martes, 24 de marzo de 2026

PONGAMOS QUE HABLO DE 'FLORES PARA ANTONIO' (relato poético)

¿Quién iba a ser si no?

Antonio González Flores.

¿Y cómo no?

Alba González Villa.

Muy pronto hará 31 años de aquello...

Nostalgia, recuerdos rememorados, una felicidad espontánea, toda la vida por delante, apertura a nuevos descubrimientos apasionantes que salpimentarían mi vida a unos niveles insospechados...

Y en todas esas aventuras intelectuales, emocionales, espirituales, que desencadenaron por el tiempo mi lectobibliofilia, solo recuerdo unos efímeros momentos fugaces que, a pesar de su fugacidad anecdótica, supusieron un punto de inflexión y la única banda sonora que recuerdo con nitidez, pues el comienzo de las vivencias más significativas de mi juventud y que marcarían a fuego el resto de mi vida hasta hoy, estuvieron musicalmente acompañadas por un ser humano increíble, un genio y una de esas maravillosas personas que solo aparecen como efímeras estrellas fugaces (al igual que escribió mi mujer en su último relato) en los caminos de toda una generación, dejando un inolvidable legado de amor, compasión, entendimiento, aceptación, intensos sentimientos, libertad, generosidad, alegría, presencia y momentos que uno lleva tatuados en su interior, sí, en la metafórica "alma" decimonónica...

Pongamos que hablo, sin duda, de Antonio Flores.

Aunque nací, como hecho biológico, el 7 de mayo de 1975, en realidad no nací, como hecho psicológico, hasta el 21 de abril de 1995. Mi "gestación" tuvo lugar durante un proceso de casi seis meses, desde el 7 de octubre de 1994. Aunque en ese momento no lo sabía ni por asomo, tras mi nacimiento psicológico me convertiría, despacio y poco a poco, en un lectobibliófilo. Pero eso llegaría durante un largo recorrido vital posterior... 

Lo significativo en ese momento fue descubrir el budismo, el orientalismo y la espiritualidad,  desde la mirada impoluta, inocente y no manchada con extrañas creencias occidentales, de un entusiasmado joven que abandonaba la adolescencia para iniciarse en los misterios de la juventud, no creía en nada de lo que le había ofrecido su cultura ni contexto, tanto familiar como social y tampoco nadie había conseguido que despertara en su fuero interno el mínimo entusiasmo por todas las maravillas que la vida podía ofrecerle, de ahí que sus dos primeros contactos con el pensamiento oriental asiático de Extremo Oriente supusieran un punto de inflexión que le explotó la cabeza, abriéndose unas posibilidades misteriosas y exóticas fascinantes, que poco antes no existían; unos mundos donde rigen ciertas formas de pensar tan diferentes a la cultura occidental y sus movidas y paranoias mentales y neuras y obsesiones y normatividades espurias, banales, retrógradas, prejuiciadas...

A unos 400 kilómetros del lugar donde servidor estaba viviendo todo su despertar espiritual que prendía cual intensa llama, una productiva, artística, genial, genuina y querida vida por parte de toda la población, ya convertida en aquel entonces en patrimonio nacional por derecho propio y méritos sobrados, menguaba aceleradamente, apagándose poco a poco la deslumbrante llama que había iluminado a varias generaciones de españoles, sin quejas, dramas ni decaimientos hasta el último día, dándole un color y una alegría impagable a esa triste y monocromática península ibérica teñida de gris por el retrógrado franquismo, anquilosamiento estancado de todos los mejores sentimientos patrios que intentaron, por fin, salir a flote, pero duraron unos pocos años, antes de volver al confesionario, el incienso, la beatería mojigata dominical y dosis sobradas de hipocresía y superioridad moral de doble rasero, mientras María Dolores Flores Ruiz (1923-1995), más conocida artísticamente como Lola Flores, La Faraona, dedicó su vida no solo a poner matices festivos, dorados, multicromáticos y alegres a toda aquella España en gris, sino que dejó un increíble legado musical para la posteridad, en sus dos hijas y el único hijo intermedio que tuvo...

Lo que nadie podía saber, aunque muchos temieron, especialmente en su entorno familiar y/o allegado, era que al único hijo le quedaran apenas dos semanas más de vida que a ella...

