jueves, 12 de febrero de 2026

'LEER 'LOLITA' EN TEHERÁN' de Eran Riklis (cine literófilo)

Uno de los mayores descubrimientos cinematográficos que he vivido durante el comienzo de este nuevo año 2026, ha sido también, sin ningún pie a la duda, una de las mayores, mejores e imprescindibles películas literófilas que se han rodado jamás en toda la historia del séptimo arte.


   Han pasado un par de semanas (3 más bien) desde que descubrí 'LEER LOLITA EN TEHERÁN' el viernes, 23 de enero de 2026 en Movistar+ (única plataforma de distribución digital donde se encuentra la película, al menos de momento). He necesitado ese par de semanas, una lectura y varias reproducciones para captar hasta el último detalle de esta difícil, compleja y fundamental obra maestra (al contrario de lo que opinan la mayoría de críticos), probablemente uno de los mayores retos a los que me he enfrentado debido a todo lo que me ha hecho vivir, así como replantearme, pues la película trata una serie de temas muy complicados y entrelazados, que el espectador debe dilucidar por su cuenta, pero con un mensaje y trasfondo inequívoco: el poder objetivo que tiene la literatura y por extensión la lectura para hacernos libres. Un mensaje bello, poético, poderoso y positivo, aunque contextualizado en uno de los peores dramas perturbadores que pueden existir en el mundo humano: cuando las peligrosas creencias religiosas se unen con la política y alcanzan una radicalización extrema, afectando a las vidas ajenas de maneras desfasadas, anacrónicas, patológicas e intolerables.


   'LEER LOLITA EN TEHERÁN' es la adaptación cinematográfica, de título homónimo, de un libro autobiográfico superventas (que servidor desconocía) escrito por la académica iraní (especialista en literatura inglesa) residente en Estados Unidos Azar Nafisi, que se publicó originalmente en inglés en 2003. A pesar de ser claramente una adaptación cinematográfica, no obstante es una de las películas más fieles a la obra literaria original que se han rodado (al menos según mi apreciación).


   Dirigida por el director y productor israelí Eran Riklis, con guion de Marjorie Davis, es una coproducción italiana-israelí, rodada principalmente en Italia, con un espectacular y deslumbrante elenco, donde destacan con diferencia las interpretaciones de las actrices protagonistas, en particular de la actriz, cantante y música iraní nacionalizada francesa Golshifteh Farahani, en el deslumbrante papel protagonista de la ya citada profesora de literatura inglesa y escritora Azar Nafisi. Se estrenó el 19 de octubre de 2024.


   Aunque la mayoría de críticas se centran en la opinión de que el mensaje feminista transmitido es válido, pero la película carece de emoción, le falta tensión dramática, es discursiva y repetitiva, resulta a veces incompleta o es un melodrama de salón, bueno, imagino que desde una interpretación especializada en crítica cinematográfica (un tanto influenciada a mi parecer por el sincopado cine hollywoodiense estándar, basado en saturar los sentidos) tendrá su fundamento, pero mi experiencia y enfoque es un tanto diferente, porque me centro en lo literófilo de la película, donde veo una verdadera obra maestra, aunque, no obstante, en ningún momento me ha parecido ver nada de lo que ven los críticos (y por eso yo no lo sea ni ganas de serlo tampoco tenga).

   La magnífica (a mi juicio) película se divide en 4 partes, exactamente igual que el libro original. La diferencia reside en el orden de las 2 primeras partes (en la película están invertidas en relación al libro). También cambian la mitad de los títulos, haciendo referencia las 4 partes de la película al título de una novela, que en el libro serán los apellidos de los autores de esas novelas, excepto 2 partes, que hacen referencia al título de un libro emblemático, en lugar del autor estudiado.



   Esto lo veo como una pequeña declaración de intenciones por parte del director israelí, que quiere ser lo más fiel posible en la adaptación, convirtiendo de entrada a esta película en una de las más significativas películas literófilas que he visto en mi vida, con un claro y obvio mensaje feminista muy necesario por lo evidente, pues no existe ningún patrón de confusión o distorsión que dé pie a la duda, al centrarse en una situación explícitamente machista, misógina, represora, violenta y totalitaria (control total y absoluto de la vida, el pensamiento, el comportamiento y las creencias de las personas) objetivamente hablando, aunque afecte también a todo el que esté en contra del régimen dictatorial, independientemente de que sea mujer u hombre, plasmando un régimen, en este caso, radicalizado en posiciones islamistas fanáticas y distorsionadas, pero que no representan la totalidad del pensamiento ni posición islámica en general, aunque sí pueda compartir esencias comunes.


   Pero lo importante para mí de esta película, sin desmerecer, por descontado, el significativo mensaje feminista que tanto recalcan los críticos (para desmerecer luego la película, en especial echándole las culpas al director), reside en el verdadero trasfondo universal: la literatura y su lectura es la mejor "arma" de "lucha" contra cualquier opresión, sea real (política y religiosa), sea virtual (psicológica y emocional), para reclamar nuestra libertad personal, definiendo nosotros (cada cual) su vida y viviéndola como decidamos vivirla.


   No me preguntes por qué, pues no lo sé (al no haber indagado en ello), pero me da la impresión de que, tal vez, algunos críticos cinematográficos no han leído el libro original en el que se fundamenta con gran fidelidad esta magnífica película (teniendo en cuenta que no se puede llevar a la gran pantalla la complejidad de 476 páginas de crítica literaria exhaustiva, imbricada en un crecimiento personal profundo de las personas retratadas, como pocas veces he leído, en apenas 2 horas). 

   Según mi impresión, ver la película sin leer el libro es una experiencia incompleta para valorarla y que cambia radicalmente cuando la volvemos a ver después de haber leído el libro, por esa razón, intuyéndolo debido a todo lo que me había hecho sentir tras el primer visionado, compré el libro en Amazon.


   En total la he visto 3 veces antes de escribir este artículo: la primera vez sin leer el libro (al descubrirla en Movistar+ y presentir que podría ser literófila); la segunda vez tras leer solo la primera parte y hacerme una idea de las personas protagonistas (entre 7 y 8 mujeres lectófilas principales, unos hombres secundarios y la autora); la tercera vez tras leer todo el libro y tener la información completa para poder valorar la película desde la interpretación y enfoque dado aquí, es decir, cine literófilo.

   Mi conclusión es que se trata de una película que debemos ver sin los filtros hollywoodienses a los que estamos acostumbrados, centrándonos en las actuaciones de las actrices, destacando a la protagonista principal, pero teniendo en cuenta que esta adaptación sí pretende llevar una esencia lo más cercana posible al libro autobiográfico en el que se fundamenta, por tanto nunca podremos apreciar de la misma forma la película si no leemos el libro. Mi propuesta para que cada cual pueda valorarla desde su interpretación particular, es ver la película primero sin haber leído el libro y sacar sus propias conclusiones, para pasar luego a leer uno de los mejores, más conmovedores y significativos libros de crítica literaria especializada que he leído en mi vida, con un triple trasfondo autobiográfico al límite e inexistente en otros libros de este tipo, para volver a ver la película luego y contrastar las impresiones con el visionado anterior a la lectura. Solo adelantar que el libro es uno de los mejores que he leído en mi vida y estoy totalmente de acuerdo con la certera opinión de la escritora, profesora, crítica literaria y activista política canadiense Margaret Atwood, más conocida por haber escrito El cuento de la criada (Editorial Seix Barral, Barcelona, 1987): "Deslumbrante. Todos los lectores deberían leerlo".

miércoles, 11 de febrero de 2026

"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte VIII)

