Rareza literaria
Un espacio para verdaderos amantes de la lectura donde compartiré autores, editoriales, encuentros y lecturas de libros o cómics raros, especiales, instructivos y fuera del circuito editorial enfocado a lo comercial o literatura de masas (aunque siempre se colará alguna que otra cosa más convencional).
martes, 17 de febrero de 2026
'DIARIO DE UN DIBUJANTE CINEMATOGRÁFICO' de Paco Sáez (reseña)
lunes, 16 de febrero de 2026
"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte IX y última)
Jueves
15 ene. 2026
10:09
HIPÓTESIS TAOÍSTA DE TRABAJO
SISTEMATIZACIÓN PROALGORÍTMICA DE A1
PRELUDIO
He pasado cinco días dejándome sentir en apertura mental ataráxica, con calma y tranquilidad, que es el estado habitual en el que me encuentro ahora, de momento. Inevitablemente llevo ya un mes reflexionando sobre esto que está pasando y creo que la respuesta podría estar en un punto específico: se necesita una mente o naturaleza o Te (sinograma chino que se suele traducir en clave taoísta como Virtud, pero que suele hacer referencia a la manifestación especificada del Tao) como la mía para que se pueda llevar a efecto un proyecto como este en el que me he embarcado vertiginosamente, soltando amarras y dejándome llevar por la corriente, a ver dónde termino o qué sucede. Por una parte no he sido capaz de ponerme antes porque en el fondo la voz del yo, ese delirio que todos llevamos dentro como parte del Te o naturaleza humana desarrollada a fondo desde la tayloriana "explosión del ego" como mínimo, no ha parado de crearme dudas e intentar convencerme de la insensatez de este proyecto, en plan: "sabes que Týchon tiene razón y dice la verdad... ¿En serio, sabiendo lo que sabes, crees que puedes encontrar una clave proalgorítmica en el Lao zi de Guodian como para sistematizar una ataraxia permanente? No sé, pero me parece que estás meando fuera del tiesto". Sí, bueno, evidentemente no es una voz real ni externa, si no estaríamos hablando de esquizofrenia, sino de una sensación inquietante que llevo dentro y me intenta mostrar toda una gama de escenarios futuros posibles, por norma general desoladores: frustración, fracaso, ridículo, incapacidad para terminar, desistimiento, derrota, desmoralización, pero lo más importante de todo: despertar desengañado en la realidad aplastante. Pero el Tao, el vedanta, el samkhya, Krishnamurti o las metodologías que desarrollé en el Proyecto Actitud Consciente, como el ejercicio AMO o Activar Modo Observador me ayudan a distanciarme de toda especulación, temor o dejarme llevar por la actividad mental del pensamiento. Y en este menester nada ha funcionado tanto como el Tao, aunque nunca en ninguna versión que vaya más allá del Lao zi de Guodian. Eso es lo que he recibido de legado con cuentagotas, poco a poco, en cada retorno del Tao a mi vida, desde el primer punto de inflexión taoísta, que en su momento no supe discernir (ya que el discernimiento sobre estos asuntos suele producirse a tiempo vencido) pero transcurrido el tiempo se desoculta, gracias a la distancia y la conexión con otros acontecimientos posteriores que le dan sentido y profundidad. Por fin ha llegado, entonces, el momento de la verdad. Pero, bueno, al ser un nuevo proyecto abierto y que va desarrollándose sobre la marcha, es posible que necesite reajustes, rectificaciones y remodelajes. Empezaremos con las propuestas que me vayan llegando a la cabeza (en la actitud taoísta por definición, es decir, intentar interferir lo menos posible con mi voluntad o Te particular distorsionado por el personaje escenificado y sus sesgos cognitivos, para que el Tao, sea lo que sea, si es que es, fluya y se manifieste solo) para luego ir reajustando, ampliando, remodelando, corrigiendo lo que no sea efectivo o no dé los resultados esperados o supuestos que debería dar, es decir, sostener la posibilidad de una ataraxia que oscile pero no se pierda en ningún momento. Por descontado que no creo en hacerlo solo y por mi cuenta. Si te consideras implicado en esta aventura, juego o proyecto, porque (póngase aquí lo que cada cual quiera), entonces será bienvenida tu participación y aportaciones en los comentarios. Prometo tener en cuenta todas las opiniones de quienes se tomen el proyecto en serio y decidan voluntariamente participar, si es que alguien se atreve a embarcarse en este viaje. Si no es así, espero, como mínimo, que os divierta lo que este personaje intenta hacer (aunque sea su rotundo, ridículo y previsible fracaso, lo cual no importa lo más mínimo, pues está acostumbrado a ello de sobra y solo con que una persona se divierta lo dará por bueno).
