domingo, 22 de marzo de 2026

ÁNGEL "EL REY DEL MUNDO" (relato poético)

"O estudias o trabajas, tú verás, es lo que hay".

Corría finales de 1991 y servidor tenía 16 tacos apenas.

En plena adolescencia me sentía con una carga psicológica importante y una responsabilidad tremenda a mis espaldas, pues la tonalidad de las bienintencionadas palabras de mi entorno familiar, eran percibidas por mi cabeza como amenazas condicionantes que sonaban a un determinismo dualista y escatológico radical.

El tono coactivo sugería que debía tomar una decisión obligatoria entre el camino A y el camino B sin otra opción posible.

Había repetido dos cursos seguidos y en ese mismo momento acababa de suspender todas las asignaturas de octavo de EGB; era dos años mayor que el resto de mis compañeros y había agotado el tiempo reglamentario de permanencia en Enseñanza General Básica, así que, a bote pronto, dije: "pues... trabajar".

Por descontado que nunca quise ni estudiar ni trabajar, mi mente adolescente solo quería dedicarse a la vida contemplativa, pues nadie había conseguido entusiasmarme con nada y por tanto, todo lo que hacía en mi vida lo hacía por obligación y al tener un carácter más o menos tranquilo, no me oponía, pero tampoco prestaba la mínima atención, iba al colegio por inercia; era un perfecto zombi de la inercia social estandarizada.

Mi opinión respecto a la vida siempre ha sido muy clara: yo no pedí nacer (al menos que recuerde y sepa conscientemente) y tampoco se me pidió nunca opinión sobre nada de lo que hay establecido, por tanto, desde la infancia sentí que todo era por obligación y esa obligación formaba parte de las especulaciones, imaginaciones, inventos, fantasías y delirios de otros seres humanos con los que no me sentía identificado, por ese motivo siempre fui raro, extravagante, excéntrico, disruptivo, ajeno a todo y todos.

De ahí que siempre tuviera cierta sensibilidad especial y un acercamiento innato, natural, espontáneo, hacia todo lo raro, extravagante, excéntrico, disruptivo, ajeno a todo y todos.

Encontré mi hogar en los lugares más inesperados: el orientalismo, el ocultismo, el naturismo, el librepensamiento, la contracultura y sin duda los libros... los libros elegidos por mí en total libertad, para explorar, descubrir y encontrar mis propios tesoros, sin coacciones externas, evaluaciones constantes, presiones estresantes.

Aquel adolescente que fui solo buscaba una respuesta a la pregunta más sencilla: dame un motivo convincente de por qué debería... pues cumplir con cualquier debería social; a ese adolescente le parecía una pregunta lícita, pero nadie fue capaz (o no quiso) responderle más allá de los procolarios "porque sí" o "porque así es como está estipulado y funciona el mundo" o variantes de lo mismo.

Pero incluso voy más lejos si cabe: ¿Y qué pasaría si, a pesar de darme alguien una explicación convincente, yo dijera: "vale, me parece genial, pero yo no creo en ello, discrepo por completo y no voy a seguir ninguno de los caminos estipulados"?

A veces me pregunto: cuando mi madre decidió tenerme, porque era su sueño en la vida (pero no el mío), ser madre... ¿alguna vez se preguntaría qué pasaba si tenía un hijo así y las consecuencias que eso acarrearía para todos, pues evidentemente la sociedad es un péndulo normativo que oscila por inercia a toda velocidad y no va a tener en consideración a nadie que no esté de acuerdo, pues o si no se detendría ipso facto, por tanto arrasará a cualquiera que se ponga por en medio; o simplemente dio por sentado que tendría un hijo obediente, que estudiaría para llegar a ser alguien en la vida, incluso un Premio Nobel de Medicina o Fisiología que encontraría la cura para el cáncer o en su defecto, al menos estudiaría oposiciones y tendría un sueldo estable hasta la jubilación, siendo un hombre de bien?

Ahora que hay tanta (aparente) preocupación por la salud mental y la tasa aumentada de suicidios... ¿alguien será capaz de preguntarse si es que a lo mejor el problema no es de los individuos, que no pidieron nacer ni tampoco firmaron acatar lo que hay, mucho menos estar jodidos, sino de la inercia pendular de la sociedad y cómo funciona el mundo humano en general?

Pero así son las cosas (como siempre me decían) y no me quedó más remedio: tenía que elegir, sí o sí, entre dos opciones, o estudiar o trabajar.