 Sábado

10 ene. 2026

07:55


LIBRO A

LAO ZI DE GUODIAN

A2



A2 es un sorprendente tratado (también completo en sí mismo a mi parecer) sobre la función y la importancia de la humildad, especialmente cuando se aplica al trato y el contacto humano. Humildad: "virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento". Sinónimos: modestia, sencillez, llaneza, recato, moderación. Antónimos: soberbia, vanidad, arrogancia, altanería, altivez. Sinceramente creo que la importancia del Tao para mí reside en el cúmulo de experiencias. Es evidente que como concepto resulta ser una entelequia metafísica abstracta, imaginaria y sin sentido alguno, pero como aplicación práctica de lo que proclama su inspiración (aunque depende mucho de la interpretación personal condicionada por diversas ideologías), que tras treinta años de estudio e indagación literaria de sus textos canónicos creo percibir con mayor claridad poco distorsionada únicamente en el Lao zi de Guodian, nada llega a ser tan útil para la vida interior (alcanzando una ataraxia oscilante, como comentó el señor T) y también para la vida exterior, pues me da la impresión de que para alcanzar la mayor objetividad posible (de ahí mi aprecio por la ciencia y su método) primero es necesario aplicar con éxito las fórmulas que propone, en esencia, ya no el taoísmo filosófico (mucho menos el religioso), ni siquiera el Tao Te ching, sino el Lao zi de Guodian. He aquí la diferencia entre todos los retornos del Tao (del concepto chino Tao y todo lo que ello implica) a mi vida y este último en particular. Tal vez por eso en esta ocasión he decidido, contra todo pronóstico e intención inicial, compartirlo con la comunidad lectófila del blog 'Rareza literaria', exponiéndome al máximo (algo que me genera las mayores suspicacias y desconfianzas, pues el trato con la virtualidad posmoderna digitalizante no me convence pero nada): para intentar darle continuidad al proyecto que se ha formado en mi cabeza intuitivamente y que consiste en reducir a lo más esencial y comprimido posible, tras una serie de extensas especulaciones, algunas partes del Lao zi de Guodian. La hipótesis de trabajo desafía los lugares comunes obvios y habituales, como la opinión del señor T sobre la oscilación ataráxica, para intentar llevar a efecto una conjetura: ¿Qué pasaría si consiguiéramos reducir conceptos y partes del Lao zi de Guodian a una serie de fórmulas cuasi matemáticas o algorítmicas que aplicáramos de manera sostenida? Por ejemplo, hablar siempre matizando que se trata de nuestra opinión subjetiva con la intención de volvernos conscientes y despertar en la realidad de los hechos a cada momento, sin dejarnos llevar por la confortable pero inconscienciadora costumbre de hablar sentenciando, "sentando cátedra" y corrigiendo todo aquello que no encaje con nuestro sistema ultrasesgado de creencias arbitrarias y muy probablemente equivocadas. Observa a tu alrededor (servidor lleva años haciéndolo como parte del Proyecto Actitud Consciente ya extinto) y verás que la tendencia inequívoca es hablar afirmando, como si lo que hablamos fuera cierto o supiéramos de lo que estamos hablando, juzgándolo todo desde una mera opinión subjetiva distorsionada y que se puede identificar según los patrones de apego o desapego a ella arreglo al nivel proporcional de radicalización ideologizada que se muestre. En este aspecto considero un ejemplo y referente encomiable a David Saavedra y el trabajo que está haciendo.

La esencia de la humildad poetizada en A2 hace referencia todo el capítulo a ser capaz de estar por debajo y nunca ponerse delante, sino a la zaga, es decir, no ser el protagonista principal. Empieza con una metáfora líquida (el agua suele estar muy presente en el taoísmo cual ejemplo metafórico de la fluidez aplicada al comportamiento, las relaciones humanas y el arte de vivir lidiando con las vicisitudes cotidianas y contratiempos adversos), diciendo esto: "¿Por qué el río y el mar son reyes de (las aguas) de cientos de valles? Porque son capaces de estar por debajo de cientos de valles, y por eso sobre cientos de valles son capaces de reinar". Es una bella manera lírica de plasmar algo que suena a retórica vacía, pero... ¿Qué pasa si lo aplicamos a nuestro comportamiento? En este caso, personalmente sé de sobra lo que sucede... Bueno; mejor dicho, sé de sobra lo que me ha sucedido (y sigue sucediendo) cuando lo aplico. Pero no te lo puedo contar porque eso condicionaría, sesgaría y manipularía tu experiencia. Solo te insto a que lo puebes y luego, si te apetece, comentamos los resultados en la caja de comentarios. Después sigue el resto del capítulo extrapolando la primera metáfora a todo un tratado de comportamiento social, donde el foco está puesto en la concepción taoísta de sabio, afirmando que "está delante de las gentes porque se pone a su zaga". La continuación sigue sorprendiendo: está "encima de las gentes porque cuando habla se abaja", pero en la siguiente frase reitera que está "encima de las gentes sin que las gentes sientan su peso" y no menos importante: "delante de las gentes sin que las gentes sufran daño". Aunque la apoteosis regocijante queda para el final: "El mundo le apoya de buen grado sin sentirse de él hastiado". Y por último: "No compite con nadie, y de ahí que nadie en el mundo sea capaz de competir con él". ¿Es esto posible, viable? Para responder me da la impresión de que cada cual deberá ponerlo en práctica (si es que puede, pues ello requiere humildad, apertura mental, como muy certeramente comentó Hortelano y salirnos de nuestro guion rígido y automatizado tras haberlo escenificado infinidad de veces en el teatro de lo real que es nuestra vida cotidiana, con sus costumbres, psicodramas, tendencias e inercias deformantes). Lo único obvio y evidente para mí (no sé en tu caso) es que nadie me enseñó, me lo mostró, me habló de ello ni me puso en la pista de que esta interpretación alternativa a las costumbres imperantes en las que nací y crecí hasta entrar en la veintena, existe desde mucho antes de que existiera Occidente, Europa, ni siquiera España. Y probablemente siga existiendo mucho después de cualquier moda.


*


HIPÓTESIS TAOÍSTA DE TRABAJO

SISTEMATIZACIÓN PROALGORÍTMICA DE A1

INTRODUCCIÓN


Durante los últimos días desde que me encontré fortuitamente por la calle con el señor T (Týchon Copiatos) el martes, 30 de diciembre de 2025 y hablamos un buen rato, compartiendo opiniones, impresiones e ideas personales subjetivas mientras caminábamos un trayecto confluyente de nuestros respectivos destinos, sucedió lo más maravilloso y espontáneo de la vida a mi parecer; algo que llevo poniendo en práctica desde tiempo ha y que suele ser (o eso me parece a mí, igual me equivoco) consonante con el Tao (bueno, la idea especulativa que tengo sobre el Tao, siempre cambiante): la imprevisibilidad fértil y altamente productiva de los acontecimientos inesperados que abren una esclusa de novedades germinales caóticas, aparecidas como una alteración disruptiva en la ecuación de los comportamientos cotidianos que automatizan y por tanto impiden la salida creativa de ideas, estancándolas. Antes de continuar con ello, quisiera matizar un modus operandi que siempre he aplicado por inercia e impulso vital inconscienciado pero nunca me había detenido a observarlo ni analizarlo desglosándolo. Durante toda mi juventud, desde la recta final de la adolescencia, cuando empecé a relacionarme con los congéneres de mi generación para inaugurar uno de los fenómenos más importantes y significativos de la experiencia humana en sociedad, es decir, la amistad, se estableció una pauta inequívoca cual modus operandi que divergía bastante del proceder convencional percibido por mí en el entorno donde me movía, la ciudad alicantina de Alcoy, sí, esa tan famosa por sus fiestas de moros y cristianos: solo alcanzaba la plenitud de una amistad cuando me dejaba llevar por la espontaneidad del momento, es decir, cuando me relacionaba intuitivamente con mis congéneres basándome en encuentros espontáneos e inesperados que surgían de situaciones aleatorias, imprevisibles y nunca buscadas, mucho menos forzadas. Entiendo que ese modus operandi no sea lo común ni apropiado para la mayoría porque no satisface o no genera sensación de plenitud, pero como yo lo vivía dejándome llevar por el acontecimiento y aprovechando cada encuentro al máximo, exprimiéndolo cual oportunidad fortuita de la vida, el azar, las casualidades o lo que fuera (póngase aquí lo que más cómodo haga sentir a cualquiera, según su sistema de creencias propio), con una apertura, honestidad y sinceridad máxima, mostrándome tal cual soy sin protocolo, hipocresía ni "quedabien", es decir, genuino y auténtico, cada encuentro, extendido durante una suspensión del tiempo total, para centrarme y focalizar el encuentro con plena dedicación, como suele decirse, en "cuerpo y alma", me generaba una sensación de plenitud que pocas veces he visto en amistades cercanas (mi hermano biológico, por ejemplo) de toda la vida, es decir, que podían llevar años relacionándose y rara vez percibía la profundidad desnuda, sincera y afectiva que yo experimentaba con desconocidos que, de repente y sin buscarlo, se cruzaban en mi camino durante un tiempo indefinido pero suspendido en la sensación interior, aunque en el exterior no se demoraba más allá de unas horas (con uno de mis mejores amigos, José Arratia, llegué a estar 72 horas ininterrumpidas sin dormir), podíamos vivir no una, sino varias vidas según el cómputo y las convenciones sociales tradicionales. Pero exceptuando una ocasión única y de la mayor singularidad (con Gustavo Giner aka Riotrankilo y su primo Charly) todos los intentos que también surgieron espontáneamente, debido más a las necesidades afectivas de los demás que de las mías, por establecer amistades sólidas según esos estándares sociales citados, acababan en rotundos fracasos estrepitosos, a mi juicio porque se disolvía la espontaneidad para dar paso a las peculiaridades egoicas individualizadas de cada parte de la persona que define su personaje y las formas de lidiar con ello, según la gestión emocional de cada cual. Al parecer mi forma espontánea y desenmascarada de relacionarme sin filtros, anulaba momentáneamente los personajismos y las particulares "neuras" de cada cual durante instantes atemporales, pero si pretendíamos luego quedar para darle continuidad desespontaneizada a lo sucedido, entonces nuestros respectivos personajismos y "neuras" se apoderaban de la relación, lo cual implicaba que para seguir adelante debíamos pasar a las fases del protocolo, la negociación, el enmascaramiento, las medias verdades incómodas, etcétera. No sé por qué, pero ese modus operandi no va conmigo, así que al percibir la falta de espontaneidad y su insinceridad impostada todo mi ser y estar necesita alejarse, distanciarse, romper la vinculación para reducir la probabilidad de conflictos surgidos de la insistencia por continuar forzando la fase de la amistad que para la mayoría, imagino, representa, tal vez, la consolidación, pero que a mi juicio representa más bien el inicio de la fase de la enemistad. Enemistad que, a partir de entonces (según mi apreciación de lo analizado a mi alrededor, solo puede sostenerse mediante protocolos falsos y artificios impostados. Llegados a este punto,  imagino que te preguntarás: "Ya, bueno... ¿Y a qué viene esta historieta de pura subjetividad?"; pues esto viene a colación de una reflexión especulativa sobre uno de los conceptos seminales del taoísmo filosófico o daoxue, que está en el principio del título de este proyecto : wuwei. Aunque se traduce como "no hacer" o algo parecido, en realidad nunca se refiere a la idea de inacción que parece transmitir una traducción etimológica, sino a la idea (que nunca se cansa de matizar Iñaki Preciado) de acción espontánea desinteresada. Mi pregunta retórica es: ¿Podría tratarse mi inercia social con los congéneres de un ejemplo de wuwei o simplemente es que estoy para que me encierren en un manicomio? Supongo que la respuesta dependerá de la interpretación proyectada por cada cual, según sus modelos, mapas cognitivos, ideas y creencias particulares.


