Rareza literaria
Un espacio para verdaderos amantes de la lectura donde compartiré autores, editoriales, encuentros y lecturas de libros o cómics raros, especiales, instructivos y fuera del circuito editorial enfocado a lo comercial o literatura de masas (aunque siempre se colará alguna que otra cosa más convencional).
martes, 3 de febrero de 2026
Reflexiones especulativas sobre la impostura y la mentira
domingo, 1 de febrero de 2026
"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte VI)
Jueves
1 ene. 2026
00:11
La marabunta de sensaciones e impresiones me invade. Un vértigo importante hace medio acto de presencia en el trasfondo pero no me inquieta ni perturba. [...] Ahora la roja luz del demogorgon ilumina la escritura. El reloj de arena de la parca del vudú gnóstico cuenta la atemporalidad imperecedera. Los gritos, la alegría, el llanto... Ahí fuera se manifiestan todos los psicodramas humanos arquetípicos y escenificados. La imperturbabilidad únicamente está aquí dentro. Nadie lo ha sabido, nadie lo sabe y tampoco nadie lo sabrá jamás.
LIBRO A
LAO ZI DE GUODIAN
REPASO EXEGÉTICO DE A1
Todo empieza con las "tres eliminaciones; tres rechazos". No podía ser de otra manera con el verdadero Tao. Pero el Tao (la concepción humana de Tao), como sucede con todo en el mundo humano, fue distorsionado, pervertido, degenerado por los mismos chinos taoístas, al mezclarlo ecléctica y sincréticamente con las cien escuelas, junto al resto de religiones, filosofías, opiniones. Por eso surgió el taoísmo filosófico (daojia) y el taoísmo religioso (daojiao). Solo el filosófico consiguió preservar algo del Tao y nada pudo aproximarse a ello como el Lao zi de Guodian. Sí, ni siquiera el Lao zi de Mawangdui, no digamos ya las versiones posteriores, esas conocidas como Tao Te ching. Y la prueba está evidenciada en el comienzo del libro A: las "tres eliminaciones; tres rechazos". Elimínese: inteligencia, industria, hipocresía. Rechácese: argumentaciones, interés, cavilaciones. Casi nada la broma, aunque A1 dista de terminar ahí, pues inmediatamente después afirma que las tres razones como criterio de distinción no bastan. Todavía hay más y es más importante si cabe: "observar y conservar la simplicidad original, con un yo menguado y escasos deseos".
En la plenitud de los cincuenta y con treinta a la espalda en toda autoindagación, me puedo permitir (o eso creo) lanzar una idea especulativa al aire: solo cuando vivimos a fondo, en plena inmersión absorbida y llevando hasta sus límites la inteligencia, la industria, la hipocresía, las argumentaciones, el interés y las cavilaciones, estamos preparados para ver con claridad lo que afirma A1. Lo cual no equivale a decir que seremos capaces de vivirlo desde una aprehensión directa (dejar que entre en nosotros sin mediación intelectual ni mental), única forma de que ello llegue a nuestro interior y nos penetre. Porque si no lo aprehendemos, entonces solo lo aprendemos. Y donde el aprendizaje nos sirve con todo lo demás, sucede lo contrario ante la posibilidad de vivir el Tao.
