lunes, 16 de febrero de 2026

"WUWEI WUXING: ATARAXIA". Dietario amanuense de una indagación taoísta (parte IX y última)

Jueves

15 ene. 2026

10:09


HIPÓTESIS TAOÍSTA DE TRABAJO

SISTEMATIZACIÓN PROALGORÍTMICA DE A1

PRELUDIO



He pasado cinco días dejándome sentir en apertura mental ataráxica, con calma y tranquilidad, que es el estado habitual en el que me encuentro ahora, de momento. Inevitablemente llevo ya un mes reflexionando sobre esto que está pasando y creo que la respuesta podría estar en un punto específico: se necesita una mente o naturaleza o Te (sinograma chino que se suele traducir en clave taoísta como Virtud, pero que suele hacer referencia a la manifestación especificada del Tao) como la mía para que se pueda llevar a efecto un proyecto como este en el que me he embarcado vertiginosamente, soltando amarras y dejándome llevar por la corriente, a ver dónde termino o qué sucede. Por una parte no he sido capaz de ponerme antes porque en el fondo la voz del yo, ese delirio que todos llevamos dentro como parte del Te o naturaleza humana desarrollada a fondo desde la tayloriana "explosión del ego" como mínimo, no ha parado de crearme dudas e intentar convencerme de la insensatez de este proyecto, en plan: "sabes que Týchon tiene razón y dice la verdad... ¿En serio, sabiendo lo que sabes, crees que puedes encontrar una clave proalgorítmica en el Lao zi de Guodian como para sistematizar una ataraxia permanente? No sé, pero me parece que estás meando fuera del tiesto". Sí, bueno, evidentemente no es una voz real ni externa, si no estaríamos hablando de esquizofrenia, sino de una sensación inquietante que llevo dentro y me intenta mostrar toda una gama de escenarios futuros posibles, por norma general desoladores: frustración, fracaso, ridículo, incapacidad para terminar, desistimiento, derrota, desmoralización, pero lo más importante de todo: despertar desengañado en la realidad aplastante. Pero el Tao, el vedanta, el samkhya, Krishnamurti o las metodologías que desarrollé en el Proyecto Actitud Consciente, como el ejercicio AMO o Activar Modo Observador me ayudan a distanciarme de toda especulación, temor o dejarme llevar por la actividad mental del pensamiento. Y en este menester nada ha funcionado tanto como el Tao, aunque nunca en ninguna versión que vaya más allá del Lao zi de Guodian. Eso es lo que he recibido de legado con cuentagotas, poco a poco, en cada retorno del Tao a mi vida, desde el primer punto de inflexión taoísta, que en su momento no supe discernir (ya que el discernimiento sobre estos asuntos suele producirse a tiempo vencido) pero transcurrido el tiempo se desoculta, gracias a la distancia y la conexión con otros acontecimientos posteriores que le dan sentido y profundidad. Por fin ha llegado, entonces, el momento de la verdad. Pero, bueno, al ser un nuevo proyecto abierto y que va desarrollándose sobre la marcha, es posible que necesite reajustes, rectificaciones y remodelajes. Empezaremos con las propuestas que me vayan llegando a la cabeza (en la actitud taoísta por definición, es decir, intentar interferir lo menos posible con mi voluntad o Te particular distorsionado por el personaje escenificado y sus sesgos cognitivos, para que el Tao, sea lo que sea, si es que es, fluya y se manifieste solo) para luego ir reajustando, ampliando, remodelando, corrigiendo lo que no sea efectivo o no dé los resultados esperados o supuestos que debería dar, es decir, sostener la posibilidad de una ataraxia que oscile pero no se pierda en ningún momento. Por descontado que no creo en hacerlo solo y por mi cuenta. Si te consideras implicado en esta aventura, juego o proyecto, porque (póngase aquí lo que cada cual quiera), entonces será bienvenida tu participación y aportaciones en los comentarios. Prometo tener en cuenta todas las opiniones de quienes se tomen el proyecto en serio y decidan voluntariamente participar, si es que alguien se atreve a embarcarse en este viaje. Si no es así, espero, como mínimo, que os divierta lo que este personaje intenta hacer (aunque sea su rotundo, ridículo y previsible fracaso, lo cual no importa lo más mínimo, pues está acostumbrado a ello de sobra y solo con que una persona se divierta lo dará por bueno).