*


Arreglo a mi experiencia y por norma general las concordancias en una relación interpersonal son fundamentales para el entendimiento y la construcción de una buena amistad sólida de larga duración. Solo cuando encontramos las concordancias, es decir, "correspondencias o conformidades" (concordancia: "correspondencia o conformidad de una cosa con otra") llegamos a la concordia. Concordia: "conformidad, unión". Sinónimos: armonía, unión, acuerdo, consenso, avenencia, paz, reciprocidad, compañerismo, cordialidad, camaradería, amistad, hermandad, fraternidad. Si quieres tener amigos y una amplia vida social, sin duda que, al menos según lo que he podido investigar y analizar, necesitas encontrar las concordancias y llegar a una concordia inevitablemente, pues parece ser que los seres humanos rehuimos por naturaleza la discordancia, imagino que (al menos en mi caso) porque a nadie le gusta sentirse mal y cuando el cerebro identifica que alguien genera discordia, mediante la continua discrepancia, rehuye automáticamente. Sí, para un momento puede estar bien pero si se repite a menudo genera rechazo. He conocido pocos casos de amistades basadas en la discordancia y no suelen acabar bien. Pero en el caso de las ideas, las opiniones y las especulaciones subjetivas, así como el conocimiento en general, el asunto cambia sustancialmente. Solo las discrepancias, especialmente cuando más discordantes son, suelen generar replanteamientos esenciales, cuestionamientos vitales y dudas fundamentales que, si estamos abiertos con flexibilidad mental (algo para lo que el Tao es imprescindible) y pasamos por el caos implicado en añadir discordancias que generan turbulencias y sacudidas en nuestro sistema de creencias, entonces llegan ideas nuevas y refrescantes o estímulos significativos que impulsan nuevos proyectos, investigaciones, indagaciones, especulaciones. En mi caso siempre he buscado la discordancia a través de mis lecturas, es decir, leyendo libros de ensayo que sean contrarios entre ellos, por ejemplo, si el argumento de un libro es idealista, luego busco otro libro cuyo argumento sea materialista. Con esta actitud o modus operandi para intentar sortear la tendencia cerebral al sesgo de confirmación, he descubierto lo que considero la mayor revelación o metaconocimiento: que cualquier argumento es igual de convincente, por tanto tiene un valor muy limitado y cuestionable, pues cuando se refuta con otro argumento deja de ser convincente y solo hay que encontrar la retórica o enfoque argumental adecuado para refutarlo. De ahí la conexión con el capítulo A1 del Lao zi de Guodian: "elimínese la inteligencia, rechácense las argumentaciones, y las gentes obtendrán beneficios cien veces mayores".

Todo esto (la hipótesis de trabajo que pretendo desarrollar) empezó a gestarse hace apenas dos días, a raíz de un comentario que hizo Týchon en el blog 'Rareza literaria' el jueves, 8 de enero de 2026. La hipótesis surgió de una pregunta que cuestionaba cierto lugar común cuyo funcionamiento es análogo a un liftoniano cliché que termina con el pensamiento: "quizá la metedura de pata es intentar aferrarnos a un estado de ánimo, por mucho que nos guste o nos sintamos cómodos en él. Vamos, que igual el problema no está tanto en no poder estar perpetuamente en ataraxia como en querer estar perpetuamente en ataraxia, o cualquier otro estado de ánimo". Arreglo a mi experiencia Týchon tenía toda la razón, por eso le contesté: "obviamente", aunque en realidad era una especulación suya surgida de cierta broma que interpretada literalmente puede dar la impresión equívoca. Pero gracias a esa interpretación de la broma plasmada al principio del comentario, así como al resto de mis subjetivas especulaciones en este proyecto, mi mente hizo el clic y las afirmaciones se reconvirtieron en interrogaciones. La primera duda interrogativa fue aplicada a mi respuesta automática: ¿Obviamente? Entonces se abrió la posibilidad: aunque todo parece indicar que aferrarnos a un estado de ánimo es la equivocación más flagrante que podemos cometer, se introdujo la duda: ¿Y si no es así? ¿Y si fuera posible encontrar una fórmula que nos mantuviera permanentemente en ataraxia? Este cuestionamiento estimulado por el comentario de Týchon, al que le estoy inmensamente agradecido por haber añadido el factor desencadenante a la ecuación de esta hipótesis taoísta de trabajo, ha supuesto el punto de inflexión para uno de los mayores retos en mi vida. Con cualquier otra perspectiva, especulación o filosofía de vida no lo hubiera ni intentado, pues creo haberlo hecho con anterioridad y no dio resultados, pero el Tao representa una singularidad tan discordante con el resto de filosofías de vida (incluyendo el budismo, el vedanta, aunque no tal vez el samkhya, que también tengo pendiente investigar a fondo este año) que se abrió una puerta a la posibilidad, pues creo sinceramente que el Tao podría tener la clave y tal vez esté codificada en el Lao zi de Guodian, exactamente donde descartamos todas las influencias chinas no taoístas que solo añaden distorsión y confusión, pues para llegar a la consumación de mi hipótesis de trabajo necesitamos quitar, restar, reducir, nunca poner, sumar, aumentar. La pretensión y el intento es llegar a codificar solo unas pautas primordiales por separado, intentando la codificación más reducida pero aplicable de una manera realista y por descontado efectiva, sencilla, viable. Si la hipótesis planteada (imaginada, fantaseada, especulada) pudiera llegar a buen puerto, debería ser (presuntamente) gracias a la unión de todas las codificaciones desglosadas y aisladas por separado, tal vez. O no. Gracias al comentario de Týchon surgió un cuestionamiento en mi cabeza que nunca había sido planteado: ¿Y si la automatización inconscienciada, que por norma general acaba siendo perjudicial para nosotros, pero es la tendencia inercial del funcionamiento cerebral al natural, pudiera ser reconfigurada para obtener resultados óptimos, en este caso la ataraxia permanente? ¿Podría el Lao zi de Guodian contener los elementos clave que necesitaran ser desmantelados de una prosa poética bella para leer pero inefectiva para aplicar y transformados en pautas cuasi algorítmicas que se apliquen sistemáticamente a diario hasta generar costumbres y hábitos cuya consecuencia sea una ataraxia permanente, capaz de agitarse en los momentos adecuados hasta límites insospechados, pero sin perderse? Bueno, aunque solo acabe como una especulación estéril más, no obstante acaba de empezar un reto personal que, como mínimo, me entusiasma, me divierte, me apasiona y salpimenta mi vida actual.

domingo, 8 de febrero de 2026

Recordando a Tomás Villanueva "El Seth"

Una colaboración entre Riotrankilo y ASN



Tomás Villanueva era más conocido como "El Seth", aunque algunos conocidos lo llamaban simplemente Tomás.

   He aquí la consolidación de un proyecto personal en el que he deseado embarcarme infinidad de veces, pero nunca encontré el momento, el estado de ánimo, el enfoque. Se trata de algo necesario para servidor, la rememoración de un personaje épico y legendario en el devenir cotidiano, un auténtico forajido de las costumbres, el fuera de la ley en las formas, lo establecido, las convenciones sociales, lo normativo... Uno de los seres humanos más auténticos, más genuinos, más incomprendidos (porque no había nada que comprender), más enriquecedores que he conocido en toda mi vida. 

   Pero Tomás Villanueva no fue solo un ser humano único e irrepetible, la diferencia, el que despunta y se desmarca de la mediocridad estandarizada; el que nunca fue, en su corta, intensa y apasionante vida, otro código de barras andante, otro número en el documento nacional de identidad, otro sujeto acumulado en la estadística; no... Tomás Villanueva es un arquetipo, un símbolo, un recordatorio vivo que encarna y reencarna, aunque con matices personales diferentes, en cada esquina, recoveco, espacio concreto de los núcleos urbanos donde hay seres humanos masificados, por eso Tomás Villanueva siempre está presente y vive, nunca más como tal, pero sí a través de todos los "tomases" reconocibles que puedes encontrar en tu vida cotidiana, hombres, mujeres, personas no binarias, cuir... La diversidad clasificable... La diversidad inclasificable que a veces responde, que a veces no responde a los intentos de taxonomización linneoanas de lo humano y que de hecho se cruzarán en tu camino vital. Solo buscan un instante, un momento de atención, un pequeño protagonismo, un acercamiento vital sin prejuicios, miedos o desconfianzas.