SISTEMATIZACIÓN PROALGORÍTMICA DE A1
ESENCIA DE LA ATARAXIA
Vamos a ver lo que sale de este intento, pues no tengo la más remota idea de matemáticas ni algoritmos. Supongo que la idea metafórica se asocia a identificar claves que reducidas a su esencia común podamos aplicar en nuestro día a día para establecer pautas de comportamiento y conductas muy específicas que conduzcan, finalmente, a la estabilización de la ataraxia. Para ello he partido de una serie de especulaciones intuitivas que me decían: "sí, es posible". Veamos el procedimiento y el por qué acabó desembocando en la idea de una sistematización proalgorítmica (entendida en su acepción metafórica más que real o literal). Ataraxia, como ya vimos al principio de este dietario amanuense, proviene del griego y significa algo así como "ausencia de perturbación". La etimología sería, si la desglosamos [a (ausencia) + taraxia (perturbación)], con la definición "ausencia de perturbación, agitación, desorden, confusión, barullo, inquietud, revolución". Aunque prefiero la definición "ausencia de turbación" que también se le da. Turbación es "acción y efecto de turbar". Turbar es "alterar o interrumpir el estado o curso natural de algo". Al consultar la definición etimológica de la RAE quedo sorprendido, pues primero apareció el término en mi cabeza y luego surgieron las conexiones taoístas sin tener idea de la definición etimológica que le da la RAE. Pero la citada solo es la primera acepción, que no podía ser más taoísta: turbar es alterar o interrumpir el estado o curso natural de algo, es decir, lo que hacemos todo el tiempo por... ¿naturaleza o costumbre? No considero baladí responder a la pregunta, pues si lo hiciéramos por naturaleza, es decir, porque se trata de la condición sine qua non humana, entonces la posibilidad de una ausencia de turbación (ataraxia en griego) sería una quimera especulativa imposible, incluso una entelequia (idea muy bonita en el ideal pero inviable e inexistente en lo real). La cuestión se vuelve interesante si en la respuesta aparece la posibilidad de una mera costumbre, lo cual indica que se trata de algo aprendido y por tanto, al menos hipotética y virtualmente, podríamos reaprender mediante el establecimiento de otras costumbres distintas. Si fuera así, solo quedaría encontrar las formas adecuadas para evitar alterar o interrumpir el estado o curso natural de algo. ¿Se puede evitar turbar? Ahí es donde tenemos el reto que requerirá nuestra atención y dedicación. No sé la respuesta, pero debo partir de un punto. El punto de la naturaleza lo descarto, pues si acepto la hipótesis de que turbamos por naturaleza, entonces solo queda seguir como vamos y no plantearse opciones alternativas. Para jugar necesito centrarme en una apertura a la posibilidad de no turbar. ¿Podríamos no turbar? Bueno, si nos atenemos a lo que enseña el Lao zi de Guodian creo que sí sería viable, aunque no de la manera en la que se encuentra. Por eso este proyecto. Pero veamos las otras acepciones de turbar, según la RAE: "sorprender o aturdir a alguien, de modo que no acierte a hablar o a proseguir lo que estaba haciendo". Interesante. Fascinante. ¿No es eso mismo lo que hace nuestra mente, desde la concepción autoempoderada del yo y sus contenidos identitarios que afirman todo aquello en lo que cree? De ahí que desde el primer capítulo del Lao zi de Guodian se hable de un yo menguado como factor clave. La sistematización proalgorítmica que nos lleve a la ausencia de turbación, pues el primer factor de la ecuación para poder empezar y que está siempre presente en el trasfondo es un yo menguado. La última acepción es: "interrumpir, violenta o molestamente, la quietud". La quietud, otro de los conceptos axiomáticos en el taoísmo, que se interpreta de muchas maneras distintas. Aunque perturbar también tiene sus definiciones propias, van en la misma línea u onda: "inmutar, trastornar el orden y concierto, o la quietud y el sosiego de algo o alguien", así como "impedir el orden del discurso a quien va hablando". Pero también se asocia, en su última acepción, a enloquecer, trastornarse, enajenarse: "dicho de una persona: perder el juicio".
Pero... ¿Qué es técnicamente hablando eso que queremos conseguir, la ataraxia o ausencia de turbación? Se trata de un término filosófico que hace referencia a un estado de ánimo propuesto por el filósofo griego Demócrito de Abdera (460-370 antes de la Era Común), fundador del atomismo, doctrina filosófica cuya propuesta especulativa es que el universo está constituido por combinaciones de pequeñas partículas indivisibles denominadas átomos, cuyo significado en griego es "que no se puede cortar" o "indivisible". El atomismo mecanicista es una de las primeras especulaciones filosóficas materialistas. De ahí que se le haya considerado como el padre de la física y/o el padre de la ciencia. También era defensor del escepticismo. De ahí que luego fueran los escépticos junto con otras dos escuelas filosóficas de Grecia (epicúreos y estoicos) los que se encargaran del desarrollo del término propuesto por Demócrito, que en sus detalles también se asemeja al taoísmo, pues para alcanzar la ausencia de turbación o ataraxia se debía disminuir la intensidad de las pasiones y los deseos que pudieran alterar el equilibrio psíquico y físico, dando fortaleza frente a la adversidad.