SISTEMATIZACIÓN PROALGORÍTMICA DE A1

ESENCIA DE LA ATARAXIA


Vamos a ver lo que sale de este intento, pues no tengo la más remota idea de matemáticas ni algoritmos. Supongo que la idea metafórica se asocia a identificar claves que reducidas a su esencia común podamos aplicar en nuestro día a día para establecer pautas de comportamiento y conductas muy específicas que conduzcan, finalmente, a la estabilización de la ataraxia. Para ello he partido de una serie de especulaciones intuitivas que me decían: "sí, es posible". Veamos el procedimiento y el por qué acabó desembocando en la idea de una sistematización proalgorítmica (entendida en su acepción metafórica más que real o literal). Ataraxia, como ya vimos al principio de este dietario amanuense, proviene del griego y significa algo así como "ausencia de perturbación". La etimología sería, si la desglosamos [a (ausencia) + taraxia (perturbación)], con la definición "ausencia de perturbación, agitación, desorden, confusión, barullo, inquietud, revolución". Aunque prefiero la definición "ausencia de turbación" que también se le da. Turbación es "acción y efecto de turbar". Turbar es "alterar o interrumpir el estado o curso natural de algo". Al consultar la definición etimológica de la RAE quedo sorprendido, pues primero apareció el término en mi cabeza y luego surgieron las conexiones taoístas sin tener idea de la definición etimológica que le da la RAE. Pero la citada solo es la primera acepción, que no podía ser más taoísta: turbar es alterar o interrumpir el estado o curso natural de algo, es decir, lo que hacemos todo el tiempo por... ¿naturaleza o costumbre? No considero baladí responder a la pregunta, pues si lo hiciéramos por naturaleza, es decir, porque se trata de la condición sine qua non humana, entonces la posibilidad de una ausencia de turbación (ataraxia en griego) sería una quimera especulativa imposible, incluso una entelequia (idea muy bonita en el ideal pero inviable e inexistente en lo real). La cuestión se vuelve interesante si en la respuesta aparece la posibilidad de una mera costumbre, lo cual indica que se trata de algo aprendido y por tanto, al menos hipotética y virtualmente, podríamos reaprender mediante el establecimiento de otras costumbres distintas. Si fuera así, solo quedaría encontrar las formas adecuadas para evitar alterar o interrumpir el estado o curso natural de algo. ¿Se puede evitar turbar? Ahí es donde tenemos el reto que requerirá nuestra atención y dedicación. No sé la respuesta, pero debo partir de un punto. El punto de la naturaleza lo descarto, pues si acepto la hipótesis de que turbamos por naturaleza, entonces solo queda seguir como vamos y no plantearse opciones alternativas. Para jugar necesito centrarme en una apertura a la posibilidad de no turbar. ¿Podríamos no turbar? Bueno, si nos atenemos a lo que enseña el Lao zi de Guodian creo que sí sería viable, aunque no de la manera en la que se encuentra. Por eso este proyecto. Pero veamos las otras acepciones de turbar, según la RAE: "sorprender o aturdir a alguien, de modo que no acierte a hablar o a proseguir lo que estaba haciendo". Interesante. Fascinante. ¿No es eso mismo lo que hace nuestra mente, desde la concepción autoempoderada del yo y sus contenidos identitarios que afirman todo aquello en lo que cree? De ahí que desde el primer capítulo del Lao zi de Guodian se hable de un yo menguado como factor clave. La sistematización proalgorítmica que nos lleve a la ausencia de turbación, pues el primer factor de la ecuación para poder empezar y que está siempre presente en el trasfondo es un yo menguado. La última acepción es: "interrumpir, violenta o molestamente, la quietud". La quietud, otro de los conceptos axiomáticos en el taoísmo, que se interpreta de muchas maneras distintas. Aunque perturbar también tiene sus definiciones propias, van en la misma línea u onda: "inmutar, trastornar el orden y concierto, o la quietud y el sosiego de algo o alguien", así como "impedir el orden del discurso a quien va hablando". Pero también se asocia, en su última acepción, a enloquecer, trastornarse, enajenarse: "dicho de una persona: perder el juicio".

