Una colaboración entre Riotrankilo y ASN
Tomás Villanueva era más conocido como "El Seth", aunque algunos conocidos lo llamaban simplemente Tomás.
He aquí la consolidación de un proyecto personal en el que he deseado embarcarme infinidad de veces, pero nunca encontré el momento, el estado de ánimo, el enfoque. Se trata de algo necesario para servidor, la rememoración de un personaje épico y legendario en el devenir cotidiano, un auténtico forajido de las costumbres, el fuera de la ley en las formas, lo establecido, las convenciones sociales, lo normativo... Uno de los seres humanos más auténticos, más genuinos, más incomprendidos (porque no había nada que comprender), más enriquecedores que he conocido en toda mi vida.
Pero Tomás Villanueva no fue solo un ser humano único e irrepetible, la diferencia, el que despunta y se desmarca de la mediocridad estandarizada; el que nunca fue, en su corta, intensa y apasionante vida, otro código de barras andante, otro número en el documento nacional de identidad, otro sujeto acumulado en la estadística; no... Tomás Villanueva es un arquetipo, un símbolo, un recordatorio vivo que encarna y reencarna, aunque con matices personales diferentes, en cada esquina, recoveco, espacio concreto de los núcleos urbanos donde hay seres humanos masificados, por eso Tomás Villanueva siempre está presente y vive, nunca más como tal, pero sí a través de todos los "tomases" reconocibles que puedes encontrar en tu vida cotidiana, hombres, mujeres, personas no binarias, cuir... La diversidad clasificable... La diversidad inclasificable que a veces responde, que a veces no responde a los intentos de taxonomización linneoanas de lo humano y que de hecho se cruzarán en tu camino vital. Solo buscan un instante, un momento de atención, un pequeño protagonismo, un acercamiento vital sin prejuicios, miedos o desconfianzas.
He aquí mi rememoración agradecida a la vida por haberme encontrado con Tomás Villanueva "El Seth" y tener el privilegio de haber sido su amigo... El amigo fugaz, el amigo fulgurante que aparece y desaparece en los momentos adecuados, compartiendo instantes fugaces, instantes fulgurantes de la máxima intensidad atemporal donde solo estábamos él y servidor, sin yo mediante, sin identidad distorsionante, la vida fluyendo a través nuestro, en una embaucadora, fantástica, multicromática, shamánica irreal castanediana realidad aparte del silencio racional que necesita comprenderlo todo, donde nada hay que comprender para sentir las llaves de apertura en tu mano y poder entrar.
No sé dónde nació Tomás, no sé cuándo nació Tomás... Solo sé que vivió toda su vida en Alcoy, municipio y ciudad presente en el sureste de la península ibérica, provincia de Alicante, Comunidad Valenciana.
Tengo recuerdos de Tomás desde la infancia, ya que vivía con su madre cerca del lugar donde servidor vivió desde los 8 hasta los 37 o lo que es lo mismo, desde 1983 (cuando sus progenitores compraron un piso nuevo en la calle Santa Rosa) hasta 2012 (cuando dejó de vivir definitivamente allí para realizar un pequeño tránsito de 6 meses en Alicante y empezar una nueva vida reinventada por completo en Orihuela).
Pronto supe que, aunque algunos conocidos le llamaban Tomás, en realidad era más conocido como "El Seth". Y desde la más remota infancia, cuando apareció las primeras veces por delante mío ese adulto joven que, calculo, debería tener unos 15 o 20 años más que servidor, capté que estaba ante una rara avis, lo diferente, lo auténtico, lo genuino, el único, el que despunta y se desmarca de la norma, el proscrito de las convenciones sociales, el forastero de las normas establecidas, la alternativa a cualquier protocolo, la verdad incómoda ante las mentiras hipócritas del quedabien; aquel que ante el yo me amoldo, tú te amoldas, él se amolda, nosotros nos amoldamos, vosotros os amoldáis y ellos se amoldan, decide sonreír despreocupadamente, sacarse la verga en público y mear en el jardín prohibido, así como bajarse los pantalones y los gayumbos, acuclillándose para jiñar un buen zurullo de mierda maloliente entre coche y coche, como si las normas, los protocolos, las leyes y las convenciones sociales públicas de convivencia colectiva no estuvieran hechas para su inspirar y expirar un aire que parece el mismo pero es tan diferente como un estar terrestre y un estar extraterrestre.
Todo parece igual, pero todo es taaan diferente: su forma de vestir, su forma de actuar, su forma de hablar, su forma de caminar, su forma de razonar, su forma de mirar, su forma de estar y ser...
