Un espacio para verdaderos amantes de la lectura. Diverso, diferente, con una comunidad respetuosa, participativa y fascinante. En él encontrarás reseñas de libros y/o cómics singulares, raros e instructivos, pero también convencionales. Revisamos y compartimos películas literófilas. Por último, tenemos un espacio de experimentación literaria propia, dedicado a la escritura creativa y colaborativa, el relato poético, donde se pueden valorar y publicar las aportaciones de quien decida participar.
domingo, 22 de marzo de 2026
ÁNGEL "EL REY DEL MUNDO" (relato poético)
sábado, 21 de marzo de 2026
'EL LIBRO DEL Tao LIBERADO' de Laozi (reseña)
viernes, 20 de marzo de 2026
ESTRELLA FUGAZ (relato poético)
Colaboración de Mery Baute
(María de las Mercedes Baute Aledo)
Ella tiene 19 años y nada de inocencia, totalmente expuesta a la violencia desde muy pequeña, su realidad le ha hecho normalizar prácticamente cualquier circunstancia, mira la vida con una mirada desafiante, sin miedo y con garra, sus ojos destilan vino viejo, te hipnotiza, tiene una agudeza impactante, está alerta, despierta y viva, es una mujer inteligente, segura de sí misma, no acepta victimismo y tiene claro lo que quiere en su vida, para ella muchas veces el fin justifica los medios y no la verás flaquear, porque no te necesita, es independiente, sabe nadar en el fango y es lo mas camaleónica que conozco. Ella igual da todo por ti que te lo quita de un plumazo. Nació para ser libre y si te ama pocas veces vivirás algo tan intenso y apasionado. Con ella te sientes invencible, su sonrisa hace que no pueda dejar de mirarla, no es solo belleza, es que transmite un poder hechizante. Me enamoré perdidamente, de su historia, sus vivencias, de su voz, el sonido de su risa, del calor de sus manos... Yo siempre supe que una mujer como ella es de la vida, de sí misma, del aire... pero no mía, nunca me perteneció. Ese día entendí que no iba a ser eterna, que hay personas que solo vienen a vibrar en una sola frecuencia, te hacen volar y capturas a su lado momentos inolvidables pero son efímeras y esto tenía un final. Aun consciente de lo que dolería me quedé, porque simplemente no podía marcharme.
Ella aquella tarde, miró al cielo, me cogió la mano, me miró a los ojos, tenía un brillo especial y me transmitió una paz que nunca antes había sentido y como si de una estrella fugaz se tratara se arrojó desde el acantilado que tantas veces fue testigo de nuestro amor y cayó al mar, en ese momento entendí que ella no llegó a mi vida para envejecer conmigo, únicamente me regaló su presencia para enseñarme a vivir.
Han pasado 30 años y jamás he vuelto a ver ni a sentir su esencia en ninguna mujer que he conocido, mi corazón le pertenecerá siempre. Dicen que la tengo idealizada, que no sería para tanto, incluso he tenido que llegar a escuchar algo tan desagradable como qué bien tenía que follar.
Déjenme decirles, queridos ignorantes, que ustedes jamás entenderán este idioma y que estáis destinados a ser ineptos emocionales. Pero no os culpo, sin ella yo seguramente pensaría igual.
Besos al cielo.
Tuyo por siempre.
Darío.
Marzo de 2026
jueves, 19 de marzo de 2026
martes, 17 de marzo de 2026
CUANDO EL NACH TRIUNFÓ EN SU NOMBRE Y EN EL DE OTROS (relato poético)
sábado, 14 de marzo de 2026
DE CAMINO AL TRABAJO (relato poético)
Por Riotrankilo
(Gustavo Giner González)
Fue hace unos días, me tocaba turno de noche. Tenía que pasar por el almacén chino de camino al trabajo. Se me había olvidado por completo que se acercaba el cumpleaños de Ana, nunca me había pasado, qué cosas, me gustaba tenerlo todo preparado con tiempo, pero bueno todavía quedaba un día. Por la tarde había comprado el regalo y cuando fui a envolverlo me di cuenta de que no quedaba papel de regalo.
