Escrito por el magnífico (único a mi parecer) dietista-nutricionista, profesor académico, divulgador científico y escritor español Julio Basulto Marset, nacido el 27 de diciembre de 1971 en Barcelona, Cataluña, España.
Mi ejemplar es una primera edición publicada en enero de 2026 por VERGARA, sello editorial de Penguin Random House Grupo Editorial.
El libro tiene 304 páginas repartidas en un prólogo, 5 capítulos numerados y titulados, las reflexiones finales, los agradecimientos y las notas.
Se trata, directamente, sin medias tintas ni objeciones posibles a mi juicio, del mejor, del más completo, del único libro que todo el mundo debería leer con urgencia y de manera innegociable, sobre la pandemia más significativa que caracteriza estos tiempos de desesperanza, pues a diferencia de las epidemias y/o pandemias provocadas por microorganismos con los que siempre hemos lidiado desde el principio de los tiempos y deberemos seguir lidiando muy probablemente, mientras sigamos existiendo como especie, hasta el final de los tiempos, se trata de una pandemia creada artificialmente por nuestra codicia y el tipo de sociedades mercantiles que hemos creado, donde el beneficio y la ignorancia voluntaria siempre está por delante de cualquier otro criterio.
¿Crees saber algo sobre la obesidad? Te insto a que leas atentamente este libro y luego hablamos en los comentarios.
Siguiendo con la línea de pensamiento que llevo en marcha desde el comienzo de este mes en curso, es decir, leer y reseñar libros que considero de la máxima utilidad para todo el mundo (exceptuando los cómics, que serían descansos lúdicos intercalados, aunque también tengo entre manos alguno que otro de máxima utilidad), hay un tema que solo traté una vez al comienzo del blog y no he vuelto a él desde entonces, absorbido por tantas cosas interesantes: la alimentación humana y el crucial impacto en nuestra salud, así como enfermedades.
Me interesé por la cuestión alimentaria desde que empecé a leer libros, hace ahora 31 años exactos. Durante las 2 primeras décadas básicamente consulté, leí y me fundamenté en las pseudociencias, empezando por el naturismo y terminando por cualquiera de los enfoques pseudocientíficos basados en afirmaciones infundadas sobre la salud y las enfermedades (destacando la macrobiótica como ejemplo referencial, aunque lo más influyente fueron los enfoques vegetarianos, ya que mis tendencias personales siempre fueron por esos derroteros). La última década cambié el tercio por completo, virando poco a poco hacia la ciencia basada en la evidencia. El punto de inflexión llegó en 2016, al leer mi primer libro de Julio Basulto: MÁS VEGETALES MENOS ANIMALES. Una alimentación más saludable y sostenible (Debolsillo, Barcelona, 2016), escrito en colaboración con Juanjo Cáceres.
¡Qué bonito e idílico se vendía el vegetarianismo a principios del siglo XX! Durante unos pocos años me creí las patrañas pseudodietéticas de los José Castro Blanco (1890-1981), los Nicola Capo Baratta (1899-1977) o del más prestigioso (pero no mejor) Eduardo Alfonso Hernán (1894-1991), pioneros los 3, junto con otros personajes similares, del naturismo hispano de principios del siglo XX, a los que podríamos llamar "la prehistoria de los influyentes de la salud basada en especulaciones infundadas". Claro que, a principios del siglo XX, la industria alimentaria ultraprocesadora de materias primas comestibles, ni tampoco la restauración de comida rápida (sucedáneos comestibles), se había implantado ni creado la distópica realidad que nos rodea, basada en desiertos alimentarios y una inundación, a mi parecer injusta, abusiva y sin duda criminal, de productos comestibles malsanos, promotores y en muchos casos, causantes (como demuestra la inequívoca e inapelable evidencia científica) de la epidemia de obesidad, trastornos metabólicos y toda una serie de afecciones derivadas del estilo de vida.
Una de las cosas que más me ha sorprendido siempre es lo cerriles, dogmáticos e incluso fundamentalistas que somos con la alimentación, reticentes a cambiar el mínimo aspecto, con justificaciones espurias, sesgadas e insostenibles, solo comparable a lo que generan aspectos de la vida humana como la religión o el fútbol, por ejemplo. Y evidentemente así nos va. Pero lo peor, sin duda, como aprenderemos en este libro (y todos los escritos por Basulto, a solas o en colaboración) es la complejidad de factores que nos han traído hasta aquí, pero que desglosaremos parte a parte, tanto en el libro reseñado ahora, como en el anterior del autor, totalmente complementario, para identificar a los culpables, no solo de la epidemia de obesidad que sufrimos, sino de la crisis sanitaria en la que estamos envueltos: COME MIERDA. No comas mejor, deja de comer peor (Vergara, Barcelona, 2022).