Hoy creo que puedo permitirme afirmar esto: nada se asemeja, tras haberlo probado (casi) todo en esta vida, a "observar y conservar la simplicidad original, con un yo menguado y escasos deseos". La fórmula magistral que capta como ninguna otra la esencia real de lo posible y más probable para llevar esa experiencia vital que es lo humano hasta su única conclusión aceptable y definitiva. Pero nunca podremos llegar, mucho menos desde el desarrollo pleno de la civilización, a esos objetivos que cierran A1 si previamente no hemos pasado por las "tres eliminaciones; tres rechazos". Solo dependiendo de cómo hayamos vivido las "tres eliminaciones; tres rechazos" seremos capaces de llegar a los tres aspectos citados que marcan la diferencia: "simplicidad original"; "yo menguado"; "escasos deseos". De ahí que para volver a lo uno debamos pasar antes por lo otro, su contrario y opuesto: "complejidad artificial"; "yo engrandecido"; "multitud de deseos". Porque únicamente cuando complicamos las cosas con artificios imaginados por la subjetividad humana podemos apreciar lo significativo de la "simplicidad original" y calibrar su verdadero valor e importancia. A mi parecer, cuando observo alrededor, mucho me temo que nos hemos adentrado en la "boca del lobo" del olvido desmemorado de la "simplicidad original". Ya nunca viene dada por defecto porque desde el nacimiento estamos sometidos a constantes estímulos que buscan acaparar nuestra atención para desviarla hacia todos los intereses establecidos artificialmente, con la intención de que todo artificio innecesario inventado por seres humanos totalmente ajenos a la idea de Tao en su devenir cotidiano, siga adelante, perpetuándose, multiplicándose, reproduciéndose, contagiándose. Y el mayor de esos artificios es, a mi juicio, las ideologías: religión, política, filosofía, ciencia. Lo vemos con claridad en el caso obvio del taoísmo: el filosófico no existe como tal, es decir, como taoísmo, pues no tiene un corpus doctrinal como tal. Simplemente se considera que lo conforman tres textos: el Lao zi, el Zhuang zi y el Lie zi (a los que algunos especialistas y estudiosos añaden un cuarto: el Wen zi). En cambio el religioso es otra historia muy distinta, donde se mezclan ideologías tanto filosóficas como religiosas muy dispares, algunas autóctonas de China, lugar de origen de la concepción taoísta desde la más remota antigüedad, pero otras muchas de lugares ajenos y distantes. Y aunque a veces pueden parecer confluyentes, en realidad son abismalmente diferentes si dejamos que la auténtica plasmación lo más cercana posible al Tao (es decir, la menos contaminada con otras perspectivas ajenas) nos penetre mediante aprehensión. Aprehensión: "1. Acción y efecto de aprehender. 2. Captación y aceptación subjetiva de un contenido de consciencia". La tercera definición de la RAE en desuso habla de "comprensión". Aquí vemos la dificultad de intentar definir un concepto indefinible porque no pasa por los cauces convencionales usados habitualmente por el ser humano, debido a su configuración neurológica. La primera definición nos remite a la acción y el efecto de aprehender, que nuevamente se desdobla en dos acepciones o explicaciones, mejor dicho: "coger, asir, prender a alguien o bien algo, especialmente si es de contrabando". La segunda zanja la cuestión asimilando el concepto a "aprender" entendido entre paréntesis como "adquirir conocimiento". En este caso uso la segunda definición de aprehensión asociada a la psicología, con tres sinónimos: "penetración", "percepción" y "discernimiento". Personalmente uso el concepto aprehensión para intentar transmitir una sensación indescriptible de integración interior de un contenido no mediada por el intelecto. Hablo, evidentemente, de mi experiencia subjetiva al entrar en contacto con la idea intraducible llamada Tao por los chinos y presente desde la más remota antigüedad en aquella civilización asiática establecida en la confluencia del río amarillo.
*
En la exégesis subjetiva, personal, incompleta e ignorante que pretendo (vana pretensión) proponer, según mis limitaciones humanas inequívocas, me parece intuir y ver (teniendo en cuenta los errores apreciativos del cerebro, que interpreta, deforma y distorsiona la percepción para reinterpretar cualquier información según sus contenidos previos) todo un libro completo o tratado filosófico que, a pesar de ser especulativo, capta como ningún intento de plasmación por escrito que haya acometido un ser humano, la verdadera vida que se puede construir desde los cimientos de aquello que, a falta de un mejor concepto, pero desde la necesidad de establecer un signo comunicativo de tipo conceptual y lingüístico, los chinos llamaron Tao. No me parece nada fácil escribir unos trazos literarios tan resumidos y obviamente líricos que, al parecer, surgieron en China en gran parte porque el idioma chino facilita las cosas. Y por descontado que el lenguaje condiciona la percepción sensorial y deforma inevitablemente la apreciación que tenemos de las cosas. De ahí que no me parezca descabellada la hipótesis especulativa del escritor estadounidense William S. Burroughs (1914-1997) cuando afirmaba que el lenguaje es un virus. Pero volviendo al capítulo A1 del Lao zi de Guodian (única copia valiosa a mi parecer) creo que se podría analizar dividiéndolo en dos bloques por separado que, sin duda, se entrelazan e interrelacionan, pues ambos se explican mutuamente y a mi juicio componen un tratado por sí mismo completo como arte de vivir, pues si bien se podría desglosar en tomos de filosofía especulativa, en realidad eso únicamente serviría para hacer lo mismo que llevamos haciendo desde el comienzo de la civilización y el invento del lenguaje (cual burroughsiano virus memético) para presuntamente comunicarnos (¿lo hacemos?) y ello incumpliría la primera "eliminación" que da comienzo a A1, es decir, la inteligencia, así como los dos "rechazos" asociados, es decir, las argumentaciones y las cavilaciones. De ahí que solo la poesía (ni siquiera la literatura) pueda llegar a una transmisión lo más alejada posible de la primera "eliminación" y los dos "rechazos".
