domingo, 29 de marzo de 2026

CUANDO FLORENCIO Y DOMINGO SE ENCONTRARON AQUEL VERANO (relato poético)

Florencio Hojas del Pino estaba harto de trabajar todo el año a piñón fijo. Era una persona obsesiva y meticulosa con el dinero y el trabajo, por eso hacía turnos seguidos sin descanso. Cogía los turnos disponibles todos los fines de semana y nunca descansaba. Su otra obsesión era la bromelaína, una enzima proteolítica, también llamada bromelina, contenida en el tallo y el fruto de la piña. Compraba y comía piñas todos los días, pues creía que así podía digerir correctamente los alimentos. Un influyente de internet al que seguía asiduamente, le había convencido de que las proteínas no digeridas fermentaban en el colon y provocaban todo tipo de enfermedades autoinmunes. Así que aquel verano, harto y hastiado, decidió irse de vacaciones a un pequeño lago de montaña apartado de todo, para desconectar un poco.

Domingo Fiesta Segura era un auténtico bohemio, sibarita y hedonista que se dedicaba a vivir la vida sin límites ni pensamientos agoreros de futuro. No daba un palo al agua y solo le gustaban los placeres exquisitos que le ofrecía la sociedad. Un auténtico pícaro, comía, bebía, fumaba y follaba como si no hubiera un mañana. Estaba liberado de neuras y paranoias.

Aquel día de verano Florencio se cruzó con Domingo casualmente en aquel pequeño lago de montaña. Nunca jamás se hubieran dirigido la palabra en cualquier otra circunstancia, pues ninguno de ellos tenía nada en común con el otro. Pero al verse allí solos, sin un alma alrededor y con la tensión de la incomodidad que genera estar cerca de un extraño, Domingo, con su peculiar desparpajo natural, al ver allí a Florencio sin bañarse, mirando el lago y vestido de arriba abajo, le preguntó con toda naturalidad: "¿Usted no nada nada?". Florencio negó con la cabeza y respondió: "Es que no traje traje".

Tras un instante de silencio y asimilación, ambos se revolcaron por el suelo de la risa. Esa tarde se hicieron amigos íntimos de la manera más inusual e inesperada, contándose mutuamente una serie de chistes de la máxima rareza y que nadie entendía, pero a ellos, por algún motivo sin explicación cabal ni coherente, les provocaban sonoras carcajadas repicantes.

Florencio soltaba: "subid las velas"... y los de abajo se quedaron a oscuras.

Juasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuas.

Domingo replicaba: "comeos el bocadillo de tortilla"... y tortilla se quedó sin bocadillo.

Jajejijoju.

Florencio continuaba: "chutad a gol"... y gol murió de sobredosis.

LOL.

Domingo retomaba: "no cabe duda"... y duda se fue andando.

Mepartometronchomemondo.

"A ver, soldado... ¿de qué está compuesto el fusil?".

"De fu y de sil".

"Veo que usted es un genio".

"Sí, Eugenio Pérez".

"Qué... ¿de cachondeo?"

"No, de Calasparra".

De repente, el sargento le da un tremendo ostión en la cara al soldado.

"Y esto no se quedará así".

"No, esto se hinchará".

Años después, ambos se enamoraron de la misma mujer: Dolores Fuertes. Y acabaron trabajando juntos para el ministro argentino de Obras Públicas: Armando Casitas. También coincidieron en varias ocasiones con el japonés más nervioso de la historia: Atakito. En la recta final de sus vidas, experimentaron una conversión religiosa y estudiaron teología en el mismo seminario. El profesor más duro e intransigente que tuvieron fue José María Jesús Cruz de los Santos. Pero lo peor vino cuando hicieron el doctorado con el exigente catedrático de Filosofía Moral don Moisés Leyes de Dios. Ahí sí que tuvieron que esforzarse para aprobar y casi no lo consiguen, pero al final sí. Ambos murieron en paz.

"¡Tierra a la vista!"... y el vigía quedó ciego.



Marzo de 2026

sábado, 28 de marzo de 2026

HOMBRES, MUJERES Y VICEVERSA (relato poético)

No, este relato no hace referencia al conocido programa de telerrealidad, aunque suene parecido.

Siempre me sorprendió, desde el final de la adolescencia y el comienzo de la juventud, los diferentes comportamientos que teníamos los hombres y los que tenían las mujeres. No puedo saber si esto respondía a mis subjetivas y reducidas experiencias o era algo mayoritario, extrapolable al resto de la población, incluso del mundo.

Algunos hombres a mi alrededor mostraban unas extrañas creencias sobre las mujeres. Les atribuían una serie de comportamientos, actitudes y pensamientos que las dejaban mal, como queriendo dar la (equívoca) impresión de ser arpías malévolas cuya intención era básicamente controlar, subyugar, aprovecharse y/o manipular a los hombres.

Desde siempre tuve una relación estrecha de amistad con muchas mujeres. Evidentemente vi, desde bien pronto, que esas extrañas ideas masculinas sobre ellas no se correspondían con la realidad, no al menos de las mujeres que yo conocí. Todo lo contrario.

Una característica significativa que me pareció percibir en aquella época es que los hombres estábamos bastante obsesionados con la sexualidad, en cambio las mujeres no. O al menos no tanto. O si lo estaban no lo mostraban con imperiosa necesidad incontrolable. Para ellas era una parte más de su vida. Para nosotros era la única parte que siempre estaba presente, latente, vigente. Tal vez esas obsesiones con el sexo, junto a una serie de creencias que nadie percibía como tal, pero desprendían ideas muy dudosas a mi parecer, distorsionaban las opiniones.

En casa, mis progenitores no respondían a esos perfiles sociales comunes. Ambos eran personas de mentalidad abierta. Mi padre no era el arquetipo de hombre obsesionado con la sexualidad. Estaba enamorado de mi madre y mi madre de él, se querían, confiaban el uno en el otro, nunca se traicionaron, nunca se pusieron los cuernos, ambos se respetaban mutuamente y en casa siempre se habló sin tabúes ni tapujos del sexo y la sexualidad. Ambos tenían una sexualidad sana, complementaria de una vida repleta. Nunca vi a mi padre mirar a otras mujeres ni tener pensamientos sucios o pervertidos. Siempre respetó a mi madre al máximo. No tenía ideas extrañas sobre las mujeres. Supongo que eso me hizo empezar con buen bagaje mi vida y no adquirir ideas distorsionadas sobre las mujeres. No obstante, con mi madre me llevé a matar, debido a ciertos motivos caracterológicos comunes y una profunda discrepancia en nuestras respectivas formas de entender la vida.

Aunque todos los hombres que conocí no fueron así ni de broma, sí que vi recurrentemente los comportamientos citados más arriba a mi alrededor. La actitud inconscienciada que más rabia daba y molestia me generaba, destilaba un comportamiento que todavía hoy me sorprende que casi nadie la cuestionara o lo pusiera, como mínimo, en duda: cuando el hombre follaba era un campeón, un machote, un tío guay y un maquinón delante de los demás, como si follar con mujeres distintas fuera una colección de medallitas y distinciones que daban estatus... en cambio, si lo hacía una mujer, era una puta, una vulgar, una cualquiera, una fresca, una cachonda... algo así como un objeto usado, que más valor perdía a mayor cantidad de relaciones sexuales acumuladas con distintos hombres. Nunca pude entender esta soberana estupidez. La pregunta formulada era obvia: siempre os quejáis de que las mujeres no follan a menos que tengan una relación de larga duración... ¿cómo van a follar con libertad y gusto si estáis machacándolas con una cuñadísima desvalorización social peyorativa a toda hora y en todo momento?

A pesar de faltar al respeto los hombres a las mujeres en infinidad de ocasiones y como se diría hoy, ser nosotros unas "red flags" en toda regla, conscientes e inconscientes de ello, nunca vi, ni una sola vez (e imagino que haberlas haylas, como las meigas), que una sola mujer le faltara al respeto a un hombre. Jamás me sentí acosado, piropeado ni incomodado por una sola mujer. Hoy me pregunto: ¿sería porque yo era un carantigua, un despojo humano de hombre nada apetecible para las mujeres que se cruzaron conmigo... o a lo mejor es que las mujeres que se cruzaron conmigo simplemente demostraron mucha más elegancia, madurez y respeto del que nosotros solíamos tener con ellas?



Aquella tarde, en el turno vespertino, todo devenía con su normalidad habitual de un primaveral día entre semana más. Ya empezaba a decaer el intenso e incandescente sol que azotaba el sureste peninsular, convirtiéndolo en un perfecto lugar de veraneo apenas dos meses después.

Julio estaba repostando combustible a varios vehículos que, en un momento dado, colapsaron los cuatro surtidores.

"Ponme 25 euros".

"¿De qué?".

"De gasóleo".

"Lleno de 95, por favor".

Y entre otras muchas peticiones variadas de repostaje, momentáneamente dio la impresión de que el tiempo se detenía a su alrededor.

Casi nadie respiraba, el aire aparentaba poder ser cortado con un cuchillo, como si fuera denso, cuasi mantequilla.

"Joder, mira qué pedazo de tetas más perfectas tiene. ¡Qué buena está!"... dijo un personaje.

"Ostias, menudo culo para mojar pan. ¡Qué buena está!"... replicó otro personaje.

"Eso sí es un cuerpo y no el de la guardia civil. ¡Qué buena está!"... remató el último personaje.

Julio se fijó atentamente y sí, a su juicio tenían razón: aquella chica que pasaba por la calle a su rollo y sin mediar palabra, ni siquiera una mirada con nadie de los allí presentes, ignorando todo lo que se estaba cociendo a su alrededor, no aparentaba estar mala. Se le veía sana y sin ninguna enfermedad (microrrelato de ficción reescrito partiendo del original, titulado 'QUE BUENA ESTÁ'; fue escrito en abril de 2006).



Marzo de 2026

viernes, 27 de marzo de 2026

EL TARANTANTÁN (relato poético)

NOFBD.

Así decidí catalogarme como declaración incondicional de principios.

Pasé la recta final de la adolescencia obsesionado con el rechazo a las discotecas, a fumar tabaco, a beber alcohol o a tomar drogas.

Tenía ya 17 tacos y corría la segunda mitad de 1992.

Era el fracaso escolar personificado, no me entusiasmaba lo más mínimo incorporarme al mundo laboral y me sentía sin rumbo, perspectivas de futuro ni aspiraciones vitales de tipo alguno... pero, de repente, un día como cualquier otro, encontré un viejo libro en la escueta biblioteca personal de mi padre... era un manual para autoiniciarse en la práctica del boxeo y me parece recordar que lo había escrito Freddie Mills, campeón mundial británico del peso semipesado en 1948... libro traducido por Jorge Beltrán y publicado por la Editorial Hispano Europea, de Barcelona, en 1970, dentro de la Colección Herakles, con el título 'Técnica del boxeo'... siempre los libros presentes en mi vida, antes de convertirse en el fundamento esencial de esa vida.

Mi padre era un gran aficionado al pugilismo desde la juventud y había seguido toda la carrera profesional de Muhammad Ali, al que consideraba el mejor peso pesado de toda la historia (al igual que no pocos periodistas especializados, críticos, entrenadores, promotores y aficionados), por encima de Joe Louis; en la segunda mitad de 1980 siguió también la carrera del no menos legendario Mike Tyson, que marcó un significativo punto de inflexión, tras una década de campeones mediocres en la categoría reina (exceptuando a Larry Holmes, al que Iron Mike acabaría vapuleando en apenas cuatro asaltos en 1988), grabando sus combates más emblemáticos en el nuevo y revolucionario formato de reproducción doméstica de vídeo, el VHS.

