martes, 3 de febrero de 2026

Reflexiones especulativas sobre la impostura y la mentira

Nuevamente viene la espontaneidad no buscada a mi vida y pasa por delante de mis narices sugiriendo escribir este post, que se ha ido construyendo automáticamente, pieza a pieza, en mi cabeza, como si fuera un juego de Lego o algo parecido, desde hace 5 horas y media. Así que empecemos por el principio, como siempre suele suceder: la declaración de intenciones.

   Este post tiene una intención de fondo, que es compartir cierta idea llegada repentinamente a mi cabeza, tras un suceso concreto que la desencadena, desde mis impresiones, reflexiones y especulaciones subjetivas. En este caso se trata de un asunto polémico, relacionado con un fenómeno que forma parte de la vida humana en sociedad: la impostura y la mentira asociada, aunque lo voy a tratar desde la figura del impostor y lo que me produce esa figura. El tipo de reacción ante el asunto tratado creo que dependerá de la forma en la que lo decida vivir y gestionar, sobre todo emocionalmente, cada cual, pero también me parece que la reacción o respuesta que cada cual tenga ante ello determina muchas cosas sobre su sistema de creencias, en especial relacionadas con las dimensiones subjetivas de la moralidad y la ética.

   Lo primero de todo es posicionarme: la figura del impostor me produce, de entrada, simpatía. No se trata de una cuestión de estar a favor o en contra, simplemente no me siento ni capacitado, ni autorizado, ni tampoco con ánimo como para juzgar la figura del impostor desde una posición moral, precisamente porque, me parece, en gran parte, que no puedo evitar sentirme un impostor. Y tal vez por eso, unido a mi trayectoria vital, siento una simpatía amoral (ni a favor ni en contra de emitir un juicio moral) por la figura del impostor.

   Aunque en mi realidad cotidiana, experiencia vital acumulada y sistema de creencias particular (siempre en revisión, "reformateo" y "reinicio") no sea muy partidario de la mentira, en realidad debería matizar que no soy partidario de la mentira sistemática o patológica, pues la mentira cumple una inexorable función social y al parecer es inevitable, aunque sea en ese contexto que catalogamos como "mentirijillas" o "mentiras piadosas" que, se mire como se mire, técnicamente hablando son mentiras y punto, aunque las justifiquemos para quitarle la carga moral de ser algo malo y/o reprobable. De ahí que me chirríe cualquier tipo de postureo moral, pues sinceramente dudo mucho de que alguien se lo pueda permitir (servidor desde luego no puede ni de broma).

   Escribo sobre una amplia diversidad de temas y aspectos en los que no estoy especializado. No soy escritor, no soy periodista, no soy crítico literario, mucho menos cinematográfico. Y no obstante, escribo aparentes "reseñas" sobre libros, cómics y ahora también películas. No soy sinólogo, ni orientalista, ni especialista en la historia del pensamiento chino. Y no obstante, escribo un aparente dietario de estudios taoístas. Mi formación académica se reduce al graduado escolar. ¿Qué me diferencia, por tanto, del impostor? ¿No soy, acaso, un impostor en toda regla? ¿Que no me hago pasar por un maestro taoísta, un escritor, un periodista, un crítico literario o cinematográfico? Podría ser. Y a lo mejor es hasta lícito decir: "no lo eres porque... (póngase aquí la excusa, reflexión, justificación o exculpación que cada cual quiera inventar). Pero, entonces, en ese caso, el único fino y frágil "hilo" que me separaría de la impostura sería afirmar que sí soy un maestro taoísta, un escritor, un periodista, un crítico...

   Todo esto es para llegar a la reflexión que siempre me ha hecho, desde la segunda mitad de 1995, simpatizar con la figura del impostor: si mis escritos le sirven a alguien para algo... ¿El hecho de ser un impostor, porque afirme que soy lo que no soy, he estado donde nunca estuve o tengo las titulaciones que no tengo, cambiaría algo en relación a la utilidad de mis escritos o solo sería un cambio de apreciación en relación a ciertas convenciones humanas, sociales y académicas, que tal vez no sean tan importantes en el trasfondo como solo en la apariencia? No lo sé y me da la impresión de que estamos ante un asunto de gran complejidad, apasionante para reflexionar y que cada cual llegue a sus propias conclusiones y aporte sus puntos de vista más abajo en los comentarios, aunque sea solo por pasar el rato, especular y divertirnos un poco.