De la misma forma que opinaba cuando empecé a embarcarme en el estudio exegético del Lao zi de Guodian, creo que el primer capítulo o A1 contiene, en el puñado de frases que lo componen, los cimientos angulares para construir una actitud que derive en unas pautas de comportamiento cuya finalidad desemboque en una conducta capaz de mantener una imperturbabilidad permanente, al evitar interrumpir, alterar y agitar la quietud. Pero no creo, por experiencia propia, que sea algo dado porque sí, pues requiere primero ensayar, probar y errar con todo aquello que interrumpe, altera y agita. Solo así podemos aprender qué es la imperturbabilidad en realidad, es decir, un estado o disposición de ánimo, lo cual requiere tener una mente como la humana, capaz de experimentar y llevar a efecto estados o disposiciones de ánimo. Se supone que esos estados o disposiciones deben oscilar, pero esto... ¿Es así por definición o solo se trata de una creencia que también hemos establecido nosotros? Aquí reside una incógnita para trabajar, indagar, probar y jugar, pues dependiendo de la respuesta seguiremos adelante o nos quedaremos ahí estancados sin avanzar ni retroceder. Porque durante años acepté casi como una verdad absoluta que era así por naturaleza, me refiero a la oscilación anímica que impide estar en ausencia de turbación y evidentemente así se ha cumplido. Pero hoy no estoy nada seguro de que haya sido por naturaleza o por definición y no porque al estar convencido de la imposibilidad de vivir en imperturbabilidad, seguía cometiendo todos los errores que generan alteración y agitación, interrumpiendo en mí (en nosotros) el estado o curso natural de los acontecimientos. Me refiero a vivir en imperturbabilidad permanente. Y ello proviene (provenía, mejor dicho) de una creencia que establecí por los años, en relación a la "iluminación" espiritual o "despertar" consciente. Según mi experiencia y las investigaciones que había llevado a cabo, esa "iluminación" o "despertar" era algo relativo y condicional, siempre impermanente y oscilatorio. Pero tras leer EL SALTO. EL MAPA DEL DESPERTAR ESPIRITUAL (Gaia Ediciones, Móstoles, 2018) del psicólogo británico Steve Taylor, mi concepción cambió gracias a las aportaciones de este magnífico autor que presentaba ejemplos y casos sobrados pero creíbles (mucho más allá de los gurús autoproclamados) de que existía la "iluminación" o "despertar" permanente. La premisa inicial de la que parto es que hablamos de un estado o disposición de ánimo, algo relativamente viable y sencillo en su complejidad, pues depende en exclusiva de las decisiones que tomamos en subjetividad, independientemente de lo que esté sucediendo a nivel objetivo. La verdadera dificultad a mi parecer estaría en encontrar, por una parte, los factores clave que, aplicados sistemáticamente por otra parte, dieran como resultado una imperturbabilidad sostenida. Y el primer capítulo del Lao zi de Guodian da la impresión de tener esas claves. ¿Qué factores son? Vamos a por ello: primero eliminar la inteligencia rechazando las argumentaciones. Segundo eliminar la industria rechazando el interés. Tercero eliminar la hipocresía rechazando las cavilaciones. El Lao zi de Guodian trata estos factores como tres razones que aplicadas en forma de criterios de distinción no bastan. Pero no obstante debemos adaptar estos factores para que sean algo aplicable a una conducta cotidiana.
Queda claro que la inteligencia, la industria y la hipocresía son tres factores obvios que generan turbación porque agitan, alteran e interrumpen el flujo natural de los acontecimientos mediante las argumentaciones, el interés y las cavilaciones. Por tanto, la pauta algorítmica sería reducir las argumentaciones (cuya consecuencia calibraría la inteligencia), reducir el interés (cuya consecuencia equilibraría la industria) y reducir las cavilaciones (cuya consecuencia sería mantener a raya la hipocresía). Esto significa que a menor argumentación, interés y cavilación, mayor imperturbabilidad. Argumentar: "aducir, alegar, dar argumentos; disputar, discutir, impugnar una opinión ajena". Argumento: "razonamiento para probar o demostrar una proposición, o para convencer de lo que se afirma o se niega". Interés: "provecho, utilidad, ganancia; valor de algo". Pero también: "lucro producido por el capital; inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc.; conveniencia o beneficio en el orden moral o material". Cavilar: "pensar con intención o profundidad". Aunque desde el principio me ha sorprendido el final de A1, pues considero que ahí reside toda la metodología taoísta como arte de vivir en armonía con el Tao (lo cual implica encontrarse en ataraxia o ausencia de turbación por definición), avisando antes de saber a qué atenerse, pero en clave taoísta: "tal vez fuera menester hacerles saber a qué atenerse". Esto es "observar y conservar la simplicidad original, con un yo menguado y escasos deseos". Observar y conservar. Me parece un dato relevante. Desde que empecé a indagar en el orientalismo descubrí algo que, a pesar de ser un detalle sin aparente importancia (y que por tanto obviamos en Occidente), resultó ser crucial para mi vida posterior hasta hoy. Por no creer en su relevancia, nadie me enseñó tampoco su poder, efecto y ampliación ensanchada de la conciencia en expansión que produce y aporta, dependiendo de la capacidad que tengamos para salir de nuestro marco mental y cognitivo de referencia. Me refiero a la observación. Por eso es imprescindible detenerme aquí. Exploremos el asunto. Observación: "acción y efecto de observar". Observar: "examinar atentamente". La observación es la adquisición activa de información sobre un fenómeno o fuente primaria, pero... ¿observamos o simplemente proyectamos nuestros contenidos e interpretaciones sobre lo que vemos? Y aquí fue donde se produjo el punto de inflexión en mi vida cuando me percaté de las limitaciones occidentales donde no se plantea esta cuestión que considero de la mayor relevancia. Porque la observación, para ser observación, requiere una atención consciente y absoluta, sin interferencias interpretativas ni de proyección de contenidos previos ya dados o acumulados. La observación, para serlo en realidad, debe vaciarse primero de cualquier distorsión que intente darle sentido y significado a lo observado, es decir, debe ser acrítica e imparcial, estar vacía de contenido o no es observación, sino proyección del yo sobre lo que está viendo, percibiendo, infiriendo y cuya consecuencia es la distorsión perceptiva que conduce a error de apreciación. Según mis indagaciones nada perturba y agita más que estar proyectando nuestros contenidos a cada momento sobre la realidad, impidiéndonos captar la verdad sobre cualquier asunto o aspecto de esa realidad, porque siempre estamos presentes como un yo con su identidad, perspectivas, creencias, aspiraciones, búsquedas, esperanzas, anhelos, etcétera. Y cuando el yo como sensación e impresión de ser está presente, automáticamente la observación está ausente. De ahí que me parezca muy pertinente esta clave dada por A1: observar y conservar. Porque cuando observamos todo entra en quietud, al manifestarse tal y como es. Eso no significa (y esto es algo que también está presente en el taoísmo y el orientalismo en general) que la quietud haga referencia a la ausencia de movimiento, sino a la ausencia de agitación excesiva e improductiva ante el movimiento natural. El ejemplo metafórico estaría en la enseñanza taoísta sobre la fluidez y la no oposición ante una fuerte tormenta o corriente de agua: para tener una mínima oportunidad de supervivencia hay que mantener la calma y dejarse llevar, no empezar a nadar en contra de la corriente ni agitar los brazos para intentar mantenerse a flote. Nunca detendremos un fenómeno natural violento intentando oponerle resistencia con nuestra voluntad, sino dejando que pase. Esa es la esencia de la enseñanza taoísta. Y la observación es el principio de la imperturbabilidad, pues cuando observamos, no analizamos ni corregimos ni distorsionamos lo que es, simplemente estamos presentes con toda nuestra atención y donde está nuestra atención estamos nosotros por definición, sin turbar, alterar ni interrumpir lo que es, tal y como es. Al no intervenir con el yo, tampoco interferimos con nuestros contenidos, por tanto observar es entrar en imperturbabilidad y durante el tiempo de observación conservamos el estado de imperturbabilidad. Y la observación es un hábito, que genera costumbre, pero nadie nos ha enseñado cuando tocaba, es decir, en la infancia y por eso nos acostumbramos a proyectar nuestro yo acrecentándolo con cada proyección. Ahora es el momento de entrenar la observación progresivamente, hasta establecer el hábito. Por tanto, a mayor cantidad de tiempo en observación igual a mayor conservación de la imperturbabilidad, pues la observación es quietud (mental) y la proyección egoica de los contenidos (mentales) es perturbación de esa quietud. Así regresamos a lo que el Lao zi de Guodian llama la "simplicidad original" o la falta de contenidos subjetivos surgidos de las creencias humanas que condicionan y deforman nuestra interpretación, añadiendo factores especulativos e imaginarios que complican los asuntos y nos sumen en la subjetividad autoencarcelada; la cárcel mental sin barrotes que podemos abandonar en cualquier momento pero nunca hacemos, al permanecer atados a nuestras espurias convicciones. Por último, la clave final que funciona como la doble llave para abrir cualquier puerta del vivir y la experiencia de lo humano: un yo menguado y escasos deseos. Arreglo a mis investigaciones taoístas y aplicaciones prácticas, los resultados obtenidos indican que estamos ante dos partes complementarias (cara y cruz) de la misma metafórica moneda: un yo menguado es igual a escasos deseos, pero simultáneamente escasos deseos son igual a un yo menguado. La sistematización proalgorítmica sería esta: menos actividad del yo es igual a menos deseos; a menores deseos, simultáneamente mayor reducción automática de la actividad del yo. Pero la cosa no termina ahí, pues el yo menguado a través de los escasos deseos, que a su vez retroalimentan la mengua del yo, enlaza con las tres eliminaciones; tres rechazos y así el final de A1 es el principio de A1 y el principio de A1 es el final de A1: la reducción de las argumentaciones, el interés y las cavilaciones implica (es igual a) la mengua del yo y la reducción de los deseos, pero simultáneamente la mengua del yo y la reducción de los deseos desincentiva las argumentaciones (impidiendo perder tiempo esencial y dejando de forzar las cosas para que encajen con nuestra interpretación subjetiva), el interés y las cavilaciones, cuyo resultado es vivir acorde al Tao, que se caracteriza por la fluidez desidentificada, la adaptación a las circunstancias sin imponer expectativas ni aspiraciones personales, así como las actuaciones espontáneas y desinteresadas que confían en el proceso de lo que es y se despreocupa de los resultados obtenidos. Solo de esta manera podemos mantener la ataraxia.