No tengo ni la más remota idea de por qué aquel diecisieteañero perdido localizó el libro de Mills y decidió iniciarse en la práctica autodidáctica del boxeo, durante los últimos dos meses de 1992, volviéndose un apasionado del deporte y fiel seguidor incondicional de Evander Holyfield, su guía, su mentor, su referente... el campeón mundial unificado del peso pesado en aquel momento, aunque durante poco tiempo más, pues apenas un mes después perdería por puntos ante Riddick Bowe, en uno de los combates más épicos, míticos, apasionantes y legendarios de toda la historia del noble arte.

Y así fue como decidí catalogarme NOFBD, un lema que en realidad eran las siglas de "NO Fuma NO Bebe NO se Droga".

Y esa catalogación férrea e inamovible me distanció durante unos meses, en la recta final de la adolescencia, de mis amistades derivadas del colegio, frisando el comienzo de la juventud, pues decidí no salir los fines de semana por las discotecas, lo cual me dejó aislado del resto de congéneres que tenían mi edad e iban todos los fines de semana a socializar en las discotecas, forma arquetípica de socialización juvenil en la década de 1990, pocos años antes de la implantación de la telefonía móvil primero e internet después.

Todo cambió durante la Nochevieja de 1992, debido a uno de esos acontecimientos fortuitos pero inesperados que siempre han dirigido mi vida.

Tras una serie de circunstancias devenidas sin ningún tipo de búsqueda ni intervención volitiva, esa misma noche descubrí intuitivamente que apegarse a un sistema de creencias particular no traería nada bueno ni positivo a mi vida, dejándome llevar por todo lo desconocido que estaba perdiéndome, así que, con alguna que otra reticencia pero abierto a los descubrimientos novedosos, hice trizas en pocas horas mi negativa a salir por las discotecas, disfrutando una nocturna experiencia vital como nunca había tenido hasta ese momento.

Seguí sin fumar ni beber durante un lustro más, pero un sábado por la mañana, en la segunda mitad de mayo de 1997, Charly me llamó por teléfono (fijo) para recorrer juntos una ruta, en plena naturaleza, con la bicicleta de montaña; tuvimos una experiencia inolvidable y como su primo Gustavo, con el que siempre salía Charly los fines de semana, estaba prestando el servicio militar, me propuso pasar todo el fin de semana en el apartamento de su tío en Benidorm; mi único hermano, un lustro menor, me prestó su ropa para salir por las discotecas y mi padre nos prestó su coche, un viejo R5 rojo de 1985, con el que nos fuimos, rumbo a Benidorm, con la L trasera, pues todavía no hacía ni un año que tenía el permiso de conducción... tras instalarnos en aquel diminuto pero precioso apartamento cercano a la playa de Levante, cenamos en un restaurante chino que había al girar la esquina y para cenar pedimos una botella de vino tinto y luego unos chupitos de licor de lagarto; así fue como cogí mi primera borrachera, un par de semanas después de cumplir los 22.

Pasé una de las noches más divertidas de toda mi vida, en un estado ebrio pero no pasado, bailando en los garitos (disco-pub) y viviendo mi primer estado alterado de conciencia por la droga más popular, social y también dañina, aunque aceptada y normalizada, excepto cuando te conviertes en alcohólico, es decir, adicto, algo que siempre ha sido incomprensible para mí, pues... ¿acaso el alcohol, al igual que el tabaco, no son adictivos y altamente dañinos de por sí? O... ¿por qué es legal, accesible y está regulado estatalmente el tabaco o el alcohol pero se prohíbe, persigue y criminaliza la marihuana, la cocaína o la heroína, con infinidad de personas encarceladas por aquello que el filósofo y escritor español Antonio Escohotado catalogaba como "crimen sin víctimas"?

Mi mentalidad personal estaba cambiando a muchas revoluciones por minuto, dado mi afán de voraz lector empedernido que llevaba un par de años, nada más inaugurar la veintena, como lectobibliófilo asiduo que no para de leer libros a diario, descubrir tierras de nadie, explorar cartografías del espacio interior desconocidas para la mayoría de los congéneres que le rodeaban y probar... probar métodos... probar técnicas... probar filosofías de vida dispares, diversas, contraculturales, marginales, a contracorriente.

Así fue como me distancié de los valores establecidos, mojigatos, que hablaban desde lo que yo percibía como hipocresía y una impostada superioridad moral con la que no me identificaba para nada.

En 1997 la cultura del cánnabis era un movimiento emergente que daba comienzo... recuerdo la lectura del primer número de 'CÁÑAMO. LA REVISTA DE LA CULTURA DEL CANNABIS', que se publicó en el verano de ese mismo año, pero también uno de los últimos números de la agonizante (aunque se publicaría un par de años más) y extinta revista 'Ajoblanco', dedicado a la cultura canábica, donde nunca olvidaré el descubrimiento de la muerte de uno de los mejores escritores y mayores referentes contraculturales de la segunda mitad del siglo XX, William Seward Burroughs... aunque, no obstante, todavía tardaría dos años más (las cosas de palacio van despacio, dice el refrán) en probar los canabináceos.

Las últimas defensas psicológicas contra las drogas, entendidas según la hipócrita moralidad social de doble rasero e infinitas contradicciones, saltaron en pedazos los últimos meses de 1999; un día como cualquier otro, estaba hablando con mi hermano en su habitación, cuando me confesó (sin yo saber nada sobre su temprana iniciación fumeta a los 19 tacos) que había comprado una piedra de costo para fumársela en Nochevieja con sus amigos... así que en una especie de clandestinidad, como si estuviéramos escondidos en una cueva de las montañas del Elborz, un Alamut personal compartido, mientras nuestros progenitores revoloteaban por los espacios comunes exteriores del piso, ajenos a lo que se cocía allí dentro, en la inexpugnable "sociedad secreta" de hermanamiento cuasi fumeta, mi hermano sacó su pequeña caja fuerte metálica cerrada con llave y la abrió, extrayendo del interior lo que me pareció una enorme piedra de costo que le había costado 5.000 pesetas, cual elixir de la eterna felicidad y partidas infinitas de caja... para, en la plenitud de lo más aproximado a un hashishin rito iniciático de paso, me diera un pequeño trozo de aquella resina aromática inconfundible que nos cambió la vida y me dijera: "Cuando otros hombres obedezcan ciegamente la verdad, recuerda" y yo le contestara: "NADA ES VERDAD"... "Cuando otros hombres se limiten por la ética o la moral, recuerda"... "TODO ESTÁ PERMITIDO"... "Actuamos en las sombras para servir a la luz; SOMOS ASSASSIN'S" (aunque faltaban ocho años para que saliera el famoso videojuego más popular de Ubisoft y dieciséis para la adaptación cinematográfica de la que proviene el guiño).

Y esa pequeña porción de hachís determinó las primeras fumadas que experimenté con Gustavo, en un lugar apartado de la civilización, llamado Pénjamo, donde se erigían las ruinas de una peculiar vivienda rural abandonada que habitaron tiempo ha los trabajadores de las canteras cercanas, en los alrededores del Preventorio de Alcoy y la buitrera, actualmente un paraje natural repleto de pistas forestales para practicar senderismo, acudiendo por la parte trasera en mi 205 rojo de 1987 y así pasar los domingos por la tarde, fumando nuestros primeros porros de hachís, en un contexto ritual-ceremonial, que implicaba llenar la estancia con humo de incienso hindú en varillas y reproducir la música del Proyecto Enigma y Mike Oldfield, en un radiocasete con reproductor de CD a pilas, que se gastaban tras una sola reproducción del álbum elegido.

La intención era relajarnos, entrar en un estado psiconáutico alterado de conciencia escuchando todos los sonidos que no eran audibles en un estado sobrio de conciencia y observar fijamente una serie de láminas psicodélicas y espirituales para practicar meditación, proyección astral sobre esas imágenes, así como una búsqueda activa de profunda inspiración literaria creativa.

La primera vez que lo hicimos, evidentemente y con diferencia, fue la mejor de todas... no recuerdo ninguna experiencia canábica tan intensa, psiconáutica, expansiva, inspiradora y creativa como la primera, pero... a partir de entonces, todas las siguientes sesiones domingueras fueron decrecientes y en una de ellas, no hacía mucho tras el comienzo, no sé lo que pasó ni cómo pasó, pero la vida, el azar, la mente o lo que fuera (según las creencias con las que decida interpretarlo cada cual), mostró una de las caras más populares e ineludibles que siempre, antes o después, vive quien decide explorar los vastos y psicológicos mundos interiores subjetivos que todos llevamos dentro, el llamado "mal viaje", que en nuestra particular catalogación, inventada y promovida por el siempre cachondo e ingenioso Gustavo, se llamaría "tarantantán".

Era otro domingo más por la tarde, en noviembre o diciembre de 1999, cuando acudimos a nuestra deseada e ineludible cita semanal con el hachís y sus sensoriales mundos exóticos agudizados, pues era el comienzo de nuestras primeras experiencias psiconáuticas canábicas y las reservábamos únicamente para los domingos por la tarde en Pénjamo, siguiendo las recomendaciones del "set (estado mental) and setting (entorno)" inventado por el psicólogo estadounidense Timothy Leary en la década de 1960 y convertido actualmente en el pilar fundamental de cualquier terapia psicodélica.

Al principio todo aparentaba salir bien, como siempre, pero al poco de fumar, tumbarnos en las esterillas y empezar con la expansión de conciencia, metiéndonos a fondo en la original música del primer álbum del Proyecto Enigma, que fusionaba la música electrónica con cantos gregorianos y shakuhachi (un tipo de flauta japonesa) sampleados, empecé a notar que algo no iba bien, pues sentí una intensa y progresiva parestesia (entumecimiento, hormigueo o adormecimiento del cuerpo) que me hizo levantarme preocupado, para salir afuera de la caseta abandonada, experimentando un mareo que me tumbó al suelo de inmediato... y automáticamente la cabeza se disparó en un estado ansiógeno de cuasi pánico, pensando que me estaba dando un infarto o algo parecido (accidente cerebrovascular o cualquier otra variante), aunque los síntomas indicaban que se trataba de un simple proceso ansiógeno intensificado por el estado alterado de conciencia, al haber fumado con mayor intensidad, reteniendo probablemente el humo en los pulmones durante más tiempo que las otras veces.

Gustavo salió al exterior alertado por mis peticiones de auxilio y enseguida abandonó disparado Pénjamo, cogió el coche, se dirigió al puesto de la Cruz Roja en Alcoy (recordemos que todavía no existían los teléfonos móviles como opción mayoritaria ni popular, aunque faltaba poco para que todo el mundo llevara los primeros Nokia en el bolsillo) y tras contar lo que me sucedía y superar las suspicacias de los jóvenes voluntarios que nos conocían de vernos los fines de semana en los mismos lugares de botellón y socialización juvenil, vinieron con una ambulancia a recogerme, dejándome en las urgencias del Hospital Virgen de los Lirios, donde pasé interminables horas, sentado en una silla de ruedas, viviendo un infierno psicológico y sintiéndome un anciano enfermo y terminal, a pesar de tener 24 tacos apenas y estar más saludable que cualquiera de los allí potenciales enfermos objetivamente mucho más graves que yo, incluyendo el pabellón de psiquiatría, el único de todas las especialidades allí presentes cercano a lo que estaba viviendo... una pequeña ida de olla en toda regla.