   Te preguntarás: ¿A qué viene todo esto? Bueno, pues viene a colación del nuevo apartado que inauguré en el blog y la respuesta favorable (en comentarios y visitas) que está teniendo. Me refiero al cine literófilo. Hace unas horas, mientras escrutaba Movistar+ a la búsqueda de nuevas joyas literófilas escondidas, he tropezado con una de las películas que más veces he visto y más me gustan, aunque no sea literófila, ni siquiera literaria. Se titula 'MARCO'. Es un "biopic" (película biográfica) de drama, dirigida por Jon Garaño y Aitor Arregui. Protagonizada por un deslumbrante y en la cumbre Eduard Fernández, se estrenó en los cines españoles el 8 de noviembre de 2024. El gran e irrepetible Eduard Fernández encarna a uno de los personajes impostores más fascinantes que he conocido en mi vida (y precisamente lo conocí por primera vez gracias a esta magnífica película, aunque Javier Cercas ya había escrito un libro sobre él, en clave de novela, una década antes, titulada El impostor [Literatura Random House, Barcelona, 2014]): Enric Marco.


   Enric Marco Batlle nació el 12 de abril de 1921 en Barcelona, Cataluña, España y murió el 21 de mayo de 2022 en el mismo lugar, con la friolera de 101 años de edad. Fue un perspicaz impostor español de largo recorrido, cuya mayor (aunque no única) impostura fue afirmar que había sido un prisionero en el campo de concentración nazi de Flossenbürg, Neustadt an der Waldnaab, Baviera, Alemania durante la Segunda Guerra Mundial. Pero lo curioso del caso no fue esa afirmación, sino que llegó a ser presidente de la asociación Amical de Mauthausen, una asociación fundada en 1962  en Barcelona por antiguos deportados y legalizada en 1978, con el objetivo de defender los derechos morales y materiales de los aproximadamente 10.000 españoles deportados a los campos de concentración de la Alemania nazi, así como de sus familias, estrechando lazos de solidaridad y preservando su memoria. Llegó hasta el nivel de recibir la Creu de Sant Jordi por parte del gobierno catalán en 2001, hasta que, por fin, el historiador español especializado en el estudio de los españoles  deportados a campos de concentración nazis, Benito Bermejo Sánchez, desemascaró su mentira en 2005, que el propio Enric Marco admitió, devolviendo la medalla. Pero no solo había inventado esa mentira, como evidenció Cercas en su magnífica novela con una rigurosa y precisa investigación de su pasado, sino toda una historia ficticia de ese pasado.


   En este caso es más difícil sentir simpatía por el personaje, como encarnación de la figura del impostor, porque su impostura fue tan lejos que dañó objetivamente a las familias de los deportados, afectados por un drama real derivado de las locuras políticas que nos permitimos cuando nos erigimos en dueños y señores de una verdad subjetiva que no solo nos afecta a nosotros, sino al espacio de convivencia colectiva y le imponemos a los demás nuestras creencias y peligrosas superioridades morales, llegando al nivel más desproporcionado: deshumanizar al otro (que es tan ser humano y tiene tanto derecho como nosotros a la vida y su libertad) para convertirlo en un mero chivo expiatorio al que transferir nuestras "movidas", trastornos, radicalizaciones, "neuras" y sesgos politizados.

   Pero el papel que escenifica Eduard Fernández, llevando a la vida del celuloide a Enric Marco, especialmente en algunos momentos puntuales de la película, hace que se le coja cierto aprecio, no por lo que hizo, sino por ver precisamente su humanidad rebosante; esa humanidad tan frágil, narcisista, necesitada de reconocimiento al precio que sea, hastiada de la mediocridad cotidiana fagocitada por un insoportable anonimato sin nombre, en una sociedad que continuamente estimula el culto al éxito, al reconocimiento, al dinero, a ser alguien, a tener millones de seguidores, etcétera y todo lo valora con esos estándares. Sí; esa sociedad que cada vez que te pregunta o sale el tema y le dices a lo que te dedicas ("soy bloguero literario") no se le ocurre nada más que preguntar: "¿Y ganas dinero con eso?". O: "¿Cuántos seguidores tienes?". "¿Recibes muchas visitas al día?". Respuesta: "no, no gano dinero con eso". Pensamiento automático pero en silencio: "ya. O sea, que estás en paro". Sí, no hace falta que lo vuelvas a especular más en silencio: evidentemente estoy en paro, no gano dinero con ello, tengo 0 seguidores y unas 500 visitas de media por día. Nunca he estado tan feliz y satisfecho como ahora en mi vida. Hago lo que me apasiona sin condicionamientos de ningún tipo, no le debo nada a nadie y nadie me debe nada a mí, esto sigue adelante gracias a la comunidad lectobibliófila que tengo y el día que me canse y no me apetezca seguir o se canse Blogger o haya un apagón definitivo, lo dejaré tan tranquilo como lo empecé y me dedicaré a lo próximo que se me ocurra o me traiga la vida y sus devenires. El resto, pues no sé, seguid a ostias para repartíos el dinero, la fama, el reconocimiento, el éxito y ser alguien en la vida, si así os parece que la vida vale la pena.