Elegí trabajar como quien elige por elegir, a boleo, pero nunca imaginé lo que me esperaba, por tanto decidí ser un resistente pasivo: hacía el mínimo y mal hecho para que me echaran cuanto antes; al principio coló, pero por el tiempo mis padres empezaron a coscarse de que algo no cuadraba y no tardaron en atar cabos, lo cual hizo que estuviera siempre de conflicto en conflicto con mi madre, pues nuestros respectivos caracteres chocaban a diario.

Me vi atrapado en una telaraña de la que no podía salir, pues nunca tenía trabajo estable y cuando lo tenía ganaba el equivalente a unos 500 o 600 euros, en bukowskianos trabajos de mierda no cualificados, que encima era incapaz de mantener, porque siempre estaba entre Pinto y Valdemoro, entre la espada y la pared, en una contradicción saturante: necesitaba dinero para vivir y leer (mi tiempo de ocio y descanso con el que coger fuerzas y seguir adelante), pero al mismo tiempo odiaba trabajar... el tiempo de trabajo se me hacía eterno y al no rendir bien me echaban pronto.

Era un puto caos de persona, un desastre, una desgracia humana en toda regla, que poco a poco se fue convirtiendo en un parásito social, un insecto urbano inmune a esta sociedad, como cantaba el grupo de ska punk combativo Ska-P, que intentaba vivir lo máximo posible (que no era mucho) de sus padres, aunque sabía que no terminaría de cumplir con el popular refrán: nunca iba a vivir de mis hijos porque siempre tuve claro que hijos no tendría jamás.

Y ser un despojo, un desperdicio inservible e improductivo para la sociedad, hizo que solo me sintiera identificado, bien, a gusto, cómodo y en mi salsa con otros "despojos", "desperdicios inservibles e improductivos" para la sociedad (en los términos convencionales a nivel social, evidentemente); ellos eran mis verdaderos, sinceros, auténticos, genuinos y transparentes amigos, los únicos a los que elegiría sin dudar ni un momento para quedarme en una isla desierta o sobrevivir a una catástrofe nuclear.

Y fue gracias a un trabajo de esos, que odiaba con toda mi alma, donde lo conocí.

En el verano de 2002 llevaba unos meses sin trabajar y las cosas estaban poniéndose tensas en casa, con el tira y afloja de "tienes que buscarte ya un trabajo sí o sí"; los meses finales de 2001 y primeros de 2002 habían sido los más duros de mi vida hasta ese momento, al trabajar como montador de cubiertas metálicas; necesitaba un descanso prolongado, pero ya estábamos en el verano y la cosa se calentaba en casa (yo lo alargaba hasta el extremo máximo, cuando la atmósfera se volvía irrespirable) y decidí apuntarme a una ETT, Persigest, creo que se llamaba, si mal no recuerdo.

Me dieron una sustitución de verano en una gasolinera Shell.

A partir de entonces inauguré mi última etapa de trabajador remunerado, en diferentes gasolineras de Alcoy y la última en Alicante; desde el lunes, 25 de mayo de 2009, cuando me echaron de la última gasolinera (una Tamoil que hay a la salida de Alicante), no he vuelto a trabajar; desde entonces soy simplemente el vagabundo ilustrado.

Estaba nuevamente en una sustitución de verano, pero esta vez en la doble gasolinera Total (luego Galp) que hay a la salida de Alcoy, dirección Cocentaina.

Era el verano de 2003.

La situación en casa se puso fatal... a mi padre le diagnosticaron un cáncer derivado precisamente del trabajo (trabajó reparando material ferroviario y por tanto respiró amianto a toneladas durante décadas; murió un año y medio después; obviamente, la sociedad pendular y el famoso estado del bienestar no le dio ni las gracias por sus servicios prestados ni indemnización alguna) y yo seguía con mi batalla diaria por salir adelante, pero sabiendo que me iba a quedar pronto sin padre, pues el neumólogo me dijo, en privado y sin rodeos: "el 100 % de los casos de mesotelioma muere".

Y en ese tránsito vital difícil, apareció el Ángel, uno de los seres humanos más maravillosos que he conocido en toda mi vida.

Estaba en el turno nocturno, sustituyendo a una compañera que se fue de vacaciones, cuando apareció el Ángel por primera vez en mi campo perceptivo.

Iba desastrado, con un viejo Opel Corsa desvencijado, medio calvo, bien afeitado, con barriga prominente pero sin sufrir una gran obesidad (típica barriga cervecera, que se suele decir); tenía 46 tacos; pero su mayor característica es que hablaba atropellado y prácticamente no se le entendía, arrastrando las palabras y sin vocalizar muy bien, debido a la cantidad de speed (anfetamina en polvo) que esnifaba.