Ese fue mi primer tarantantán de todos los que vendrían después... el primer tarantantán de inexperto psiconauta ingenuo que no supe identificar ni gestionar correctamente, dejándome llevar por una psicológica crisis ansiógena que me hizo visitar el metafórico Hades particular de nuestra mente, el infierno de la mitología griega bastante anterior al invento cristiano, aunque ese día llegué hasta el Tártaro, la parte más profunda, donde los mitológicos dioses griegos del Olimpo encerraban a sus rivales eternos, los titanes, para torturarlos indefinidamente durante la eternidad... y salí reforzado, riéndome a tiempo vencido de mi ignorancia y estupidez, pero aliviado... ese tonto alivio damoclesiano temporal, que sabe en el fondo que la espada que acabará cortándole el cuello pende sobre su cabeza y algún día se ejecutará la condena final, pero vive como si nunca fuera a morir, a pesar de las señales que continuamente le da la vida sobre la fragilidad efímera en la que se sostiene cualquier existencia, siempre pendiente de un invisible hilo que, a pesar de todos los tarantanes ansiógenos y psicológicos ficticios que atravesará, el día menos esperado se escenificará performativamente el tarantantán físico determinante y que supondrá el punto y final definitivo.



Marzo de 2026

jueves, 26 de marzo de 2026

DIOS APRIETA PERO NO AHOGA (relato poético)

¿Alguna vez escuchaste ese refrán cuya afirmación es el título de este relato poético?

Nunca me sentí más cerca de él que en la plenitud del verano de 2009.

A pesar de sus interpretaciones religiosas interesadas, en realidad el refrán es metafórico, no literal y hace referencia a una idea inequívoca: aunque la vida presente pruebas duras e incomprensibles, así como dificultades y momentos desesperanzadores, siempre hay opciones, salidas y oportunidades para superar cualquier obstáculo, fundamentándose en la creencia de que nunca recibimos más de lo que podemos soportar.

Obviamente, todo ser humano necesita encontrar sentido y significado a la vida, pues si la vida no tiene sentido ni significado... apaga y vámonos.

Según servidor lo ve, la vida, efectivamente, no tiene ningún sentido ni significado; tras treinta años indagando a fondo en la religión, la filosofía, la política, la ciencia y las artes, he sido incapaz de encontrar ni una sola evidencia objetiva de que la vida tenga algún sentido o significado; a mi juicio, la vida es una inercia pendular que oscila de parte a parte y es neutra en relación a todo lo que existe, lo cual significa que no favorece ni perjudica nada de lo que existe, simplemente se mueve por inercia hasta que la inercia se detenga por completo y esa inercia se detiene parcialmente a cada momento y también se puede detener parcialmente en momentos puntuales muy específicos, pero es ajena a cualquier voluntad, sea humana o no.

Desde la más subjetiva religión hasta la más objetiva ciencia, en mi opinión se trata de fantasías humanas especuladas, que pueden estar más cerca o más lejos de ella, pero en todo caso son independientes de la realidad, por tanto, somos nosotros los que fantaseamos con cada sentido y significado que decidimos darle a esa realidad y por extensión, a la vida.

Dios siempre me ha parecido (como opinión subjetiva sesgada y muy personal) una fantasía delirante e infantiloide, desde que era niño, algo así como el amigo (más bien padre) imaginario para adultos, que parece más real que la propia realidad porque es una fantasía colectiva y compartida, aunque nunca ha dejado de sorprenderme que algunos seres humanos hayan necesitado (y sigan necesitando) imponerla a la fuerza, lo cual me hace preguntarme: ¿Tan evidente resulta que dios es una fantasía delirante, como para tener que imponerla a la fuerza desde la infancia y condicionar al ser humano con catequesis, ritos de paso e infiernos y presuntas maldades atribuidas a no menos delirantes entidades metafísicas, con castigos eternos en infiernos imaginarios, cuando la propia escritura sagrada afirma algo así como que "por sus hechos los conoceréis" y creo que la historia de las religiones habla elocuentemente de hechos más que sobrados sobre aquellos inquisidores, puritanos, predicadores, pastores, imanes, ayatolás, monjes, gurús, rimpochés, etcétera, que hablan en nombre de Dios o de Alá o de Jesucristo o de Muhammad o de Buda, pero siempre en nombre del bien y la verdad y los buenos y los castos y los puros y los santos y los virtuosos y los perfectos, aunque sus actos, no pocas veces, dicen que son lo contrario en realidad?

No obstante, cada cual necesita creer en lo suyo para seguir adelante y lo dicho nada más refleja un parecer que el religioso obviará para poder seguir dándole sentido y significado teológico a su vida, de la misma forma que el científico también lo obviará para poder seguir dándole sentido y significado metodológico basado en las evidencias consensuadas por la comunidad científica a su vida; en mi caso encuentro el sentido y el significado en los libros, la lectura y ahora la escritura del blog, al que dedico casi todo mi tiempo actual de vida. No obstante, sigo pensando en retirarme.

Y nunca he sentido, aunque me haya acercado muchas veces, que dios aprieta pero no ahoga (he visto que también se dice no ahorca, en lugar de no ahoga, cosa que desconocía), como aquel agosto de 2009.

Pocos meses antes el dueño de la gasolinera Tamoil de Alicante, Manuel, un ser humano y jefe excelente, muy justo, con el que no me porté nada bien, decidió despedirme, aunque nunca dudó en echarme de la manera más favorable para mí y sin tener en cuenta lo pésimo y problemático trabajador que fui, justificándolo con la crisis económica, para que fuera despido improcedente, cuando podría haberme echado mediante un despido muy procedente y ahorrarse la abultada indemnización que tuvo que pagarme.

Al volver (por inercia) a casa de mi madre (las costumbres) no pasaron ni un par de meses antes de que tuviéramos un violento choque de trenes caraterológico y conflicto apocalíptico (por mi culpa, al menos en este caso) que derivó en una fuerte discusión y cierta ruptura temporal de la relación maternofilial, quedándome, por primera vez, en la calle.

Era un viernes de la segunda mitad de agosto de 2009 aproximadamente y metí todos mis enseres en el Renault Clio blanco de cinco puertas, a gasolina y básico, que compré nuevo en 2006, saliendo de casa de mi madre a la aventura, sin oficio ni beneficio, sin trabajo remunerado, totalmente libre, pero con los bolsillos repletos, pues tenía a mano el dinero del primer cheque de la indemnización, más la prestación por desempleo que cobraba todos los meses, así que, a pesar de haberme quedado a la intemperie, no me preocupaba nada; hasta que encontrara una vivienda de alquiler, el coche me serviría de sobra.

No sé cómo sucedió pero esa misma noche quedé con Charly, Clara (su mujer en aquellos momentos) y Ester, la hermana mediana de Clara, para celebrar las fiestas de moros y cristianos de Cocentaina; por la tarde compré unas cuantas botellas de alcoholes destilados de alta graduación y llegada la noche aparqué el Clio en un descampado, a las afueras de Cocentaina, preparando un impresionante botellón en el sobrecargado maletero del coche; bebimos los cuatro, vino más gente, nos emborrachamos todos, reímos a pleno pulmón, fumamos cantidades ingentes de cigarrillos (como todas las veces que íbamos de botellón) y la realidad se distorsionó hasta entrar en una dimensión sincopada de espontaneidad, alegría, diversión sin fin ni freno, ingenio, agudeza, autoparodia, pero, como siempre, el trasfondo fue el buen rollo.

Esa resultó ser una de las noches más inolvidables de mi vida, en el centro de la plaza principal cercana al ayuntamiento, si mal no recuerdo, bailando sincopadamente y de manera catártica, como si no hubiera un mañana, con la música de una disco móvil, junto a decenas, incluso una centena o más de personas conectadas con esos momentos lúdicos de ebriedad, diversión y trance tecnoshamánico inconscienciado, que hacía olvidar cualquier problema o preocupación, al menos hasta que amaneciera y terminara la fiesta para descansar y dormir la mona, aunque, al menos durante unas cuantas horas de plena oscuridad nocturna, daba la equívoca sensación de que, esa vez sí, ya nunca jamás amanecería.

Pero evidentemente amaneció y el olvido temporal se retroqueló en agrio recuerdo rememorado... mi realidad (otra vez) no era nada halagüeña... acababa de discutir y finiquitar de nuevo la tóxica relación con mi madre horas atrás, dejando ese amargo sabor de las relaciones humanas discordantes, cuando es imposible entendernos y las feas palabras, emitidas en el calentón al rojo vivo del momento, luego dejan una corrosión irritada en el "alma", que se manifiesta con los síntomas característicos del dolor anímico, una profunda y desoladora tristeza insondable.

Descubrí que en el bolsillo seguía teniendo las llaves del piso de Alicante (también propiedad de mi madre) que se me olvidó devolverle junto con las de su piso de Alcoy, así que, con el bajonazo de los efectos de la borrachera alcohólica en declive y tras ver amanecer, tomar el sol casi en bolas y esperar a que se me pasaran los efectos del alcohol, tomé dirección barrio de La Florida, calle Azorín y me quedé a pasar el fin de semana, de manera provisional, para volver el lunes siguiente a Alcoy y buscar piso de alquiler.

En ese momento no se me ocurrió pensarlo en ningún instante, pero... ¿en qué inmobiliaria me iban a alquilar un piso, sin contrato de trabajo y estando en el paro?

Como a mi parecer solo la ignorancia es osada y atrevida, ni me lo planteé, pues ignoraba todo sobre alquileres de vivienda; los 34 tacos que acababa de cumplir poco antes de que mi jefe me echara de la gasolinera, los había pasado en viviendas de propiedad familiar, o bien en el piso de Alcoy (vivienda principal), o bien en el piso de Alicante (segunda vivienda de veraneo).

Y no tuve que enfrentarme a la dura realidad en principio, pues nada más llegar a Alcoy fui incapaz de encontrar una sola inmobiliaria abierta, aunque fuera lunes; indagué en Cocentaina, la población más cercana, pero ídem, más de lo mismo; por último, probé suerte en Muro y también tropecé con idéntico escollo... había obviado que estábamos en la plenitud veraniega de agosto.

Desolado, sin esperanza y sin saber qué iba a hacer, excepto vivir en el coche (pues no podía usar más la vivienda de Alicante), regresé a Alcoy, vía Cocentaina, con la soga de la realidad a la intemperie apretando, sin hogar ni posibilidad de conseguirlo, el agua hasta el cuello y a punto de ahogarme, cuando percibí que el depósito de gasolina necesitaba un repostaje.

Al subir de Cocentaina por la carretera interna secundaria, paré en la gasolinera Galp donde había trabajado más de un lustro atrás, pero la que estaba enfrente de aquella donde conocí al fascinante Ángel, "El Rey del Mundo". 

Ese día le tocaba turno a Andrés, el ex compañero que me informó de la triste noticia del fallecimiento de Ángel un par de años antes y sin saber por qué motivo, me puse a contarle, asombrado, que era incapaz de encontrar un piso de alquiler, pues todas las inmobiliarias de Alcoy a Muro estaban cerradas... entonces me dice que, casualmente, él tiene un piso de alquiler en la calle Planes y se lo acaban de vaciar en ese mismo momento los anteriores inquilinos, que si quiero me lo alquila por 350 euros al mes; sin salir de mi incredulidad, en un instante y de un plumazo, paso de la desolación y la desesperanza de quedarme a la intemperie, a tener una vivienda de alquiler, con un ex compañero de confianza y por un precio más que razonable (hoy, mi mujer y servidor pagamos casi el doble por un piso mucho más pequeño y en Orihuela).

Pocas veces me he sentido más cerca de ese presunto e hipotético dios que aprieta pero no ahoga como en el verano de 2009.



Marzo de 2026

miércoles, 25 de marzo de 2026

PERDÓN... (relato poético)

Colaboración de Riotrankilo

 Gustavo Giner González 



Me estoy muriendo… “qué va, qué va, qué va, yo leo a Kierkegaard”.

