lunes, 19 de enero de 2026

Hoy es un día de esos (relato, guiño y apuesta)

Pues, evidentemente, no encuentro nada mejor que decir para empezar esto: hoy es un día de esos.

   Los "días de esos" es la forma que tengo de catalogar esos días que te levantas de dormir y a pesar de que todo está aparentemente bien en el cómputo objetivo, algo falla en el subjetivo.

   Tal vez se ha "caído un mueble en la azotea", se ha "aflojado un tornillo de la olla", se ha "roto el tarro", está "rodando la bola" o simplemente se te "va la flapa".

   Los "días de esos" son raros, pero raros de cojones, pues desconciertan, aunque nada como estar en ataraxia para sobrellevarlos y que no te absorban en su "película de terror" sin sentido.

   El único problemilla interesante que caracteriza esos días es una desconexión total de la lectura.

   Sí, los "días de esos" me quedo varado en el baudrillardiano, aunque más wachowskiano si cabe, "desierto de lo real", sin posibilidad de reconexión literaria para sumergirme en lo mejor de la vida con diferencia: un buen libro.

   Con un buen libro en mis manos me cago en los "días de esos" (y me limpio el culo con las hojas de mis escritos amanuenses).

   Y a pesar de que no siempre funciona, la mayoría de veces tengo un comodín literario que cambia radicalmente las "vibras".

   Acaba de suceder y aunque en principio iba a escribir un post convencional (hoy no es que reluzca mucho la creatividad, que digamos) para contarlo todo con pelos y señales, desvelando la experiencia al completo, hace unos segundos he decidido cambiar la estrategia para que juguemos un rato. 

   He cogido el libro que tengo reservado para estas ocasiones especiales (pues en cualquier otro momento y/o circunstancia estoy con muchas cosas y este libro no me dice nada) y ya desde el primer escrito en el que me había quedado la última vez que tuve un "día de esos" (página 128), se ha producido la conexión directa, pero no el "clic" que desencadena las risas incontrolables en plena calle, mientras todo el mundo te mira para dilucidar si: 1. Eres una cara conocida (personalidad de internet) que les está "troleando" con alguna broma, observando atentamente si hay truco, cámara oculta cercana y/o trampa; 2. Se plantean seriamente, tras descartar la primera opción, que algo no está bien en la azotea o se te ha ido la olla, es decir, que estás como una cabra, como un cencerro o simplemente para que te encierren. ¿Quién se ríe solo por la calle, aunque sea con un libro mediante? Efectivamente, los locos. Imagínate si encima vas leyendo en voz alta lo que escribes para escuchar cómo suena. No es ni para hacérselo mirar. Directamente, camisa de fuerza y chute de quetiapina.

   Bendita literaria locura.

   Pero ha sido en el segundo escrito que me tocaba en el orden editorial del libro, un relato semiautobiográfico del autor, cuando el mundo se ha detenido y me ha importado dos mierdas mi imagen y reputación, pues me he sentido mejor que en casa, reconfortado, disuelto en la estruendosa carcajada esperpéntica del chiste para lectófilos muy frikis empedernidos de la lectura, cuya vida es por y para la literatura.

   Locura literaria bendita.

   Os lo tengo que contar, pero en forma de acertijo, es decir, sin desvelar quién lo escribió. Recae en vosotros, mi querida gente lectófila, adivinar de quién se trata. Hagan sus apuestas, señoras y caballeros; caballeros y señoras. ¡No va más!

   (Prohibido consultar con la IA, internet, Google, etcétera).


"La cosa fue cada vez mejor hasta que una noche me peleé con un tipo a quien tenía por amigo. Estaba en el cuerpo de marines, pero a pesar de eso tenía la cabeza bien amueblada, casi podía aguantarme el ritmo bebiendo, pero tenía cierta proclividad hacia Thomas Wolfe y Teddy Dreiser. El problema era que Wolfe era un buen hombre que no sabía escribir y Dreiser era un hombre inteligente que no sabía escribir en absoluto. Una noche después de que se fueran los jugadores, nos sentamos con el whisky e intentamos discutirlo. También le dije que Faulkner jugaba a juegos de niños. Chéjov, no: una pieza en el juego de las masas acomodadas. Steinbeck, un técnico. Hemingway, solo a medio camino. A él le gustaban todos. Era un maldito idiota. Entonces le dije que Sherwood Anderson era capaz de escribir mejor que toda esa maldita cuadrilla. Eso dio pie a algo. Fue una buena pelea. Al final, hasta el último espejo y pieza de mobiliario en la habitación estaba destrozado. ¿Te imaginas una pelea por el sentido de la literatura en vez de una pelea por algún coño despreciable? Estábamos tan locos como los demás"

Página 138

6 comentarios:

  1. Jajaja Bro te puedo visualizar por la calle perfectamente. Pero yo me abstengo para mí es demasiado evidente, no solo por el texto sino porque te conozco y se quién es el que no falla ni en días de esos

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    1. Sé que tú me visualizas perfectamente porque me has visto en vivo y en directo infinidad de veces (y también has participado de la literaria locura en todas sus facetas, a mi lado). Pues gracias por no participar y dar más juego, pues es evidente que lo sabes. Comunidad, ánimo. ¡Hagan sus apuestas!

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  2. Bueno, bueno 😀😀 he tenido que llamar Adrián porque he leído el texto dos veces y no tengo idea, pero Adrián dice que es Bukowski, que tampoco lo conoce bien pero el diría ese. Le doy créditos a mi amigo porque hay que ser honesto jajajaja

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    1. ¡Bingo! Adrián, acertaste el pleno al quince. Efectivamente, es de Bukowski. Gracias a ambos por participar y apostar. Puedes confiar sin duda en tu amigo.

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  3. Un día de esos... Muy bueno y muy real. Yo también vivo días de esos. Tengo cierto conflicto con exponer mi opinión y hacer mi apuesta pues quedar mal o no acertar no lo llevo bien. Si es quien yo pienso te lo tendría que decir entre alcohol y mujeres de vida alegre😉

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    1. Lo primero es matizar que aunque el comentario de Hortelano aparezca debajo de la respuesta dada por J. Antonio, en realidad no ha podido ver esa respuesta anterior porque ambos comentarios han sido enviados para revisión con 7 minutos de diferencia y yo los he consultado entre 35 y 42 minutos después de ser enviados, por tanto, al dar el visto bueno y aparecer juntos ambos, no obstante habían sido plasmados sin poderse ver entre ellos. Esto significa que tu respuesta es libre y no ha estado influenciada ni condicionada por nadie, así que lejos de no acertar o quedar mal, Hortelano querido, también has acertado de pleno, pero de una manera original y sui géneris: efectivamente es quien piensas, pues 2 de los grandes temas recurrentes que caracterizan tanto la prosa como la lírica bukowskiana son el alcohol y las mujeres de vida alegre, como muy bien has comentado. Gracias por participar, arriesgar y apostar de una manera tan singular y con esa complicidad lectófila.

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