miércoles, 25 de marzo de 2026

PERDÓN... (relato poético)

Colaboración de Riotrankilo

 Gustavo Giner González 



Me estoy muriendo… “qué va, qué va, qué va, yo leo a Kierkegaard”.

Y es que según él, que era ni más ni menos que el padre del existencialismo, sea lo que sea eso, hablar de la muerte es importante para despertar de una vida superficial, pues desde que nacemos estamos muriendo. Además corremos el riesgo de que nos pase lo que decía Mark Twain: “La mayoría de personas mueren a los 27 pero no los enterramos hasta los 72”. 

Kierkegaard también decía que la vida era una serie de toma de decisiones que generan angustia, eso no se por qué lo decía pero parece bastante real.

Así que sí, me estoy muriendo y tú también.

Está claro que en la calle del tiempo la muerte puede estar esperando a la vuelta de la esquina o lo que es peor, una de esas enfermedades asquerosas que te hacen desaparecer en el sufrimiento más infernal a ti y a los que te rodean. Así que esto podría ser lo último, ¿Verdad?

De hecho podría diñarla ahora mismo mientras escribo y esto jamás vería la luz. Es que la muerte a veces tiene guasa, como lo que le pasó a Tommy Cooper en abril de 1984, comediante e ilusionista británico cuyos espectáculos se basaban en la improvisación y la torpeza, cual mago al que nunca le salen bien los trucos. Aquel día en pleno espectáculo le dio un infarto de miocardio y cayó desplomado sobre el telón. Asistentes, amigos y público pensaron que era parte desternillante del espectáculo y no dejaron de reír mientras Tommy moría en directo entre risas delante de las cámaras y de miles de espectadores, imagínate como se sentiría esa gente después, la risa más indigesta de sus vidas.

Por desgracia la muerte no siempre es graciosa y no me extraña, pues tiene que lidiar con nosotros y como decía Miguel Delibes: “Los vivos comparados con los muertos resultamos bastante insoportables”.

Todas esas tonterías que rellenan la vida, desaparecen de un plumazo cuando te visita la muerte con alguna de sus cartas de presentación.

Pero volviendo a Mark Twain, decía que no tenía miedo a la muerte pues había estado muerto con anterioridad durante millones de años y no había sentido ninguna incomodidad, claro que para él era fácil pues nació el día que pasó el cometa Halley y siempre supo que moriría el día que volviese a pasar el cometa y así fue.

Lo cierto es que, y todos lo sabemos, como dijo Asimov: "La vida es agradable, la muerte pacífica, el problema es la transición". Bueno, seguramente Asimov tuvo una vida agradable, por desgracia no siempre es así, pero sí, la posibilidad está ahí. Tanto si la vida es agradable como si no, la muerte sin duda es paz o si prefieres es la Nada. El problema es el dolor físico, la angustia psicológica de saber que te vas y no sabes dónde y la angustia de saber que los tuyos van a sufrir, y la angustia de la pérdida de facultades y por ende la dignidad y todo lo demás. Como decía Camilo José Cela: “La muerte es dulce, su antesala cruel.”

Y por eso montones de escuelas filosóficas y religiosas hablan de lo de estar en paz con uno mismo y con los demás, dejar tus asuntos en orden, vivir como si fuera el último día de tu vida, pero qué agobio, ¿no? Y ¿Eso cómo se hace? ¿Es como cuando te vas de viaje y quieres dejarlo todo preparado y haces una lista con todo lo que te tienes que llevar (en el caso de la muerte con lo que no te quieres llevar), y al final siempre se te olvida algo y suele ser lo más necesario? Cómo se hace eso de vivir como si fuera el último día, si llevo media vida viviendo como si fuera a ser eterno a pesar de mí. ¿Vas y te pones a llamar a todas las personas que hiciste daño consciente o inconscientemente y le pides perdón y te pones a hacer todo lo que siempre procastinaste?

¿O mejor sigo inconscienciado en mi ignorancia y ya cuando me vaya que pongan un epitafio que diga: “Siento no haber sido lo que se esperaba”?

¿O con ser sencillo, tratar a la gente como te gustaría que te tratasen a ti y abrazar mucho a tus seres queridos es suficiente?

Bukowski ya lo decía: "Lo terrible no es la muerte en sí, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta que llega ese momento". Y claro, ya la vida se encarga de ponerte en tu sitio y enseñarte a base de hostias a mano abierta inesperadas, que hay que morir en vida varias veces antes de poder acercarte a vivir plenamente, si la muerte definitiva no te acoge antes.

Sea como sea, creo que todas y todos hemos pensado en ella alguna vez y creo que coincidimos en que la mejor forma de hacerlo sería plácidamente durmiendo y si puede ser después de haberte comido unos buenos churros con chocolate y haber destronado un buen zurullo en el váter, como Tomás, el tío de Charly, después de eso se acostó y nunca más se despertó. Algo parecido le ocurrió al rey Jorge II de Gran Bretaña, la diferencia es que él se quedó en el baño, pues de la fuerza que hizo su aorta se diseccionó. Lo que no sé si el zurullo salió o no.