Para empezar veo un orden correlativo (primera distorsión cerebral o sesgo que conecta puntos): la inteligencia (primera "eliminación") daría paso a la industria (segunda "eliminación") que acabaría estableciendo la hipocresía (tercera "eliminación"). Mi impresión subjetiva en principio (siempre teniendo en cuenta el factor especulativo sesgado cognitivamente hablando) es que esa conexión de los tres puntos explicaría, tal vez, la esencia cimentada sobre la que se construye cualquier civilización, exactamente siguiendo el orden establecido por las "tres eliminaciones" del capítulo A1 del libro A del texto o copia de Guodian del Lao zi, para unos estudiosos, exégetas y eruditos especializados una copia incompleta, pero para otros (donde me acojo por interés nuevamente sesgado y especulativo) un texto completo que refleja el más genuino y auténtico pensamiento taoísta original o al menos cercano a los orígenes. Y aunque conceptualizar o definir "tres eliminaciones; tres rechazos" puede tener una intención lírica a nivel literario, en realidad vuelvo a concebir un orden concreto que explica muchas cosas y no está establecido así aleatoriamente. Aunque no menos importante es el trabajazo realizado por el traductor, Iñaki Preciado Idoeta, sin el cual, sería imposible poder llegar al lugar en el que me encuentro exegéticamente hablando.
En el planteamiento que mi cabeza propone, los puntos se conectarían así: la inteligencia da paso a la invención de la industria y así vamos de la intemperie (donde se encuentran el resto de animales) a la civilización. De hecho, sin industria tampoco hay concepción sostenible de civilización. Pero a su vez la industria traería la hipocresía, mediante (tal vez) la moneda, el dinero, esa forma de transacción para intercambiar bienes y servicios que ha demostrado actuar como el motor de cualquier civilización por definición. Aunque el capítulo A1 del Lao zi de Guodian propone que se elimine la inteligencia y se rechacen las argumentaciones para que las gentes obtengan beneficios cien veces mayores. Aquí también considero que hay un hilo conductor nada aleatorio entre las tres "eliminaciones" y los tres "rechazos". Eliminar la inteligencia implica rechazar las argumentaciones, pues nuestra inteligencia se manifiesta y despliega a través de las argumentaciones que inventa. Bueno, creo que si lo analizamos objetivamente (dentro de la objetividad que seamos capaces de alcanzar) realmente las argumentaciones son especulaciones infundadas en última instancia, pues... ¿Qué podemos saber a ciencia cierta y de manera inequívoca? Me parece que si somos sinceros de verdad, la respuesta es: no lo sabemos. Todo el conocimiento humano no deja de ser en última instancia una serie de consensos y acuerdos entre iguales, pero... ¿La unión de muchas subjetividades especulando e intentando conocer puede conseguir la obtención de un conocimiento fiable, imparcial, exacto y verdadero? O lo que es lo mismo: ¿8.000 millones de humanos o subjetividades limitadas son capaces de alcanzar una objetividad ilimitada? Por eso creo que el primer planteamiento del Lao zi de Guodian nada más empezar es pertinente, al cuestionar la validez no cuestionada y aceptada implícitamente del valor de la inteligencia, desplegada a través de las argumentaciones. ¿Y si la afirmación de la primera frase tuviera todo el sentido del mundo y elimináramos la inteligencia rechazando las argumentaciones? Para empezar me parece obvio que todos los seres humanos no podrían hacerlo jamás en un mismo momento y por ello considero que el capítulo A1 del Lao zi de Guodian es