   He aquí mi rememoración agradecida a la vida por haberme encontrado con Tomás Villanueva "El Seth" y tener el privilegio de haber sido su amigo... El amigo fugaz, el amigo fulgurante que aparece y desaparece en los momentos adecuados, compartiendo instantes fugaces, instantes fulgurantes de la máxima intensidad atemporal donde solo estábamos él y servidor, sin yo mediante, sin identidad distorsionante, la vida fluyendo a través nuestro, en una embaucadora, fantástica, multicromática, shamánica irreal castanediana realidad aparte del silencio racional que necesita comprenderlo todo, donde nada hay que comprender para sentir las llaves de apertura en tu mano y poder entrar.

   No sé dónde nació Tomás, no sé cuándo nació Tomás... Solo sé que vivió toda su vida en Alcoy, municipio y ciudad presente en el sureste de la península ibérica, provincia de Alicante, Comunidad Valenciana. 

   Tengo recuerdos de Tomás desde la infancia, ya que vivía con su madre cerca del lugar donde servidor vivió desde los 8 hasta los 37 o lo que es lo mismo, desde 1983 (cuando sus progenitores compraron un piso nuevo en la calle Santa Rosa) hasta 2012 (cuando dejó de vivir definitivamente allí para realizar un pequeño tránsito de 6 meses en Alicante y empezar una nueva vida reinventada por completo en Orihuela).

   Pronto supe que, aunque algunos conocidos le llamaban Tomás, en realidad era más conocido como "El Seth". Y desde la más remota infancia, cuando apareció las primeras veces por delante mío ese adulto joven que, calculo, debería tener unos 15 o 20 años más que servidor, capté que estaba ante una rara avis, lo diferente, lo auténtico, lo genuino, el único, el que despunta y se desmarca de la norma, el proscrito de las convenciones sociales, el forastero de las normas establecidas, la alternativa a cualquier protocolo, la verdad incómoda ante las mentiras hipócritas del quedabien; aquel que ante el yo me amoldo, tú te amoldas, él se amolda, nosotros nos amoldamos, vosotros os amoldáis y ellos se amoldan, decide sonreír despreocupadamente, sacarse la verga en público y mear en el jardín prohibido, así como bajarse los pantalones y los gayumbos, acuclillándose para jiñar un buen zurullo de mierda maloliente entre coche y coche, como si las normas, los protocolos, las leyes y las convenciones sociales públicas de convivencia colectiva no estuvieran hechas para su inspirar y expirar un aire que parece el mismo pero es tan diferente como un estar terrestre y un estar extraterrestre. 

   Todo parece igual, pero todo es taaan diferente: su forma de vestir, su forma de actuar, su forma de hablar, su forma de caminar, su forma de razonar, su forma de mirar, su forma de estar y ser...

   Para la sociedad occidental Tomás Villanueva no tenía misterio ni incógnita alguna. Pronto zanjó la cuestión como siempre la zanja: psiquiatrizando el asunto. ¿Una sociedad acostumbrada a zanjar la diferencia que le desborda de sus intentos por aplanar y embutir la diversidad en una psiquiatrización comprensible puede ser fiable? No lo sé, pero Krishnamurti me contó en mi juventud un cuento muy distinto a los cuentos que me contaba la propia sociedad, a través de sus voceros omnipresentes de punta a punta, cual señores Smith en 'The Matrix', gritando: "¡ESTÁ LOOCOO!", como si al gritarlo más fuerte pudiera ser más real y hacerse más verdad, mientras el disruptivo conferenciante hindú socrático al que le gustaba platicar con todo tipo de interlocutores, cual wachowskiano Morfeo, me susurraba al oído una cuasi inaudible pregunta: "¿Es síntoma de salud mental estar bien adaptado a una sociedad enferma?". 

   Y gracias a ese hombre que susurraba aperturas a lo desconocido, tuve la inmensa suerte de acercarme a Tomás Villanueva desde la brecha que te permite mirar al abismo lovecraftiano del que todo el mundo huye para refugiarse en los lugares comunes de lo conocido, filtrado, juzgado y neutralizado para no asumir riesgos ante lo desconocido... 

   Así que me sumergí sin flotadores que me mantuvieran en la superficie y desactivé los filtros, yendo a la aventura de lo incierto sin preconcepciones, sin juicios de valor, sin pretensiones por traerlo aquí, sino con ganas únicamente de ir allí, a la otredad, a la diferencia, a la rareza, a la anormalidad, a la extranjería del nacer, crecer, reproducirse y morir... 

   Así fue como descubrí al hachero hechicero que vio morir en la más tierna e inocente infancia a su desquiciado padre hastiado de la vida, herido por la incomprensión de la hiperactividad mental saturante de los pensamientos intrusivos que convierten toda sencillez en la mayor complejidad arácnida atrapante y entiende que la única salida viable es colgarse de un armario por el cuello, aunque ello suponga un trauma perdurable para el niño espectador que en su inocente y tierna infancia todavía no entiende de las complejidades neurológicas y psicológicas que tiempo después condicionarán también su vida y no perderá poco tiempo vital intentando lidiar con ello... 

   Pero ese niño nunca llegará hasta el nivel común y corriente, pues el linaje interdimensional de hacheros hechiceros desencarnados que ha visto en sus sueños lúcidos, sin entender nada de todo eso que ha visto, pero sabiendo que aquella realidad es más real que esta, han permitido que la primera brecha se abra en su devenir... Brecha que ya nunca se cerrará en las cinco décadas totales de escenificación performativa que el niño, ya convertido en joven adulto, llevará a efecto cual encarnación del hachero hechicero.

   Y el hachero hechicero era un tipo de tecnoshamán posmoderno oculto entre las apariencias, extravagancias, imágenes y comportamientos que nunca hablaban de su rol performativo encarnado, por norma general con brevedad exclusiva, como fue el caso citado, sino de las proyecciones condicionadas que los demás emitíamos cual juicios apreciativos de valor, recibiendo a cambio el reflejo de lo esperado y por tanto proyectado, por eso el hachero hechicero era para ti lo que tú quisieras y/o esperaras que fuera, según tu aproximación a su etéreo, excéntrico, inusual y disruptivo devenir psicodramático.

   El niño creció habitando la brecha abismal de lo desconocido y como todos los niños que son iniciados por la abismal brecha, normalmente a través de una experiencia traumática radical, que les sostiene con un pie aquí y el otro pie allí, fue inevitablemente un niño raro... Raro para los demás niños y adultos que nunca metieron sus cabezas en las fauces de Gmork, el lobo al servicio de la endeana Nada.

   Pero el niño pasó a la adolescencia y directamente a la juventud en un suspiro, cuasi en trance onironáutico, mediante las ensoñaciones fantasiosas que le estaban preparando para la función que cumpliría como hachero hechicero, dejando su impronta en la mayoría de individuos que se cruzaron con él, mediante mensajes subliminales que franquearían sus defensas psicológicas conscientes, para hacer el trabajo hachero hechicero arraigando en el interior recóndito y desconocido de cada cual, incapaz de comprenderle porque no había nada que comprender, pues su trabajo era simbólico, no lógico ni razonado con los estándares lingüísticos que anulaban la posible efectividad de su poderosa hachería hechicería, cuyo verdadero poder residía en que nadie lo supiera ni entendiera nada de lo que verdaderamente sucedía más allá de las apariencias.

   Al llegar la plena juventud, el acontecimiento traumático de aquel accidente automovilístico cuasi ritual, que se tomó la vida de su amigo como ofrenda incomprensible para la razón discursiva e imaginaciones occidentales donde todos somos responsables de nuestros actos, aunque nadie tenga ni la menor idea de qué va la vida y por qué sucede la complejidad inescrutable de todo lo que le pasa al individuo, donde nada suele ser lo que parece a primera vista, le devolvió por la única vía de aprendizaje intensivo que nos conduce a hostia limpia hacia nuestro destino, sea elegido y construido voluntariamente para unos, sea predestinación fatalista para otros, a la brecha abismal de lo desconocido donde habitaba desde la infancia, aunque se había olvidado un tanto, debido a las exigencias hormonales de la adolescencia que absorben y anclan a la fuerza a esta realidad.