Y es que según él, que era ni más ni menos que el padre del existencialismo, sea lo que sea eso, hablar de la muerte es importante para despertar de una vida superficial, pues desde que nacemos estamos muriendo. Además corremos el riesgo de que nos pase lo que decía Mark Twain: “La mayoría de personas mueren a los 27 pero no los enterramos hasta los 72”. 

Kierkegaard también decía que la vida era una serie de toma de decisiones que generan angustia, eso no se por qué lo decía pero parece bastante real.

Así que sí, me estoy muriendo y tú también.

Está claro que en la calle del tiempo la muerte puede estar esperando a la vuelta de la esquina o lo que es peor, una de esas enfermedades asquerosas que te hacen desaparecer en el sufrimiento más infernal a ti y a los que te rodean. Así que esto podría ser lo último, ¿Verdad?

De hecho podría diñarla ahora mismo mientras escribo y esto jamás vería la luz. Es que la muerte a veces tiene guasa, como lo que le pasó a Tommy Cooper en abril de 1984, comediante e ilusionista británico cuyos espectáculos se basaban en la improvisación y la torpeza, cual mago al que nunca le salen bien los trucos. Aquel día en pleno espectáculo le dio un infarto de miocardio y cayó desplomado sobre el telón. Asistentes, amigos y público pensaron que era parte desternillante del espectáculo y no dejaron de reír mientras Tommy moría en directo entre risas delante de las cámaras y de miles de espectadores, imagínate como se sentiría esa gente después, la risa más indigesta de sus vidas.

Por desgracia la muerte no siempre es graciosa y no me extraña, pues tiene que lidiar con nosotros y como decía Miguel Delibes: “Los vivos comparados con los muertos resultamos bastante insoportables”.

Todas esas tonterías que rellenan la vida, desaparecen de un plumazo cuando te visita la muerte con alguna de sus cartas de presentación.

Pero volviendo a Mark Twain, decía que no tenía miedo a la muerte pues había estado muerto con anterioridad durante millones de años y no había sentido ninguna incomodidad, claro que para él era fácil pues nació el día que pasó el cometa Halley y siempre supo que moriría el día que volviese a pasar el cometa y así fue.

Lo cierto es que, y todos lo sabemos, como dijo Asimov: "La vida es agradable, la muerte pacífica, el problema es la transición". Bueno, seguramente Asimov tuvo una vida agradable, por desgracia no siempre es así, pero sí, la posibilidad está ahí. Tanto si la vida es agradable como si no, la muerte sin duda es paz o si prefieres es la Nada. El problema es el dolor físico, la angustia psicológica de saber que te vas y no sabes dónde y la angustia de saber que los tuyos van a sufrir, y la angustia de la pérdida de facultades y por ende la dignidad y todo lo demás. Como decía Camilo José Cela: “La muerte es dulce, su antesala cruel.”

Y por eso montones de escuelas filosóficas y religiosas hablan de lo de estar en paz con uno mismo y con los demás, dejar tus asuntos en orden, vivir como si fuera el último día de tu vida, pero qué agobio, ¿no? Y ¿Eso cómo se hace? ¿Es como cuando te vas de viaje y quieres dejarlo todo preparado y haces una lista con todo lo que te tienes que llevar (en el caso de la muerte con lo que no te quieres llevar), y al final siempre se te olvida algo y suele ser lo más necesario? Cómo se hace eso de vivir como si fuera el último día, si llevo media vida viviendo como si fuera a ser eterno a pesar de mí. ¿Vas y te pones a llamar a todas las personas que hiciste daño consciente o inconscientemente y le pides perdón y te pones a hacer todo lo que siempre procastinaste?

¿O mejor sigo inconscienciado en mi ignorancia y ya cuando me vaya que pongan un epitafio que diga: “Siento no haber sido lo que se esperaba”?

¿O con ser sencillo, tratar a la gente como te gustaría que te tratasen a ti y abrazar mucho a tus seres queridos es suficiente?

Bukowski ya lo decía: "Lo terrible no es la muerte en sí, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta que llega ese momento". Y claro, ya la vida se encarga de ponerte en tu sitio y enseñarte a base de hostias a mano abierta inesperadas, que hay que morir en vida varias veces antes de poder acercarte a vivir plenamente, si la muerte definitiva no te acoge antes.

Sea como sea, creo que todas y todos hemos pensado en ella alguna vez y creo que coincidimos en que la mejor forma de hacerlo sería plácidamente durmiendo y si puede ser después de haberte comido unos buenos churros con chocolate y haber destronado un buen zurullo en el váter, como Tomás, el tío de Charly, después de eso se acostó y nunca más se despertó. Algo parecido le ocurrió al rey Jorge II de Gran Bretaña, la diferencia es que él se quedó en el baño, pues de la fuerza que hizo su aorta se diseccionó. Lo que no sé si el zurullo salió o no.

En lo que no coincidimos es en cómo no nos gustaría, ahí cada cual tiene sus miedos imaginarios. Ojalá se pudiera elegir. Ojalá se pudiera elegir no sufrir. Ojalá todas las tonterías desapareciesen sin que tenga que visitarnos el dolor.

Me acaba de venir a la mente la mujer del otro día en el TAC, me dijo que si todo iba bien, todo iría a peor.

En cualquier caso ojalá la muerte nos pille con suficientes fuerzas para dejar algo como lo que dijo Voltaire, en su lecho de muerte, el sacerdote le pidió que renunciara a Satanás y Voltaire le respondió: “Ahora no es el momento de hacer nuevos enemigos”.

Oscar Wilde también bromeó: “Parece que mi papel llega a su fin y el papel de esta pared es horrible, uno de los dos tiene que irse.” O algo así. La verdad es que Wilde tuvo varios puntazos buenos, pero el mejor fue cuando le trajeron una botella de champán caro. Wilde, después de ser un hombre rico y brillante murió en la miseria más absoluta, sin un duro, cuando vio que le ponían la copa de ese champán dijo: “Estoy muriendo por encima de mis posibilidades”.

Otros no estuvieron inspirados, Pancho Villa, ni más ni menos, tras ser emboscado y agonizando, soltó: “ No deje que termine así, diga que dije algo inteligente”.

Hoy morimos en la mayoría de casos por infartos y cánceres, pero antes era más común morir por infecciones. Como la del pie de Jack Daniels cuando le dió una patada a su caja fuerte porque no podía abrirla. O el increíble caso de Bobby Leach que sobrevivió tras tirarse dentro de un barril por las cataratas del Niágara. Años despues resbaló con la cáscara de una naranja, se rompió la pierna, se le infectó la herida y murió, con lo sana y orgánica que es la fruta, pero que mala hostia tiene. Veinte años después Thomas Migdley, que había inventado la gasolina con plomo, contrajo la polio y quedó paralítico, como era inventor, inventó un sistema de poleas para poder moverse, pero una noche se lio con su propio invento y murió estrangulado. Yo creo que su invento funcionó a la perfección.

¿Sabías que la eutanasia es legal en España desde el 2021? Yo no, por aquel entonces la vida me había dado una de esas hostias a mano abierta y todavía estaba viendo estrellitas, no me enteré, durante esos años viví en la intensidad y plenitud de la vida. Mi hija sobrevivió, la muerte fue benevolente con nosotros, no como con muchos de los que nos acompañaron en ese camino. Aunque nunca se sabe, igual es que la vida está calentando la otra mano, con ella nunca se sabe, mira lo que le pasó a Marcus Garvey, activista por los derechos de las personas afrodescendientes, sufrió un derrame cerebral que le dejó en la cama paralizado y sin poder hablar apenas, en una situación económica precaria, leyendo un periódico vio su propio obituario, en el que hablaban de su muerte en la soledad y pobreza más absolutas, del disgusto le dio otro derrame cerebral y murió en la más absoluta soledad y pobreza.

Y cómo se le quedaría la cara al rey Enrique VI sentado en aquel alféizar del monasterio observando la reunión de nobles que había convocado por una disputa político-religiosa, cuando el suelo de madera cedió por el peso y cayeron todos menos él, a la fosa séptica que había debajo, murieron muchos por la caída pero otros tantos murieron por la inhalación de gases, eso sí que es morir en la mierda. Volvamos a la cara de Enrique VI, ¿se estaría comiendo un muslo de pollo asado con las manos? Puede incluso que justo en ese momento hubiese encontrado solución al conflicto pero la muerte se adelantó.

¿Cómo tomarse la muerte en serio si es ella la primera que no se lo toma en serio?

Además está lo de nuestros egos, ellos creen que son eternos, porque si no lo creyeran significaría que no lo son y eso acojona, es mejor vivir disfrutando la cotidianeidad de las pequeñas cosas y jugársela en la ruleta rusa de nuestros comportamientos erráticos, esquivando las balas hasta que una impacte y luego otra y otra y acabes acribillado por la vida. Pero por si acaso no perdamos de vista a la vocecita del ego, mira lo que le hizo a Franz Reichelt, “el sastre volador”. Estaba convencido de que había inventado el primer paracaídas, subió a la torre Eiffel, iba a usar un maniquí, pero la vocecita le dijo, por qué no lo haces tú, total, qué puede pasar. Fue de los primeros videos fail de la historia, en YouTube se podría titular: “Invento el paracaídas y pasa esto”.

Lo más absurdo de todo es que mientras se llevaban el cuerpo sin vida todavía caliente, un grupo de personas se puso a medir la profundidad del socavón que había dejado el cuerpo de Reichelt.


Marzo 2026

martes, 24 de marzo de 2026

PONGAMOS QUE HABLO DE 'FLORES PARA ANTONIO' (relato poético)

¿Quién iba a ser si no?

Antonio González Flores.

¿Y cómo no?

Alba González Villa.

Muy pronto hará 31 años de aquello...

Nostalgia, recuerdos rememorados, una felicidad espontánea, toda la vida por delante, apertura a nuevos descubrimientos apasionantes que salpimentarían mi vida a unos niveles insospechados...

Y en todas esas aventuras intelectuales, emocionales, espirituales, que desencadenaron por el tiempo mi lectobibliofilia, solo recuerdo unos efímeros momentos fugaces que, a pesar de su fugacidad anecdótica, supusieron un punto de inflexión y la única banda sonora que recuerdo con nitidez, pues el comienzo de las vivencias más significativas de mi juventud y que marcarían a fuego el resto de mi vida hasta hoy, estuvieron musicalmente acompañadas por un ser humano increíble, un genio y una de esas maravillosas personas que solo aparecen como efímeras estrellas fugaces (al igual que escribió mi mujer en su último relato) en los caminos de toda una generación, dejando un inolvidable legado de amor, compasión, entendimiento, aceptación, intensos sentimientos, libertad, generosidad, alegría, presencia y momentos que uno lleva tatuados en su interior, sí, en la metafórica "alma" decimonónica...

Pongamos que hablo, sin duda, de Antonio Flores.

Aunque nací, como hecho biológico, el 7 de mayo de 1975, en realidad no nací, como hecho psicológico, hasta el 21 de abril de 1995. Mi "gestación" tuvo lugar durante un proceso de casi seis meses, desde el 7 de octubre de 1994. Aunque en ese momento no lo sabía ni por asomo, tras mi nacimiento psicológico me convertiría, despacio y poco a poco, en un lectobibliófilo. Pero eso llegaría durante un largo recorrido vital posterior... 

Lo significativo en ese momento fue descubrir el budismo, el orientalismo y la espiritualidad,  desde la mirada impoluta, inocente y no manchada con extrañas creencias occidentales, de un entusiasmado joven que abandonaba la adolescencia para iniciarse en los misterios de la juventud, no creía en nada de lo que le había ofrecido su cultura ni contexto, tanto familiar como social y tampoco nadie había conseguido que despertara en su fuero interno el mínimo entusiasmo por todas las maravillas que la vida podía ofrecerle, de ahí que sus dos primeros contactos con el pensamiento oriental asiático de Extremo Oriente supusieran un punto de inflexión que le explotó la cabeza, abriéndose unas posibilidades misteriosas y exóticas fascinantes, que poco antes no existían; unos mundos donde rigen ciertas formas de pensar tan diferentes a la cultura occidental y sus movidas y paranoias mentales y neuras y obsesiones y normatividades espurias, banales, retrógradas, prejuiciadas...