sábado, 14 de febrero de 2026
'Reconciliación' de Juan Carlos I (reseña)
viernes, 13 de febrero de 2026
'Leer Lolita en Teherán' de Azar Nafisi (reseña)
jueves, 12 de febrero de 2026
'LEER 'LOLITA' EN TEHERÁN' de Eran Riklis (cine literófilo)
miércoles, 11 de febrero de 2026
"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte VIII)
Sábado
10 ene. 2026
07:55
LIBRO A
LAO ZI DE GUODIAN
A2
A2 es un sorprendente tratado (también completo en sí mismo a mi parecer) sobre la función y la importancia de la humildad, especialmente cuando se aplica al trato y el contacto humano. Humildad: "virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento". Sinónimos: modestia, sencillez, llaneza, recato, moderación. Antónimos: soberbia, vanidad, arrogancia, altanería, altivez. Sinceramente creo que la importancia del Tao para mí reside en el cúmulo de experiencias. Es evidente que como concepto resulta ser una entelequia metafísica abstracta, imaginaria y sin sentido alguno, pero como aplicación práctica de lo que proclama su inspiración (aunque depende mucho de la interpretación personal condicionada por diversas ideologías), que tras treinta años de estudio e indagación literaria de sus textos canónicos creo percibir con mayor claridad poco distorsionada únicamente en el Lao zi de Guodian, nada llega a ser tan útil para la vida interior (alcanzando una ataraxia oscilante, como comentó el señor T) y también para la vida exterior, pues me da la impresión de que para alcanzar la mayor objetividad posible (de ahí mi aprecio por la ciencia y su método) primero es necesario aplicar con éxito las fórmulas que propone, en esencia, ya no el taoísmo filosófico (mucho menos el religioso), ni siquiera el Tao Te ching, sino el Lao zi de Guodian. He aquí la diferencia entre todos los retornos del Tao (del concepto chino Tao y todo lo que ello implica) a mi vida y este último en particular. Tal vez por eso en esta ocasión he decidido, contra todo pronóstico e intención inicial, compartirlo con la comunidad lectófila del blog 'Rareza literaria', exponiéndome al máximo (algo que me genera las mayores suspicacias y desconfianzas, pues el trato con la virtualidad posmoderna digitalizante no me convence pero nada): para intentar darle continuidad al proyecto que se ha formado en mi cabeza intuitivamente y que consiste en reducir a lo más esencial y comprimido posible, tras una serie de extensas especulaciones, algunas partes del Lao zi de Guodian. La hipótesis de trabajo desafía los lugares comunes obvios y habituales, como la opinión del señor T sobre la oscilación ataráxica, para intentar llevar a efecto una conjetura: ¿Qué pasaría si consiguiéramos reducir conceptos y partes del Lao zi de Guodian a una serie de fórmulas cuasi matemáticas o algorítmicas que aplicáramos de manera sostenida? Por ejemplo, hablar siempre matizando que se trata de nuestra opinión subjetiva con la intención de volvernos conscientes y despertar en la realidad de los hechos a cada momento, sin dejarnos llevar por la confortable pero inconscienciadora costumbre de hablar sentenciando, "sentando cátedra" y corrigiendo todo aquello que no encaje con nuestro sistema ultrasesgado de creencias arbitrarias y muy probablemente equivocadas. Observa a tu alrededor (servidor lleva años haciéndolo como parte del Proyecto Actitud Consciente ya extinto) y verás que la tendencia inequívoca es hablar afirmando, como si lo que hablamos fuera cierto o supiéramos de lo que estamos hablando, juzgándolo todo desde una mera opinión subjetiva distorsionada y que se puede identificar según los patrones de apego o desapego a ella arreglo al nivel proporcional de radicalización ideologizada que se muestre. En este aspecto considero un ejemplo y referente encomiable a David Saavedra y el trabajo que está haciendo.