   Aquella tragedia en forma de accidente de tránsito y segunda pérdida vital significativa, supuso el vital tránsito hacia la recuperación del recuerdo ancestral rememorado... Partió hacia México y se adentró en el desierto de Chihuahua, buscando imperiosamente la ingesta de peyote que le pusiera en contacto con El Abuelo, El Venado Sagrado... Y se encontró con Hikuri... Y Hikuri abrió la brecha... Y amplió la brecha... Y la brecha se ensanchó... Y varias brechas se multiplicaron... Y entendió que a partir de ahora era el hachero hechicero innombrable, que habitaría un mundo aparte, de construcción propia, no regido por las normas, convenciones y protocolos vigentes en el mundo común que compartía el común de los mortales... Pero encarnar al hachero hechicero no fue un viaje cómodo ni fácil... Hikuri exigió un sacrificio ancestral que le costó el estómago, ulcerado de manera grave, que tuvo que ser extirpado de urgencia para salvarle la vida... Momento a partir del cual, la entrega del estómago ulcerado era la recepción de todas las fuerzas y poderes de la hechicería hachera a cambio, que Tomás Villanueva encarnó a la perfección durante los siguientes 30 años de vida que le quedaban por delante, reconvertido en "El Seth"... Pero nadie había sido hachero hechicero antes ni lo sería después... No al menos con esa catalogación... Y servidor tuvo el inmenso honor y privilegio de conocer al hachero hechicero y compartir una breve, fulgurante, sincopada amistad hachera hechicera y recibir un legado vivo, a través de breves y fugaces encuentros espontáneos e inesperados...

   Como la vez aquella que servidor lo paró por primera vez en el puente de San Roque, en algún momento inespecífico de 1996, para preguntarle si tenía algún diccionario de ciencias ocultas y él supo de inmediato que servidor no era como los demás, pues me acerqué como el cuenco vacío que no quiere darte de beber con su oferta, sino llenarse de ti y acompañarte para que lo guíes por la brecha de su ignorante juventud recién inaugurada en las maravillas desconocidas de todo lo que la vida y Oriente y las tradiciones esotéricas puede ofrecerle pero nadie le había contado, porque pocos conocían esas maravillas vistas como exotismos extranjeros incomprensibles, que se interpretan desde la distancia y la suspicacia provinciana de las mentiras confortables que suenan verdaderas pero son un simple barniz de prejuicios prestados y heredados en la mayor falsedad impostada...

   Como la vez aquella, también en 1996, que nos encontramos en un mar de cuerpos sudados, bebidos, drogados, en el éxtasis tecnoshamánico del local (disco-pub) donde sonaba de fondo a todo volumen la versión del temazo 'We Belong' (M.B.R.G. Remix) de Double Dare... Uno de los múltiples locales donde se reunía la juventud de la segunda mitad de la década de 1990 para beber, fumar, ingerir y/o esnifar las sustancias psicotrópicas capaces de alterar la conciencia, entrando en trance con la música electrónica y una socialización entre iguales, para entender que no todas las realidades son la única realidad perceptible por los sentidos y que la brecha abismal de lo desconocido existe y cualquiera se puede asomar, aunque la mayoría recule más pronto que tarde y se refugie en las frágiles pseudoseguridades de lo normativo y el no sucumbir al vértigo del viaje a la otredad, cuya amenaza implícita es la locura irreversible, con efectos enajenantes permanentes... O mucho peor: el rechazo, el olvido... Y bailamos catárticamente al límite, fuera de todo espacio y tiempo, sin importarnos nada ni nadie...

   Como la vez aquella, en el verano de 2001, que Tomás se fue temporalmente a ocupar una vivienda vieja y en ruinas, de varias plantas, pero abandonada en pleno centro de Alcoy, antes de que su cuñado, policía local, lo desalojara, evidentemente por seguridad, ya que la vivienda se caía a pedazos y servidor pasara por allí a menudo, cargado con botellas de vino y cerveza, así como unas piedras de hachís y unos paquetes del tabaco de liar que fumaba Tomás, sentados ambos en unas desvencijadas sillas y al pie de aquella destruida mesa, de sujeción imposible, sobre la que bebimos, fumamos y platicamos sobre lo desconocido, lo innombrable, la otredad y su peculiar blakeana sabiduría que reinterpretaba el camino del exceso que conduce al palacio de la sabiduría y en el apogeo del encuentro se quedara mirando a aquel joven en la plenitud de la veintena y le dijera: "sin drogas no hay sexo ni rocanrol"... Escueto... Directo... Al grano... Pero nunca tan pocas palabras le dijeron tanto a ese joven encantado de haberse dejado impregnar por la sabiduría del hachero hechicero...

   Y así continuaron todos los memorables encuentros fortuitos con el hachero hechicero... De día... De noche... En la ciudad... En la montaña... Con luz... En plena oscuridad... Hasta que 3 años después servidor se despidió durante un lustro de Alcoy, para empezar unos nuevos devenires en Alicante y luego Orihuela... Hasta que a mediados de 2013 me encontré, por circunstancias también fortuitas de la vida y esos devenires, con Nando, el punk más auténtico, purista y fiel al movimiento contracultural que mayor fascinación despertó a finales del siglo XX, gran amante del Tao, de la sabiduría oriental, de Krishnamurti, con el que mejores conversaciones tuve sobre muchos temas y que también fue amigo íntimo de Tomás Villanueva, entrando a la brecha abismal de lo desconocido con él, pues Nando era un experto viajero entre brechas, que supo ir y venir en infinidad de ocasiones, con elegancia, con sabiduría, con estilo, poniéndome al corriente de la triste noticia del fallecimiento de Tomás unos meses atrás.

   Riotrankilo también conoció a Tomás Villanueva "El Seth" y he aquí su imprescindible rememoración musical personalizada: 

sábado, 7 de febrero de 2026

'EL PENSAMIENTO ERÓTICO' de Sara Torres (reseña)

Acabo de leer el libro EL PENSAMIENTO ERÓTICO.


   Escrito por la magnífica escritora española Sara Torres Rodríguez de Castro, nacida en 1991 en Gijón, Asturias, España. Formada académicamente en Lengua Española y Literatura, se ha especializado en teorías de la textualidad, psicoanálisis, estudios cuir y feminismo, convirtiéndose en un referente para el movimiento feminista. También ha sido profesora de estudios culturales con perspectiva de género, pero donde más ha destacado es como poeta (desde 2014) y novelista (desde 2022), con un estilo literario único, propio, bueno y muy personal. Consolidando su figura profesional como escritora, amplía ahora su registro literario también al género del ensayo.


   Personalmente opino, como apreciación subjetiva y profana, que el feminismo, viendo la historia no solo de Occidente, sino de la civilización en general (en Oriente parece mucho peor todavía el asunto), es muy necesario, sin duda, ya que desde su aparición, a finales del siglo XVIII, como movimiento político organizado, ha demostrado ser fundamental para la lucha por obtener unos derechos humanos básicos que hasta no hace tanto, las mujeres no tenían en Occidente a ningún nivel (otro caso distinto, como ya señalé más arriba, es Oriente), siendo muy vergonzoso el trato recibido o las infundadas creencias que se tenían. Tampoco parece muy halagüeño el caso de África o de los países musulmanes. No obstante, eso no significa que esté de acuerdo con todo lo que propone el feminismo, especialmente en lo concerniente a una serie de hipótesis especulativas que, a mi juicio, no están bien fundamentadas o solo son conjeturas, cuando menos dudosas y/o cuestionables. Lo cual no es equivalente a decir que estén equivocadas ni mucho menos, sino que personalmente estoy en desacuerdo, partiendo de la definición lingüística del concepto "feminismo" y extendiéndome a ciertas ideas como el lenguaje inclusivo o a ciertos conceptos muy politizados, como por ejemplo "patriarcado" y las subjetivas especulaciones e interpretaciones que se hacen de él.


   Me inicié en las primeras lecturas feministas, o al menos en esa órbita, a finales de 2001 y principios de 2002. Los primeros libros que leí (en aquella época no era tan fácil encontrar bibliografía feminista) estaban escritos por Casilda Rodrigáñez Bustos, a la que llegué a conocer en persona no mucho después, compartiendo incluso unas convivencias en la playa de Benisa (Alicante, Comunidad Valenciana, España) si mal no recuerdo, donde también conocí a su hijo Jon, con el que compartí unos días de convivencia a la intemperie, junto con otros amigos comunes.
   
   Uno de los problemas que siempre he tenido con las lecturas feministas más recientes es la sensación de que al leer un libro referencial ya los he leído todos, pues en la mayoría de lecturas (que no han sido pocas) dan la impresión de ser textos copiados y calcados unos de otros, con un lenguaje explícito inventado, junto con ciertas ideas cliché compartidas por casi todas las autoras, dando una idea, tal vez equívoca pero inevitable, de estar ante un sectarismo politizado cualquiera. Aunque es necesario matizar que, evidentemente, no todos los libros y autoras feministas lo hacen igual, destacando, por ejemplo, el libro MALDITA FEMINISTA. Hacia un nuevo paradigma sobre la igualdad de sexos (Seix Barral, Barcelona, 2020) de la escritora y sexóloga española Loola Pérez.

   Mi ejemplar es una primera edición publicada en enero de 2026 por Reservoir Books, uno de los mejores y más potentes sellos editoriales de Penguin Random House Grupo Editorial.


   El libro tiene 189 páginas repartidas en una introducción, 6 capítulos numerados y titulados, así como las notas bibliográficas. Cabe destacar el detalle original (a mi parecer) de que el sexto y último capítulo resulta ser el prólogo del libro.