A unos 400 kilómetros del lugar donde servidor estaba viviendo todo su despertar espiritual que prendía cual intensa llama, una productiva, artística, genial, genuina y querida vida por parte de toda la población, ya convertida en aquel entonces en patrimonio nacional por derecho propio y méritos sobrados, menguaba aceleradamente, apagándose poco a poco la deslumbrante llama que había iluminado a varias generaciones de españoles, sin quejas, dramas ni decaimientos hasta el último día, dándole un color y una alegría impagable a esa triste y monocromática península ibérica teñida de gris por el retrógrado franquismo, anquilosamiento estancado de todos los mejores sentimientos patrios que intentaron, por fin, salir a flote, pero duraron unos pocos años, antes de volver al confesionario, el incienso, la beatería mojigata dominical y dosis sobradas de hipocresía y superioridad moral de doble rasero, mientras María Dolores Flores Ruiz (1923-1995), más conocida artísticamente como Lola Flores, La Faraona, dedicó su vida no solo a poner matices festivos, dorados, multicromáticos y alegres a toda aquella España en gris, sino que dejó un increíble legado musical para la posteridad, en sus dos hijas y el único hijo intermedio que tuvo...

Lo que nadie podía saber, aunque muchos temieron, especialmente en su entorno familiar y/o allegado, era que al único hijo le quedaran apenas dos semanas más de vida que a ella...

Antonio Flores fue un gran músico y artista de los pies a la cabeza; uno de esos poetas, trovadores, genios multifacéticos que tanto componen una canción, como tocan la guitarra, como escriben una desgarradora obra maestra (en lírica, en prosa), como actúan en cualquier película, obra de teatro, serie de televisión, como te regalan todo lo que tienen, como se dejan su ser al completo impregnado en cada letra escrita, acorde tocado, canción compuesta (para ellos, para otros), papel interpretado, entrevista concedida, relación establecida, aunque solo te hayan visto una única vez en su vida...

Antonio Flores fue de los pocos elegidos que solo nacen unas contadas veces en cada generación, a veces, no pocas, incluso en varias generaciones...

Y sí, Antonio Flores me acompañó infinidad de veces en la intimidad, especialmente con su último disco, 'COSAS MÍAS', de 1994, durante mi iniciación al budismo tibetano, luego japonés, pero también al vegetarianismo (ahora más aceptado, hace 31 años, bueno, imagínatelo), al orientalismo, al naturismo, al ocultismo, a la espiritualidad...

Ya, sí, imagino que cualquier joven de la época también podría decir lo mismo, a todos los que escuchamos su música nos acompañó, aunque, no me preguntes por qué, pero en aquella época sentí, no sé si en su inconfundible voz, no sé si en sus profundas, poéticas y literarias letras cercanas, urbanas, del que tiene 33 (años) pero ha vivido 333 (vidas), no sé si en el aura de lo que transmitía, que él no solo no me juzgaba o levantaba una ceja con suspicacia ante mis extravagancias percibidas en la época como propias de alguien captado por una secta, sino que me entendía, me apoyaba y me reconfortaba...

Hoy, gracias a su hija, Alba Flores, sé que no estaba equivocado.

Hoy, gracias a su hija, Alba Flores, sé quién fue Antonio de verdad.

He visto muchos... muchos documentales a lo largo de mi extensa trayectoria cinéfila... y nunca nadie... absolutamente nadie ha sido capaz de transmitirme lo que tú me has transmitido, Alba... de origen latino, "albus", "blanco", "cándido", "níveo"... Alba... "amanecer", evoca la luz, la pureza y el inicio de un nuevo día, simbolizando renovación... Alba... nombre propio femenino muy popular en España, asociado con la claridad y la luminosidad... pocas veces he visto un nombre más acertado para una persona... siendo tal vez el otro, también Alba, en el nombre propio de la hija de mi mejor amigo íntimo...

Nadie que no lo conociera en persona conocía a Antonio de verdad hasta ayer, 2025, cuando se estrenó la película documental 'Flores para Antonio', disponible hoy, 2026, en Movistar+.

La búsqueda de una hija que perdió a su padre cuando apenas tenía ocho años, con la mera intención de encontrar un poco de comprensión sobre su vida y su muerte, se convierte en una puerta abierta al impresionante, magnífico e irrepetible gran ser humano que fue Antonio Flores, un auténtico roquero jipiesco a destiempo, trovador bohemio con alma de cantautor, pero sobre y ante todo, pájaro libre que vuela alto y aunque puede volver alguna vez a la jaula de oro para intentar no dañar o hacer felices a los demás, su naturaleza presencial, desconectada de un mundo que entiende pero no acepta, porque no va con él y su sensibilidad, pues él estaba hecho de otra pasta muy diferente a los materiales basura que componen esta realidad, la sociedad occidental, le impide quedarse mucho tiempo en suelo firme, al necesitar volar, sentir el aire impregnándole y solo cortándole las alas podría haber permanecido más tiempo caminando entre nosotros, pero no hubiera sido Antonio nunca más... de hecho, él mismo intentó cortárselas no pocas veces, atarse en corto para estar aquí. Claramente es visible para los que nos cuesta adaptarnos a lo que hay e impera por aquí, en muchos aspectos de su vida, que solo fueron detalles irrelevantes al lado de lo que verdaderamente importa sobre Antonio, aunque dan material de sobra para el sensacionalismo televisivo y de estar por casa, cuyo foco se centra en una diminuta sombra que nadie se molesta en entender, eclipsando la inmensa luz deslumbrante que nunca podrá ver la ceguera del correveidile patrio, tan adicto al inmiscuirse en vidas ajenas, para chismorrear y cotorrear; vicios verdaderamente perjudiciales,  pero de los que nadie se escandaliza, aunque sean verdaderas adicciones peligrosas que no vendría nada mal tratar y llevar a verdadera desintoxicación de por vida.



Marzo de 2026

lunes, 23 de marzo de 2026

EL BLOQUEO IMAGINARIO (relato poético)

Joder, el tiempo me acucia, como siempre.

Tiempo... tiempo... tiempo.

Son las 20:46 y quiero que este relato de "emergencia" esté disponible para las 0:00, algo harto improbable.

Bueno, veremos lo que se puede hacer.

Antes de nada, manifestar mi situación actual, para coger contexto: nunca recuerdo haber estado mejor en mi vida que ahora. Y no obstante...

La mente se vuelve demente de repente. No sé si me entiendes. A lo mejor no puedes hacerlo porque tu mente funciona a la perfección y nunca se vuelve demente. Igual funcionas... espera, espera, que mi mujer acaba de decirle a Alexa que cambie la canción y está sonando '20 de abril', el legendario temazo de Celtas Cortos... "y los que haaaay... han caaambiaadooo... han caaambiaaaadooooooooooooooo... siiiiiii".

La mente oscilante... la mente rebosante... la mente siempre por delante con sus psicodramas tramposos, inventando toda una serie de tramas que luego se convierten en diversos miedos a la intemperie... y de repente... "Sebas se marchó, de vuelta a Buenos Aires... el dinero se acabó, ya no hay sitio para nadie".

Sí, vivimos en una sociedad que precisamente es una creación de la mente y sus miedos, junto con el peor pero inevitable invento para que el circo de la cotidianidad siga escenificando... "el del meeediio de looos Chiiichooosss"... sus funciones: el yo, ego en latín. ¿Qué es el yo, ego en latín? Es lo más taoísta que puede existir, pues siendo nada en realidad, lo es todo, para todos, en todo momento, generación tras generación, hasta que... o sucede la degeneración cognitiva o te mueres. De ahí que el experto en la difusión de noticias falsas Donald John Trump dijera una vez algo así, más o menos, como que: "muéstrame a alguien sin ego y te mostraré a un perdedor". Bueno, en realidad Trump no parece saber mucho de qué va el chiste, a mi juicio, pues el yo, ego en latín, es inherente a la experiencia humana, al menos desde hace milenios. Da igual si eres ganador o perdedor, el ego únicamente se pierde, según yo lo veo (y por eso no es verdad lo que digo, sino la apreciación del yo que escenifico e interpreto a cada momento), cuando desarrollas una demencia, enfermedad neurodegenerativa o te mueres. Lo que a lo mejor podemos hacer, tal vez, aunque tampoco lo tengo muy claro, es intentar reducir, moderar o controlar los impulsos de ese yo, ego en latín, especialmente cuando afectan a los demás y generan un sufrimiento innecesario. Pero eso, de ser posible y viable, requiere una madurez emocional que no se adquiere precisamente con la edad, sino a pesar de ella. Tampoco depende del género, el sexo, el color de la piel, las creencias, etcétera... sino a pesar de todas esas convenciones sociales espurias.

"He viiiisto una luuuz... haaace tieempooo Veeeenuuus seaaaapaaagooooo o o".

Y no hay miedo, movida, preocupación o removida continua, constante, resonante, repicante... como el peor y simultáneamente mejor invento de la mente humana y la sensación de ser un yo que posee cosas (mentales y materiales): el dinero. El vil metal, poderoso caballero... se le ha llamado en el refranero popular no pocas veces. Si conozco personas que con un millón y medio en el banco viven preocupadas por si tendrán suficiente o qué será de ellas (no, no es broma), imagínate cuando no tienes oficio ni beneficio y tampoco trabajas desde hace casi dos décadas. 

La mente... la saboteadora mente.

La preocupación y obsesión por el dinero ha saboteado infinidad de proyectos e ideas en mi vida. También ha estado a punto de cargarse este blog un par de veces. Y entre muchas otras cosas, me ha llevado al límite, entrando en un bloqueo imaginario... el imaginario bloqueo creativo que le da título a este relato. Pero ahora tengo una cosa clara: esta vez no me va a joder, como siempre, la mente, cuando se vuelve demente, de repente. Porque hoy tengo una cosa clara que antes no tenía. Permitidme que me lo crea, aunque solo sea como psicoestrategia para jaquear esa mente: os tengo a vosotros. Antes mi mente lo tenía fácil: "no tienes público para tus escritos porque lo que escribes no vale una mierda". Entonces podía continuar el psicodrama victimista (al que es tan aficionado la mente) con facilidad, distorsionando la realidad: "solo vale lo que se publica en editoriales porque es bueno de verdad... ergo... el dinero, como afirman los pensadores capitalistas, promueve la creatividad y que se escriban las mejores obras de arte literarias". Hoy, sin embargo, veo las cosas bastante diferentes y no lo tengo tan claro. Creo sinceramente (exceptuando honrosos casos) que el dinero no tiene nada que ver con la calidad y las editoriales publican solo aquello que les conviene económicamente. Meterse en el mundo editorial... bueno... es como meterse en política o en negocios de cualquier tipo. No sales entero de ahí. A menos que seas el dueño del Grupo Planeta o Penguin Random House Grupo Editorial. Ya lo advertía el Lao zi desde hace unos 2.300 años y hoy sigue más vigente que entonces. Así que mi decisión es "no, gracias", por si acaso.