Pero... ¿Qué es técnicamente hablando eso que queremos conseguir, la ataraxia o ausencia de turbación? Se trata de un término filosófico que hace referencia a un estado de ánimo propuesto por el filósofo griego Demócrito de Abdera (460-370 antes de la Era Común), fundador del atomismo, doctrina filosófica cuya propuesta especulativa es que el universo está constituido por combinaciones de pequeñas partículas indivisibles denominadas átomos, cuyo significado en griego es "que no se puede cortar" o "indivisible". El atomismo mecanicista es una de las primeras especulaciones filosóficas materialistas. De ahí que se le haya considerado como el padre de la física y/o el padre de la ciencia. También era defensor del escepticismo. De ahí que luego fueran los escépticos junto con otras dos escuelas filosóficas de Grecia (epicúreos y estoicos) los que se encargaran del desarrollo del término propuesto por Demócrito, que en sus detalles también se asemeja al taoísmo, pues para alcanzar la ausencia de turbación o ataraxia se debía disminuir la intensidad de las pasiones y los deseos que pudieran alterar el equilibrio psíquico y físico, dando fortaleza frente a la adversidad.

De la misma forma que opinaba cuando empecé a embarcarme en el estudio exegético del Lao zi de Guodian, creo que el primer capítulo o A1 contiene, en el puñado de frases que lo componen, los cimientos angulares para construir una actitud que derive en unas pautas de comportamiento cuya finalidad desemboque en una conducta capaz de mantener una imperturbabilidad permanente, al evitar interrumpir, alterar y agitar la quietud. Pero no creo, por experiencia propia, que sea algo dado porque sí, pues requiere primero ensayar, probar y errar con todo aquello que interrumpe, altera y agita. Solo así podemos aprender qué es la imperturbabilidad en realidad, es decir, un estado o disposición de ánimo, lo cual requiere tener una mente como la humana, capaz de experimentar y llevar a efecto estados o disposiciones de ánimo. Se supone que esos estados o disposiciones deben oscilar, pero esto... ¿Es así por definición o solo se trata de una creencia que también hemos establecido nosotros? Aquí reside una incógnita para trabajar, indagar, probar y jugar, pues dependiendo de la respuesta seguiremos adelante o nos quedaremos ahí estancados sin avanzar ni retroceder. Porque durante años acepté casi como una verdad absoluta que era así por naturaleza, me refiero a la oscilación anímica que impide estar en ausencia de turbación y evidentemente así se ha cumplido. Pero hoy no estoy nada seguro de que haya sido por naturaleza o por definición y no porque al estar convencido de la imposibilidad de vivir en imperturbabilidad, seguía cometiendo todos los errores que generan alteración y agitación, interrumpiendo en mí (en nosotros) el estado o curso natural de los acontecimientos. Me refiero a vivir en imperturbabilidad permanente. Y ello proviene (provenía, mejor dicho) de una creencia que establecí por los años, en relación a la "iluminación" espiritual o "despertar" consciente. Según mi experiencia y las investigaciones que había llevado a cabo, esa "iluminación" o "despertar" era algo relativo y condicional, siempre impermanente y oscilatorio. Pero tras leer EL SALTO. EL MAPA DEL DESPERTAR ESPIRITUAL (Gaia Ediciones, Móstoles, 2018) del psicólogo británico Steve Taylor, mi concepción cambió gracias a las aportaciones de este magnífico autor que presentaba ejemplos y casos sobrados pero creíbles (mucho más allá de los gurús autoproclamados) de que existía la "iluminación" o "despertar" permanente. La premisa inicial de la que parto es que hablamos de un estado o disposición de ánimo, algo relativamente viable y sencillo en su complejidad, pues depende en exclusiva de las decisiones que tomamos en subjetividad, independientemente de lo que esté sucediendo a nivel objetivo. La verdadera dificultad a mi parecer estaría en encontrar, por una parte, los factores clave que, aplicados sistemáticamente por otra parte, dieran como resultado una imperturbabilidad sostenida. Y el primer capítulo del Lao zi de Guodian da la impresión de tener esas claves. ¿Qué factores son? Vamos a por ello: primero eliminar la inteligencia rechazando las argumentaciones. Segundo eliminar la industria rechazando el interés. Tercero eliminar la hipocresía rechazando las cavilaciones. El Lao zi de Guodian trata estos factores como tres razones que aplicadas en forma de criterios de distinción no bastan. Pero no obstante debemos adaptar estos factores para que sean algo aplicable a una conducta cotidiana.

