Miércoles
7 ene. 2026
12:52
Ahora sí da comienzo (al menos en nuestra concepción y cómputo del subjetivo tiempo) el nuevo año 2026. Una semana ha transcurrido desde que el intento por realizar un "repaso exegético exhaustivo" de A1 y A2 se quedó a medias, pues tampoco esperaba que A1 se alargara tanto ni me absorbiera la vida como lo ha hecho. Una semana cuando menos peculiar y curiosa, encerrado en casa, debido a las lluvias ininterrumpidas por una parte y también a una especie de contractura muscular en la pierna derecha, a la altura de la rodilla, que apareció de repente, sin mediar ningún contratiempo, golpe, forzamiento o lesión directa, que yo recuerde. ¿Será que tenía que recluirme por algún motivo más allá de mi voluntad? Bueno, fuera lo que fuera, la última vez que salí de casa fue el martes, 30 de diciembre de 2025, viviendo un acontecimiento simbólico y muy significativo, tras el reencuentro fortuito con el señor T. Hoy tenía previsto salir por fin, pero entre la tarde y la noche de ayer se me ha cargado el pecho, por tanto, aquí estoy nuevamente en mi reclusión cuasi monástica, con la estufa a tope y el cuerpo un tanto destemplado, despierto desde las seis de la mañana, llevo desde entonces releyendo por enésima vez LA RUTA DEL SILENCIO. VIAJE POR LOS LIBROS DEL TAO en su segunda edición revisada de 2022. Sinceramente corroboro que (al menos de toda la bibliografía taoísta que he leído) es el mejor libro con diferencia a mi parecer. Empecé por el principio, la magnífica presentación de Gerardo López Sastre y he arrasado con los dos prólogos del autor, la nota previa y toda la primera parte que estudia 'LA CHINA DEL ANCIANO MAESTRO' (páginas 35 a 107) incluyendo el glosario y la bibliografía. Tantas veces como vuelvo a él y su lectura no deja de sorprenderme y apreciar más a Iñaki Preciado, una vida dedicada no solo a la sinología y el taoísmo, sino a familiarizarse e incluso practicar otras filosofías con ciertas similitudes, como el Bon de la sauvástica, una tradición religiosa tibetana de característica shamánica pero muy similar (e influenciada) por el budismo indoiranio (como lo llama Iñaki), también tibetano, que a su vez le ha transmitido sus propias influencias particulares, enriqueciéndose mutuamente. Muy grande, Iñaki, sin duda. Pero lo más significativo es lo que transmiten sus interpretaciones exegéticas del Tao. Nadie me ha llevado donde me lleva nuestro sinólogo, precisamente porque arreglo a mi experiencia es el que menos condiciona con sus opiniones o eso siento cuando lo leo. Un detalle importante ha sido ver que llama daoxue al taoísmo filosófico y no daojia, como me enseñó su muy apreciada amiga, profesora de la UNED y especialista en filosofía oriental María Teresa Román López, fallecida repentinamente el 13 de marzo de 2017 tras un cáncer fulgurante. No sé si el sinograma xue es equivalente a jia o no, pero a partir de ahora me acojo a lo plasmado por Iñaki.
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El aspecto que tal vez más me gusta y convence del Tao queda plasmado, a mi parecer, en las dos frases finales del capítulo A1 de la copia de Guodian: "observar y conservar la simplicidad original, con un yo menguado y escasos deseos". Aunque aquí tropezamos con una clave principal de toda la filosofía oriental en general, no obstante creo que la esencia del taoísmo filosófico (daoxue) plasmada sin prácticamente interferencias ideológicas según mi apreciación en el Lao zi de Guodian, es decir, la copia más cercana a la redacción del verdadero texto original nunca encontrado hasta hoy, tiene detalles y matices en afirmaciones ideológicamente similares en el trasfondo pero con cierta matización que marca la diferencia con el budismo o el hinduismo, siendo esas tradiciones religiosas asiáticas las únicas que se centran en los temas que desde hace tres décadas considero más relevantes y significativos con diferencia, tras haber probado la diversidad de enfoques y perspectivas existentes. Esto es la doble renuncia: al yo y a los deseos. Pero al inmiscuirme a fondo con estudios y prácticas, tras superar la primera fase de embeleso y descubrimiento revelador de una perspectiva que nadie me comentó ni enseñó nunca en aquellos veinte años de trayectoria vital que llevaba a las espaldas en aquella época, me percaté de que la cosa no era tan sencilla en la práctica como lo presentaba la teoría y los modelos cartográficos del espacio interior.