En realidad no tengo ningún puto bloqueo creativo, joder. Este bloqueo es imaginario, pero llevo desde hace un tiempo lidiando con la mente intentando sabotear el blog, otra vez, para variar, descentrándome con ideas irracionales, estúpidas e idiotas que solo acabarían jodiéndome a la larga, como siempre ha pasado en mi vida, si sucumbiera a ellas. Tampoco es que la sociedad mercantil, donde todo tiene un precio y (casi) nadie hace nada gratis (no, en internet tampoco, mucho menos, diría yo), ayude en algo, que digamos. Pero esta vez no, no y no, porque esta vez os tengo, comunidad, sois mi gente lectófila y si esto termina será porque vosotros así lo decidáis (o porque lo decida Blogger), no por una puta paranoia mierdosa de mi mente demente, de repente.

Una de mis mayores características es la transparencia y ser un libro abierto, como alguien me dijo certeramente en los comentarios (y otra persona corroboró). No podría ser diferente, sea esto algo bueno o malo. Siempre he sido así. O al menos es lo que siempre he sentido. Y tampoco sé escribir de otra manera. Así que voy a compartir mi sentimiento más saboteador: hay días que me siento un sirviente neofeudal de Blogger. Me levanto con los cables cruzados y todo se vuelve sombrío, en una interpretación escatológica absorbida por la mercantilización de todo a mi alrededor y la hipotética neofeudalización servil de la sociedad 2.0. De repente, me siento idiota, inútil y gilipollas. Me pregunto: "nadie hace nada gratis en este mundo y tú vas e intentas hacer algo diferente, serio, de calidad, que evidentemente no sale de la nada ni del vacío, sino de una plena dedicación... ¿y ni siquiera le pones la publicidad, al menos, AdSense, como mínimo, tío?". Me respondo: "A ver... ya... sí... bueno... tiene su lógica, pero... ¿voy a llenar un blog, que por lo menos hago con gusto y me quedo satisfecho con el trabajo hecho, de puta publicidad asquerosa de mierda, que odio profundamente con todo mi ser? ¿Para qué? ¿Para ganar dos céntimos, si llega?". 

No sé tú, pero yo vivo en la contradicción constante a cada momento de mi vida. Y no considero que la sociedad a mi alrededor sea de mucha ayuda en nada. Así que solo puedo estar tranquilo y en calma, con la menor actividad mental posible, que evite los intensos vaivenes oscilantes del yo, cuando entro en coherencia. 

Llevo dos días agitadísimo, en absoluta incoherencia... pero aquel retorno del Tao a mi vida, que derivó en el proyecto 'WUWEI WUXING: ATARAXIA', permanece... y la imperturbabilidad, por primera vez en mi vida, también permanece... por tanto, ahora, a diferencia de antes, encuentro soluciones rápidas, sin necesidad de hacer lo que siempre he hecho: romper con todo y empezar de cero (hay un truco y trampa: ese dietario taoísta citado unas líneas más arriba, no terminó donde aparentemente terminó en el blog; hubo una entrada más que decidí no publicar porque me parecía que generaría confusión, pero ha demostrado ser la clave para mí, así que tengo un secretito sobre la imperturbabilidad y su sostenibilidad guardado, aunque, de momento,  no lo voy a compartir. Es mío, mi tesoro).

Llevo dos días intentándolo... dos días dedicados íntegramente a mí, paseando por la mota del río Segura, con Iñaki Preciado Idoeta y sus dos libros... LOS LIBROS DEL TAO y LA RUTA DEL SILENCIO... pero esto no va así... es algo parecido al famoso refrán "el hombre propone y dios dispone" (aunque evidentemente me cague en dios y su puta madre, como eufemística idea personal subjetiva de no creyente)... da igual los intentos que hagas... esto sucede cuando sucede... si es que debe suceder.

Entonces, el sábado por la noche, a última hora, decidí manifestárselo en la contestación a un comentario de Hortelano, uno de mis cuatro ases de la comunidad. No sé por qué tomé esa decisión, supongo que confío plenamente en ti, Hortelano, o lo que me dijiste agitó algo en mi interior. No obstante, el resultado fue vivir una odisea psicológica intensa (pues no quería compartir esa intimidad, queriendo acogerme al anonimato sin nombre) y que se ha extendido durante gran parte del día, pero resulta que las cosas estaban cuadrándose solas en el interior. 

La pasada tarde, domingo, 22 de marzo de 2026, estaba hablando con mi mujer, cuando, no sé cómo ni por qué, llegó la idea catalizada: el problema que anclaba el bloqueo arraigaba en seguir aferrado al perfil de Anónimo Sin Nombre. Bueno, es posible que al principio tuviera algún sentido, pues buscaba darle prioridad a los libros y no exponerme, siguiendo también las enseñanzas taoístas, pero, como siempre sucede en el mundo humano, lo ideal suele estar desfasado, a menudo y en profundidad, de lo real. Resulta que al revisar mi perfil, las carcajadas han resonado en el interior de la vivienda del vecino del primero (vivimos en el cuarto): ¡si solo me falta poner el número del DNI y la calle donde vivo actualmente! Entonces ha llegado la resolución definitiva ipso facto: la reinvención personal para una nueva fase del blog, más acorde a lo que fluye y al parecer, se me da bien, o al menos le gusta a la comunidad (por tanto, sinceramente, el resto del mundo me la suda ahora mismo): mi manera espontánea y automática de escribir, que es mostrándome tal cual soy, sin ocultaciones internáuticas, no solo, pero muy propias de troles y odiadores. 

Así que, a partir de ahora, se acabó Anónimo Sin Nombre, ya que, en realidad, no tenía mucho sentido y venía más bien de mis neuras y paranoias mentales, más o menos justificadas. Ahora soy el que siempre he sido: Pedro A. Barrachina. Y buscando fotos con las que poder identificar lo que veo ahora mismo, he probado varias, hasta que mi mujer ha rescatado la perfecta... esa que ahora veis... la que refleja cómo me siento... un tonto... un gilipollas... o como titulé una vez ciertos escritos que salieron espontáneamente: 'El gilipollas que escribe gilipolleces de gilipollas'. Al ver esa foto haciendo el tonto, de nuevo, ha sido tan elocuente sobre mi estado de ánimo, que he decidido subirla de inmediato. La explicación es sencilla y para que no quede esto en una rareza o excentricidad inexplicable, he decidido escribir este relato: se trata de un acto metamákgico que combina ciertas influencias personales, como el discordianismo (religión satírica estadounidense) o la patafísica (movimiento artístico surrealista francés). 

Ahora me siento coherente y con ganas de seguir adelante. Eso sí, no sé lo que surgirá ni cómo lo hará. No sé cuándo volveré a retomar el blog, las reseñas y el cine literófilo, si es que lo hago. Todo debe fluir espontáneamente, como siempre ha sucedido en mi vida. No sé escribir de otra manera. Aunque tengo un inmenso agradecimiento hacia lo que más aprecio, la comunidad de mi gente lectófila. Como siempre he dicho, vuelvo a repetir que si esto sigue adelante es por vosotros. Y también decir que, de momento, quedan, como mínimo, unos cuatro relatos poéticos ya escritos y preparados. Eso sí: la intensidad llega hasta puntos extremos. Prepárense, queridos viajeros, para una buena sacudida como mínimo, aunque también para reír (o eso espero) un rato. Así que... abróchense los cinturones, por favor.

P.D.

"Los hombres de virtud superior
Se ríen de ridiculizarse a sí mismos.

Los hombres de virtud mediana
Se ríen de cosas que le hacen gracia a los demás.

Los hombres de virtud inferior
Se ríen de ridiculizar a los demás.

Por eso
Cuando la humanidad tiene a Yuk
Las carcajadas esperpénticas resuenan
Hasta en el vacío vacío de vacío;
Cuando la humanidad pierde a Yuk
Las guerras asolan las urbes
Y España se queda sin McDonald's
Por no querer ir a la guerra"

Extracto del libro 
'La mentirosa verdad de Yuk'

Página 666



Marzo de 2026

domingo, 22 de marzo de 2026

ÁNGEL "EL REY DEL MUNDO" (relato poético)

"O estudias o trabajas, tú verás, es lo que hay".

Corría finales de 1991 y servidor tenía 16 tacos apenas.

En plena adolescencia me sentía con una carga psicológica importante y una responsabilidad tremenda a mis espaldas, pues la tonalidad de las bienintencionadas palabras de mi entorno familiar, eran percibidas por mi cabeza como amenazas condicionantes que sonaban a un determinismo dualista y escatológico radical.

El tono coactivo sugería que debía tomar una decisión obligatoria entre el camino A y el camino B sin otra opción posible.

Había repetido dos cursos seguidos y en ese mismo momento acababa de suspender todas las asignaturas de octavo de EGB; era dos años mayor que el resto de mis compañeros y había agotado el tiempo reglamentario de permanencia en Enseñanza General Básica, así que, a bote pronto, dije: "pues... trabajar".

Por descontado que nunca quise ni estudiar ni trabajar, mi mente adolescente solo quería dedicarse a la vida contemplativa, pues nadie había conseguido entusiasmarme con nada y por tanto, todo lo que hacía en mi vida lo hacía por obligación y al tener un carácter más o menos tranquilo, no me oponía, pero tampoco prestaba la mínima atención, iba al colegio por inercia; era un perfecto zombi de la inercia social estandarizada.

Mi opinión respecto a la vida siempre ha sido muy clara: yo no pedí nacer (al menos que recuerde y sepa conscientemente) y tampoco se me pidió nunca opinión sobre nada de lo que hay establecido, por tanto, desde la infancia sentí que todo era por obligación y esa obligación formaba parte de las especulaciones, imaginaciones, inventos, fantasías y delirios de otros seres humanos con los que no me sentía identificado, por ese motivo siempre fui raro, extravagante, excéntrico, disruptivo, ajeno a todo y todos.

De ahí que siempre tuviera cierta sensibilidad especial y un acercamiento innato, natural, espontáneo, hacia todo lo raro, extravagante, excéntrico, disruptivo, ajeno a todo y todos.

Encontré mi hogar en los lugares más inesperados: el orientalismo, el ocultismo, el naturismo, el librepensamiento, la contracultura y sin duda los libros... los libros elegidos por mí en total libertad, para explorar, descubrir y encontrar mis propios tesoros, sin coacciones externas, evaluaciones constantes, presiones estresantes.

Aquel adolescente que fui solo buscaba una respuesta a la pregunta más sencilla: dame un motivo convincente de por qué debería... pues cumplir con cualquier debería social; a ese adolescente le parecía una pregunta lícita, pero nadie fue capaz (o no quiso) responderle más allá de los procolarios "porque sí" o "porque así es como está estipulado y funciona el mundo" o variantes de lo mismo.

Pero incluso voy más lejos si cabe: ¿Y qué pasaría si, a pesar de darme alguien una explicación convincente, yo dijera: "vale, me parece genial, pero yo no creo en ello, discrepo por completo y no voy a seguir ninguno de los caminos estipulados"?

A veces me pregunto: cuando mi madre decidió tenerme, porque era su sueño en la vida (pero no el mío), ser madre... ¿alguna vez se preguntaría qué pasaba si tenía un hijo así y las consecuencias que eso acarrearía para todos, pues evidentemente la sociedad es un péndulo normativo que oscila por inercia a toda velocidad y no va a tener en consideración a nadie que no esté de acuerdo, pues o si no se detendría ipso facto, por tanto arrasará a cualquiera que se ponga por en medio; o simplemente dio por sentado que tendría un hijo obediente, que estudiaría para llegar a ser alguien en la vida, incluso un Premio Nobel de Medicina o Fisiología que encontraría la cura para el cáncer o en su defecto, al menos estudiaría oposiciones y tendría un sueldo estable hasta la jubilación, siendo un hombre de bien?

Ahora que hay tanta (aparente) preocupación por la salud mental y la tasa aumentada de suicidios... ¿alguien será capaz de preguntarse si es que a lo mejor el problema no es de los individuos, que no pidieron nacer ni tampoco firmaron acatar lo que hay, mucho menos estar jodidos, sino de la inercia pendular de la sociedad y cómo funciona el mundo humano en general?

