Dedicado a T
Gracias por la intensa, fulgurante y lectobibliófila amistad, que sigue por otros medios y cauces más espontáneos e inesperados, como este, nuestro último encuentro aquí narrado
Martes, 30 de diciembre de 2025.
Serían las 11:30, aproximadamente, del penúltimo día del agonizante y finiquitado año 2025, como todos los años, el ciclo anual, la neopagana "rueda del año", 4 estaciones, invierno, primavera, verano, otoño... y vuelta a empezar... cuando volvía del supermercado Dialprix, para intentar evitar lo que me sucedió la Nochevieja de 2024: quedarme sin turrón blando de Jijona, mi favorito.
Con todos los turrones y dulces de temporada navideña equivalentes, al 50 % de su precio, he cargado unos cuantos dulces de más y mientras volvía a casa con la bolsa repleta, por unos pocos euros, hablaba entusiasmado con mi mujer, a través del teléfono, para contárselo.
Al llegar a la altura de nuestro portal, mientras seguía con mi entusiasmo telefónico, un hombre joven en la treintena, vestido con un peculiar y pintoresco traje, se detiene a mi altura y me comenta:
"Ya decía yo que esa voz me sonaba mucho".
Al enfocar la visión hacia su cara, con la cabeza cubierta con una identificable boina que siempre ha sido una de sus señas de identidad en el vestir, veo que es T, un amigo de 31 años al que conocí el lunes, 5 de junio de 2023 en la librería Códex de Orihuela.
Ese día citado había ido específicamente a comprarme un libro que tenía ya visto, pero en un vistazo general antes de pagar, vi una novedad editorial que desvió mi atención hacia ella. Se trataba de HOGWARTS LEGACY. LA GUÍA OFICIAL DEL VIDEOJUEGO (Ediciones Salamandra, Barcelona, 2023) de Paul Davis y Kate Lewis. Casualmente, me había comprado el videojuego para la PlayStation 4 poco antes, así que me venía de lujo.
Mientras el librero, Javi, me atendía y hablaba con él, al mismo tiempo que pagaba el libro, un joven que frisaba la treintena, con una pinta de auténtico friki apasionado de los buenos buenos, se dirigió a mí con toda la educación y deferencia posible, pidiéndome disculpas antes de preguntarme por el libro que estaba comprando. Tenía gafas, la boina pertinente, un vozarrón y una barba densa, aunque no tanto como la mía, que estaría a medio camino entre la suya y la del genio de Northampton, Alan Moore. Vestía con otra de sus inequívocas señas de identidad: un kilt o falda escocesa. Se identificó como T.
Nos pusimos a departir en la entrada de la librería y en un momento dado, T propuso caminar hasta el cercano parque de la Ocarasa y así dejar el reducido espacio de la librería despejado para el resto de clientes.
T se mostró como un auténtico lectobibliófilo a la vieja usanza. Tenía 2 pasiones literarias: por una parte, la literatura pulp de las décadas de 1920 y 1930 escrita por Robert Ervin Howard (1906-1936), creador y máximo representante del subgénero de la fantasía heroica conocido como espada y brujería, aunque T distaba de ser otro fiel adepto a su creación más popular: Conan de Cimmeria, también conocido como Conan el bárbaro, decántandose por Esau Cairn, uno de los personajes menos populares de todos los que creó el prolífico escritor texano y muy poco conocidos por el gran público.
Gracias a T, durante los siguientes meses descubrí a Howard (el "abuelo Howie", le llamaba T, cariñosamente) en todas sus facetas desconocidas por mí, descubriendo que toda su obra, a grandes rasgos, representaba un conflicto esencial: la civilización versus el barbarismo, decántandose el "abuelo Howie" por la segunda opción con diferencia. Por otra parte, estaba la literatura de ciencia ficción postcyberpunk escrita por Neal Stephenson, autor al que T veneraba con devoción.
Al saber de su frikismo auténtico y totalmente genuino por Howard, tras unas horas hablando con la pasión de los lectobibliófilos más empedernidos y fetichistas (como diría Trapiello), le propuse que fuéramos a la vivienda donde residíamos en ese tiempo (por pocos meses más) mi mujer y yo, para hacerle un regalo especial: pocos días antes, casualmente, me había comprado, en una tienda de venta ambulante en Alicante, la primera edición original en castellano de la obra completa de Conan, en unos pequeños y breves 12 tomos, de segunda mano, que publicó EDICIONES FORUM en 1983. No era la edición expurgada, limpia y correcta, que casi un cuarto de siglo después público Timun Mas en 3 tomos como edición definitiva, pero no obstante era la primera edición original en castellano, que solo un auténtico y genuino lectobibliófilo sabe apreciar.
Aunque al principio T receló de mi ofrecimiento (no le cabía en la cabeza que alguien a quien acababa de conocer le hiciera tan insólito regalo), pensando que había "gato encerrado", no obstante pudo más su frikismo howardiano ante tan suculenta oportunidad. Fue el comienzo de una intensa, fulgurante, explosiva y lectobibliófila amistad mágica caota (dado que T es un gran mago del caos) y también metamákgica, operando él como Ontón Muerdevigas y servidor como Atrom Mascafierros.