Queda claro que la inteligencia, la industria y la hipocresía son tres factores obvios que generan turbación porque agitan, alteran e interrumpen el flujo natural de los acontecimientos mediante las argumentaciones, el interés y las cavilaciones. Por tanto, la pauta algorítmica sería reducir las argumentaciones (cuya consecuencia calibraría la inteligencia), reducir el interés (cuya consecuencia equilibraría la industria) y reducir las cavilaciones (cuya consecuencia sería mantener a raya la hipocresía). Esto significa que a menor argumentación, interés y cavilación, mayor imperturbabilidad. Argumentar: "aducir, alegar, dar argumentos; disputar, discutir, impugnar una opinión ajena". Argumento: "razonamiento para probar o demostrar una proposición, o para convencer de lo que se afirma o se niega". Interés: "provecho, utilidad, ganancia; valor de algo". Pero también: "lucro producido por el capital; inclinación del ánimo hacia un objeto, una persona, una narración, etc.; conveniencia o beneficio en el orden moral o material". Cavilar: "pensar con intención o profundidad". Aunque desde el principio me ha sorprendido el final de A1, pues considero que ahí reside toda la metodología taoísta como arte de vivir en armonía con el Tao (lo cual implica encontrarse en ataraxia o ausencia de turbación por definición), avisando antes de saber a qué atenerse, pero en clave taoísta: "tal vez fuera menester hacerles saber a qué atenerse". Esto es "observar y conservar la simplicidad original, con un yo menguado y escasos deseos". Observar y conservar. Me parece un dato relevante. Desde que empecé a indagar en el orientalismo descubrí algo que, a pesar de ser un detalle sin aparente importancia (y que por tanto obviamos en Occidente), resultó ser crucial para mi vida posterior hasta hoy. Por no creer en su relevancia, nadie me enseñó tampoco su poder, efecto y ampliación ensanchada de la conciencia en expansión que produce y aporta, dependiendo de la capacidad que tengamos para salir de nuestro marco mental y cognitivo de referencia. Me refiero a la observación. Por eso es imprescindible detenerme aquí. Exploremos el asunto. Observación: "acción y efecto de observar". Observar: "examinar atentamente". La observación es la adquisición activa de información sobre un fenómeno o fuente primaria, pero... ¿observamos o simplemente proyectamos nuestros contenidos e interpretaciones sobre lo que vemos? Y aquí fue donde se produjo el punto de inflexión en mi vida cuando me percaté de las limitaciones occidentales donde no se plantea esta cuestión que considero de la mayor relevancia. Porque la observación, para ser observación, requiere una atención consciente y absoluta, sin interferencias interpretativas ni de proyección de contenidos previos ya dados o acumulados. La observación, para serlo en realidad, debe vaciarse primero de cualquier distorsión que intente darle sentido y significado a lo observado, es decir, debe ser acrítica e imparcial, estar vacía de contenido o no es observación, sino proyección del yo sobre lo que está viendo, percibiendo, infiriendo y cuya consecuencia es la distorsión perceptiva que conduce a error de apreciación. Según mis indagaciones nada perturba y agita más que estar proyectando nuestros contenidos a cada momento sobre la realidad, impidiéndonos captar la verdad sobre cualquier asunto o aspecto de esa realidad, porque siempre estamos presentes como un yo con su identidad, perspectivas, creencias, aspiraciones, búsquedas, esperanzas, anhelos, etcétera. Y cuando el yo como sensación e impresión de ser está presente, automáticamente la observación está ausente. De ahí que me parezca muy pertinente esta clave dada por A1: observar y conservar. Porque cuando observamos todo entra en quietud, al manifestarse tal y como es. Eso no significa (y esto es algo que también está presente en el taoísmo y el