Pero así son las cosas (como siempre me decían) y no me quedó más remedio: tenía que elegir, sí o sí, entre dos opciones, o estudiar o trabajar.

Elegí trabajar como quien elige por elegir, a boleo, pero nunca imaginé lo que me esperaba, por tanto decidí ser un resistente pasivo: hacía el mínimo y mal hecho para que me echaran cuanto antes; al principio coló, pero por el tiempo mis padres empezaron a coscarse de que algo no cuadraba y no tardaron en atar cabos, lo cual hizo que estuviera siempre de conflicto en conflicto con mi madre, pues nuestros respectivos caracteres chocaban a diario.

Me vi atrapado en una telaraña de la que no podía salir, pues nunca tenía trabajo estable y cuando lo tenía ganaba el equivalente a unos 500 o 600 euros, en bukowskianos trabajos de mierda no cualificados, que encima era incapaz de mantener, porque siempre estaba entre Pinto y Valdemoro, entre la espada y la pared, en una contradicción saturante: necesitaba dinero para vivir y leer (mi tiempo de ocio y descanso con el que coger fuerzas y seguir adelante), pero al mismo tiempo odiaba trabajar... el tiempo de trabajo se me hacía eterno y al no rendir bien me echaban pronto.

Era un puto caos de persona, un desastre, una desgracia humana en toda regla, que poco a poco se fue convirtiendo en un parásito social, un insecto urbano inmune a esta sociedad, como cantaba el grupo de ska punk combativo Ska-P, que intentaba vivir lo máximo posible (que no era mucho) de sus padres, aunque sabía que no terminaría de cumplir con el popular refrán: nunca iba a vivir de mis hijos porque siempre tuve claro que hijos no tendría jamás.

Y ser un despojo, un desperdicio inservible e improductivo para la sociedad, hizo que solo me sintiera identificado, bien, a gusto, cómodo y en mi salsa con otros "despojos", "desperdicios inservibles e improductivos" para la sociedad (en los términos convencionales a nivel social, evidentemente); ellos eran mis verdaderos, sinceros, auténticos, genuinos y transparentes amigos, los únicos a los que elegiría sin dudar ni un momento para quedarme en una isla desierta o sobrevivir a una catástrofe nuclear.

Y fue gracias a un trabajo de esos, que odiaba con toda mi alma, donde lo conocí.

En el verano de 2002 llevaba unos meses sin trabajar y las cosas estaban poniéndose tensas en casa, con el tira y afloja de "tienes que buscarte ya un trabajo sí o sí"; los meses finales de 2001 y primeros de 2002 habían sido los más duros de mi vida hasta ese momento, al trabajar como montador de cubiertas metálicas; necesitaba un descanso prolongado, pero ya estábamos en el verano y la cosa se calentaba en casa (yo lo alargaba hasta el extremo máximo, cuando la atmósfera se volvía irrespirable) y decidí apuntarme a una ETT, Persigest, creo que se llamaba, si mal no recuerdo.

Me dieron una sustitución de verano en una gasolinera Shell.

A partir de entonces inauguré mi última etapa de trabajador remunerado, en diferentes gasolineras de Alcoy y la última en Alicante; desde el lunes, 25 de mayo de 2009, cuando me echaron de la última gasolinera (una Tamoil que hay a la salida de Alicante), no he vuelto a trabajar; desde entonces soy simplemente el vagabundo ilustrado.

Estaba nuevamente en una sustitución de verano, pero esta vez en la doble gasolinera Total (luego Galp) que hay a la salida de Alcoy, dirección Cocentaina.

Era el verano de 2003.

La situación en casa se puso fatal... a mi padre le diagnosticaron un cáncer derivado precisamente del trabajo (trabajó reparando material ferroviario y por tanto respiró amianto a toneladas durante décadas; murió un año y medio después; obviamente, la sociedad pendular y el famoso estado del bienestar no le dio ni las gracias por sus servicios prestados ni indemnización alguna) y yo seguía con mi batalla diaria por salir adelante, pero sabiendo que me iba a quedar pronto sin padre, pues el neumólogo me dijo, en privado y sin rodeos: "el 100 % de los casos de mesotelioma muere".

Y en ese tránsito vital difícil, apareció el Ángel, uno de los seres humanos más maravillosos que he conocido en toda mi vida.

Estaba en el turno nocturno, sustituyendo a una compañera que se fue de vacaciones, cuando apareció el Ángel por primera vez en mi campo perceptivo.

Iba desastrado, con un viejo Opel Corsa desvencijado, medio calvo, bien afeitado, con barriga prominente pero sin sufrir una gran obesidad (típica barriga cervecera, que se suele decir); tenía 46 tacos; pero su mayor característica es que hablaba atropellado y prácticamente no se le entendía, arrastrando las palabras y sin vocalizar muy bien, debido a la cantidad de speed (anfetamina en polvo) que esnifaba.

Su personalidad enganchaba enseguida, pues era muy gracioso, dicharachero y un excelente ser humano, sin maldad, sin dobles intenciones, sin hipocresía ni pensamientos retorcidos, manifestándose con franqueza y máxima sinceridad, sin distorsionar los hechos ni los sucesos, a pesar de sufrir una esquizofrenia paranoide que le hacía creerse una especie de mesías crístico que había venido a salvar el mundo (y por la cual llevaba media vida en tratamiento psiquiátrico).

De ahí que tanto por su parte como por parte de la sociedad fuera apodado "El Rey del Mundo".

Cliente habitual de la gasolinera, los compañeros ya lo conocían de sobra y era apreciado, así como respetado, pues a pesar de sus excentricidades particulares, su comportamiento social en lo básico no era errático y su bondad innata hacía que muchos personajes de los bajos fondos con los que se relacionaba (yonquis, adictos) se aprovecharan de él, generando empatía y un tratamiento cariñoso y respetuoso, aunque distante, hacia su persona en la gasolinera, motivo por el cual era cliente habitual.

Lo conocí en la soledad de una eterna noche, un día entre semana cualquiera, que vino a repostar y se quedó allí hablando conmigo, separados por el enorme cristal de la caja, donde yo estaba sentado y tenía el control de los surtidores para autorizar las cantidades de combustible que los escasos clientes que pasaban por aquel lugar me pidieran, previo pago.

Enseguida percibí que era un cliente habitual cuando me preguntaba por los compañeros, citando sus nombres y detalles concretos y aunque al principio tuvimos un trato cordial, protocolario, más pronto que tarde nos fuimos soltando, reconociéndonos mutuamente como seres libres, sinceros, que van más allá de lo convencional y les gusta la espontaneidad.

A partir de entonces Ángel, "El Rey del Mundo", vino casi todas las noches que me tocó turno nocturno de trabajo, a lo largo del verano de 2003 y un año después, también en el verano de 2004; esos momentos eran divertidos, sincopados, fluidos, sinceros; Ángel, "El Rey del Mundo", era un ser humano excepcional, aunque para muchos solo fuera un loco más sin credibilidad alguna, ni se tomaran la molestia de escucharle, de intentar entender qué había más allá de su habla atropellada y muy difícil de descifrar o simplemente de escucharle, de reír con sus divertidísimas ocurrencias, vivencias tronchantes, pues Ángel, "El Rey del Mundo", era inocente como un niño pequeño sin maldad ni dobles intenciones, transparente, travieso, bromista, sensible, uno de los seres humanos más cachondos que he conocido y que más me han hecho reír a mandíbula batiente; era regocijante ver cómo le brillaban los ojos al contarte sus travesuras sin maldad alguna, riendo estruendosamente mientras te lo contaba, con una risa esperpéntica que resonaba como mil campanas en el vacío de noches desoladoras y eternas, donde el tiempo se dilataba sin límite y las horas no parecían pasar, hasta que llegaba Ángel, "El Rey del Mundo", con su reconocible Opel Corsa desvencijado y el asunto cambiaba por completo, consiguiendo aquel excelente ser humano, sin pretenderlo, que me olvidara de la mierda de trabajo que tenía, de la mierda de situación dramática que había en casa y por unas horas, que ahora sí, pasaban volando, estuviera distraído, riendo sin parar, regocijándome con las aventuras, peripecias, travesuras, ocurrencias del Ángel que, por unos momentos, fue, efectivamente, "El Rey del Mundo"... de su mundo, que durante esas ocho horas también era el mío... de mi mundo, que durante esas ocho horas también era el suyo.

De entre todo el amplio catálogo de momentos inolvidables que tuve con Ángel, "El Rey del Mundo", en los dos veranos que trabajé en aquella gasolinera, un par destacan por encima del resto.

El primero fue una vivencia inesperada, cuando, trabajando en un turno cualquiera, Ángel apareció por allí y mientras hablaba con él, poco tiempo después paró un Renault Clio azul de 2001, del que bajaron mis amigos Gustavo, Charly y Clara, vestidos con túnicas; en silencio y sin mediar palabra alguna, se acercaron a nosotros dos, se arrodillaron ante mí y empezaron a alabarme y hacerme reverencias, como si fuera un gurú o un dios; aunque se trataba de una broma espontánea, fortuita, performativa y arquetípica de nuestro sentido del humor, Ángel se quedó impresionado y desconcertado, no pudiendo desconectar ya del suceso, una broma de las nuestras, sin mayor importancia, que para Ángel supuso otra cosa que, a pesar de saber en el fondo que era una broma, nunca paró ya de comentarme (en valenciano y carcajeándose): "Yo me creo El Rey del Mundo, pero... ¿quién cojones eres tú, Pedro, que vienen a adorarte? ¿Dios? ¿El demonio?"; evidentemente, ninguno de mis tres amigos sabía quién era Ángel.

El segundo era la historieta más graciosa a mi parecer de todas las travesuras que había liado y me contaba cada noche, cuando, un día cualquiera, se vistió de militar y se puso galones de capitán (tres estrellas de seis puntas) en los hombros, para acudir al cuartel de la policía nacional, donde ya lo conocían y hacer cuadrarse al comisario, que, cuando vio que era él, según me contaba el Ángel, estallando en carcajadas, al yo preguntarle, partiéndome la caja: "no me jodas que hiciste cuadrarse al comisario... ¿y qué pasó?", respondía: "me corrió a hostias por toda la comisaría de parte a parte".

Al finalizar el verano de 2004 determiné que había finiquitado mi estancia en Alcoy y decidí probar suerte en Alicante; acabé nuevamente en una gasolinera, pero durante casi un lustro; pocos meses después mi padre murió; no pocas veces me acordé de Ángel, "El Rey del Mundo", y todas las vivencias que había tenido con él, especialmente en los malos momentos alicantinos, que no fueron pocos; tras volver a Alcoy, en el verano de 2009, una de las veces que pasé por aquella gasolinera donde conocí al maravilloso Ángel, "El Rey del Mundo", para repostar, le pregunté a un ex compañero, llamado Andrés, qué había sido de Ángel y me dio la triste noticia de su fallecimiento, un par de años atrás, mientras dormía.



Marzo de 2026

sábado, 21 de marzo de 2026

'EL LIBRO DEL Tao LIBERADO' de Laozi (reseña)

Acabo de leer (por segunda vez) EL LIBRO DEL Tao LIBERADO.