Y aunque un caso es solo anécdota, nunca evidencia de nada, no obstante y en lo que me incumbe, voy a hablar, pues creo reconocer suficientes anécdotas similares a mi alrededor como para tener en cuenta. A pesar de estar de acuerdo con todas las directrices y fabulosas ideas expuestas por Julio Basulto en este, insisto, imprescindible libro sobre el tema de la obesidad que nos incumbe a todos (porque todos, independientemente de nuestro peso corporal, tenemos ideas muy equivocadas sobre el asunto, como pronto verás si lo lees), a mí, por ejemplo, no me sirvió de mucho que mis padres estuvieran concienciados con el tema alimentación. Sí, la educación y el ambiente en casa ayudaría, pero poco pudo contra las 2 tiendas de golosinas, bollería industrial y aperitivos fritos que había a la puerta del colegio. Pronto acabé enganchado a la comida basura desde la infancia, agudizándose el problema en la adolescencia y la juventud. Aunque practiqué mucho deporte en aquella época y tuve un cuerpo en la mejor forma posible durante los primeros 25 años de vida, no obstante todo eso cambió rebasado el primer cuarto de siglo vivo, cambiando hacia el peor padecimiento de mi vida, que arrastro desde principios de 2006, poco antes de cumplir los 31: la obesidad. Porque, como aprenderemos en este imprescindible libro y otros de Basulto, no existen las personas "obesas", como tampoco existen las personas "sidosas", "cancerosas" ni "deprimidas". La obesidad, al igual que el sida, el cáncer o la depresión, es una enfermedad crónica que se padece, nunca una condición de la persona.
No sé muy bien por qué motivo, Julio Basulto es percibido por algunas personas de una manera que no comparto, dando la equívoca impresión de "dogmatismo" o "arrogancia" en su percepción, supongo que debido a la exposición clara, desmitificadora y basada en la evidencia que hace. Supongo que cuando a alguien le tocan sus convicciones más firmes, las reacciones previsibles se activan con virulencia, cual resorte sensible.
Mi impresión, después de haber pasado por todo en cuestiones alimentarias, es que la aplastante mayoría de la presunta información a la que podemos acceder es desinformación de la peor, generando todo esto solo desconfianza, suspicacia y pensar que toda información sobre alimentación es confusa. Nada más lejos de la realidad. Hay información fiable y de sobra; solamente hay que saber identificar dónde está y acudir a ella. Todo lo demás, efectivamente, es desinformación, a veces bienintencionada (pero equivocada), otras veces malintencionada. Y... ¿dónde está esa verdadera información, la única fiable? Aquí las cosas se complican un poquito: en la abrumadora investigación científica seria y las evidencias extraídas, pero no de cualquier estudio, sino principalmente de los estudios de intervención, con ciertas características (de doble ciego o aleatorizados) y metaanálisis mejor preparados, sin conflictos de interés.
En fin, que no es fácil extraer la verdadera información aprovechable a tener en cuenta, pero poder se puede. ¿Y qué tiene que ver Basulto con todo esto? Pues que precisamente su mayor trabajo y aportación como divulgador es cribar esos estudios exhaustivos para escribir sus libros. ¿"Dogmático" o "arrogante" Basulto? Todo lo contrario, en mi opinión. Pocas veces he conocido mayor humildad que la suya, pues nunca habla (a diferencia del resto de "cuñadietistas", como los suele catalogar de manera graciosa pero muy certera) en su nombre, sino en nombre de la abrumadora y aplastante evidencia científica aplicada a la alimentación.
Un dato importante: la calidad literaria de un libro de divulgación científica (o que pretenda serlo) está siempre en las fuentes usadas y/o consultadas, pues a diferencia de un ensayo sobre cualquier otro tema, la ciencia no se basa en opiniones personales ni especulativas, inventadas por alguien arbitrariamente, sino en recurrir a los resultados de una metodología colaborativa e impersonal, producto de años de la más rigurosa y meticulosa investigación. Pero eso no significa ni que todos los estudios sirvan ni que tengan la misma calidad, de ahí que necesitaremos indagar a fondo en las fuentes usadas, pues la calidad de lo que escribamos y expongamos dependerá de la calidad de esas fuentes recurridas.
En el caso de este libro (aunque todos los libros del autor son similares) de las 304 páginas que tiene, 42 son de notas, con 504 notas en total, muchas de las cuales nos remiten a estudios de la mayor rigurosidad, así como a fuentes autorizadas. He aquí lo principal que marca la diferencia.
