Domingo Fiesta Segura era un auténtico bohemio, sibarita y hedonista que se dedicaba a vivir la vida sin límites ni pensamientos agoreros de futuro. No daba un palo al agua y solo le gustaban los placeres exquisitos que le ofrecía la sociedad. Un auténtico pícaro, comía, bebía, fumaba y follaba como si no hubiera un mañana. Estaba liberado de neuras y paranoias.
Aquel día de verano Florencio se cruzó con Domingo casualmente en aquel pequeño lago de montaña. Nunca jamás se hubieran dirigido la palabra en cualquier otra circunstancia, pues ninguno de ellos tenía nada en común con el otro. Pero al verse allí solos, sin un alma alrededor y con la tensión de la incomodidad que genera estar cerca de un extraño, Domingo, con su peculiar desparpajo natural, al ver allí a Florencio sin bañarse, mirando el lago y vestido de arriba abajo, le preguntó con toda naturalidad: "¿Usted no nada nada?". Florencio negó con la cabeza y respondió: "Es que no traje traje".
Tras un instante de silencio y asimilación, ambos se revolcaron por el suelo de la risa. Esa tarde se hicieron amigos íntimos de la manera más inusual e inesperada, contándose mutuamente una serie de chistes de la máxima rareza y que nadie entendía, pero a ellos, por algún motivo sin explicación cabal ni coherente, les provocaban sonoras carcajadas repicantes.
Florencio soltaba: "subid las velas"... y los de abajo se quedaron a oscuras.
Juasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuasjuas.
Domingo replicaba: "comeos el bocadillo de tortilla"... y tortilla se quedó sin bocadillo.
Jajejijoju.
Florencio continuaba: "chutad a gol"... y gol murió de sobredosis.
LOL.
Domingo retomaba: "no cabe duda"... y duda se fue andando.
Mepartometronchomemondo.
"A ver, soldado... ¿de qué está compuesto el fusil?".
"De fu y de sil".
"Veo que usted es un genio".
"Sí, Eugenio Pérez".
"Qué... ¿de cachondeo?"
"No, de Calasparra".
De repente, el sargento le da un tremendo ostión en la cara al soldado.
"Y esto no se quedará así".
"No, esto se hinchará".
Años después, ambos se enamoraron de la misma mujer: Dolores Fuertes. Y acabaron trabajando juntos para el ministro argentino de Obras Públicas: Armando Casitas. También coincidieron en varias ocasiones con el japonés más nervioso de la historia: Atakito. En la recta final de sus vidas, experimentaron una conversión religiosa y estudiaron teología en el mismo seminario. El profesor más duro e intransigente que tuvieron fue José María Jesús Cruz de los Santos. Pero lo peor vino cuando hicieron el doctorado con el exigente catedrático de Filosofía Moral don Moisés Leyes de Dios. Ahí sí que tuvieron que esforzarse para aprobar y casi no lo consiguen, pero al final sí. Ambos murieron en paz.
"¡Tierra a la vista!"... y el vigía quedó ciego.
Marzo de 2026
Que bueno jajajaja
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Eliminar🤣🤣
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EliminarQue ingenioso y divertido😂
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EliminarJajaja me han encantado estos dos personajes. Es buenísimo 😆😄
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EliminarJajajaja una de cal y una de arena. Eres un máquina. Tienes una mente creadora y audaz tio jajaja este se lo leo luego a mi galleguiña🤣😂
ResponderEliminar😂 Ya ves. Totalmente. Aunque ambos relatos surgieron a mediados de marzo así, con el orden que llevan. No fue premeditado. Gracias por tus palabras. Bueno, a descansar unos días, que ayer fue intensísimo y lo necesito.
EliminarQue nombres mas originales🤣
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EliminarEl final ya es tronchante jajaja
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EliminarQue forma mas amena y divertida de contar chistes. Se te dan bien escribir sobre prácticamente cualquier cosa. Tienes un blog muy variado y enriquecedor. Te felicito.
ResponderEliminarMuchas gracias.
EliminarQue bien me lo he pasado con esta lectura, me ha sabido a poco. Gracias por este ratito.
ResponderEliminarMe alegro de que te haya gustado. Gracias a ti por el comentario.
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