   Se trata de un fascinante ensayo intelectual evocador, con ideas refrescantes y muy reflexivas. Considero que estamos ante un hito literario, ya que es el primer ensayo que escribe la magnífica autora, demostrando que no solo es poeta y novelista, sino una ensayista equivalente a cualquier otra autora de ensayo consolidada, donde muestra un pensamiento sólido y complejo pero asequible, aunque de todas formas necesita varias lecturas, pues cada vez matizamos más las ideas; ideas que, por otra parte, considero esenciales, destacando su apasionante concepción de los "cuerpos enamorados", que interpreta de maneras, a mi juicio, muy útiles en la práctica, pero en especial destacaría la concepción torresana del "pensamiento erótico" (que da título al libro, pero tiene un desarrollo concreto en el capítulo cuarto), donde también entra (en el mismo capítulo) la concepción más compleja e interesante de todo el libro, al menos según mi opinión y lo que me hecho vivir: la "dulzura".

   Creo sinceramente que el sólido y esencial pensamiento torresano plasmado en este libro es muy necesario, precisamente en estos tiempos que corren y aunque, tal vez, no comparta muchos de los conceptos feministas usados (como ya expliqué para matizar al principio), creo que los fundamentos de su pensamiento erótico son fundamentales, tanto en los adultos ya condicionados, como en los niños todavía sin condicionar, en una de las dimensiones cruciales y más condicionantes de la experiencia humana durante toda la vida, como es la sexualidad y el erotismo, planteado desde las posiciones que plantea la influyente Sara Torres, de la que tomo nota y le agradezco desde aquí que nos haga conscientes de tantas cosas anacrónicas que, sinceramente, creo que deberíamos dejar atrás de una vez por todas, pues suficiente sufrimiento innecesarios nos han causado ya, como persistir en que todos nos amoldemos a una concepción monolítica de la sexualidad o el género, a pesar de que creo que, por suerte, todo eso está cambiando y las nuevas generaciones tienen (o eso espero) más libertad para autoexpresarse tal y como cada persona es o decida ser, aunque siga habiendo de todo en la sociedad, incluyendo a quienes discrepan y prefieren seguir imponiendo sus propias concepciones y fantasías, o en terminología torresana, "fantasías hetero-reales".

   Uno de los aspectos más elocuentes de la importancia que tiene el pensamiento torresano a mi parecer, es que la autora matiza que, como mucho, está haciendo filosofía, no ciencia, por tanto se vuelve consciente de sus propias especulaciones como tales, algo muy de agradecer en un mundo, el de la política y el activismo politizado, donde se vuelve un tanto cansino para el lector tanta consigna y hablar "sentando cátedra", con afirmaciones vehementes, dogmáticas y radicalizadas, aunque no sean más que especulaciones subjetivas.

viernes, 6 de febrero de 2026

"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte VII)

Miércoles

7 ene. 2026

12:52


Ahora sí da comienzo (al menos en nuestra concepción y cómputo del subjetivo tiempo) el nuevo año 2026. Una semana ha transcurrido desde que el intento por realizar un "repaso exegético exhaustivo" de A1 y A2 se quedó a medias, pues tampoco esperaba que A1 se alargara tanto ni me absorbiera la vida como lo ha hecho. Una semana cuando menos peculiar y curiosa, encerrado en casa, debido a las lluvias ininterrumpidas por una parte y también a una especie de contractura muscular en la pierna derecha, a la altura de la rodilla, que apareció de repente, sin mediar ningún contratiempo, golpe, forzamiento o lesión directa, que yo recuerde. ¿Será que tenía que recluirme por algún motivo más allá de mi voluntad? Bueno, fuera lo que fuera, la última vez que salí de casa fue el martes, 30 de diciembre de 2025, viviendo un acontecimiento simbólico y muy significativo, tras el reencuentro fortuito con el señor T. Hoy tenía previsto salir por fin, pero entre la tarde y la noche de ayer se me ha cargado el pecho, por tanto, aquí estoy nuevamente en mi reclusión cuasi monástica, con la estufa a tope y el cuerpo un tanto destemplado, despierto desde las seis de la mañana, llevo desde entonces releyendo por enésima vez LA RUTA DEL SILENCIO. VIAJE POR LOS LIBROS DEL TAO en su segunda edición revisada de 2022. Sinceramente corroboro que (al menos de toda la bibliografía taoísta que he leído) es el mejor libro con diferencia a mi parecer. Empecé por el principio, la magnífica presentación de Gerardo López Sastre y he arrasado con los dos prólogos del autor, la nota previa y toda la primera parte que estudia 'LA CHINA DEL ANCIANO MAESTRO' (páginas 35 a 107) incluyendo el glosario y la bibliografía. Tantas veces como vuelvo a él y su lectura no deja de sorprenderme y apreciar más a Iñaki Preciado, una vida dedicada no solo a la sinología y el taoísmo, sino a familiarizarse e incluso practicar otras filosofías con ciertas similitudes, como el Bon de la sauvástica, una tradición religiosa tibetana de característica shamánica pero muy similar (e influenciada) por el budismo indoiranio (como lo llama Iñaki), también tibetano, que a su vez le ha transmitido sus propias influencias particulares, enriqueciéndose mutuamente. Muy grande, Iñaki, sin duda. Pero lo más significativo es lo que transmiten sus interpretaciones exegéticas del Tao. Nadie me ha llevado donde me lleva nuestro sinólogo, precisamente porque arreglo a mi experiencia es el que menos condiciona con sus opiniones o eso siento cuando lo leo. Un detalle importante ha sido ver que llama daoxue al taoísmo filosófico y no daojia, como me enseñó su muy apreciada amiga, profesora de la UNED y especialista en filosofía oriental María Teresa Román López, fallecida repentinamente el 13 de marzo de 2017 tras un cáncer fulgurante. No sé si el sinograma xue es equivalente a jia o no, pero a partir de ahora me acojo a lo plasmado por Iñaki.


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[...]


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El aspecto que tal vez más me gusta y convence del Tao queda plasmado, a mi parecer, en las dos frases finales del capítulo A1 de la copia de Guodian: "observar y conservar la simplicidad original, con un yo menguado y escasos deseos". Aunque aquí tropezamos con una clave principal de toda la filosofía oriental en general, no obstante creo que la esencia del taoísmo filosófico (daoxue) plasmada sin prácticamente interferencias ideológicas según mi apreciación en el Lao zi de Guodian, es decir, la copia más cercana a la redacción del verdadero texto original nunca encontrado hasta hoy, tiene detalles y matices en afirmaciones ideológicamente similares en el trasfondo pero con cierta matización que marca la diferencia con el budismo o el hinduismo, siendo esas tradiciones religiosas asiáticas las únicas que se centran en los temas que desde hace tres décadas considero más relevantes y significativos con diferencia, tras haber probado la diversidad de enfoques y perspectivas existentes. Esto es la doble renuncia: al yo y a los deseos. Pero al inmiscuirme a fondo con estudios y prácticas, tras superar la primera fase de embeleso y descubrimiento revelador de una perspectiva que nadie me comentó ni enseñó nunca en aquellos veinte años de trayectoria vital que llevaba a las espaldas en aquella época, me percaté de que la cosa no era tan sencilla en la práctica como lo presentaba la teoría y los modelos cartográficos del espacio interior.