Su personalidad enganchaba enseguida, pues era muy gracioso, dicharachero y un excelente ser humano, sin maldad, sin dobles intenciones, sin hipocresía ni pensamientos retorcidos, manifestándose con franqueza y máxima sinceridad, sin distorsionar los hechos ni los sucesos, a pesar de sufrir una esquizofrenia paranoide que le hacía creerse una especie de mesías crístico que había venido a salvar el mundo (y por la cual llevaba media vida en tratamiento psiquiátrico).

De ahí que tanto por su parte como por parte de la sociedad fuera apodado "El Rey del Mundo".

Cliente habitual de la gasolinera, los compañeros ya lo conocían de sobra y era apreciado, así como respetado, pues a pesar de sus excentricidades particulares, su comportamiento social en lo básico no era errático y su bondad innata hacía que muchos personajes de los bajos fondos con los que se relacionaba (yonquis, adictos) se aprovecharan de él, generando empatía y un tratamiento cariñoso y respetuoso, aunque distante, hacia su persona en la gasolinera, motivo por el cual era cliente habitual.

Lo conocí en la soledad de una eterna noche, un día entre semana cualquiera, que vino a repostar y se quedó allí hablando conmigo, separados por el enorme cristal de la caja, donde yo estaba sentado y tenía el control de los surtidores para autorizar las cantidades de combustible que los escasos clientes que pasaban por aquel lugar me pidieran, previo pago.

Enseguida percibí que era un cliente habitual cuando me preguntaba por los compañeros, citando sus nombres y detalles concretos y aunque al principio tuvimos un trato cordial, protocolario, más pronto que tarde nos fuimos soltando, reconociéndonos mutuamente como seres libres, sinceros, que van más allá de lo convencional y les gusta la espontaneidad.

A partir de entonces Ángel, "El Rey del Mundo", vino casi todas las noches que me tocó turno nocturno de trabajo, a lo largo del verano de 2003 y un año después, también en el verano de 2004; esos momentos eran divertidos, sincopados, fluidos, sinceros; Ángel, "El Rey del Mundo", era un ser humano excepcional, aunque para muchos solo fuera un loco más sin credibilidad alguna, ni se tomaran la molestia de escucharle, de intentar entender qué había más allá de su habla atropellada y muy difícil de descifrar o simplemente de escucharle, de reír con sus divertidísimas ocurrencias, vivencias tronchantes, pues Ángel, "El Rey del Mundo", era inocente como un niño pequeño sin maldad ni dobles intenciones, transparente, travieso, bromista, sensible, uno de los seres humanos más cachondos que he conocido y que más me han hecho reír a mandíbula batiente; era regocijante ver cómo le brillaban los ojos al contarte sus travesuras sin maldad alguna, riendo estruendosamente mientras te lo contaba, con una risa esperpéntica que resonaba como mil campanas en el vacío de noches desoladoras y eternas, donde el tiempo se dilataba sin límite y las horas no parecían pasar, hasta que llegaba Ángel, "El Rey del Mundo", con su reconocible Opel Corsa desvencijado y el asunto cambiaba por completo, consiguiendo aquel excelente ser humano, sin pretenderlo, que me olvidara de la mierda de trabajo que tenía, de la mierda de situación dramática que había en casa y por unas horas, que ahora sí, pasaban volando, estuviera distraído, riendo sin parar, regocijándome con las aventuras, peripecias, travesuras, ocurrencias del Ángel que, por unos momentos, fue, efectivamente, "El Rey del Mundo"... de su mundo, que durante esas ocho horas también era el mío... de mi mundo, que durante esas ocho horas también era el suyo.

De entre todo el amplio catálogo de momentos inolvidables que tuve con Ángel, "El Rey del Mundo", en los dos veranos que trabajé en aquella gasolinera, un par destacan por encima del resto.

El primero fue una vivencia inesperada, cuando, trabajando en un turno cualquiera, Ángel apareció por allí y mientras hablaba con él, poco tiempo después paró un Renault Clio azul de 2001, del que bajaron mis amigos Gustavo, Charly y Clara, vestidos con túnicas; en silencio y sin mediar palabra alguna, se acercaron a nosotros dos, se arrodillaron ante mí y empezaron a alabarme y hacerme reverencias, como si fuera un gurú o un dios; aunque se trataba de una broma espontánea, fortuita, performativa y arquetípica de nuestro sentido del humor, Ángel se quedó impresionado y desconcertado, no pudiendo desconectar ya del suceso, una broma de las nuestras, sin mayor importancia, que para Ángel supuso otra cosa que, a pesar de saber en el fondo que era una broma, nunca paró ya de comentarme (en valenciano y carcajeándose): "Yo me creo El Rey del Mundo, pero... ¿quién cojones eres tú, Pedro, que vienen a adorarte? ¿Dios? ¿El demonio?"; evidentemente, ninguno de mis tres amigos sabía quién era Ángel.