La esencia de la humildad poetizada en A2 hace referencia todo el capítulo a ser capaz de estar por debajo y nunca ponerse delante, sino a la zaga, es decir, no ser el protagonista principal. Empieza con una metáfora líquida (el agua suele estar muy presente en el taoísmo cual ejemplo metafórico de la fluidez aplicada al comportamiento, las relaciones humanas y el arte de vivir lidiando con las vicisitudes cotidianas y contratiempos adversos), diciendo esto: "¿Por qué el río y el mar son reyes de (las aguas) de cientos de valles? Porque son capaces de estar por debajo de cientos de valles, y por eso sobre cientos de valles son capaces de reinar". Es una bella manera lírica de plasmar algo que suena a retórica vacía, pero... ¿Qué pasa si lo aplicamos a nuestro comportamiento? En este caso, personalmente sé de sobra lo que sucede... Bueno; mejor dicho, sé de sobra lo que me ha sucedido (y sigue sucediendo) cuando lo aplico. Pero no te lo puedo contar porque eso condicionaría, sesgaría y manipularía tu experiencia. Solo te insto a que lo puebes y luego, si te apetece, comentamos los resultados en la caja de comentarios. Después sigue el resto del capítulo extrapolando la primera metáfora a todo un tratado de comportamiento social, donde el foco está puesto en la concepción taoísta de sabio, afirmando que "está delante de las gentes porque se pone a su zaga". La continuación sigue sorprendiendo: está "encima de las gentes porque cuando habla se abaja", pero en la siguiente frase reitera que está "encima de las gentes sin que las gentes sientan su peso" y no menos importante: "delante de las gentes sin que las gentes sufran daño". Aunque la apoteosis regocijante queda para el final: "El mundo le apoya de buen grado sin sentirse de él hastiado". Y por último: "No compite con nadie, y de ahí que nadie en el mundo sea capaz de competir con él". ¿Es esto posible, viable? Para responder me da la impresión de que cada cual deberá ponerlo en práctica (si es que puede, pues ello requiere humildad, apertura mental, como muy certeramente comentó Hortelano y salirnos de nuestro guion rígido y automatizado tras haberlo escenificado infinidad de veces en el teatro de lo real que es nuestra vida cotidiana, con sus costumbres, psicodramas, tendencias e inercias deformantes). Lo único obvio y evidente para mí (no sé en tu caso) es que nadie me enseñó, me lo mostró, me habló de ello ni me puso en la pista de que esta interpretación alternativa a las costumbres imperantes en las que nací y crecí hasta entrar en la veintena, existe desde mucho antes de que existiera Occidente, Europa, ni siquiera España. Y probablemente siga existiendo mucho después de cualquier moda.
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HIPÓTESIS TAOÍSTA DE TRABAJO
SISTEMATIZACIÓN PROALGORÍTMICA DE A1
INTRODUCCIÓN
Durante los últimos días desde que me encontré fortuitamente por la calle con el señor T (Týchon Copiatos) el martes, 30 de diciembre de 2025 y hablamos un buen rato, compartiendo opiniones, impresiones e ideas personales subjetivas mientras caminábamos un trayecto confluyente de nuestros respectivos destinos, sucedió lo más maravilloso y espontáneo de la vida a mi parecer; algo que llevo poniendo en práctica desde tiempo ha y que suele ser (o eso me parece a mí, igual me equivoco) consonante con el Tao (bueno, la idea especulativa que tengo sobre el Tao, siempre cambiante): la imprevisibilidad fértil y altamente productiva de los acontecimientos inesperados que abren una esclusa de novedades germinales caóticas, aparecidas como una alteración disruptiva en la ecuación de los comportamientos cotidianos que automatizan y por tanto impiden la salida creativa de ideas, estancándolas. Antes de continuar con ello, quisiera matizar un modus operandi que siempre he aplicado por inercia e impulso vital inconscienciado pero nunca me había detenido a observarlo ni analizarlo desglosándolo. Durante toda mi juventud, desde la recta final de la adolescencia, cuando empecé a relacionarme con los congéneres de mi generación para inaugurar uno de los fenómenos más importantes y significativos de la experiencia humana en sociedad, es decir, la amistad, se estableció una pauta inequívoca cual modus operandi que divergía bastante del proceder convencional percibido por mí en el entorno donde me movía, la ciudad alicantina de Alcoy, sí, esa tan famosa por sus fiestas de moros y cristianos: solo alcanzaba la plenitud de una amistad cuando me dejaba llevar por la espontaneidad del momento, es decir, cuando me relacionaba intuitivamente con mis congéneres basándome en encuentros espontáneos e inesperados que surgían de situaciones aleatorias, imprevisibles y nunca buscadas, mucho menos forzadas. Entiendo que ese modus operandi no sea lo común ni apropiado para la mayoría porque no satisface o no genera sensación de plenitud, pero como yo lo vivía dejándome llevar por el acontecimiento y aprovechando cada encuentro al máximo, exprimiéndolo cual oportunidad fortuita de la vida, el azar, las casualidades o lo que fuera (póngase aquí lo que más cómodo haga sentir a cualquiera, según su sistema de creencias propio), con una apertura, honestidad y sinceridad máxima, mostrándome tal cual soy sin protocolo, hipocresía ni "quedabien", es decir, genuino y auténtico, cada encuentro, extendido durante una suspensión del tiempo total, para centrarme y focalizar el encuentro con plena dedicación, como suele decirse, en "cuerpo y alma", me generaba una sensación de plenitud que pocas veces he visto en amistades cercanas (mi hermano biológico, por ejemplo) de toda la vida, es decir, que podían llevar años relacionándose y rara vez percibía la profundidad desnuda, sincera y afectiva que yo experimentaba con desconocidos que, de repente y