Lo primero y principal es situarnos donde estamos, para poder empezar bien el recorrido: vivimos en sociedades basadas en el protagonismo absoluto del yo y la constante estimulación del deseo. Entonces llega la pregunta pertinente: ¿Esto es debido a la propia naturaleza de la sociedad y por extensión la civilización o simplemente se trata de una anomalía? Tras una exhaustiva indagación durante las últimas tres décadas creo que la pista más cercana a la explicación puede estar en un trabajo especulativo desarrollado por el psicólogo británico Steve Taylor. Tras los atentados a las Torres Gemelas (World Trade Center) el martes, 11 de septiembre de 2001 decidió investigar los orígenes de la violencia y ello le llevó a lo que hipotéticamente identificó como los orígenes del yo, estableciendo así un modelo cartográfico aproximativo a nivel psicológico que plasmó por escrito en uno de los libros más importantes que se han escrito a mi juicio en toda la historia: LA CAÍDA. Indicios sobre la edad de oro. La Historia de seis mil años de locura y el despertar de una nueva era (Ediciones La Llave, Barcelona, 2008). La publicación original en inglés tuvo lugar en 2005. Según las especulaciones de Taylor, la idea de yo (ego en latín) no es inherente a la especie humana, sino que fue un desarrollo posterior y tardío que él cree identificar en un momento de la historia antigua, en pleno proceso de desarrollo de las primeras civilizaciones, ubicándolo hace unos 6.000 años aproximadamente. Según las conjeturas derivadas de sus investigaciones psicológicas, pero también arqueológicas (aunque se fundamenta en una dudosa fuente, el geógrafo estadounidense James DeMeo [1949-2022], que basó sus hipótesis sobre Saharasia en los desacreditados trabajos del psiquiatra austriaco Wilhelm Reich [1897-1957]), la sensación del yo como ilusoria impresión subjetiva que condiciona objetivamente la vida de todos los seres humanos (a nivel tanto individual como colectivo) nació en pleno proceso de creación sedentaria de las primeras civilizaciones y fue el punto de inflexión clave para que pasáramos del nomadismo paleolítico civilizado, lo cual significa, siguiendo las conjeturas taylorianas, que el ego o yo solo es una invención humana tardía (asociada a una serie de cambios climáticos desertizadores radicales), si tomamos en cuenta la extensa prehistoria y el tiempo que llevamos como especie habitando este planeta. Un invento cuya utilidad principal fue construir y sostener la civilización pero que nos trajo inevitables consecuencias desastrosas. Aunque el trabajo de Taylor es sorprendentemente amplio y justo en sus análisis de lo positivo y negativo que trajo aquello llamado por él "explosión del ego". Su lúcida propuesta orbita alrededor de esta idea: estuvo genial esa "explosión egoica" en su momento, pero ahora se ha vuelto más perjudicial que beneficiosa, así que, tal vez, ha llegado el momento de modificar la cuestión y nuestra gestión del asunto. Siguiendo con las reflexiones acertadas a mi parecer de Taylor, tradiciones religiosas y filosóficas como el budismo, el vedanta o el taoísmo, en aquello que el psiquiatra y filósofo alemán y suizo Karl Jaspers (1883-1969) llamó "era axial", un periodo crucial de cambios sociales acaecidos entre los siglos IX y III antes de la Era Común, fueron la clave para reinterpretar esa "explosión del ego", entendiendo que había llegado el momento de trabajar en su desincentivación. Pero el problema de fondo, al parecer, es que la sensación e impresión de ser un yo y toda la problemática asociada a la subjetividad sesgada que esa psicoestrategia implica, sostiene toda concepción de civilización y por tanto, de sociedad. Así que, como pusieron de relieve los primeros filósofos taoístas chinos, el asunto queda siempre reducido a un porcentaje de la población que, entre la inconscienciación automatizada imperante, tiene la capacidad, por diversos, variados y personales motivos, para darse cuenta, despertando conscientemente. Si bien el libro LA CAÍDA de Taylor me parece importante, mucho más lo es EL SALTO. EL MAPA DEL DESPERTAR ESPIRITUAL (Gaia Ediciones, Móstoles, 2018) donde el genuino psicólogo británico hace un estudio pormenorizado sobre los niveles de "iluminación" y/o "despertar espiritual" que se pueden dar, con indicadores muy interesantes