Lo primero y principal es situarnos donde estamos, para poder empezar bien el recorrido: vivimos en sociedades basadas en el protagonismo absoluto del yo y la constante estimulación del deseo. Entonces llega la pregunta pertinente: ¿Esto es debido a la propia naturaleza de la sociedad y por extensión la civilización o simplemente se trata de una anomalía? Tras una exhaustiva indagación durante las últimas tres décadas creo que la pista más cercana a la explicación puede estar en un trabajo especulativo desarrollado por el psicólogo británico Steve Taylor. Tras los atentados a las Torres Gemelas (World Trade Center) el martes, 11 de septiembre de 2001 decidió investigar los orígenes de la violencia y ello le llevó a lo que hipotéticamente identificó como los orígenes del yo, estableciendo así un modelo cartográfico aproximativo a nivel psicológico que plasmó por escrito en uno de los libros más importantes que se han escrito a mi juicio en toda la historia: LA CAÍDA. Indicios sobre la edad de oro. La Historia de seis mil años de locura y el despertar de una nueva era (Ediciones La Llave, Barcelona, 2008). La publicación original en inglés tuvo lugar en 2005. Según las especulaciones de Taylor, la idea de yo (ego en latín) no es inherente a la especie humana, sino que fue un desarrollo posterior y tardío que él cree identificar en un momento de la historia antigua, en pleno proceso de desarrollo de las primeras civilizaciones, ubicándolo hace unos 6.000 años aproximadamente. Según las conjeturas derivadas de sus investigaciones psicológicas, pero también arqueológicas (aunque se fundamenta en una dudosa fuente, el geógrafo estadounidense James DeMeo [1949-2022], que basó sus hipótesis sobre Saharasia en los desacreditados trabajos del psiquiatra austriaco Wilhelm Reich [1897-1957]), la sensación del yo como ilusoria impresión subjetiva que condiciona objetivamente la vida de todos los seres humanos (a nivel tanto individual como colectivo) nació en pleno proceso de creación sedentaria de las primeras civilizaciones y fue el punto de inflexión clave para que pasáramos del nomadismo paleolítico civilizado, lo cual significa, siguiendo las conjeturas taylorianas, que el ego o yo solo es una invención humana tardía (asociada a una serie de cambios climáticos desertizadores radicales), si tomamos en cuenta la extensa prehistoria y el tiempo que llevamos como especie habitando este planeta. Un invento cuya utilidad principal fue construir y sostener la civilización pero que nos trajo inevitables consecuencias desastrosas. Aunque el trabajo de Taylor es sorprendentemente amplio y justo en sus análisis de lo positivo y negativo que trajo aquello llamado por él "explosión del ego". Su lúcida propuesta orbita alrededor de esta idea: estuvo genial esa "explosión egoica" en su momento, pero ahora se ha vuelto más perjudicial que beneficiosa, así que, tal vez, ha llegado el momento de modificar la cuestión y nuestra gestión del asunto. Siguiendo con las reflexiones acertadas a mi parecer de Taylor, tradiciones religiosas y filosóficas como el budismo, el vedanta o el taoísmo, en aquello que el psiquiatra y filósofo alemán y suizo Karl Jaspers (1883-1969) llamó "era axial", un periodo crucial de cambios sociales acaecidos entre los siglos IX y III antes de la Era Común, fueron la clave para reinterpretar esa "explosión del ego", entendiendo que había llegado el momento de trabajar en su desincentivación. Pero el problema de fondo, al parecer, es que la sensación e impresión de ser un yo y toda la problemática asociada a la subjetividad sesgada que esa psicoestrategia implica, sostiene toda concepción de civilización y por tanto, de sociedad. Así que, como pusieron de relieve los primeros filósofos taoístas chinos, el asunto queda siempre reducido a un porcentaje de la población que, entre la inconscienciación automatizada imperante, tiene la capacidad, por diversos, variados y personales motivos, para darse cuenta, despertando conscientemente. Si bien el libro LA CAÍDA de Taylor me parece importante, mucho más lo es EL SALTO. EL MAPA DEL DESPERTAR ESPIRITUAL (Gaia Ediciones, Móstoles, 2018) donde el genuino psicólogo británico hace un estudio pormenorizado sobre los niveles de "iluminación" y/o "despertar espiritual" que se pueden dar, con indicadores muy interesantes para poder cuantificar con pautas, detalles y comportamientos inequívocos cada nivel, así como sus implicaciones. ¿Es posible? Bueno, aunque no parece haber gran esperanza si echamos un vistazo rápido a la situación, tanto en lo real como en lo virtual, sigo trabajando a fondo con ello y me parece, o esa impresión tengo (igual es una quimera ilusoria o vana esperanza por mi parte), que sí es posible avanzar algunos pasitos, sencillos, aunque nada fáciles de dar, porque también tengo la subjetiva impresión o sospecha en este caso, de que la propia estructura funcional de cualquier sociedad civilizada lo impide, pues funciona como un zelandiano "péndulo" que se mueve por inercia y no va a detenerse por nada ni nadie, lo cual deja toda la responsabilidad fuera de cualquier decisión colectiva o amplia, quedando como algo muy personal e intransferible, pues si intentas contárselo a alguien le sonará (literal y metafóricamente) a chino. No, por desgracia no creo que sea posible transmitir nada a nadie, cada cual debe descubrir las cosas por sí mismo y a su ritmo. Lo peor y más contraproducente que podemos hacer, arreglo a mi experiencia personal, es intentar convencer o explicar, siendo el peor nivel más bajo y nefasto corregir al otro, ya que de las correcciones (por norma general) nunca suele salir nada más que resistencias, negaciones y mayores obcecaciones por parte del que intenta ser corregido. El proceder correctivo inconscienciado, al menos hasta donde he podido indagar en el Proyecto Actitud Consciente (2010-2022), proviene de una exaltación narcisistoide (es decir, con ciertos rasgos similares al narcisismo, pero sin serlo) estancada en una costumbre. A ello, muchas veces se añade una falta de correcta gestión emocional que se puede trabajar y reaprender para cambiar. Podría tener otras causas, como un trastorno del neurodesarrollo. En todo caso, la forma más óptima de abordar el asunto que he probado con éxito (relativo) durante los últimos 16 años es mediante la desidentificación impersonal, un abordaje especulativo que, partiendo de la subjetividad inconscienciada, pretende llegar a la conscienciación de la subjetividad. La metodología operativa más exitosa que considero haber usado experimentalmente (aunque nunca deja de ser una mera conjetura especulativa) es el trabajar evitando emitir sentencias afirmativas (lo fácil, cómodo e inercialmente automatizado en nuestro comportamiento) para matizar de continuo en nuestra forma de comunicarnos que somos conscientes en todo momento de nuestra opinión como tal. Según ciertos resultados obtenidos, creo sinceramente que volvernos conscientes de nuestra subjetividad a menudo, mejora las interacciones sociales y puede crear una comunicación fluida, no basada en comportamientos tóxicos o que generan resistencias, malestar y oposición, como hablar "sentando cátedra" (con lo cual generaremos adeptos sectarios por una parte y feroces críticos opositores por otra parte) como si supiéramos de qué hablamos, o corregir a los demás como modus operandi, para que todo encaje con nuestros inamovibles sesgos cognitivos y creencias férreas. Entonces es cuando el taoísmo filosófico (que no religioso) llega para plasmar toda una serie de conjeturas y especulaciones que al ponerlas en marcha, suelen dar unos resultados inequívocos, aunque cualquiera que lo haya intentado sabe lo complicado que resulta, pues vivimos en sociedades (incluyendo también a la china) cuyo funcionamiento es todo lo contrario a la idea de Tao y las especulaciones taoístas.

Por otra parte, también creo que da buenos resultados convertir las afirmaciones en interrogaciones, generando la duda sana. El nivel más alto es interrogarnos a nosotros mismos, en especial cuando estamos convencidos de algo, en plan: "¿Esto es así y ya o esto es solo la percepción sesgada y limitada que tengo sobre...? Pero volviendo al Tao y la última frase del capítulo A1 de la copia de Guodian del Lao zi, la diferencia peculiar es que habla de un "yo menguado" (no una aniquilación del ego) y "escasos deseos" (no una supresión de todos los deseos). Aunque parezca un simple matiz cuantitativo, a mi juicio marca la diferencia más grande, realista y realizable por completo. Por fin creo estar preparado para pasar al capítulo A2. Veremos si lo consigo.

martes, 3 de febrero de 2026

Reflexiones especulativas sobre la impostura y la mentira

Nuevamente viene la espontaneidad no buscada a mi vida y pasa por delante de mis narices sugiriendo escribir este post, que se ha ido construyendo automáticamente, pieza a pieza, en mi cabeza, como si fuera un juego de Lego o algo parecido, desde hace 5 horas y media. Así que empecemos por el principio, como siempre suele suceder: la declaración de intenciones.

   Este post tiene una intención de fondo, que es compartir cierta idea llegada repentinamente a mi cabeza, tras un suceso concreto que la desencadena, desde mis impresiones, reflexiones y especulaciones subjetivas. En este caso se trata de un asunto polémico, relacionado con un fenómeno que forma parte de la vida humana en sociedad: la impostura y la mentira asociada, aunque lo voy a tratar desde la figura del impostor y lo que me produce esa figura. El tipo de reacción ante el asunto tratado creo que dependerá de la forma en la que lo decida vivir y gestionar, sobre todo emocionalmente, cada cual, pero también me parece que la reacción o respuesta que cada cual tenga ante ello determina muchas cosas sobre su sistema de creencias, en especial relacionadas con las dimensiones subjetivas de la moralidad y la ética.

   Lo primero de todo es posicionarme: la figura del impostor me produce, de entrada, simpatía. No se trata de una cuestión de estar a favor o en contra, simplemente no me siento ni capacitado, ni autorizado, ni tampoco con ánimo como para juzgar la figura del impostor desde una posición moral, precisamente porque, me parece, en gran parte, que no puedo evitar sentirme un impostor. Y tal vez por eso, unido a mi trayectoria vital, siento una simpatía amoral (ni a favor ni en contra de emitir un juicio moral) por la figura del impostor.

   Aunque en mi realidad cotidiana, experiencia vital acumulada y sistema de creencias particular (siempre en revisión, "reformateo" y "reinicio") no sea muy partidario de la mentira, en realidad debería matizar que no soy partidario de la mentira sistemática o patológica, pues la mentira cumple una inexorable función social y al parecer es inevitable, aunque sea en ese contexto que catalogamos como "mentirijillas" o "mentiras piadosas" que, se mire como se mire, técnicamente hablando son mentiras y punto, aunque las justifiquemos para quitarle la carga moral de ser algo malo y/o reprobable. De ahí que me chirríe cualquier tipo de postureo moral, pues sinceramente dudo mucho de que alguien se lo pueda permitir (servidor desde luego no puede ni de broma).

   Escribo sobre una amplia diversidad de temas y aspectos en los que no estoy especializado. No soy escritor, no soy periodista, no soy crítico literario, mucho menos cinematográfico. Y no obstante, escribo aparentes "reseñas" sobre libros, cómics y ahora también películas. No soy sinólogo, ni orientalista, ni especialista en la historia del pensamiento chino. Y no obstante, escribo un aparente dietario de estudios taoístas. Mi formación académica se reduce al graduado escolar. ¿Qué me diferencia, por tanto, del impostor? ¿No soy, acaso, un impostor en toda regla? ¿Que no me hago pasar por un maestro taoísta, un escritor, un periodista, un crítico literario o cinematográfico? Podría ser. Y a lo mejor es hasta lícito decir: "no lo eres porque... (póngase aquí la excusa, reflexión, justificación o exculpación que cada cual quiera inventar). Pero, entonces, en ese caso, el único fino y frágil "hilo" que me separaría de la impostura sería afirmar que sí soy un maestro taoísta, un escritor, un periodista, un crítico...

