lunes, 27 de julio de 2026

SUPLEMENTO VERANIEGO POR POSESION MOMENTÁNEA

 ¿Hola? 

¿Hay alguien ahí?

¿Queda todavía alguien?

Bueno no lo sé 

Pero por si es el caso decir que.

Esto no es el regreso.

Ni nada similar.

Lo siento.

Cómo dice el título esto solo es un suplemento veraniego por posesión momentánea que me induce a compartir esto que acabo de escribir como un especial veraniego. Y lo voy a publicar antes de pensarlo porque si lo pienso posiblemente no lo haga. Un saludo y un abrazo a todos, espero que estéis bien.

Vamos con 

el tema.


UN RECUERDO VERANIEGO EN UN ATARDECER RANDOM

Yo la había leído por mi parte.

Mi amigo Pedro la había leído por la suya.

La habíamos leído juntos.

La frase salía en un pequeño suplemento dedicado a psiconautas ilustres y sus obras. La revista dónde venía de regalo era Cáñamo.

El pequeño suplemento guardaba entre sus hojas ilustraciones pictóricas paridas desde el viaje inducido a otras ondas vibracionales desde las que mirar diferente.

La revista en sí se perdió por algún rincón del tiempo.

Pero el suplemento siguió conmigo de trastero en trastero.

Los dos habíamos comprado el especial.

Y los dos lo habíamos leído y comentado y también viajado y reído mucho.

Hasta que un día vino mi hermano Pedro con Gerard y una botella en la mano, a hacerme una visita festiva.

Yo vivía en un pequeño y viejo apartamento con vistas al mar y al atardecer.

La música sonaba sin parar por los altavoces de aquel equipo de música gris y lila o azul.

Una cámara en un rincón grababa la escena.

La frase en si ocupaba la primera página del suplemento y estaba impresa en letras blancas sobre fondo negro brillo.

A partir de aquel momento quedó grabada en nuestras almas y pasó a confirmarse como una de nuestras citas clásicas y míticas cuyo conjuro provocaba risa automática.

No demoro mas.

La frase, tal cual venía escrita:

Irremontables distancias amagan con escindirnos del ser, si el acercamiento se fustra. Ernest Jünger.

Durante años estuvimos sacándole punta, exprimiendole la pulpa.

No nos gustaba tanto ni nos reíamos tanto por la frase en sí.

Ni por el hecho de que fuese obra del mismo autor que promoviera la palabra psiconauta.

No es que nos pareciese una joya poética (que lo era).

No es porque Jünger fuera amigo de Albert Hoffman.

No era por las irremontables distancias que nos separaban a nosotros de nuestro ser, ni la posibilidad que el acercamiento se frustrara por falta de atención, escindiéndonos así a tomar por culo definitivamente y hasta el fin de nuestros días de lo que somos.

No era porque aquella frase la escribiera después de su tercer colocón de LSD con Hoffman, el primero había salido fallido por un error en la dosis y el segundo ni fu ni fa, así que decidieron subir la dosis y se abrieron las puertas de la percepción, con todo lo que eso implicaba.

No era porque aquella frase pudiera ser una advertencia a psiconautas noveles o inexpertos.

En aquellos momentos nuestro ser estaba eufórico y náutico y no había mucha distancia entre la persona y el ser y conocíamos bien esa zona y leer aquella frase tan compleja y evocadora mientras la seriedad se rompía al final con aquel fallo de Matrix cuando se fustra era explosivo. Y aquel día en aquel apartamento se selló de propiedad nuestra sin necesidad de hablarlo ni firmar papeles aquella frase y aquel momento.

No recuerdo si Gerard se sentó por voluntad propia o un poco inducido a la fuerza.

No recuerdo aunque hay videos VHS por ahí donde están las pruebas 

Si recuerdo que Gerard estaba bastante perjudicado y apenas podía andar erguido, no digamos bailar, bueno un poco, lo mínimo, moverse balanceándose con los brazos abiertos como un muñeco de esos de gasolinera.

La cámara apuntaba al rincón del apartamento donde estaba la diminuta cocina con la puerta de madera corredera abierta y también se enfocaba la mesa de mármol del salón al salir de la cocina, era una mesa de esas de terraza y sobre ella estaba el suplemento.

Gerard acabó sentado en la silla de la mesa que se veía en el encuadre y nosotros quedamos de pie a su lado como si fuera una escena policiaca donde el detenido es obligado a mirar las fotos de las pruebas y se ve como uno de ellos le señala con el dedo el suplemento abierto por la primera página, los policías se ríen atentos esperando que el detenido lea el manifiesto para ver cómo reacciona.

Recuerdo a Gerard entrando en shock tras leer la frase mientras los policías la leían también en voz alta.

Su cara quedó blanca y parecía intentar mantener la compostura, sonriendo pero necesitaba aire así que se fue hacia la terraza tan ofuscado y desconectado por el acercamiento frustrado que se le olvidó la existencia de cristaleras transparentes.

Se oyó un fuerte golpe, conocía ese sonido, Gerard se tambaleaba de lado a lado y como una marioneta de movimiento marionetil se fue al baño y potó todo su ser.

Aquel día no remontó de aquello, todo fue en picado y no sabemos si acabó en la mayor mierda iluminativa de todas las mierdas o si simplemente se despertó al día siguiente y todo volvió a ser lo mismo, pero quedó para siempre claro que aquella frase era mágica y su conjuro provoca magia. 

Entonces años después, cuando ya la tecnología lo había abarcado todo le pregunté a una IA por la frase, pero no supo responderme como yo quería y me quedé rayado¿Cómo que no conoces esa frase con toda la información a la que tienes acceso? En serio? Bueno imagínate que no es de Carl Jung, mi memoria es así, posiblemente no sea de él, no podría ser de algún otro autor? Nada.

No encuentra nada, así que me hace levantarme del sillón e ir a ver la computadora, oye un solo resultado en toda la red,¿Solo uno? 

Si de una página web llamada Cannabis Magazine solo un resultado pero qué resultado, un artículo muy molón sobre Ernest Jünger y entonces recuerdo el trastero y recuerdo la estantería, si todo va bien el suplemento debería estar ahí. Y si, lo estaba. Y me lo llevo a casa le hago una foto y se la enseño a la IA y le hago una carantoña de chincha rabiña y la apago. Irremontables distancias lo son porque si fueran fácilmente remontables no amagarían con escindirnos del ser y no tendríamos que fustarnos.