orientalismo en general) que la quietud haga referencia a la ausencia de movimiento, sino a la ausencia de agitación excesiva e improductiva ante el movimiento natural. El ejemplo metafórico estaría en la enseñanza taoísta sobre la fluidez y la no oposición ante una fuerte tormenta o corriente de agua: para tener una mínima oportunidad de supervivencia hay que mantener la calma y dejarse llevar, no empezar a nadar en contra de la corriente ni agitar los brazos para intentar mantenerse a flote. Nunca detendremos un fenómeno natural violento intentando oponerle resistencia con nuestra voluntad, sino dejando que pase. Esa es la esencia de la enseñanza taoísta. Y la observación es el principio de la imperturbabilidad, pues cuando observamos, no analizamos ni corregimos ni distorsionamos lo que es, simplemente estamos presentes con toda nuestra atención y donde está nuestra atención estamos nosotros por definición, sin turbar, alterar ni interrumpir lo que es, tal y como es. Al no intervenir con el yo, tampoco interferimos con nuestros contenidos, por tanto observar es entrar en imperturbabilidad y durante el tiempo de observación conservamos el estado de imperturbabilidad. Y la observación es un hábito, que genera costumbre, pero nadie nos ha enseñado cuando tocaba, es decir, en la infancia y por eso nos acostumbramos a proyectar nuestro yo acrecentándolo con cada proyección. Ahora es el momento de entrenar la observación progresivamente, hasta establecer el hábito. Por tanto, a mayor cantidad de tiempo en observación igual a mayor conservación de la imperturbabilidad, pues la observación es quietud (mental) y la proyección egoica de los contenidos (mentales) es perturbación de esa quietud. Así regresamos a lo que el Lao zi de Guodian llama la "simplicidad original" o la falta de contenidos subjetivos surgidos de las creencias humanas que condicionan y deforman nuestra interpretación, añadiendo factores especulativos e imaginarios que complican los asuntos y nos sumen en la subjetividad autoencarcelada; la cárcel mental sin barrotes que podemos abandonar en cualquier momento pero nunca hacemos, al permanecer atados a nuestras espurias convicciones. Por último, la clave final que funciona como la doble llave para abrir cualquier puerta del vivir y la experiencia de lo humano: un yo menguado y escasos deseos. Arreglo a mis investigaciones taoístas y aplicaciones prácticas, los resultados obtenidos indican que estamos ante dos partes complementarias (cara y cruz) de la misma metafórica moneda: un yo menguado es igual a escasos deseos, pero simultáneamente escasos deseos son igual a un yo menguado. La sistematización proalgorítmica sería esta: menos actividad del yo es igual a menos deseos; a menores deseos, simultáneamente mayor reducción automática de la actividad del yo. Pero la cosa no termina ahí, pues el yo menguado a través de los escasos deseos, que a su vez retroalimentan la mengua del yo, enlaza con las tres eliminaciones; tres rechazos y así el final de A1 es el principio de A1 y el principio de A1 es el final de A1: la reducción de las argumentaciones, el interés y las cavilaciones implica (es igual a) la mengua del yo y la reducción de los deseos, pero simultáneamente la mengua del yo y la reducción de los deseos desincentiva las argumentaciones (impidiendo perder tiempo esencial y dejando de forzar las cosas para que encajen con nuestra interpretación subjetiva), el interés y las cavilaciones, cuyo resultado es vivir acorde al Tao, que se caracteriza por la fluidez desidentificada, la adaptación a las circunstancias sin imponer expectativas ni aspiraciones personales, así como las actuaciones espontáneas y desinteresadas que confían en el proceso de lo que es y se despreocupa de los resultados obtenidos. Solo de esta manera podemos mantener la ataraxia.


FIN

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