Nacido el 30 de noviembre de 1935 en Nueva York, Estados Unidos, como Allan Stuart Konigsberg, es uno de los más emblemáticos, reconocidos y prolíficos cineastas hollywoodienses de la segunda mitad del siglo XX. Director, guionista, actor, comediante y también escritor (ha incursionado en varios géneros literarios, como la novela, el relato corto y las memorias autobiográficas), su cine, por el cual es más conocido a nivel popular, se fundamenta en una visión propia, única e irrepetible, con más de 50 películas en su haber, algunas de las cuales han sido galardonas con el Premio de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, más conocido popularmente como Premios Óscar. Él en particular ha recibido 4, 3 de ellos al mejor guion original (lo que nos da una pista sobre cómo escribe) y uno al mejor director. A pesar de su registro amplio de géneros que ha tratado con brillantez y excelencia en el séptimo arte, difícilmente imitable, destaca en un tipo de comedia tan divertida, sui géneris y diferente, que está considerado uno de los mejores comediantes de toda la historia.
Recordemos que Woody Allen no comenzó su carrera artística profesional como cineasta ni actor, en la década de 1950, sino como escritor de comedia, chistes y guiones para televisión en particular. Publicó varios libros de relatos cortos de humor. Así que una década, como mínimo, antes de convertirse en cineasta icónico y referente de un humor audiovisual muy concreto y explícito, reconocido unánimente por los críticos cinematográficos (se ganó el respeto y la rendición incondicional a sus pies de los más exhaustivos e implacables críticos reconocidos a nivel mundial, destacando a Roger Ebert [1942-2013]), Woody Allen fue escritor de éxito.
Pero también fue un peculiar e innovador comediante, en la década de 1960, poco antes de reconvertirse definitivamente en el reconocido y admirado cineasta que acabó siendo, dedicándose a un tipo de comedia muy popular en Estados Unidos, el "stand-up comedy" o "comedia de a pie", donde el comediante reflexiona humorísticamente sobre sus vivencias en particular, frente a un público con el que suele interactuar. Woody Allen fue pionero de los monólogos, frente a la tendencia establecida en la época de contar chistes tradicionales. Y precisamente ahí es donde desarrolló ese personaje único, que luego explotaría a fondo en gran parte de su obra cinematográfica, quedando asociado a él y caracterizado como una persona intelectual, insegura y nerviosa, cuya tendencia es la reflexión elíptica, humorística y sarcástica sobre temas como la metafísica o el psicoanálisis (aunque, según ha explicado varias veces, su personalidad en la vida real es bastante diferente). Pero si algo marca la diferencia en el cine woodyalleniano es precisamente la gratificante tendencia a la parodia autorreferencial redundante: ese peculiar humor que, si bien puede burlarse de los demás o de situaciones fácilmente ridiculizables, como suele hacer la mayor parte del género de la comedia, no obstante decide burlarse de sí mismo y los personajes similares que escenifica en la gran pantalla, de manera despiadada, inteligente, muy aguda y con un ingenio difícilmente imitable.
Pero como los seres humanos no solemos ser la perfección intachable andante, el genio neoyorkino ha estado envuelto en alguna que otra polémica a nivel personal y que ha enturbiado su carrera cinematográfica, mermándola por completo, destacando las gravísimas acusaciones de abuso sexual por parte de su hija adoptiva Dylan O'Sullivan Farrow, secundadas por su ex pareja, la actriz estadounidense Mia Farrow (que se ha convertido en su mayor y más vehemente detractora y activista social contra el cineasta), así como su único hijo biológico, el excelente periodista y escritor estadounidense Ronan Farrow. Bueno, aunque se trata de una acusación gravísima, por la que Woody Allen fue juzgado en 1993, no obstante se le declaró inocente por falta de pruebas. Tras una investigación de 14 meses, la Agencia de Bienestar Infantil de Nueva York, perteneciente al Departamento de Servicios Sociales, concluyó que no había evidencia creíble de abuso o maltrato. A pesar de ser absuelto por la justicia y sin haberse podido demostrar nada hasta el día de hoy, el activismo de la familia Farrow contra él (especialmente su hijo, periodista reconocido por los reportajes de investigación sobre las denuncias de abuso sexual contra el ex productor cinematográfico estadounidense Harvey Weinstein, que sí se demostró judicialmente ser culpable y por las cuales fue encarcelado a una condena de 23 años, que sigue cumpliendo en la actualidad) ha tenido repercusiones importantes en la carrera cinematográfica de Woody Allen, tras ser "condenado" a nivel social y mediático. En la actualidad solo produce en Europa.