   Pero Enric Marco y la imprescindible película reflexiva que ha desencadenado estas especulaciones subjetivas, en realidad me ha llevado a mis orígenes lectobibliófilos y ahora, tal vez, será más fácil entender el porqué de este post: ¿Sabías que mis 2 primeras influencias, tras el inicio de las lecturas que desencadenaron mi lectobibliofilia, fueron figuras impostoras?

   El primer autor que leí en mi vida a fondo fue Lobsang Rampa. Tuesday Lobsang Rampa era el pseudónimo literario de un autor británico superventas del siglo XX llamado Cyril Henry Hoskin (1910-1981). En 1948 cambió su nombre legal a Carl Kuon Suo. Entre 1956 y 1960, bajo el nuevo pseudónimo de T. Lobsang Rampa, publicó varios libros pioneros de la literatura nueva era, bajo la afirmación de que era un monje budista tibetano. Un año antes de llegar a publicar el segundo libro, el alpinista, explorador y escritor austriaco Heinrich Harrer (1912-2006), amigo personal y profesor en la adolescencia del actual decimocuarto dalái lama Tenzin Gyatso, dudó tanto de las afirmaciones de Rampa en su primer y muy exitoso libro, que en 1958 contrató a un investigador privado y desemascaró la farsa de Hoskin. No obstante y a pesar de ser un impostor en toda regla, que desconocía el budismo tibetano, nos llevó a no pocos hasta él. Y por eso, el actual dalái lama, lejos de sentirse molesto, ofendido o rechazar con vehemencia la impostura, ha reconocido públicamente con agradecimientos continuos la labor de Hoskin ficcionando en sus libros un falso budismo tibetano, pues le ha reportado al verdadero no pocos conversos desde la década de 1960.


   El segundo autor que más me influyó en mi juventud, inmediatamente antes de encontrar a Jiddu Krishnamurti (1895-1986), fue el astrólogo y escritor autodidacta francés Serge Raynaud (1916-1962). Adoptando el pseudónimo Serge Raynaud de la Ferrière para "ennoblecerse", fundó un movimiento sectario espiritual pseudorreligioso, también precursor del movimiento nueva era, centrado en torno a las ideas astrológicas de la "era de Acuario" y especialmente la práctica de hatha yoga. Aunque Raynaud fue uno de los grandes impostores del siglo XX, afirmando (directa o indirectamente) tener una serie de titulaciones académicas que no tenía, para darse prestigio, siendo toda su vida de gurú orientalista una invención fantasiosa, no obstante su inspiración durante unos meses de 1996 me llevó al descubrimiento del verdadero hinduismo y por eso le guardo un gran recuerdo, un inmenso agradecimiento y mucho cariño, teniendo su libro más importante a mi juicio, YUG YOGA YOGHISMO. UNA MATESIS DE PSICOLOGÍA (GFU Línea Solar, Murcia, 1988) guardado como oro en paño.

11 comentarios:

  1. Si esto es una construcción de lego, te has pasado el juego amigo🫨
    Me dejas como si me pegaran dos buenas ostias mañaneras🤣😂
    Yo es que contigo no se porque donde da el viento.
    La película es buenísima pero esto es el remate perfecto. Dices muchas verdades en esta entrada y estoy 100% de acuerdo.
    Que curioso lo de las dos figuras impostoras. Eres un máquina!

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    1. Qué risa nada más despertar de buena mañana con la sacudida 🫨. A mí también me pasó anoche cuando lo revisé antes de publicarlo (pues escribo de tacada sin revisar nada hasta que termino) y dije: "¿Pero qué mierda es esto? ¡Puuuuuta locura! El Enric de los cojones fue el "culpable" de esta sacudida 😅. Pero no el Enric real sino el que interpreta Eduard, cuando está viendo a Cercas en la tele y comenta, hablando solo: "pero que dices, farsante, que solo quieres chupar cámara" o algo así y luego va a la charla de Cercas en persona y se la lía 😂.

