Escrito e ilustrado por el extravagante, muy diferente y altamente disruptivo artista visual estadounidense George Wylesol, de Baltimore, Maryland, Estados Unidos, aunque reside o ha residido en Filadelfia, Pensilvania, Estados Unidos. Al parecer es ilustrador, diseñador y educador, pero también historietista, autor de tres cómics. Su estilo propio es único y presenta la máxima rareza que he visto. Combina de manera extraña sus especialidades, destacando la ilustración y el diseño gráfico, con una impresión superpuesta de los colores, así como un tipo de ilustración vectorial y/o lineal.
Mi ejemplar es una primera edición publicada en mayo de 2024 por Libros Walden, una fabulosa pequeña editorial independiente de Madrid que empezó su andadura literaria en 2013, con la intención de publicar libros buenos. La declaración de intenciones en su web es muy elocuente y a mi juicio certera: "Libros Walden es una editorial de Madrid que solo saca libros buenos" (Unas palabritas sobre nosotros: Libros Walden). Se adentró en la publicación de noveno arte a partir de 2020.
El cómic tiene 272 páginas sin numerar y está compuesto por una amplia cantidad de historietas que van desde una única página ilustrada sin guion, hasta una historieta completa que ocupa aproximadamente una tercera parte del cómic. Vale 22 euros.
Se trata del cómic (primero y hasta el momento único del autor que se publica en España) esencial para conocer toda la obra en general de George Wylesol, debido a la cantidad de ilustraciones e historietas diversas y reconocibles como las creaciones únicas e inimitables de tan extraordinario autor, sin parangón.
Un cómic difícil de reseñar, pues se trata de una rareza tan extrema que no hay nada literario ni con sentido argumental a lo que acogerse; literalmente el cómic más genuino y disruptivo que he visto en mi vida, pues rompe con toda concepción de las formas artísticas visuales conocidas, incluso cuando nos centramos en buscar las máximas rarezas.
En mi opinión estos trabajos de Wylesol (porque no hay un solo trabajo, sino el más amplio catálogo del autor y su múltiple expresión artística) dejan la concepción surrealista a la altura del "betún"; el surrealismo, en comparación con las creaciones wylesolianas, es simple realismo normal.
No se encuentra ninguna coherencia en las narraciones, cuando las hay. Nunca sabemos a dónde nos quiere llevar el autor. Cuando hay narración, el guion es breve, escueto, directo, acorde a la moda impuesta por internet de los conocidos 140 caracteres, pero jamás tiene un sentido, aunque a veces lo aparente, ni tampoco significado. Todo da la impresión de aleatoriedad. La narración wylesoliana se salta por completo cualquier regla literaria establecida: ni principio, ni desarrollo, ni trama, ni nudo y mucho menos desenlace. Empieza la historieta sin pies ni cabeza y sin cabeza ni pies termina, abruptamente, de repente, sin recibibir ni siquiera una señal identificable por parte del autor de que se puede terminar en el momento que lo hace. Simplemente se termina y ya está. A por otra historieta. Pero en no pocas ocasiones tampoco sabemos muy claro si lo que estamos viendo o leyendo forma parte de la misma historieta o es otra distinta o algo suelto sin más.
A veces aparece una fecha, el nombre del autor y su dirección web en una página, como si indicara el final de la historieta. Otras veces aparece solo la fecha y la dirección web. Pero en la mayoría de ocasiones no hay nada, así que es difícil distinguir incluso si estamos ante una historieta, una ilustración, un título o el final de una parte.
Las ilustraciones son de una extravagancia tan grande y exquisita que nos remiten a mundos imaginarios ideados por el autor, donde no rige ni una sola de las normas o reglas estéticas que nos permitan acogernos a algo estable, conocido, identificable. Podrían ser, en ocasiones, dibujos de niños de cinco años. Podrían ser, en ocasiones, cartografías de otros mundos desconocidos. Podrían ser, en ocasiones, efectos distorsionadores de la percepción procedentes de una enfermedad neurológica, de una psicopatología o de la ingesta de drogas psicodélicas.
Lo único claro en este cómic es que el singular autor y sus inescrutables trabajos sin comparación posible con nada que al menos yo conozca, genera una amplia cantidad de sensaciones, impresiones, emociones y estados de ánimo al límite, a medio camino entre la perplejidad, el desasosiego, la imaginación fabuladora, la locura absoluta, la proyección psiconáutica, el silencio mental, la suspensión de toda lógica o razonamiento cabal y la asegurada necesidad de releer, de revisitar, de revisar una y otra vez estos trabajos que rompen con todo: la ilustración, el guion, la literatura, el diseño gráfico, la pintura, la composición técnica, la maquetación y tu cabeza. Especialmente tu cabeza.
Conclusión: si estás aquí solo por las reseñas útiles, prácticas, aprovechables, cabales y coherentes, es decir, lo que predomina en esta etapa del blog, pues olvídate del cómic. Obvia esta reseña y espera a la próxima. O revisa el blog por si te estás perdiendo algo importante. Si estás aquí por el título del blog o porque en verdad te gusta la rareza literaria, las experiencias que rompen con toda convención, en este caso comiquera, agénciate un ejemplar cuanto antes sin dudarlo. Te aseguro que, al menos en las dos décadas de búsqueda exhaustiva y prestar una atención selectiva a todas las rarezas literarias que se crean en el noveno arte, por mi parte, no puedo identificar nada igual a este artefacto artístico "explosivo". Este cómic es la mayor rareza que he visto y leído en mi vida hasta hoy. Una genialidad sin parangón y solo apta para los paladares más selectos y exigentes.




















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