   Todo esto es para llegar a la reflexión que siempre me ha hecho, desde la segunda mitad de 1995, simpatizar con la figura del impostor: si mis escritos le sirven a alguien para algo... ¿El hecho de ser un impostor, porque afirme que soy lo que no soy, he estado donde nunca estuve o tengo las titulaciones que no tengo, cambiaría algo en relación a la utilidad de mis escritos o solo sería un cambio de apreciación en relación a ciertas convenciones humanas, sociales y académicas, que tal vez no sean tan importantes en el trasfondo como solo en la apariencia? No lo sé y me da la impresión de que estamos ante un asunto de gran complejidad, apasionante para reflexionar y que cada cual llegue a sus propias conclusiones y aporte sus puntos de vista más abajo en los comentarios, aunque sea solo por pasar el rato, especular y divertirnos un poco.

   Te preguntarás: ¿A qué viene todo esto? Bueno, pues viene a colación del nuevo apartado que inauguré en el blog y la respuesta favorable (en comentarios y visitas) que está teniendo. Me refiero al cine literófilo. Hace unas horas, mientras escrutaba Movistar+ a la búsqueda de nuevas joyas literófilas escondidas, he tropezado con una de las películas que más veces he visto y más me gustan, aunque no sea literófila, ni siquiera literaria. Se titula 'MARCO'. Es un "biopic" (película biográfica) de drama, dirigida por Jon Garaño y Aitor Arregui. Protagonizada por un deslumbrante y en la cumbre Eduard Fernández, se estrenó en los cines españoles el 8 de noviembre de 2024. El gran e irrepetible Eduard Fernández encarna a uno de los personajes impostores más fascinantes que he conocido en mi vida (y precisamente lo conocí por primera vez gracias a esta magnífica película, aunque Javier Cercas ya había escrito un libro sobre él, en clave de novela, una década antes, titulada El impostor [Literatura Random House, Barcelona, 2014]): Enric Marco.


   Enric Marco Batlle nació el 12 de abril de 1921 en Barcelona, Cataluña, España y murió el 21 de mayo de 2022 en el mismo lugar, con la friolera de 101 años de edad. Fue un perspicaz impostor español de largo recorrido, cuya mayor (aunque no única) impostura fue afirmar que había sido un prisionero en el campo de concentración nazi de Flossenbürg, Neustadt an der Waldnaab, Baviera, Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Pero lo curioso del caso no fue esa afirmación, sino que llegó a ser presidente de la asociación Amical de Mauthausen, una asociación fundada en 1962  en Barcelona por antiguos deportados y legalizada en 1978, con el objetivo de defender los derechos morales y materiales de los aproximadamente 10.000 españoles deportados a los campos de concentración de la Alemania nazi, así como de sus familias, estrechando lazos de solidaridad y preservando su memoria. Llegó hasta el nivel de recibir la Creu de Sant Jordi por parte del gobierno catalán en 2001, hasta que, por fin, el historiador español especializado en el estudio de los españoles  deportados a campos de concentración nazis, Benito Bermejo Sánchez, desemascaró su mentira en 2005, que el propio Enric Marco admitió, devolviendo la medalla. Pero no solo había inventado esa mentira, como evidenció Cercas en su magnífica novela con una rigurosa y precisa investigación de su pasado, sino toda una historia ficticia de ese pasado.


   En este caso es más difícil sentir simpatía por el personaje, como encarnación de la figura del impostor, porque su impostura fue tan lejos que dañó objetivamente a las familias de los deportados, afectados por un drama real derivado de las locuras políticas que nos permitimos cuando nos erigimos en dueños y señores de una verdad subjetiva que no solo nos afecta a nosotros, sino al espacio de convivencia colectiva y le imponemos a los demás nuestras creencias y peligrosas superioridades morales, llegando al nivel más desproporcionado: deshumanizar al otro (que es tan ser humano y tiene tanto derecho como nosotros a la vida y su libertad) para convertirlo en un mero chivo expiatorio al que transferir nuestras "movidas", trastornos, radicalizaciones, "neuras" y sesgos politizados.

   Pero el papel que escenifica Eduard Fernández, llevando a la vida del celuloide a Enric Marco, especialmente en algunos momentos puntuales de la película, hace que se le coja cierto aprecio, no por lo que hizo, sino por ver precisamente su humanidad rebosante; esa humanidad tan frágil, narcisista, necesitada de reconocimiento al precio que sea, hastiada de la mediocridad cotidiana fagocitada por un insoportable anonimato sin nombre, en una sociedad que continuamente estimula el culto al éxito, al reconocimiento, al dinero, a ser alguien, a tener millones de seguidores, etcétera y todo lo valora con esos estándares. Sí; esa sociedad que cada vez que te pregunta o sale el tema y le dices a lo que te dedicas ("soy bloguero literario") no se le ocurre nada más que preguntar: "¿Y ganas dinero con eso?". O: "¿Cuántos seguidores tienes?". "¿Recibes muchas visitas al día?". Respuesta: "no, no gano dinero con eso". Pensamiento automático pero en silencio: "ya. O sea, que estás en paro". Sí, no hace falta que lo vuelvas a especular más en silencio: evidentemente estoy en paro, no gano dinero con ello, tengo 0 seguidores y unas 500 visitas de media por día. Nunca he estado tan feliz y satisfecho como ahora en mi vida. Hago lo que me apasiona sin condicionamientos de ningún tipo, no le debo nada a nadie y nadie me debe nada a mí, esto sigue adelante gracias a la comunidad lectobibliófila que tengo y el día que me canse y no me apetezca seguir o se canse Blogger o haya un apagón definitivo, lo dejaré tan tranquilo como lo empecé y me dedicaré a lo próximo que se me ocurra o me traiga la vida y sus devenires. El resto, pues no sé, seguid a ostias para repartíos el dinero, la fama, el reconocimiento, el éxito y ser alguien en la vida, si así os parece que la vida vale la pena.


   Pero Enric Marco y la imprescindible película reflexiva que ha desencadenado estas especulaciones subjetivas, en realidad me ha llevado a mis orígenes lectobibliófilos y ahora, tal vez, será más fácil entender el porqué de este post: ¿Sabías que mis 2 primeras influencias, tras el inicio de las lecturas que desencadenaron mi lectobibliofilia, fueron figuras impostoras?

   El primer autor que leí en mi vida a fondo fue Lobsang Rampa. Tuesday Lobsang Rampa era el pseudónimo literario de un autor británico superventas del siglo XX llamado Cyril Henry Hoskin (1910-1981). En 1948 cambió su nombre legal a Carl Kuon Suo. Entre 1956 y 1960, bajo el nuevo pseudónimo de T. Lobsang Rampa, publicó varios libros pioneros de la literatura nueva era, bajo la afirmación de que era un monje budista tibetano. Un año antes de llegar a publicar el segundo libro, el alpinista, explorador y escritor austriaco Heinrich Harrer (1912-2006), amigo personal y profesor en la adolescencia del actual decimocuarto dalái lama Tenzin Gyatso, dudó tanto de las afirmaciones de Rampa en su primer y muy exitoso libro, que en 1958 contrató a un investigador privado y desemascaró la farsa de Hoskin. No obstante y a pesar de ser un impostor en toda regla, que desconocía el budismo tibetano, nos llevó a no pocos hasta él. Y por eso, el actual dalái lama, lejos de sentirse molesto, ofendido o rechazar con vehemencia la impostura, ha reconocido públicamente con agradecimientos continuos la labor de Hoskin ficcionando en sus libros un falso budismo tibetano, pues le ha reportado al verdadero no pocos conversos desde la década de 1960.


   El segundo autor que más me influyó en mi juventud, inmediatamente antes de encontrar a Jiddu Krishnamurti (1895-1986), fue el astrólogo y escritor autodidacta francés Serge Raynaud (1916-1962). Adoptando el pseudónimo Serge Raynaud de la Ferrière para "ennoblecerse", fundó un movimiento sectario espiritual pseudorreligioso, también precursor del movimiento nueva era, centrado en torno a las ideas astrológicas de la "era de Acuario" y especialmente la práctica de hatha yoga. Aunque Raynaud fue uno de los grandes impostores del siglo XX, afirmando (directa o indirectamente) tener una serie de titulaciones académicas que no tenía, para darse prestigio, siendo toda su vida de gurú orientalista una invención fantasiosa, no obstante su inspiración durante unos meses de 1996 me llevó al descubrimiento del verdadero hinduismo y por eso le guardo un gran recuerdo, un inmenso agradecimiento y mucho cariño, teniendo su libro más importante a mi juicio, YUG YOGA YOGHISMO. UNA MATESIS DE PSICOLOGÍA (GFU Línea Solar, Murcia, 1988) guardado como oro en paño.