   Aunque en realidad el autor es desconocido, la tradición taoísta china se lo atribuye a Laozi, también escrito anteriormente Lao tse. Esto no es un nombre propio, tampoco apellido alguno. Es más bien un título genérico e inespecífico que se usa en China como muestra de respeto. Significa "Anciano Maestro" o, para ser exactos con esta traducción aquí reseñada, "el viejo maestro" en chino. Los expertos, estudiosos y sinólogos barajan varias hipótesis sobre la verdadera identidad del presunto autor, que oscilaría entre Lao Dan (contemporáneo de Confucio, no hay fecha específica, abarcando las especulaciones entre los siglos VIII y V antes de la Era Común, aunque esta identidad ya fue puesta en duda desde el siglo XII de la Era Común), Taishi Dan (tampoco hay fecha específica, abarcando las especulaciones los comienzos de la época de los Estados Combatientes, siglos V y III antes de la Era Común), Li Er (otro personaje de la época de los Estados Combatientes) o Lao lai zi (completamente descartado). Otros eruditos chinos especularon con Huan Yuan (también conocido como Guan Yin) e incluso Zhuangzi. Ninguna de estas hipótesis tiene fundamento suficiente a mi parecer, así que lo más probable es que fuera una prolongada compilación y elaboración en la que intervino toda una escuela (o varias) a lo largo del tiempo, partiendo de un texto original escrito muy probablemente por un único autor desconocido.

   Cuando decidimos embarcarnos en la lectura de ese clásico filosófico, espiritual y/o sapiencial de la cultura china (ya universal y traducido a casi todas las lenguas) llamado 'El Libro del Tao', lo más importante a lo que debemos prestar atención es a la traducción. Básicamente existen 2 tipos de traducciones: las volcadas al castellano desde una lengua intermedia, principalmente inglés, alemán o (en menor medida) francés y las traducidas al castellano directamente del chino. El primer tipo esencial de traducción es más sencillo y por tanto el abundante a nivel editorial, pero deficiente según yo lo veo. 

   A mi juicio deberíamos buscar siempre traducciones directas del chino, más complicadas de encontrar porque se requiere la presencia de un traductor especializado que sea sinólogo. La sinología es el estudio académico integral de la civilización china, destacando en particular (aunque no solo) su peculiar idioma muy diferente a cualquier otro, especialmente occidental. No obstante, las ediciones y lecturas de 'El libro del Tao' nunca se agotan, sea el tipo de traducción que sea (directa o intermedia), pues el idioma chino es tan distinto al nuestro que no se puede transliterar o traducir directamente, requiere un "relleno" interpretativo, de ahí que cada traductor deba hacer un esfuerzo personal de interpretación (y por eso las traducciones intermedias son mucho más fáciles y económicas, pues el traductor original ya ha hecho ese complicado trabajo interpretativo).

   A pesar de las especulaciones subjetivas y bastante infundadas sobre la verdadera identidad del autor original, los hechos históricos y arqueológicos hablan con elucuencia. Hasta donde podemos actualmente saber, en el campo de los estudios taoístas, la copia del texto más antiguo de 'El libro del Tao' que se ha encontrado hasta hoy, escrito en tablillas de bambú, data de finales del siglo IV antes de la Era Común. Fue encontrada en la aldea de Guodian, municipalidad de Jingmei, provincia de Hubei, República Popular China, en octubre de 1993. Es, hoy por hoy, lo más lejos que nos podemos remontar a su verdadero origen. Los eruditos chinos consideran que es una copia muy cercana a la redacción original, estimando que no debió de suceder mucho antes. Aunque nunca tuvo título a lo largo de su dilatada trayectoria histórica, convencionalmente fue conocido, durante siglos, como el 'Lao zi', presunto nombre del autor. Por el tiempo y ya dentro de la Era Común y las diversas dinastías del Imperio chino, se le atribuyó el título convencional de 'Tao Te ching' (también 'Tao Te King'), actualmente 'Daodejing', que significa, aproximadamente, 'Clásico del Camino y la Virtud', aunque me parece mucho más acertada la acepción tomada por el traductor de esta versión aquí reseñada: 'El Clásico de la Vía y la Virtud' (pues aunque el concepto Tao es intraducible y no tiene género, de tenerlo sería femenino sin duda, nunca masculino). Popularmente es conocido en España y los países hispanoparlantes como 'El libro del Tao'. Aunque las copias de esta versión, tardía y definitiva, siempre son dudosas para los más exhaustivos exégetas taoístas, pues tienen incoherencias y discontinuidades tan flagrantes que no representan el pensamiento taoísta primitivo ni original, presentando interpolaciones de otras escuelas filosóficas dominantes en la historia de la antigua china (confucianismo, legismo, moísmo), así como graves errores de copia (algunos intencionados, otros no) en no pocos sinogramas.

   Mi ejemplar es una primera edición publicada en febrero de 2026, aunque no salió a la venta hasta el pasado miércoles, 11 de marzo de 2026. La edición corre a cargo de Blackie Books, una imprescindible editorial española independiente de Barcelona, fundada en 2009 por Jan Martí y Alice Incontrada. Editorial ineludible para los más lectófilos, su catálogo se centra en rarezas, autores y temáticas especiales, por norma general fuera del circuito más comercial o superventas, apostando por la máxima calidad, tanto en el continente como en el contenido de lo que publican. Suele ser una editorial muy fiel a sus apuestas, lo cual indica que tienen criterio propio y un gusto exquisito, independientemente de que sus autores fetiche te gusten o no. Por tanto, podríamos decir, sin temor a equivocarnos y con permiso del séptimo arte, que estamos ante una "editorial de autor". En este caso se trata del número 7 de la colección Clásicos Liberados. La fascinante apuesta novedosa pretende revisitar obras literarias clásicas fundamentales, para experimentarlas desde una lectura nueva, desprejuiciada, partiendo de cero o como dice la editorial: "[...] ilustradas y comentadas con la mente abierta y el corazón ligero". Su precio es de 29,90 euros.


   El libro tiene 305 páginas repartidas en la historia de este libro, nuestra edición, 3 introducciones del traductor, intercaladas con un poema de Bertolt Brecht (1898-1956), 2 infografías, 'El libro del Tao', compuesto por 2 partes (Libro I y Libro II), una serie de textos (poemas y breves reflexiones filosóficas principalmente) y un pequeño pero muy interesante ensayo sobre física cuántica.


   Se trata de una edición completa, interesante y muy diferente a todas las ediciones que se han publicado hasta el momento de 'El libro del Tao' o 'Daodejing', es decir, de las copias tardías más conocidas por el gran público. Evidentemente se trata de una edición dirigida a todo tipo de lectores, pero a mi juicio la aprovecharán mucho más los lectores novatos, profanos en taoísmo o que estén empezando su acercamiento a esa fascinante filosofía de vida autóctona de China y que refleja partes universales de su pensamiento (aunque minoritarias, ya que el pensamiento de la antigua China quedó absorbido en realidad por el confucianismo).

   Personalmente considero un gran acierto el delicado trabajo de extensa elaboración que ha tenido esta edición y mi valoración, como experto lector versado en taoísmo y las amplias ediciones de 'El libro del Tao' en particular, es muy positiva y totalmente afirmativa. Tras 2 lecturas seguidas, digo sí (un sí rotundo) a esta edición, tanto en la inusual, peculiar, disruptiva y original traducción de Manel Ollé Rodríguez, sinólogo, profesor universitario y escritor español, siendo la más lírica interpretación que he leído hasta el momento, como en la amplitud escogida de materiales complementarios para acercarnos al Tao, concepto, idea y especulación que, si bien pertenece al acervo cultural y filosófico de la antigua China, no obstante fue llevado hasta su máxima expresión incomparable por daojia, la escuela taoísta, en los 4 últimos siglos antes de la Era Común,  derivando (y degenerando en mi opinión) unos cuantos siglos después en daojiao, la religión taoísta.

   Esa traducción a la que me refiero, bilingüe, por supuesto (como no podría ser de otra forma en una edición rigurosa y bien editada), ha sido una experiencia lectora muy inusual y que me "rompió los esquemas" desde el principio, pues nunca había visto un esfuerzo interpretativo igual ni tan grande, para preservar la musicalidad lírica del texto original en chino, pero volcada al castellano, llevándola a otro nivel mucho más poético todavía si cabe. Obviamente se nota que el traductor es poeta y solo un poeta, que a su vez sea sinólogo, podría haber construido una traducción tan disruptiva, novedosa y diferenciada del resto, como la ofrecida ahora por Blackie Books. Traducción importante e ineludible, tanto si empiezas con el taoísmo y tu primera lectura de 'El libro del Tao', como si ya has leído otras traducciones y/o versiones.


   Las introducciones, también a cargo de Manel Ollé, son significativas, aunque, ahora sí, más bien sencillas, parcas y al grano, dirigidas pensando en un público profano y que se acerca por primera vez al taoísmo, lo cual hace que, a diferencia de otras versiones sin prolegómenos explicativos o con estudios exegéticos complejos, el lector interesado pero no muy versado en la temática, pueda entender el contexto ideológico de un libro dividido (arbitrariamente) en 2 partes y 81 capítulos (las copias de los textos originales nunca tuvieron división alguna), tan diferente a nuestro modus operandi y forma de pensar, que probablemente no sea entendido sin las adecuadas contextualizaciones explicativas que Manel Ollé acerca sin erudición complicada, pero sin dejarse tampoco nada de lo significativo en el tintero.


   En la 'HISTORIA DE ESTE LIBRO' los editores nos explican brevemente la intención de la colección Clásicos Liberados, pero lo más destacado, motivo por el cual esta edición también es importante y diferente al resto, es la implicación del ilustrador e historietista español Eduardo Pelegrín Martínez de Pisón (1959-2022), más conocido por su pseudónimo artístico Calpurnio, que ya había colaborado ilustrando otros textos anteriores de la colección. Como nos explican en la página 15: "En el caso de El libro del Tao, quien desencadenó el proceso fue Eduardo Pelegrín Martínez de Pisón, el gran Calpurnio". Su implicación fue tan grande e inmersiva, que eso determinó la salida adelante de este proyecto, en el aire desde hacía años, pero sin concretarse. Aunque lo importante de las ilustraciones calpurnianas de esta edición única e irrepetible de 'El libro del Tao' (agénciate, por tanto, un ejemplar cuanto antes, luego será tarde), reside en ser las últimas y más comprometidas que hizo, pues durante el proceso de creación enfermó de cáncer y desgraciadamente falleció, siendo el Tao, así como su implicación en la finalización de este trabajo, lo más relevante de su vida, patología y proceso de muerte.


   Si bien los poemas y breves reflexiones filosóficas que hay después son un interesante, amplio e inclusivo estudio comparativo, a nivel filosófico y religioso, con las esencias del Tao, no obstante lo más significativo para mí ha sido el pequeño ensayo final sobre física cuántica, que me hizo levantar con mucha suspicacia la ceja,  debido a ese dudoso título de 'SABIDURÍA ORIENTAL Y FÍSICA CUÁNTICA', cuando lo vi al encontrarme con los ejemplares en la librería Códex y revisar meticulosamente su contenido, muy propio del llamado "misticismo cuántico", es decir, una espuria y equívoca tendencia pseudocientífica sesgada, dentro de la espiritualidad y el movimiento nueva era, que consiste en hacer comparaciones descontextualizadas y con afirmaciones interpretativas totalmente erróneas, entre el orientalismo o la espiritualidad en general y ciertos aspectos de la mecánica cuántica; tendencia que inauguró el físico y escritor austriaco Fritjof Capra en 1975 y cuyo mayor exponente patrio en la actualidad es el médico cirujano español, reconvertido en escritor superventas Manuel Sans Segarra. Por descontado que el "misticismo cuántico" está desmentido por los verdaderos expertos en mecánica cuántica y sus afirmaciones no tienen fundamento alguno. Por eso fue una grata sorpresa ver que el estudio final, a cargo del doctor en Física Teórica, divulgador científico y profesor académico de enseñanza secundaria español Alessandro Maccarrone, no tiene mucho que ver con las afirmaciones espurias e infundadas del "misticismo cuántico".