una filosofía de vida al completo en sí misma, pero está comprimida mistéricamente. Esto significa que no va dirigida a todo el mundo sino a un sector específico de seres humanos capaces de permitir que el misterio del Tao les penetre sin mediar interpretaciones subjetivas ni evidentemente intelectuales, que son las que usarán por inercia y costumbre el resto, quedándose fuera. Aunque, por norma general, como siempre matiza muy oportunamente el sinólogo español y mayor exégeta patrio del taoísmo que conozco, se sobreentiende que al hablar el Lao zi (en cualquier versión) de "eliminar la inteligencia" no se refiere a una eliminación literal de la inteligencia en sí, ya que eso sería imposible en el ser humano y una obvia quimera, sino los excesos demasiado centrados en ella, así como la confianza desmedida, dormida e inconscienciada que solemos depositar en ella. De nuevo creo con sinceridad que el contexto de una "eliminación" asociada a un "rechazo" no representa una mera figura literaria poética, pues eliminar la inteligencia rechazando las argumentaciones le da otro sentido y significado. Todo dependerá, como siempre, de la interpretación que cada cual haga y el contexto elegido, donde se decida asociar en unión conplementaria o disociar en separación autónoma cada parte. El asunto quedaría así: Primero: eliminar la inteligencia rechazando las argumentaciones. Segundo: eliminar la industria rechazando el interés. Tercero: eliminar la hipocresía rechazando las cavilaciones. Y considero su unión en la afirmación que viene después: "son tres razones que como criterio (de distinción) no bastan". Tres razones desdobladas en la verdadera razón (la "eliminación") matizada por la acción para llevar a efecto la razón (el "rechazo"). Sin los tres "rechazos" a mi parecer no es posible alcanzar las tres "eliminaciones", que se quedarían como se quedan en la mayoría de seres humanos: lo máximo, una bonita especulación ideal pero desfasada de lo real. Aunque incluso si llegáramos a consumar las tres razones, solo habríamos conseguido atravesar el primer portal insuficiente. Después vendría lo bueno e interesante para poder construir una verdadera vida nueva y alejada de todas las convenciones, costumbres y realidades creadas: "observar y conservar la simplicidad original", una entelequia para quien no ha llegado a las tres razones consumadas, lo cual requiere una clave doble aunque también unida en continuidad indivisible: "un yo menguado y escasos deseos".
viernes, 30 de enero de 2026
'EL CAUTIVO' de Alejandro Amenábar (cine literófilo)
jueves, 29 de enero de 2026
A veces...
martes, 27 de enero de 2026
"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte V)
Martes
30 dic. 2025
05:35
[...]
*
LIBRO A
LAO ZI DE GUODIAN
A2
"En una sociedad masificada, la fama representa la consagración definitiva de la identidad individual, del sujeto como eje y clave de la vida moderna. En una cultura narcisista como la occidental, la fama representa la felicidad última, a la vez que un medio para impedir que el yo sea devorado por el anonimato, es decir, la desintegración última de la identidad".
Esto es lo que significativamente afirma el filósofo y antropólogo cultural español Iñaki Domínguez en su libro El expiador. Vida y obras de Charles Manson (Melusina, Santa Úrsula, 2019). Exactamente lo opuesto y contrario al Tao. Así empieza el segundo capítulo del Lao zi de Guodian:
"¿Por qué el río y el mar son reyes de (las aguas) de cientos de valles? Porque son capaces de estar por debajo de cientos de valles, y por eso sobre cientos de valles son capaces de reinar".