Sí, es cierto que infinidad de personas hablan de alimentación, especialmente en las redes sociales. También tenemos la sección de salud, bienestar, o directamente alimentación en las librerías, repleta de novedades editoriales sobre el tema. El negocio editorial no para de sacar libros al mercado cada día y las personas sienten cada vez más confusión sobre qué comer o qué no comer. Bueno, la elección es más fácil de lo que parece, aplicando ciertos criterios inequívocos, como te mostré más arriba: huye de cualquiera que hable de alimentación sin ser dietista-nutricionista (aunque sea médico, pues no tiene la formación adecuada) y recurre siempre a una evidencia científica sólida. Pregunta por las fuentes usadas para fundamentar cualquier consejo sobre alimentación que te quieran colar o vender. Si ves un libro sobre alimentación, no consultes nunca el índice sino las fuentes usadas. En última instancia y aunque hay más libros escritos por profesionales competentes, recurre a Julio Basulto Marset. Es uno de esos raros benefactores humanos de los que te puedes fiar, pues siempre está a la última de la evidencia científica con la mayor calidad. Si por algún motivo te cae mal o tienes percepciones extrañas sobre él, recuerda que lo importante en este caso no es la persona sino la información útil que aporta sobre algo, en este caso uno de los temas que nos incumbe a todos: la alimentación humana.
Fíjate en esta muestra. En el capítulo 'Reflexiones finales', con apenas un par de páginas, Julio dice esto: "Soy consciente de haberme dejado en el tintero cuestiones importantes, como los aspectos psicológicos relacionados con el abordaje del exceso de peso, pero este libro no pretendía ser un completo y complejo manual de obesidad, sino una aproximación accesible y honesta a una enfermedad crónica que afecta a más de 650 millones de adultos" (página 257). Y sin embargo yo estaba esperando que publicara algo sobre el tema, de ahí mi alegría cuando encontré el otro día su último libro, pues es lo más completo y definitivo que he leído. ¿Puede haber mayor humildad? ¿Que no pretendía ser un completo y complejo manual de obesidad, sino una aproximación accesible y honesta? Bueno, pues en mi opinión de lector empedernido, este libro es lo mejor que ofrece hoy por hoy el mercado editorial sobre la obesidad, sin ninguna duda. Si bien hace tiempo que no leo más allá de los libros escritos por Basulto sobre esta cuestión, durante 31 años de interés por la alimentación he pasado por todo, creyendo tener algo de criterio (aunque solo sea subjetivo y anecdótico) sobre el tema.
Otra muestra: "Como habrás podido comprobar, soy bastante escéptico en todo lo relacionado con el tratamiento de la obesidad. No lo soy tanto con la cirugía bariátrica (cuando está indicada, claro). [...] Aunque durante un tiempo tenía en mi mente el prejuicio de que esta intervención era algo demasiado agresiva y que se reservaba para casos extremos, hoy sé que es muy efectiva para adelgazar a largo plazo, con una pérdida media sostenida de un 22 % del peso corporal después de veinte años de seguimiento" (página 251). Como cualquier buen divulgador científico basado en la evidencia (la única forma fiable de conocimiento a la que podemos recurrir) que se precie, Julio no se acoge a opiniones infundadas de cosecha propia, sino que modifica su punto de vista, reconociendo primero sus limitaciones prejuiciadas y corrigiéndolas luego cuando la evidencia le dicta que se equivocaba. Exactamente ese es el motivo principal por el cual el método científico es, hoy por hoy, imbatible en la generación de conocimientos útiles, prácticos y aprovechables: es el único método que implementa sistemas de revisión y autocorrección constantes.
Tampoco era mi intención extenderme tanto en la reseña, pero al final ha sido necesario. En este magnífico e imprescindible trabajo que todos deberíamos leer, especialmente si ya tenemos hijos pequeños o estamos pensando en tener pronto descendencia, no se escapa (casi) nada.