Para la sociedad occidental Tomás Villanueva no tenía misterio ni incógnita alguna. Pronto zanjó la cuestión como siempre la zanja: psiquiatrizando el asunto. ¿Una sociedad acostumbrada a zanjar la diferencia que le desborda de sus intentos por aplanar y embutir la diversidad en una psiquiatrización comprensible puede ser fiable? No lo sé, pero Krishnamurti me contó en mi juventud un cuento muy distinto a los cuentos que me contaba la propia sociedad, a través de sus voceros omnipresentes de punta a punta, cual señores Smith en 'The Matrix', gritando: "¡ESTÁ LOOCOO!", como si al gritarlo más fuerte pudiera ser más real y hacerse más verdad, mientras el disruptivo conferenciante hindú socrático al que le gustaba platicar con todo tipo de interlocutores, cual wachowskiano Morfeo, me susurraba al oído una cuasi inaudible pregunta: "¿Es síntoma de salud mental estar bien adaptado a una sociedad enferma?".
Y gracias a ese hombre que susurraba aperturas a lo desconocido, tuve la inmensa suerte de acercarme a Tomás Villanueva desde la brecha que te permite mirar al abismo lovecraftiano del que todo el mundo huye para refugiarse en los lugares comunes de lo conocido, filtrado, juzgado y neutralizado para no asumir riesgos ante lo desconocido...
Así que me sumergí sin flotadores que me mantuvieran en la superficie y desactivé los filtros, yendo a la aventura de lo incierto sin preconcepciones, sin juicios de valor, sin pretensiones por traerlo aquí, sino con ganas únicamente de ir allí, a la otredad, a la diferencia, a la rareza, a la anormalidad, a la extranjería del nacer, crecer, reproducirse y morir...
Así fue como descubrí al hachero hechicero que vio morir en la más tierna e inocente infancia a su desquiciado padre hastiado de la vida, herido por la incomprensión de la hiperactividad mental saturante de los pensamientos intrusivos que convierten toda sencillez en la mayor complejidad arácnida atrapante y entiende que la única salida viable es colgarse de un armario por el cuello, aunque ello suponga un trauma perdurable para el niño espectador que en su inocente y tierna infancia todavía no entiende de las complejidades neurológicas y psicológicas que tiempo después condicionarán también su vida y no perderá poco tiempo vital intentando lidiar con ello...
Pero ese niño nunca llegará hasta el nivel común y corriente, pues el linaje interdimensional de hacheros hechiceros desencarnados que ha visto en sus sueños lúcidos, sin entender nada de todo eso que ha visto, pero sabiendo que aquella realidad es más real que esta, han permitido que la primera brecha se abra en su devenir... Brecha que ya nunca se cerrará en las cinco décadas totales de escenificación performativa que el niño, ya convertido en joven adulto, llevará a efecto cual encarnación del hachero hechicero.
Y el hachero hechicero era un tipo de tecnoshamán posmoderno oculto entre las apariencias, extravagancias, imágenes y comportamientos que nunca hablaban de su rol performativo encarnado, por norma general con brevedad exclusiva, como fue el caso citado, sino de las proyecciones condicionadas que los demás emitíamos cual juicios apreciativos de valor, recibiendo a cambio el reflejo de lo esperado y por tanto proyectado, por eso el hachero hechicero era para ti lo que tú quisieras y/o esperaras que fuera, según tu aproximación a su etéreo, excéntrico, inusual y disruptivo devenir psicodramático.
El niño creció habitando la brecha abismal de lo desconocido y como todos los niños que son iniciados por la abismal brecha, normalmente a través de una experiencia traumática radical, que les sostiene con un pie aquí y el otro pie allí, fue inevitablemente un niño raro... Raro para los demás niños y adultos que nunca metieron sus cabezas en las fauces de Gmork, el lobo al servicio de la endeana Nada.
Pero el niño pasó a la adolescencia y directamente a la juventud en un suspiro, cuasi en trance onironáutico, mediante las ensoñaciones fantasiosas que le estaban preparando para la función que cumpliría como hachero hechicero, dejando su impronta en la mayoría de individuos que se cruzaron con él, mediante mensajes subliminales que franquearían sus defensas psicológicas conscientes, para hacer el trabajo hachero hechicero arraigando en el interior recóndito y desconocido de cada cual, incapaz de comprenderle porque no había nada que comprender, pues su trabajo era simbólico, no lógico ni razonado con los estándares lingüísticos que anulaban la posible efectividad de su poderosa hachería hechicería, cuyo verdadero poder residía en que nadie lo supiera ni entendiera nada de lo que verdaderamente sucedía más allá de las apariencias.