En realidad la cultura occidental inmersa en y absorbida por el narcisismo simplemente se deja llevar por lo fácil, sucumbir a los instintos de permanencia del yo que, a pesar de ser una serie de subjetivas impresiones impermanentes, caducas e ilusorias sin existencia real (no tienen ninguna entidad ontológica existente ni verificable más allá de lo imaginario y especulativo) no obstante, acaban condicionando la vida de todo ser humano a todos los niveles, dimensiones y aspectos, tanto subjetivos como objetivos. El más importante a mi juicio es el anhelo obsesivo pero inconscienciado en total automatización inercial acelerada e imparable de permanencia inmortal que, al no poder ser satisfecha mediante una inmortalidad real tangible basada en el físico (lo único que objetivamente existe y es real en la experiencia vital) acaba canalizado (mientras se busca la manera de alcanzar la inmortalidad física) en dos vertientes paralelas y complementarias: la permanencia personal fragmentada a través de la reproducción biológica (copiar y calcar, es decir, "clonar" nuestro ADN combinado a medias con otro ADN) y la permanencia personal sostenida a través del recuerdo o la memoria en los demás. Ambas formas de búsqueda inconscienciada de la inmortalidad, en realidad adoptan una intención más psicológica que fisiológica supervivencial instintiva en el caso humano. Únicamente el yo (la equívoca sensación de ser un yo o sujeto definido por una identidad personal que le da contenido y por tanto una apariencia de entidad real) es la causa de todas las vivencias, experiencias, aprendizajes, conocimientos, ideas, creencias, preocupaciones, conflictos, problemas y sufrimientos que padecemos. Pero no únicamente: tanto la felicidad como la infelicidad son inventos subjetivos del yo. Y aunque puede parecer que diversas filosofías de vida, especialmente las nacidas (inventadas también por humanos) en Extremo Oriente, hace aproximadamente unos 2.500 años, aportarían un punto de vista diametralmente opuesto a las trampas, trucos y triquiñuelas del yo, en realidad ni el budismo ni el hinduismo han sido capaces de llegar al nivel del taoísmo filosófico (que no el religioso) según mi opinión. Tal vez lo más cercano sea el Samkhya, aunque todavía tengo pendiente completar la inmersión tras el descubrimiento más detallado pero solo introductorio, que se produjo a partir del jueves, 6 de enero de 2022. Aunque había oído hablar de ello como una de las seis escuelas ortodoxas de filosofía hinduista desde la segunda mitad de 1995, cuando me sumergí en el estudio y la práctica autodidacta del budismo (pasando un año después a la inmersión en el hinduismo yóguico primero y once años adelante en el vedántico) no obstante jamás tuve la oportunidad de sumergirme en su contenido hasta la última semana de diciembre de 2021, cuando me puse a leer el libro La mente diáfana. Historia del pensamiento indio (Galaxia Gutenberg, Barcelona, 2021) y tropecé con la primera descripción introductoria aunque detallada en el capítulo quinto, durante unas cuarenta páginas.
sábado, 24 de enero de 2026
'BARFLY (EL BORRACHO)' de Barbet Schroeder (cine literófilo)
viernes, 23 de enero de 2026
Cine literófilo frente a cine literario (un nuevo apartado da comienzo en el blog)
Dedicado a J. Antonio
Finalmente y tras "consultarlo con la almohada" un par de noches, he decidido abrir un nuevo apartado dentro del blog, a petición de J. Antonio, que el pasado jueves, 15 de enero de 2026 comentó en el artículo 'Sobre 'VERDADES OCULTAS' de Sterling Harjo' esto: "Si alguna vez quieres compartir películas que consideres literófilas sería todo un lujazo".
Los primeros días pensé en escribir un artículo donde metiera todas las películas más emblemáticas de las que ya hablé en el pódcast 'Encuentros literarios', el fallido proyecto inmediatamente anterior a este blog, que dio comienzo el jueves, 6 de abril de 2023 y se detuvo el domingo, 1 de junio de 2025 (aunque en realidad el contenido era residual y acumulado desde finales de julio de 2024, cuando tuve problemas por primera vez para cargar el contenido subido, tras una actualización de Spotify y decidí crear este blog como alternativa, abandonando el pódcast). Pero tras meditarlo un poco más a fondo y dejarlo reposar unos días sin pensar en ello, fue llegando intuitivamente la respuesta hace poco, después de ir rescatando las citadas películas dispersas en varias plataformas de transmisión digital ("streaming" en inglés) y empezar a ver de nuevo 2 veces una muy significativa, acorde al blog pero en clave cinéfila, pues es una de las mayores rarezas de culto que se han rodado jamás.
Y aquí estoy a punto, con las "pilas" puestas (o eso creo), decidiendo ayer por la tarde que definitivamente iba a embarcarme en esta locura de subproyecto, sin intenciones ni expectativas de tipo alguno, a ver qué sale y si llega a buen puerto, estimulado por la petición de mi querido as lectobibliófilo de la maravillosa comunidad J. Antonio.