Y ahí estaba, caminando por los interminables pasillos del chino, le había dado la vuelta a todo el almacén y estaba ya de regreso a la caja para preguntarle a la dependienta. Entonces me di cuenta de que el papel estaba en la entrada, y fue justo en ese instante cuando la vi. Me miraba directa a los ojos con aquella mirada felina que había olvidado por completo y no sé cómo lo había hecho pues aquellos ojos eran inolvidables. Supongo que las cosas inolvidables tampoco escapan del olvido, era Elsa. Abrió una puerta a un pasado muy lejano.
Charlamos, su sonrisa volvía a ser la de antes. Aquello sucedió antes de tener carnet de conducir y yo me lo saqué con dieciocho. No penséis que fue una historia de amor o algo parecido, que va, nada que ver. Tan solo fue la primera vez que hacía el ridículo delante de una chica y para ello no tuve que pronunciar más que una palabra. Pero me dio una pista sobre lo que significaría ser hombre, tendría el don de hacer el ridículo con tal facilidad que suena hasta sospechoso. Nos despedimos con un me alegro de verte y yo también. Verla había abierto algún tipo de agujero de gusano.
Pagué el precio del papel, salí de la tienda, entré al coche, cerré la puerta y cerré también los ojos. Volvía a estar allí.
Estoy tumbado sobre la hierba con los ojos cerrados y se siente realmente bien, puedo notar el sol en mi cuerpo. Huele a tierra y a naturaleza, sopla el viento y su eco va y viene como una caricia para la piel y para los oídos, los pajarillos tienen un piar feliz y nada más. Nada más se oye, tan solo la grandeza como si el silencio tuviese un sonido que solo se percibe con algún sentido todavía no catalogado. Abro los ojos y el cielo está abrumadoramente lejos. Brilla azul pintado de nubes blancas con formas de sueños en movimiento. Tengo las piernas cruzadas y las manos hacen de almohada.
Es el castillo de Aljofra, bueno más bien sus ruinas. A más de 1100 metros sobre el mar es el castillo construido a más altura de la comunidad. La cumbre del cerro sobre el que está edificado tiene apenas 100 metros cuadrados.
La hierba está fresquita, me apoyo sobre un codo y miro a mi alrededor, extensas y lejanas cadenas montañosas nos rodean y desembocan en una pequeña franja horizontal que debe ser el mar. Tras las murallas que todavía se niegan a desaparecer solo hay abismos, el Volkswagen parece una maqueta desde allí, aún así se puede ver el peluche gigante que hay dentro. Voy a tener que ir despertando a estos dos, hay que llegar antes del atardecer al castillo de Forna. Levanto vulgarmente una pierna y de mi culo salen cantos de sirenas trasnochadas. El infinito se llena de risas. Y de repente suena el móvil, es la realidad llamando.
Había regresado, se había cerrado el agujero de gusano. Abrí los ojos, estaba en el coche, con el papel de regalo en la mano, Elsa pasaba por delante con sus dos hijas despidiéndose con la mano y una sonrisa gratis, todavía faltaban treinta minutos para empezar a currar. Llegué al hospital, vale que no es un castillo, pero no deja de ser una aventura, nunca sabes qué te vas a encontrar, después de tantos años sigo sorprendiéndome con la imprevisibilidad de las cosas. Me quedaba un paseo desde el aparcamiento, iba a cruzarme con los habituales resoplando y quejándose de que todo estaba como el culo, augurando que me esperaba una noche asquerosa. Pero yo sabía que no iba a ser así, mi trabajo es un privilegio, no deja de darte oportunidades para mejorar la situación de gente con verdaderos problemas, aunque solo sea un poquito, aunque alrededor parezca el infierno. Y además todo está aliñado con tener una compañera de turno increíble, porque aunque parezca absurdo el hospital está lleno de batas blancas que nunca se han ganado el derecho a llevarlas. Si tuviese que trabajar con alguna de esas personas sería otra historia.
Al final había llegado, me puse el uniforme. ¿Puede haber mejor uniforme que un pijama?
Todavía no lo sabía, pero me esperaba un precipitado por el hueco de las escaleras.





