CRISIS IN SIX SCENES es una peculiar, extravagante, muy rara, genial y divertidísima creación cinematográfica literófila woodyalleniana sin parangón y única, desarrollada para Amazon Studios y estrenada el 30 de septiembre de 2016. Se trata, en principio, de una miniserie de 6 episodios, pero que en realidad funciona como una película de apenas 2 horas y media, por eso es la miniserie más curiosa y diferente que se ha creado, pues se ve de una sentada, como si fuera una película suya más. A pesar de que el cineasta neoyorkino la ha rechazado con vehemencia, arrepintiéndose de ella en varias ocasiones y catalogándola de "error catastrófico", a mi juicio se trata de una de las mejores creaciones del cineasta, si tenemos en cuenta todas sus peculiaridades globales y no intentamos compararla o ponerla a la altura de sus películas más reconocidas por la crítica cinematográfica. Una verdadera joya audiovisual de la mayor rareza cómica y tan bien contextualizada en la época que pretende escenificar, que es capaz de trasladarnos a ella, finales de la década de 1960, en plena ebullición del hippismo, la lucha política activista por la emancipación social de los desfavorecidos en Estados Unidos, así como por los derechos de las mujeres y los afroamericanos o el rechazo a la guerra de Vietnam (1955-1975).
Protagonizada por el mismísimo Woody Allen, en el registro del arquetípico cliché de personaje que le caracteriza, a mi parecer destacan las excelentes interpretaciones de las actrices Elaine May y la versátil, polifacética, genial cantante, compositora, productora discográfica y actriz estadounidense Miley Cyrus. Pero lo mejor con diferencia, a mi juicio de literario escrutador, es la cantidad de guiños literófilos, más o menos complejos y contextualizados que presenta, en un guion desenfadado, caótico, espontáneo, sencillo y que da la impresión de ir perdido al principio, aunque está perfectamente hilado a medida que avanzan los episodios, hacia un no menos literófilo desenlace desternillante, como esos a los que nos tiene acostumbrados el cineasta neoyorkino.
Debido a las peculiaridades literófilas que presenta la miniserie desde el principio hasta el final, con guiños constantes y continuos a libros, escritores, filósofos o políticos que escribieron, presentes en todos los episodios (literalmente en todos), motivo por el cual la catalogo y clasifico como una de las mejores creaciones cinematográficas literófilas, he visto la miniserie varias veces. Unos días antes de salir de viaje transformador hacia el norte de la península, hice un visionado escrutador para desglosar, escena a escena, todos los guiños literófilos que he podido localizar.
La miniserie se centra en un fascinante argumento: sigue las tronchantes peripecias de un matrimonio mayor acomodado y bastante convencional, contextualizado en la segunda mitad de la década de 1960, que se ve envuelto inesperadamente en las novedades sociales turbulentas que trae el activismo político más reivindicativo, contestatario y radical. El marido, interpretado por el característico Woody Allen en su salsa y registro cinematográfico que domina a la perfección, se llama Sidney, pero usa el pseudónimo S. J. Munsinger. Aquí ya se percibe un guiño indirecto apreciable, si observamos todo el panorama, enfocado hacia el emblemático y legendario escritor estadounidense Jerome David Salinger (1919-2010), más conocido como J. D. Salinger, cuya obra maestra principal, EL GUARDIÁN ENTRE EL CENTENO (Alianza Editorial, Madrid, 1978; publicada originalmente en inglés en 1951), está considerada una de las mejores novelas de todos los tiempos. Salinger será, sin duda, el escritor protagonista principal en el literófilo trasfondo de la miniserie, desde el principio hasta el final, apareciendo en algún que otro guiño recurrente, hasta el divertido y regocijante desenlace.
Evidentemente, Woody Allen no puede evitarlo y hace ese peculiar metacine desopilante que le caracteriza: el personaje de Sidney es un aspirante fallido a escritor que, a pesar de haber publicado alguna que otra novela, no obstante ha fracasado rotundamente, teniéndose que dedicar a escribir anuncios publicitarios durante casi toda su longeva vida, aunque en el momento del desarrollo de la trama, está escribiendo una serie para televisión. El personaje de Sidney es un divertidísimo reverso woodyalleniano fracasado de J. D. Salinger, que, como apreciaremos en una breve, banal e intrascendente reflexión al final del último episodio, intenta llegar a convertirse en el emblemático escritor legendario más popular de la segunda mitad del siglo XX, pero se queda en un patético y ridículo estadounidense mediocre acomodado, con elevadas pretensiones literarias, pero sin verdadero talento.


















