También ayer le di unas vueltas al título y enfoque del subproyecto cinéfilo, recibiendo la siempre inestimable ayuda esencial para todo de mi mujer Mery, con la que voy a cumplir 13 años de vinculación afectiva sin parangón (lo máximo que estuve anteriormente en una relación de pareja fueron 2 años, con una ruptura el primer año durante unos meses y repetido el patrón en un par de ocasiones, entre 2003 y 2008).
Al principio pensé (pensó mi mujer mejor dicho) en cine literario, cinéfilos literarios, cine forum literario o literófilos de cine, pero al final predominó un único título, tras el escrutinio a fondo, debido al matiz que ahora explicaré, determinando así la respuesta final: cine literófilo.
Según mi enfoque e interpretación subjetiva, está el cine literario y el cine literófilo.
Esto significa, en la concepción propuesta, que el cine literario es un tipo peculiar pero común de cine donde se adaptan libros, principalmente novelas y relatos, aunque también ensayos, a la pequeña o gran pantalla, en forma de películas (con estreno en salas de cine o estreno en plataformas ahora, directo a vídeo antes) y/o series televisivas. Abarcan una amplitud de géneros y calidades cinematográficas, pero básicamente son productos de adaptación literaria al séptimo arte que, aunque puedan tener algún guiño o referencia, no destilan ni transmiten una pasión por la literatura, los libros, la lectura o la escritura.
El cine literófilo, en cambio, sería un tipo de cine más peculiar pero menos común donde, si bien también puede partir de una adaptación literaria en principio, como el anterior, no obstante la diferencia reside en que es un tipo de cine más específico, centrado en transmitir audiovisualmente la pasión más o menos intensa y extrema por la literatura, los libros, la lectura o la escritura, con escenas muy explícitas de reflexión en torno a la lectobibliofilia o de crítica literaria, repleta cada película o serie televisiva de guiños frikis a libros, autores y experiencias orbitando alrededor del poder de la lectura y/o de la escritura.
Por ese motivo y arreglo a lo explicado, la sección se titulará (entre paréntesis) 'cine literófilo'. Al no ser un crítico cinematográfico ni periodista especializado, me remitiré exclusivamente a productos audiovisuales (películas en especial) que considero literófilos.
Por ser una petición explícita de J. Antonio, este apartado va dedicado a él.
Vayamos, pues, al "grano" y veamos lo que sale de aquí. Espero que, como mínimo, os divierta y ensanche vuestra experiencia literaria, mi querida gente lectófila.
jueves, 22 de enero de 2026
"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte IV)
Domingo
21 dic. 2025
07:25
Adentrándonos en el solsticio de invierno vuelve la oscuridad y esa rueda del hámster estacional dando su giro para repetir el ciclo anual cual escenario neutral donde se escenifican todos los psicodramas de la vida cotidiana; el giro anual.
Tras el estancamiento inicial con la primera frase que abre el capítulo inaugural del Lao zi de Guodian, seguí con la lectura. Pero no solo seguí con la lectura del libro A de la copia de Guodian del Lao zi sino que decidí continuar con la 'PARTE III: TRADUCCIÓN DEL TEXTO POSTERIOR DEL WEN ZI o <Maestro Wen>. Bueno, desde que llegó este último clásico desconocido para mí pero añadido al canon taoísta como el cuarto clásico por los expertos y estudiosos, ya desde la dinastía Tang (618-907), el pasado miércoles, 10 de septiembre de 2025, no había conseguido conectar bien ni a fondo con él (como tampoco lo he conseguido con los otros dos clásicos del canon taoísta tras el Lao zi, es decir, los valorados Zhuang zi y Lie zi). Mi primer intento tuvo lugar los cinco días después de su inesperada compra en la Casa del Libro de Alicante. Se detuvo el lunes, 15 de septiembre de 2025. No conseguí pasar de la 'PARTE I. INTRODUCCIÓN: CONCEPTOS FUNDAMENTALES DEL IDEARIO TAOÍSTA', que abarca de la página 19 a la página 71.