El segundo era la historieta más graciosa a mi parecer de todas las travesuras que había liado y me contaba cada noche, cuando, un día cualquiera, se vistió de militar y se puso galones de capitán (tres estrellas de seis puntas) en los hombros, para acudir al cuartel de la policía nacional, donde ya lo conocían y hacer cuadrarse al comisario, que, cuando vio que era él, según me contaba el Ángel, estallando en carcajadas, al yo preguntarle, partiéndome la caja: "no me jodas que hiciste cuadrarse al comisario... ¿y qué pasó?", respondía: "me corrió a hostias por toda la comisaría de parte a parte".

Al finalizar el verano de 2004 determiné que había finiquitado mi estancia en Alcoy y decidí probar suerte en Alicante; acabé nuevamente en una gasolinera, pero durante casi un lustro; pocos meses después mi padre murió; no pocas veces me acordé de Ángel, "El Rey del Mundo", y todas las vivencias que había tenido con él, especialmente en los malos momentos alicantinos, que no fueron pocos; tras volver a Alcoy, en el verano de 2009, una de las veces que pasé por aquella gasolinera donde conocí al maravilloso Ángel, "El Rey del Mundo", para repostar, le pregunté a un ex compañero, llamado Andrés, qué había sido de Ángel y me dio la triste noticia de su fallecimiento, un par de años atrás, mientras dormía.



Marzo de 2026

20 comentarios:

  1. Leería 100 páginas del tirón. Hace tiempo que busco esto en un libro, que me enganche.

    ResponderEliminar
  2. Hay tanta verdad y esta tan bien narrado que lo he leído deseando que no acabará. Ole por tí, se nota que eres un tío de puta madre

    ResponderEliminar
  3. JODER ERES MUY BUENO

    ResponderEliminar
  4. Lo he amado de principio a fin, quería pasada😜

    ResponderEliminar
  5. Gracias por mirar a Angel mas allá de las apariencias. Un relato increíblemente bueno

    ResponderEliminar
  6. Es alucinante, últimamente no puedo ni leer una página de mi libro favorito y con este relato me leería muchos más

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Vaya, te agradezco estas palabras. No son cosa baladí. Voy a releer el relato, a ver qué tal.

      Eliminar
  7. Hoy he decidido algo? Eres de mis escritores favoritos, que buen rato he pasado. Graciass

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues muchas gracias por esa consideración. Me alegro de que te guste.

      Eliminar
  8. Hace tiempo que estoy escribiendo. algo que me gustaría publicar. pero tengo que confesar que leo algo tan bueno como esto y pienso que yo nunca sabré escribir algo así.
    No quiero decir con esto que vaya a dejar de escribir, solo quería decirte que te admiro mucho y darte las gracias por como eres.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ánimo y adelante con lo que estás escribiendo. ¿Esto es tan bueno o solo tus ojos lo ven así porque te ha gustado? No te condiciones por la peligrosa subjetividad. Seguro que estás escribiendo de puta madre y es muy bueno lo que tienes entre manos. Admirar algo ajeno, en una sociedad basada en la envidia y los sentimientos encontrados cuando se trata del otro, dice mucho (y muy bueno) de ti. Suerte con las editoriales y ojalá te publiquen pronto. Aunque si eres un autor o autora desconocida, solo te ayudará tener un millón de seguidores en las redes sociales. Deseo de corazón que te publiquen. No me olvido de ti. Ahora estoy en una mala racha (aunque permanece la imperturbabilidad gracias al Tao) y cuando terminen de subirse automáticamente el resto de relatos, voy a tomarme unas vacaciones casi seguro, pero te prometo que nada más publiquen tu libro (que lo harán) habrá un espacio aquí para la reseña. No te olvides de avisarme, sea mañana o dentro de diez años, no importa. Si no me encuentras aquí, estoy por privado: anonimosinnombre133@gmail.com.

      Eliminar
  9. Tio yo no se como expresarlo sin que suene exagerado pero vaya Putísima locura, que engancha, eres un tío super interesante.
    No puedo encasillarte porque se te da bien todo lo que tocas. Este relato se convierte en mi favorito. Eres un crack pero insuperable.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Siempre muy agradecido por tus palabras y lo que me transmites. Me alegro de que te guste tanto. Que se convierta en tu favorito ya es mucho decir, así que eterno agradecimiento.

      Eliminar
  10. De principio a fin una maravilla

    ResponderEliminar