para poder cuantificar con pautas, detalles y comportamientos inequívocos cada nivel, así como sus implicaciones. ¿Es posible? Bueno, aunque no parece haber gran esperanza si echamos un vistazo rápido a la situación, tanto en lo real como en lo virtual, sigo trabajando a fondo con ello y me parece, o esa impresión tengo (igual es una quimera ilusoria o vana esperanza por mi parte), que sí es posible avanzar algunos pasitos, sencillos, aunque nada fáciles de dar, porque también tengo la subjetiva impresión o sospecha en este caso, de que la propia estructura funcional de cualquier sociedad civilizada lo impide, pues funciona como un zelandiano "péndulo" que se mueve por inercia y no va a detenerse por nada ni nadie, lo cual deja toda la responsabilidad fuera de cualquier decisión colectiva o amplia, quedando como algo muy personal e intransferible, pues si intentas contárselo a alguien le sonará (literal y metafóricamente) a chino. No, por desgracia no creo que sea posible transmitir nada a nadie, cada cual debe descubrir las cosas por sí mismo y a su ritmo. Lo peor y más contraproducente que podemos hacer, arreglo a mi experiencia personal, es intentar convencer o explicar, siendo el peor nivel más bajo y nefasto corregir al otro, ya que de las correcciones (por norma general) nunca suele salir nada más que resistencias, negaciones y mayores obcecaciones por parte del que intenta ser corregido. El proceder correctivo inconscienciado, al menos hasta donde he podido indagar en el Proyecto Actitud Consciente (2010-2022), proviene de una exaltación narcisistoide (es decir, con ciertos rasgos similares al narcisismo, pero sin serlo) estancada en una costumbre. A ello, muchas veces se añade una falta de correcta gestión emocional que se puede trabajar y reaprender para cambiar. Podría tener otras causas, como un trastorno del neurodesarrollo. En todo caso, la forma más óptima de abordar el asunto que he probado con éxito (relativo) durante los últimos 16 años es mediante la desidentificación impersonal, un abordaje especulativo que, partiendo de la subjetividad inconscienciada, pretende llegar a la conscienciación de la subjetividad. La metodología operativa más exitosa que considero haber usado experimentalmente (aunque nunca deja de ser una mera conjetura especulativa) es el trabajar evitando emitir sentencias afirmativas (lo fácil, cómodo e inercialmente automatizado en nuestro comportamiento) para matizar de continuo en nuestra forma de comunicarnos que somos conscientes en todo momento de nuestra opinión como tal. Según ciertos resultados obtenidos, creo sinceramente que volvernos conscientes de nuestra subjetividad a menudo, mejora las interacciones sociales y puede crear una comunicación fluida, no basada en comportamientos tóxicos o que generan resistencias, malestar y oposición, como hablar "sentando cátedra" (con lo cual generaremos adeptos sectarios por una parte y feroces críticos opositores por otra parte) como si supiéramos de qué hablamos, o corregir a los demás como modus operandi, para que todo encaje con nuestros inamovibles sesgos cognitivos y creencias férreas. Entonces es cuando el taoísmo filosófico (que no religioso) llega para plasmar toda una serie de conjeturas y especulaciones que al ponerlas en marcha, suelen dar unos resultados inequívocos, aunque cualquiera que lo haya intentado sabe lo complicado que resulta, pues vivimos en sociedades (incluyendo también a la china) cuyo funcionamiento es todo lo contrario a la idea de Tao y las especulaciones taoístas.
Por otra parte, también creo que da buenos resultados convertir las afirmaciones en interrogaciones, generando la duda sana. El nivel más alto es interrogarnos a nosotros mismos, en especial cuando estamos convencidos de algo, en plan: "¿Esto es así y ya o esto es solo la percepción sesgada y limitada que tengo sobre...? Pero volviendo al Tao y la última frase del capítulo A1 de la copia de Guodian del Lao zi, la diferencia peculiar es que habla de un "yo menguado" (no una aniquilación del ego) y "escasos deseos" (no una supresión de todos los deseos). Aunque parezca un simple matiz cuantitativo, a mi juicio marca la diferencia más grande, realista y realizable por completo. Por fin creo estar preparado para pasar al capítulo A2. Veremos si lo consigo.






























