Exactamente el tuyo es el mismo caso que el mío. Jaime Ugarte, uno de los míticos periodistas patrios especializados en boxeo, siempre dice que la aplastante mayoría de aficionados al noble arte lo hicieron gracias a sus padres. Como muy bien dices, "son recuerdos que no se olvidan". Gracias por el recordatorio y compartir tu experiencia.

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  12. Nunca había pensado que tu primer libro sería un manual para autoiniciarse en la práctica del boxeo, me ha parecido un dato muy curioso. Muchas gracias por este relato, me lo he pasado en grande😁😄🤗

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    1. Claro, fíjate que siempre he pensado que mi primer libro fue uno de Lobsang Rampa (en realidad dos en un tomo) con el que me inicié al budismo y la espiritualidad a mediados del 95. Pero luego, revisando y retrocediendo, me di cuenta de que en realidad el primero fue una biografía de Bruce Lee que leí a finales del 94. No obstante, aunque técnicamente hablando no lo leí al completo, pues era un manual de autoiniciación al boxeo que usé solo para aprender las técnicas principales, pero es cierto que, de todas formas, fue mi primer libro en la vida, remontándome, por tanto, a finales del 92. Gracias a ti por la valoración. Nada me alegra más que alguien pueda disfrutar un escrito mío, mucho mejor si se lo pasa en grande. 🤗

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