Desde las circunstancias adversas y difíciles que vivimos mi mujer y servidor entre mayo y agosto de 2024, me distancié de T, aunque el lunes, 20 de noviembre de 2023, día en el que empezamos nuestra aventura nómada sin vivienda, le regalé mi BPP o Biblioteca Personal Privada en ese momento: unos 400 libros y 250 cómics. No podría haber mejor archivero y bibliotecario privado que él, sin duda, el mayor bibliófilo cuidadoso con los libros hasta el máximo esmero que he conocido en mi vida. Pero mucho menos podía imaginar el poder "terapéutico" de la lectobibliofilia hasta hoy.
A partir del lunes, 20 de mayo de 2024 nuestra amistad quedó relegada a los encuentros esporádicos y espontáneos que suceden fortuitamente cuando deben acontecer, algo que me ha pasado siempre con todas las personas relevantes y significativas de mi vida. Desde entonces nos hemos encontrado unas 4 o 5 veces, compartiendo el momento a fondo.
Pero hoy ha sido todo diferente y de una carga simbólica que me ha dejado en un estado reflexivo y tan agradecido a la circunstancia, sin salir de mi asombro, que todavía estoy asimilándolo, pues nunca te esperas que un día tranquilo y común como cualquier otro, con la única diferencia de sentir que solo falta un día para terminar el año, te depare una inesperada sorpresa de este calibre.
Al preguntarle por el inusual conjunto que llevaba puesto para que me contara qué era de su vida desde la última vez que nos cruzamos por la calle y hablamos, unos 3 meses atrás, me cuenta algo así como que es su estrategia para lidiar con la depresión. ¿Cómo? La verdad es que nunca sabemos lo que está viviendo cada cual en su fuero interno, pues lo último que hubiera esperado de T es que sufriera una depresión.
Mientras caminábamos un rato en dirección al destino que él iba, me ha contado la última vivencia, con su tono habitual, pausado, serio, coherente, sincero y sin un ápice de exaltación ni exageración de tipo alguno. T es de las personas más fiables que he conocido, ese tipo de ser humano confiable y transparente que cuando te cuenta algo sabes que es tal y como te lo está contando, sin florituras ni añadidos, pero tampoco omisiones. Ni quita ni pone, por eso todavía estoy asimilando el encuentro.
Mi objetivo esta mañana era claro: terminar la lectura del libro El expiador. Vida y obras de Charles Manson (Editorial Melusina, Santa Úrsula, 2019) de Iñaki Domínguez, del que me faltaban 69 páginas, para empezar a escribir la reseña esta tarde y terminarla mañana.
Entonces, tras volver de comprar en Dialprix, se ha cruzado T repentinamente y se ha redirigido automáticamente el objetivo para acompañarle al lugar donde él iba, mientras hablábamos. El núcleo significativo de la conversación ha sucedido, más o menos, así:
"Joder, tío, eres la última persona de la que me hubiera imaginado que estaba deprimida y tan jodida como me cuentas".
"Pues fíjate que sí, ya te digo. A veces las apariencias engañan. Llevaba un tiempo mal, pero llegué al límite y pensé seriamente en el suicidio. Dentro de la ficción fantaseada de mi cabeza, proyecté incluso el escenario de mi funeral y empezó a repugnarme imaginar la hipocresía de la gente haciendo el paripé en mi entierro. También me echó para atrás la idea de dejar muy jodida a mi madre y la putada que eso sería, pero... ¿Sabes lo que de verdad hizo que superara la crisis?"
Imagínate mi cara inexpresiva y como un cuadro ante tamaña confesión inesperada de una persona que conoces a fondo y sabes que está contándote la verdad sin distorsionar, eludir, disimular ni omitir nada.
"No, no tengo ni la más remota idea".
Y tras mirarme fijamente con la cara de tristeza pero también serenidad que hoy caracterizaba la expresión facial de T, me dice:
"Los libros. Mi biblioteca".
"Perdona... ¿Cómo dices? ¿Tus libros? ¿Tu biblioteca? No entiendo...".
"Es muy sencillo: pensar en que mi biblioteca iba a ser vendida por calderilla y acabaría en la mierda. Gracias a ese pensamiento, dejé de pensar en quitarme de en medio. Mi biblioteca me ha salvado la vida. Y recuerda que una parte significativa de mi biblioteca proviene de ti".
Tras contarme esta intensísima vivencia al límite, le he hablado de 'Rareza literaria' y le he pedido permiso para contar su historia en este inesperado artículo que subo ahora, suspendiendo de momento lo que estaba haciendo.




























