Retomé la lectura del WEN ZI o <Maestro Wen> hace unos pocos días y aunque me costó mucho, conseguí leer la 'PARTE II: TEXTO RESTAURADO DEL WEN ZI, que abarca de la página 95 a la página 136. Se divide en tres partes. La verdad es que no me dijo nada ni tampoco experimenté conexión alguna con aquel texto original dañado que se encontró en 1973 en Dingzhou, provincia de Hebei, al excavar la tumba del rey Huai de Zhongshan, perteneciente al siglo I antes de la Era Común. Se supone que fue escrito entre los siglos IV y II antes de la Era Común. Pero a diferencia de lo que sucede con el Lao zi y las versiones posteriores conocidas como Tao Te ching, la versión tardía y posterior del WEN ZI me produjo una inmediata conexión profunda como nunca había experimentado, cuando decidí empezar su lectura ayer por la noche de la 'PARTE III: TRADUCCIÓN DEL TEXTO POSTERIOR', que abarca de la página 139 a la página 370.
Si bien fueron importantes las "tres razones" del primer capítulo o A1 del libro A de la copia de Guodian del Lao zi, a saber: 1. Elimínese la inteligencia, rechácense las argumentaciones; 2. Elimínese la industria, rechácese el interés; 3. Elimínese la hipocresía, rechácense las cavilaciones, no obstante fue muchísimo más importante continuar con un aspecto de A2 y A3 que me llegó a fondo, rememorando lo vivido en la anterior etapa o vivencia del retorno del Tao a mi vida, hace un año, con el clérigo taoísta Ren Farong y que se quedó en agua de borrajas muy pronto, pues la rinitis vasomotora desatada el lunes, 11 de noviembre de 2024 empezó a remitir, aunque no desaparecer, a partir del domingo, 8 de diciembre de 2024 y solo tres días después todo volvió a las andadas de las costumbres inerciales inconscienciadas. Sucedió el miércoles, 11 de diciembre de 2024 y se extendió, amplificándose el domingo, 22 de diciembre de 2024 y el miércoles, 1 de enero de 2025, poco después de comernos las doce uvas con Lalachus y David Broncano. La trampa, la equivocación, lo antifarongiano que lleva al olvido desmemorado del Tao: estimulación del deseo elevado a la enésima potencia, esencia de cualquier sociedad, a través de las propias dinámicas comerciales y la mercantilización de la vida cotidiana, donde ganar (dinero) suele ser perder (ecuanimidad). Está plasmado al final de A1: "observar y conservar la simplicidad interior, con un yo menguado y escasos deseos". Sin duda, la clave principal, arreglo a mi experiencia vital: un "yo menguado" y "escasos deseos". Cuasi imposible de obtener, un "yo menguado", verdadero logro que requiere toda la vida y nadie consigue (al menos que yo conozca), pues lo humano es precisamente humano por contraste con el resto de animales, debido al yo acrecentado o la ilusoria y ficticia pero omnipresente sensación de ser un yo repleto de identidad y/o contenidos con los que nos autoidentificamos: posesiones mentales y materiales: todo lo que tenemos; todo lo creemos; todo lo que nos define y delimita del resto de humanos y cosas existentes, definiendo a su vez la singularidad que nos caracteriza y queremos conservar inconscientemente de manera eterna, por eso nos reproducimos cual impulso psicológico, según mi opinión, ya que el ser humano puede decidir voluntaria y conscientemente no hacerlo. Pero nada se asemeja a los "escasos deseos", mayor logro si cabe que el anterior, aunque no por casualidad aparece junto al "yo menguado", pues nunca puede haber "escasos deseos" a mi parecer si previamente no tenemos un "yo menguado", al originar los deseos en la concepción y actividad del yo que tengamos.
lunes, 19 de enero de 2026
Hoy es un día de esos (relato, guiño y apuesta)
Pues, evidentemente, no encuentro nada mejor que decir para empezar esto: hoy es un día de esos.
Los "días de esos" es la forma que tengo de catalogar esos días que te levantas de dormir y a pesar de que todo está aparentemente bien en el cómputo objetivo, algo falla en el subjetivo.
Tal vez se ha "caído un mueble en la azotea", se ha "aflojado un tornillo de la olla", se ha "roto el tarro", está "rodando la bola" o simplemente se te "va la flapa".