Al llegar la plena juventud, el acontecimiento traumático de aquel accidente automovilístico cuasi ritual, que se tomó la vida de su amigo como ofrenda incomprensible para la razón discursiva e imaginaciones occidentales donde todos somos responsables de nuestros actos, aunque nadie tenga ni la menor idea de qué va la vida y por qué sucede la complejidad inescrutable de todo lo que le pasa al individuo, donde nada suele ser lo que parece a primera vista, le devolvió por la única vía de aprendizaje intensivo que nos conduce a hostia limpia hacia nuestro destino, sea elegido y construido voluntariamente para unos, sea predestinación fatalista para otros, a la brecha abismal de lo desconocido donde habitaba desde la infancia, aunque se había olvidado un tanto, debido a las exigencias hormonales de la adolescencia que absorben y anclan a la fuerza a esta realidad.
Aquella tragedia en forma de accidente de tránsito y segunda pérdida vital significativa, supuso el vital tránsito hacia la recuperación del recuerdo ancestral rememorado... Partió hacia México y se adentró en el desierto de Chihuahua, buscando imperiosamente la ingesta de peyote que le pusiera en contacto con El Abuelo, El Venado Sagrado... Y se encontró con Hikuri... Y Hikuri abrió la brecha... Y amplió la brecha... Y la brecha se ensanchó... Y varias brechas se multiplicaron... Y entendió que a partir de ahora era el hachero hechicero innombrable, que habitaría un mundo aparte, de construcción propia, no regido por las normas, convenciones y protocolos vigentes en el mundo común que compartía el común de los mortales... Pero encarnar al hachero hechicero no fue un viaje cómodo ni fácil... Hikuri exigió un sacrificio ancestral que le costó el estómago, ulcerado de manera grave, que tuvo que ser extirpado de urgencia para salvarle la vida... Momento a partir del cual, la entrega del estómago ulcerado era la recepción de todas las fuerzas y poderes de la hechicería hachera a cambio, que Tomás Villanueva encarnó a la perfección durante los siguientes 30 años de vida que le quedaban por delante, reconvertido en "El Seth"... Pero nadie había sido hachero hechicero antes ni lo sería después... No al menos con esa catalogación... Y servidor tuvo el inmenso honor y privilegio de conocer al hachero hechicero y compartir una breve, fulgurante, sincopada amistad hachera hechicera y recibir un legado vivo, a través de breves y fugaces encuentros espontáneos e inesperados...
Como la vez aquella que servidor lo paró por primera vez en el puente de San Roque, en algún momento inespecífico de 1996, para preguntarle si tenía algún diccionario de ciencias ocultas y él supo de inmediato que servidor no era como los demás, pues me acerqué como el cuenco vacío que no quiere darte de beber con su oferta, sino llenarse de ti y acompañarte para que lo guíes por la brecha de su ignorante juventud recién inaugurada en las maravillas desconocidas de todo lo que la vida y Oriente y las tradiciones esotéricas puede ofrecerle pero nadie le había contado, porque pocos conocían esas maravillas vistas como exotismos extranjeros incomprensibles, que se interpretan desde la distancia y la suspicacia provinciana de las mentiras confortables que suenan verdaderas pero son un simple barniz de prejuicios prestados y heredados en la mayor falsedad impostada...
Como la vez aquella, también en 1996, que nos encontramos en un mar de cuerpos sudados, bebidos, drogados, en el éxtasis tecnoshamánico del local (disco-pub) donde sonaba de fondo a todo volumen la versión del temazo 'We Belong' (M.B.R.G. Remix) de Double Dare... Uno de los múltiples locales donde se reunía la juventud de la segunda mitad de la década de 1990 para beber, fumar, ingerir y/o esnifar las sustancias psicotrópicas capaces de alterar la conciencia, entrando en trance con la música electrónica y una socialización entre iguales, para entender que no todas las realidades son la única realidad perceptible por los sentidos y que la brecha abismal de lo desconocido existe y cualquiera se puede asomar, aunque la mayoría recule más pronto que tarde y se refugie en las frágiles pseudoseguridades de lo normativo y el no sucumbir al vértigo del viaje a la otredad, cuya amenaza implícita es la locura irreversible, con efectos enajenantes permanentes... O mucho peor: el rechazo, el olvido... Y bailamos catárticamente al límite, fuera de todo espacio y tiempo, sin importarnos nada ni nadie...