Antonio Flores fue un gran músico y artista de los pies a la cabeza; uno de esos poetas, trovadores, genios multifacéticos que tanto componen una canción, como tocan la guitarra, como escriben una desgarradora obra maestra (en lírica, en prosa), como actúan en cualquier película, obra de teatro, serie de televisión, como te regalan todo lo que tienen, como se dejan su ser al completo impregnado en cada letra escrita, acorde tocado, canción compuesta (para ellos, para otros), papel interpretado, entrevista concedida, relación establecida, aunque solo te hayan visto una única vez en su vida...

Antonio Flores fue de los pocos elegidos que solo nacen unas contadas veces en cada generación, a veces, no pocas, incluso en varias generaciones...

Y sí, Antonio Flores me acompañó infinidad de veces en la intimidad, especialmente con su último disco, 'COSAS MÍAS', de 1994, durante mi iniciación al budismo tibetano, luego japonés, pero también al vegetarianismo (ahora más aceptado, hace 31 años, bueno, imagínatelo), al orientalismo, al naturismo, al ocultismo, a la espiritualidad...

Ya, sí, imagino que cualquier joven de la época también podría decir lo mismo, a todos los que escuchamos su música nos acompañó, aunque, no me preguntes por qué, pero en aquella época sentí, no sé si en su inconfundible voz, no sé si en sus profundas, poéticas y literarias letras cercanas, urbanas, del que tiene 33 (años) pero ha vivido 333 (vidas), no sé si en el aura de lo que transmitía, que él no solo no me juzgaba o levantaba una ceja con suspicacia ante mis extravagancias percibidas en la época como propias de alguien captado por una secta, sino que me entendía, me apoyaba y me reconfortaba...

Hoy, gracias a su hija, Alba Flores, sé que no estaba equivocado.

Hoy, gracias a su hija, Alba Flores, sé quién fue Antonio de verdad.

He visto muchos... muchos documentales a lo largo de mi extensa trayectoria cinéfila... y nunca nadie... absolutamente nadie ha sido capaz de transmitirme lo que tú me has transmitido, Alba... de origen latino, "albus", "blanco", "cándido", "níveo"... Alba... "amanecer", evoca la luz, la pureza y el inicio de un nuevo día, simbolizando renovación... Alba... nombre propio femenino muy popular en España, asociado con la claridad y la luminosidad... pocas veces he visto un nombre más acertado para una persona... siendo tal vez el otro, también Alba, en el nombre propio de la hija de mi mejor amigo íntimo...

Nadie que no lo conociera en persona conocía a Antonio de verdad hasta ayer, 2025, cuando se estrenó la película documental 'Flores para Antonio', disponible hoy, 2026, en Movistar+.

La búsqueda de una hija que perdió a su padre cuando apenas tenía ocho años, con la mera intención de encontrar un poco de comprensión sobre su vida y su muerte, se convierte en una puerta abierta al impresionante, magnífico e irrepetible gran ser humano que fue Antonio Flores, un auténtico roquero jipiesco a destiempo, trovador bohemio con alma de cantautor, pero sobre y ante todo, pájaro libre que vuela alto y aunque puede volver alguna vez a la jaula de oro para intentar no dañar o hacer felices a los demás, su naturaleza presencial, desconectada de un mundo que entiende pero no acepta, porque no va con él y su sensibilidad, pues él estaba hecho de otra pasta muy diferente a los materiales basura que componen esta realidad, la sociedad occidental, le impide quedarse mucho tiempo en suelo firme, al necesitar volar, sentir el aire impregnándole y solo cortándole las alas podría haber permanecido más tiempo caminando entre nosotros, pero no hubiera sido Antonio nunca más... de hecho, él mismo intentó cortárselas no pocas veces, atarse en corto para estar aquí. Claramente es visible para los que nos cuesta adaptarnos a lo que hay e impera por aquí, en muchos aspectos de su vida, que solo fueron detalles irrelevantes al lado de lo que verdaderamente importa sobre Antonio, aunque dan material de sobra para el sensacionalismo televisivo y de estar por casa, cuyo foco se centra en una diminuta sombra que nadie se molesta en entender, eclipsando la inmensa luz deslumbrante que nunca podrá ver la ceguera del correveidile patrio, tan adicto al inmiscuirse en vidas ajenas, para chismorrear y cotorrear; vicios verdaderamente perjudiciales,  pero de los que nadie se escandaliza, aunque sean verdaderas adicciones peligrosas que no vendría nada mal tratar y llevar a verdadera desintoxicación de por vida.



Marzo de 2026

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