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  2. Para empezar Bro eres el impostor menos impostor de todos los impostores que conozco en persona o de oídas.
    De hecho pocos se salvan del término impostor, pues en el momento que afirmas ser algo o alguien y actúas como tal ya estás fingiendo y mintiendo pues pocos saben quiénes o qué son en realidad. La verdad, pues, se construye desde una apariencia. Uno miente primero diciendo ser algo (escritor, cocinero, profesor, lo que sea) y si insiste en ello y lo lleva con todo, acaba inevitablemente convirtiéndose en eso. Y aún así es una verdad a medias pues uno no es lo que hace o dice ni mucho menos.
    Y desde esta ventana de todos somos unos impostores hay que matizar que estaría bien que si lo eres deberias ser bueno de cojones y tienes que ser un máquina, solo algunos alcanzan la fama con sus personajes ficticios, engañando a todos y ganándose la condecoración de impostor de honor a gran escala, pasando a formar parte de la historia por ello y borrando del mapa( en muchos casos) todo lo que su falso personaje hizo, en el caso de ser descubiertos. Algunos son tan buenos que ni siquiera el hecho de ser descubierto hace que su trabajo pierda calidad y verdad.
    Porque si no eres un máquina y te lo curras, como mucho te mereces el título secundario de farsante de tres al cuarto. Mírame a mí, hablando de esto como si tuviera puta idea de lo que estoy hablando. Bueno un poco si pues desde bien pequeñito descubrí la mentira y la desarrollé hasta tal punto que hasta cuando creía que había un dios y hablaba con él le mentía en mis palabras aún temiendo ser descubierto. Luego descubrí que la mentira era él.
    Pero para mí ya era tarde, con los años descubrí que la forma más fiable de mentir sin que te descubran era no haciéndolo, contando la verdad, pero disfrazandola un poquito, maquillandola, dándole brillo a las partes más bonitas de la verdad.
    Bro cuántas veces me habéis dicho que sé estar en todas partes, que tengo un don para camuflarme en cualquier ambiente y pasar desapercibido como si formase parte del entorno, como si fuese uno más de ellos. En realidad soy farsante en sesión continua y lo reconozco, me gusta, bueno mejor dicho no sé hacerlo de otra forma.
    Acaso alguien conoce tu yo verdadero, ese que solo es en soledad
    En tu caso Bro yo creo que eres de los buenos, de los que se lo curran, de los que hacen un trabajo fino y elegante y de los que hacen que la vida tenga sentido y colores.
    PD. Si todos los impostores que dijeron haber estado en el Titanic hubiesen estado en él, se habría hundido antes de zarpar

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    1. 🫨🫨🫨 😂🤣😂 😱 🤯🤯🤯. ¡Ostias, Bro... Ostias, Broo...! Espera, espera que lo repita: ¡Hoostias, Brooo! Lo primero: muchísimas gracias por participar en el juego de la impostura para llevar la figura del impostor y la mentira hasta su máximo nivel. Lo segundo: esto no es un comentario, es un tratado filosófico sobre la impostura y la mentira que lleva la ocurrencia hasta la cumbre. La posdata es de traca final: 🤣🤣🤣. Muchísimas gracias por el currazo. Tengo que salir a comprar extracto puro de regaliz y caramelos para la garganta porque me he quedado sin cuerdas vocales de tanta risa estruendosa. Mery está todavía revolcándose por el suelo de la risa. Lo de dios es literalmente de "nivel dios". Gracias, gracias y gracias 🙏.

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    2. Riotrankilo, usualmente me dan pereza los comentarios largos, los tuyos son una honrosa excepción.

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  3. 🤣😂🤣si Bro no sé qué me ha pasado será el trancazo este que llevo no sé cuánto tiempo todo griposo, cógeme unos caramelillos🤣🤣🤣

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  4. Muy buenas reflexiones, muy buena película y un mejor final. He disfrutado mucho esta entrada.

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    1. Muchas gracias. Me alegra poder proporcionarte un disfrute a través de las ocurrencias que vienen.

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  5. "el único fino y frágil "hilo" que me separaría de la impostura sería afirmar que sí soy un maestro taoísta, un escritor, un periodista, un crítico..."

    Querido amigo, es que ese fino hilo es lo mismo que separa a un violador que se cisca a una borracha que está inconsciente, del que tiene una pareja que gusta que la despierten haciendole "el incubo". Muchas veces las diferencias son tan pequeñas y cruciales como esas.

    El impostor, te engaña en sus cualificaciones, y tu hablas de lo que piensas y cada cual decide por su propia cuenta si coincide o no con tu opinión; es por ello que encuentro una diferencia crucial; pero hay mas, porque un experto que valiendose de los papelajos que cuelga de su despacho, no razona las cátedras que sienta, me parece mas impostor, aún que el que finge, pues es con esos papeles, te engaña para hacerte creer que está participando de un rigo que se le espera y no ejerce, rompiendo un contrato social de bastante peso. Este último es a mi parecer el peor y mas abundante de los impostores, el que es pero no ejerce, y mi pequeña contribución al juego.

    Dicho lo cual, mierda lo que vale este comentario puramente enciclopédico sobre tus subjetivo sentimiento de "síndrome del impostor".

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    1. Muchas gracias por participar y aportar. Sigo leyéndote unas cuantas veces más, dándole varias vueltas a lo que dices. Es fascinante leer lo que cada persona observa y contempla ante ocurrencias como esta.

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