Como la vez aquella, en el verano de 2001, que Tomás se fue temporalmente a ocupar una vivienda vieja y en ruinas, de varias plantas, pero abandonada en pleno centro de Alcoy, antes de que su cuñado, policía local, lo desalojara, evidentemente por seguridad, ya que la vivienda se caía a pedazos y servidor pasara por allí a menudo, cargado con botellas de vino y cerveza, así como unas piedras de hachís y unos paquetes del tabaco de liar que fumaba Tomás, sentados ambos en unas desvencijadas sillas y al pie de aquella destruida mesa, de sujeción imposible, sobre la que bebimos, fumamos y platicamos sobre lo desconocido, lo innombrable, la otredad y su peculiar blakeana sabiduría que reinterpretaba el camino del exceso que conduce al palacio de la sabiduría y en el apogeo del encuentro se quedara mirando a aquel joven en la plenitud de la veintena y le dijera: "sin drogas no hay sexo ni rocanrol"... Escueto... Directo... Al grano... Pero nunca tan pocas palabras le dijeron tanto a ese joven encantado de haberse dejado impregnar por la sabiduría del hachero hechicero...
Y así continuaron todos los memorables encuentros fortuitos con el hachero hechicero... De día... De noche... En la ciudad... En la montaña... Con luz... En plena oscuridad... Hasta que 3 años después servidor se despidió durante un lustro de Alcoy, para empezar unos nuevos devenires en Alicante y luego Orihuela... Hasta que a mediados de 2013 me encontré, por circunstancias también fortuitas de la vida y esos devenires, con Nando, el punk más auténtico, purista y fiel al movimiento contracultural que mayor fascinación despertó a finales del siglo XX, gran amante del Tao, de la sabiduría oriental, de Krishnamurti, con el que mejores conversaciones tuve sobre muchos temas y que también fue amigo íntimo de Tomás Villanueva, entrando a la brecha abismal de lo desconocido con él, pues Nando era un experto viajero entre brechas, que supo ir y venir en infinidad de ocasiones, con elegancia, con sabiduría, con estilo, poniéndome al corriente de la triste noticia del fallecimiento de Tomás unos meses atrás.
Riotrankilo también conoció a Tomás Villanueva "El Seth" y he aquí su imprescindible rememoración musical personalizada:
Muy probablemente porque todos hemos conocido alguna vez un Tomás, porque habéis creado una oda a la humanidad y a mirar sin juicio o por esa TREMENDA canción que aún estoy alucinando de lo profesional que es, sinceramente es arte y da un nivel eclipsador al relato, se ha convertido por estas y muchas mas razones en mi entrada favorita. Pedazo colaboración. GRACIAS.
ResponderEliminarP.D: Riotrankilo lo que haces es de otro nivel. Enhorabuena!
Muchas gracias a ti por la valoración. Estamos ambos tan de acuerdo en la opinión sobre el temazo musical de Riotrankilo, que todavía estoy escuchándolo en bucle desde que me lo envió para subirlo.
EliminarMuchísimas gracias Hortelano, cuando ASN me propuso está colaboración dije enseguida que SI, a pesar de no saber si podría hacer algo a la altura, pero no me frenó eso, pues me dió una razón que no pude rechazar: hacer justicia poética por el Seth y por todos los Tomases. Y que una persona como tú,que por lo que leo en tus comentarios tienes bastantes tablas, diga eso, me eleva por los aires🙏
EliminarCréeme que lo habéis conseguido. Lo habéis hecho eterno. Vuestra mirada y esté altavoz arrojan luz a la humanidad, al verdadero altruismo, es de justicia devolver a este ser humano lo que le corresponde por derecho propio: su dignidad. Sois de ese porcentaje admirable que utiliza la divulgación para ser un gran ejemplo.
Eliminar¿Pero que habéis hecho? Que locura y que bendita locura!!! He disfrutado igual que un niño, me quito el sombrero de verdad con vosotros, vaya un homenaje a un ser humano, que bonita y necesaria son las personas como vosotros. La canción es Dios!!! Me ha explotado la cabeza, riotrankilo imagino que te ganarás la vida con ese arte que tienes y que lo dejes caer por aquí y que lo podamos disfrutar dice mucho de ti. Esta colaboración es digna de enmarcar. Voy a darle al play😁
ResponderEliminar🥰🙏
EliminarEl placer es mío J. Antonio, en esta casa uno se siente como en casa y sus habitantes sois lo mejor
ResponderEliminarSus habitantes sois lo mejor con diferencia y sin duda.
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