Aquel día no sucedió nada especial ni trascendente a nivel social ni histórico.
Corría principios de 2006.
Llevaba un año y pocos meses trabajando en una gasolinera Tamoil, a las afueras de Alicante.
Mi compañera Irene, una chica joven que llevaba ya unos años allí trabajando, estaba en el turno de la mañana, responsable de la caja.
Yo tenía turno partido, unas cinco horas por la mañana y otras tres por la tarde, tras un breve descanso a mediodía para almorzar.
Me dedicaba a repostar combustible a los clientes en los surtidores.
En aquella época escribí lo que pasó aquel día de esta manera:
Estaba trabajando
En el turno de la mañana
Una vez
Y transcurría
Tranquila
Junto a mi compañera.
De pronto
Le digo
Que no me encuentro
Muy bien
Y ella
Se lo toma
A broma.
Me mareo
Cayendo redondo
Como si fuera
Un saco de patatas.
Empieza a gritar
Con el nerviosismo
Clásico
Bloqueada
Sin saber
Qué hacer
Ni cómo
Reaccionar.
Entonces
No puedo
Soportar
La situación
Y me levanto
Del suelo
Descojonándome
De la risa.
A mi compañera
Le vuelve
Progresivamente
A latir con normalidad
El corazón.
Se desbloquea poco a poco
Regresando
La mañana
A su normalidad.
El desmayo
Fue un desjunio.