Aprenderemos qué causa obesidad y lo más importante: empezaremos tumbando estereotipos y creencias caducadas desde hace mucho tiempo (aunque la mayoría no nos hayamos enterado), cuyo cliché más erróneo pero arraigado en la imaginería popular, es que las personas que sufren obesidad son unas perezosas y/o vagas. Nada más lejos de la realidad: "La actual narrativa tacha a las personas con obesidad de perezosas, desmotivadas, sin autodisciplina, sin fuerza de voluntad. No es cierto, como ya he justificado. Ni siquiera es cierto que quien tiene obesidad cumpla peor los consejos dietéticos por falta de fuerza de voluntad. Lo demostró un ensayo controlado y aleatorizado (un estudio bien diseñado, vamos) cuya conclusión fue que no existen diferencias en la adherencia alimentaria entre personas delgadas y personas con obesidad, y dicha adherencia no se asocia con la adiposidad ni con el hambre. Por lo tanto, la creencia de que la falta de adherencia (por ejemplo, la falta de voluntad) es exclusiva de la obesidad es falsa y puede perpetuar el sesgo y el estigma relacionados con el peso" (página 144).
"Conoce cuáles son las (múltiples) causas de la obesidad, muchísimas de ellas fuera del control del individuo; comprende que su diagnóstico es algo más complejo que mirar la báscula; identifica la gran presión y la enorme discriminación que sufren las personas con exceso de peso (sobre todo si son mujeres); entiende que el tratamiento no es tan reduccionista como <menos plato y más zapato>, graba en tu mente que <hacer dieta> engorda; y acéptate, tengas el peso que tengas... pero cuídate, también tengas el peso que tengas. Así sería el resumen de lo que leerás en las próximas líneas" (páginas 17 y 18). "También he insistido en que las personas que padecen obesidad son víctimas de hormonas, de sustancias que se generan por parte de células grasas, y de cambios en el metabolismo del cuerpo que hacen que tengan más apetito o que tengan preferencia por alimentos con más sabor (y, por tanto, más dulces y salados... y menos sanos). Es decir, no es el apetito lo que les causa obesidad, es la obesidad lo que les causa el apetito: somos lo que comemos, pero también comemos lo que somos" (página 19).
Ya desde el segundo capítulo aprenderemos qué es la pobresidad (relación entre pobreza y obesidad), la industria codiciosa, los charlatanes, los famosos ambiciosos, los medios irresponsables, las modas dietéticas, las dietas milagro, la mala ciencia, los políticos nutripopulistas, los sanitarios negligentes, las menopausias desatendidas, las políticas obesogénicas, el analfabetismo nutricional o el contraproducente autoritarismo alimentario en la infancia. Pero esto no es todo. Hay mucho más. Especialmente útil e imprescindible es el capítulo 5, titulado 'PREVENCIÓN Y TRATAMIENTO DE LA OBESIDAD' (páginas 167 a 255).
En fin, un libro muy importante, que todos deberíamos leer varias veces para, como mínimo, estar bien informados sobre una cuestión que nos afecta a todos de una manera directa o indirecta. Recuerda que la mala alimentación causa 11 millones de muertes anuales (bastante más que el tabaco, que causa 7). La obesidad es una pandemia que va en aumento, es la peor crisis sanitaria a la que nos estamos enfrentando y lo peor de todo: no estamos haciendo lo suficiente como sociedad para prevenirla en la infancia, ni mucho menos para atajarla en adultos, pero con este libro de Julio Basulto no solo tomaremos conciencia, sino que aprenderemos todo lo que nos falta saber, no como autoridad porque él lo valga, sino como facilitador de la información más fiable, reconocida, sustentada y exhaustiva a la que hoy podemos acceder. Y de entrada, hay algo significativo que podemos hacer: dejar de alimentar a la caterva de charlatanes sobre esta cuestión, retirándoles nuestra atención, por ese motivo y como conclusión diría que "menos Llados y más Basulto". La elección, aquí sí, es tuya: Julio Basulto. Dietista-Nutricionista. https://share.google/gtyBGpIcBnIuy2Xk8.




Que importante es este tema en los tiempos que corren, que hay mas información que nunca pero estamos mas contaminados y enganchados que siempre. Conozco a Julio Basulto, tuve el placer de asistir a una de sus charlas/cursos y me parece un gran profesional que sabe lo que dice y dice solo lo que sabe siempre con una argumentación infalible. Que gran trabajo has hecho y que buena reseña. Si llega a sus manos seguro que la valorará.
ResponderEliminarMe alegra mucho recibir un comentario como el tuyo. Gracias por compartir tu experiencia con Julio (al que no tengo el privilegio de conocer en persona, como tú) e impresiones, con las que evidentemente estoy de acuerdo.
EliminarFaltaba algo asi en este maravilloso blog, hay que crear consciencia, este último de basulto no lo conocía, mañana lo pillo. Que reseña mas completa y gracias por tu sinceridad y exposición.
ResponderEliminarGracias a ti por comentar. Ya conoces, entonces, cómo trabaja, indaga y escribe Julio. Este no te decepcionará. Es Julio 100 %.
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