sin buscarlo, se cruzaban en mi camino durante un tiempo indefinido pero suspendido en la sensación interior, aunque en el exterior no se demoraba más allá de unas horas (con uno de mis mejores amigos, José Arratia, llegué a estar 72 horas ininterrumpidas sin dormir), podíamos vivir no una, sino varias vidas según el cómputo y las convenciones sociales tradicionales. Pero exceptuando una ocasión única y de la mayor singularidad (con Gustavo Giner aka Riotrankilo y su primo Charly) todos los intentos que también surgieron espontáneamente, debido más a las necesidades afectivas de los demás que de las mías, por establecer amistades sólidas según esos estándares sociales citados, acababan en rotundos fracasos estrepitosos, a mi juicio porque se disolvía la espontaneidad para dar paso a las peculiaridades egoicas individualizadas de cada parte de la persona que define su personaje y las formas de lidiar con ello, según la gestión emocional de cada cual. Al parecer mi forma espontánea y desenmascarada de relacionarme sin filtros, anulaba momentáneamente los personajismos y las particulares "neuras" de cada cual durante instantes atemporales, pero si pretendíamos luego quedar para darle continuidad desespontaneizada a lo sucedido, entonces nuestros respectivos personajismos y "neuras" se apoderaban de la relación, lo cual implicaba que para seguir adelante debíamos pasar a las fases del protocolo, la negociación, el enmascaramiento, las medias verdades incómodas, etcétera. No sé por qué, pero ese modus operandi no va conmigo, así que al percibir la falta de espontaneidad y su insinceridad impostada todo mi ser y estar necesita alejarse, distanciarse, romper la vinculación para reducir la probabilidad de conflictos surgidos de la insistencia por continuar forzando la fase de la amistad que para la mayoría, imagino, representa, tal vez, la consolidación, pero que a mi juicio representa más bien el inicio de la fase de la enemistad. Enemistad que, a partir de entonces (según mi apreciación de lo analizado a mi alrededor, solo puede sostenerse mediante protocolos falsos y artificios impostados. Llegados a este punto, imagino que te preguntarás: "Ya, bueno... ¿Y a qué viene esta historieta de pura subjetividad?"; pues esto viene a colación de una reflexión especulativa sobre uno de los conceptos seminales del taoísmo filosófico o daoxue, que está en el principio del título de este proyecto : wuwei. Aunque se traduce como "no hacer" o algo parecido, en realidad nunca se refiere a la idea de inacción que parece transmitir una traducción etimológica, sino a la idea (que nunca se cansa de matizar Iñaki Preciado) de acción espontánea desinteresada. Mi pregunta retórica es: ¿Podría tratarse mi inercia social con los congéneres de un ejemplo de wuwei o simplemente es que estoy para que me encierren en un manicomio? Supongo que la respuesta dependerá de la interpretación proyectada por cada cual, según sus modelos, mapas cognitivos, ideas y creencias particulares.
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Arreglo a mi experiencia y por norma general las concordancias en una relación interpersonal son fundamentales para el entendimiento y la construcción de una buena amistad sólida de larga duración. Solo cuando encontramos las concordancias, es decir, "correspondencias o conformidades" (concordancia: "correspondencia o conformidad de una cosa con otra") llegamos a la concordia. Concordia: "conformidad, unión". Sinónimos: armonía, unión, acuerdo, consenso, avenencia, paz, reciprocidad, compañerismo, cordialidad, camaradería, amistad, hermandad, fraternidad. Si quieres tener amigos y una amplia vida social, sin duda que, al menos según lo que he podido investigar y analizar, necesitas encontrar las concordancias y llegar a una concordia inevitablemente, pues parece ser que los seres humanos rehuimos por naturaleza la discordancia, imagino que (al menos en mi caso) porque a nadie le gusta sentirse mal y cuando el cerebro identifica que alguien genera discordia, mediante la continua discrepancia, rehuye automáticamente. Sí, para un momento puede estar bien pero si se repite a menudo genera rechazo. He conocido pocos casos de amistades basadas en la discordancia y no suelen acabar bien. Pero en el caso de las ideas, las opiniones y las especulaciones subjetivas, así como el conocimiento en general, el asunto cambia sustancialmente. Solo las discrepancias, especialmente cuando más discordantes son, suelen generar replanteamientos esenciales, cuestionamientos vitales y dudas fundamentales que, si estamos abiertos con flexibilidad mental (algo para lo que el Tao es imprescindible) y pasamos por el caos implicado en añadir discordancias que generan turbulencias y sacudidas en nuestro sistema de creencias, entonces llegan ideas nuevas y refrescantes o estímulos significativos que impulsan nuevos proyectos, investigaciones, indagaciones, especulaciones. En mi caso siempre he buscado la discordancia a través de mis lecturas, es decir, leyendo libros de ensayo que sean contrarios entre ellos, por ejemplo, si el argumento de un libro es idealista, luego busco otro libro cuyo argumento sea materialista. Con esta actitud o modus operandi para intentar sortear la tendencia cerebral al sesgo de confirmación, he descubierto lo que considero la mayor revelación o metaconocimiento: que cualquier argumento es igual de convincente, por tanto tiene un valor muy limitado y cuestionable, pues cuando se refuta con otro argumento deja de ser convincente y solo hay que encontrar la retórica o enfoque argumental adecuado para refutarlo. De ahí la conexión con el capítulo A1 del Lao zi de Guodian: "elimínese la inteligencia, rechácense las argumentaciones, y las gentes obtendrán beneficios cien veces mayores".