En lo que no coincidimos es en cómo no nos gustaría, ahí cada cual tiene sus miedos imaginarios. Ojalá se pudiera elegir. Ojalá se pudiera elegir no sufrir. Ojalá todas las tonterías desapareciesen sin que tenga que visitarnos el dolor.

Me acaba de venir a la mente la mujer del otro día en el TAC, me dijo que si todo iba bien, todo iría a peor.

En cualquier caso ojalá la muerte nos pille con suficientes fuerzas para dejar algo como lo que dijo Voltaire, en su lecho de muerte, el sacerdote le pidió que renunciara a Satanás y Voltaire le respondió: “Ahora no es el momento de hacer nuevos enemigos”.

Oscar Wilde también bromeó: “Parece que mi papel llega a su fin y el papel de esta pared es horrible, uno de los dos tiene que irse.” O algo así. La verdad es que Wilde tuvo varios puntazos buenos, pero el mejor fue cuando le trajeron una botella de champán caro. Wilde, después de ser un hombre rico y brillante murió en la miseria más absoluta, sin un duro, cuando vio que le ponían la copa de ese champán dijo: “Estoy muriendo por encima de mis posibilidades”.

Otros no estuvieron inspirados, Pancho Villa, ni más ni menos, tras ser emboscado y agonizando, soltó: “ No deje que termine así, diga que dije algo inteligente”.

Hoy morimos en la mayoría de casos por infartos y cánceres, pero antes era más común morir por infecciones. Como la del pie de Jack Daniels cuando le dió una patada a su caja fuerte porque no podía abrirla. O el increíble caso de Bobby Leach que sobrevivió tras tirarse dentro de un barril por las cataratas del Niágara. Años despues resbaló con la cáscara de una naranja, se rompió la pierna, se le infectó la herida y murió, con lo sana y orgánica que es la fruta, pero que mala hostia tiene. Veinte años después Thomas Migdley, que había inventado la gasolina con plomo, contrajo la polio y quedó paralítico, como era inventor, inventó un sistema de poleas para poder moverse, pero una noche se lio con su propio invento y murió estrangulado. Yo creo que su invento funcionó a la perfección.

¿Sabías que la eutanasia es legal en España desde el 2021? Yo no, por aquel entonces la vida me había dado una de esas hostias a mano abierta y todavía estaba viendo estrellitas, no me enteré, durante esos años viví en la intensidad y plenitud de la vida. Mi hija sobrevivió, la muerte fue benevolente con nosotros, no como con muchos de los que nos acompañaron en ese camino. Aunque nunca se sabe, igual es que la vida está calentando la otra mano, con ella nunca se sabe, mira lo que le pasó a Marcus Garvey, activista por los derechos de las personas afrodescendientes, sufrió un derrame cerebral que le dejó en la cama paralizado y sin poder hablar apenas, en una situación económica precaria, leyendo un periódico vio su propio obituario, en el que hablaban de su muerte en la soledad y pobreza más absolutas, del disgusto le dio otro derrame cerebral y murió en la más absoluta soledad y pobreza.

Y cómo se le quedaría la cara al rey Enrique VI sentado en aquel alféizar del monasterio observando la reunión de nobles que había convocado por una disputa político-religiosa, cuando el suelo de madera cedió por el peso y cayeron todos menos él, a la fosa séptica que había debajo, murieron muchos por la caída pero otros tantos murieron por la inhalación de gases, eso sí que es morir en la mierda. Volvamos a la cara de Enrique VI, ¿se estaría comiendo un muslo de pollo asado con las manos? Puede incluso que justo en ese momento hubiese encontrado solución al conflicto pero la muerte se adelantó.

¿Cómo tomarse la muerte en serio si es ella la primera que no se lo toma en serio?

Además está lo de nuestros egos, ellos creen que son eternos, porque si no lo creyeran significaría que no lo son y eso acojona, es mejor vivir disfrutando la cotidianeidad de las pequeñas cosas y jugársela en la ruleta rusa de nuestros comportamientos erráticos, esquivando las balas hasta que una impacte y luego otra y otra y acabes acribillado por la vida. Pero por si acaso no perdamos de vista a la vocecita del ego, mira lo que le hizo a Franz Reichelt, “el sastre volador”. Estaba convencido de que había inventado el primer paracaídas, subió a la torre Eiffel, iba a usar un maniquí, pero la vocecita le dijo, por qué no lo haces tú, total, qué puede pasar. Fue de los primeros videos fail de la historia, en YouTube se podría titular: “Invento el paracaídas y pasa esto”.

Lo más absurdo de todo es que mientras se llevaban el cuerpo sin vida todavía caliente, un grupo de personas se puso a medir la profundidad del socavón que había dejado el cuerpo de Reichelt.


Marzo 2026

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