Los "días de esos" son raros, pero raros de cojones, pues desconciertan, aunque nada como estar en ataraxia para sobrellevarlos y que no te absorban en su "película de terror" sin sentido.
El único problemilla interesante que caracteriza esos días es una desconexión total de la lectura.
Sí, los "días de esos" me quedo varado en el baudrillardiano, aunque más wachowskiano si cabe, "desierto de lo real", sin posibilidad de reconexión literaria para sumergirme en lo mejor de la vida con diferencia: un buen libro.
Con un buen libro en mis manos me cago en los "días de esos" (y me limpio el culo con las hojas de mis escritos amanuenses).
Y a pesar de que no siempre funciona, la mayoría de veces tengo un comodín literario que cambia radicalmente las "vibras".
Acaba de suceder y aunque en principio iba a escribir un post convencional (hoy no es que reluzca mucho la creatividad, que digamos) para contarlo todo con pelos y señales, desvelando la experiencia al completo, hace unos segundos he decidido cambiar la estrategia para que juguemos un rato.
He cogido el libro que tengo reservado para estas ocasiones especiales (pues en cualquier otro momento y/o circunstancia estoy con muchas cosas y este libro no me dice nada) y ya desde el primer escrito en el que me había quedado la última vez que tuve un "día de esos" (página 128), se ha producido la conexión directa, pero no el "clic" que desencadena las risas incontrolables en plena calle, mientras todo el mundo te mira para dilucidar si: 1. Eres una cara conocida (personalidad de internet) que les está "troleando" con alguna broma, observando atentamente si hay truco, cámara oculta cercana y/o trampa; 2. Se plantean seriamente, tras descartar la primera opción, que algo no está bien en la azotea o se te ha ido la olla, es decir, que estás como una cabra, como un cencerro o simplemente para que te encierren. ¿Quién se ríe solo por la calle, aunque sea con un libro mediante? Efectivamente, los locos. Imagínate si encima vas leyendo en voz alta lo que escribes para escuchar cómo suena. No es ni para hacérselo mirar. Directamente, camisa de fuerza y chute de quetiapina.
Bendita literaria locura.
Pero ha sido en el segundo escrito que me tocaba en el orden editorial del libro, un relato semiautobiográfico del autor, cuando el mundo se ha detenido y me ha importado dos mierdas mi imagen y reputación, pues me he sentido mejor que en casa, reconfortado, disuelto en la estruendosa carcajada esperpéntica del chiste para lectófilos muy frikis empedernidos de la lectura, cuya vida es por y para la literatura.
Locura literaria bendita.
Os lo tengo que contar, pero en forma de acertijo, es decir, sin desvelar quién lo escribió. Recae en vosotros, mi querida gente lectófila, adivinar de quién se trata. Hagan sus apuestas, señoras y caballeros; caballeros y señoras. ¡No va más!
(Prohibido consultar con la IA, internet, Google, etcétera).
"La cosa fue cada vez mejor hasta que una noche me peleé con un tipo a quien tenía por amigo. Estaba en el cuerpo de marines, pero a pesar de eso tenía la cabeza bien amueblada, casi podía aguantarme el ritmo bebiendo, pero tenía cierta proclividad hacia Thomas Wolfe y Teddy Dreiser. El problema era que Wolfe era un buen hombre que no sabía escribir y Dreiser era un hombre inteligente que no sabía escribir en absoluto. Una noche después de que se fueran los jugadores, nos sentamos con el whisky e intentamos discutirlo. También le dije que Faulkner jugaba a juegos de niños. Chéjov, no: una pieza en el juego de las masas acomodadas. Steinbeck, un técnico. Hemingway, solo a medio camino. A él le gustaban todos. Era un maldito idiota. Entonces le dije que Sherwood Anderson era capaz de escribir mejor que toda esa maldita cuadrilla. Eso dio pie a algo. Fue una buena pelea. Al final, hasta el último espejo y pieza de mobiliario en la habitación estaba destrozado. ¿Te imaginas una pelea por el sentido de la literatura en vez de una pelea por algún coño despreciable? Estábamos tan locos como los demás"
Página 138