Todo esto (la hipótesis de trabajo que pretendo desarrollar) empezó a gestarse hace apenas dos días, a raíz de un comentario que hizo Týchon en el blog 'Rareza literaria' el jueves, 8 de enero de 2026. La hipótesis surgió de una pregunta que cuestionaba cierto lugar común cuyo funcionamiento es análogo a un liftoniano cliché que termina con el pensamiento: "quizá la metedura de pata es intentar aferrarnos a un estado de ánimo, por mucho que nos guste o nos sintamos cómodos en él. Vamos, que igual el problema no está tanto en no poder estar perpetuamente en ataraxia como en querer estar perpetuamente en ataraxia, o cualquier otro estado de ánimo". Arreglo a mi experiencia Týchon tenía toda la razón, por eso le contesté: "obviamente", aunque en realidad era una especulación suya surgida de cierta broma que interpretada literalmente puede dar la impresión equívoca. Pero gracias a esa interpretación de la broma plasmada al principio del comentario, así como al resto de mis subjetivas especulaciones en este proyecto, mi mente hizo el clic y las afirmaciones se reconvirtieron en interrogaciones. La primera duda interrogativa fue aplicada a mi respuesta automática: ¿Obviamente? Entonces se abrió la posibilidad: aunque todo parece indicar que aferrarnos a un estado de ánimo es la equivocación más flagrante que podemos cometer, se introdujo la duda: ¿Y si no es así? ¿Y si fuera posible encontrar una fórmula que nos mantuviera permanentemente en ataraxia? Este cuestionamiento estimulado por el comentario de Týchon, al que le estoy inmensamente agradecido por haber añadido el factor desencadenante a la ecuación de esta hipótesis taoísta de trabajo, ha supuesto el punto de inflexión para uno de los mayores retos en mi vida. Con cualquier otra perspectiva, especulación o filosofía de vida no lo hubiera ni intentado, pues creo haberlo hecho con anterioridad y no dio resultados, pero el Tao representa una singularidad tan discordante con el resto de filosofías de vida (incluyendo el budismo, el vedanta, aunque no tal vez el samkhya, que también tengo pendiente investigar a fondo este año) que se abrió una puerta a la posibilidad, pues creo sinceramente que el Tao podría tener la clave y tal vez esté codificada en el Lao zi de Guodian, exactamente donde descartamos todas las influencias chinas no taoístas que solo añaden distorsión y confusión, pues para llegar a la consumación de mi hipótesis de trabajo necesitamos quitar, restar, reducir, nunca poner, sumar, aumentar. La pretensión y el intento es llegar a codificar solo unas pautas primordiales por separado, intentando la codificación más reducida pero aplicable de una manera realista y por descontado efectiva, sencilla, viable. Si la hipótesis planteada (imaginada, fantaseada, especulada) pudiera llegar a buen puerto, debería ser (presuntamente) gracias a la unión de todas las codificaciones desglosadas y aisladas por separado, tal vez. O no. Gracias al comentario de Týchon surgió un cuestionamiento en mi cabeza que nunca había sido planteado: ¿Y si la automatización inconscienciada, que por norma general acaba siendo perjudicial para nosotros, pero es la tendencia inercial del funcionamiento cerebral al natural, pudiera ser reconfigurada para obtener resultados óptimos, en este caso la ataraxia permanente? ¿Podría el Lao zi de Guodian contener los elementos clave que necesitaran ser desmantelados de una prosa poética bella para leer pero inefectiva para aplicar y transformados en pautas cuasi algorítmicas que se apliquen sistemáticamente a diario hasta generar costumbres y hábitos cuya consecuencia sea una ataraxia permanente, capaz de agitarse en los momentos adecuados hasta límites insospechados, pero sin perderse? Bueno, aunque solo acabe como una especulación estéril más, no obstante acaba de empezar un reto personal que, como mínimo, me entusiasma, me divierte, me apasiona y salpimenta mi vida actual.




































